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  1. #1
    Forero Hiperactivo
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    Predeterminado [1º Aniversario] El Soplo Gelido

    El Soplo Gelido

    Asi se llama este concurso, el cual dudo que se repita, en el que con una escritura digna de la imaginacion de un rolero, y no de un gran ortografico se premiara a una sola persona (A no ser que hagamos alguna gran excepcion) Una raza no jugable a la que podreis tener plaza inmediatamente si ganais, Estas son las disponibles (Preferiblemente las de Northrend)
    Enano Hierro Negro, Enano Frosthammer, Troll de Hielo, Taunka, Vrikull, Naga, Broken, Orco Fel, Mok'Nathal, Tuskarr.
    Estos personajes son delicados, ya que muchos de ellos son de historias largas y portentosas, pudiendo ser tanto amigos como enemigos, ya que la historia nos enseña que una faccion no contiene un patriotismo total en cada uno de sus integrantes, con lo que consideramos que con imaginacion y mucho trabajo, razas como Troll de Hielo u Vrikull, los cuales son agresivos, podrian ser aliados haciendo mas facil y divertido un rol jugable con ellos.
    Evidentemente pueden ser enemigos, pero eso sugiere otro tipo de rol, que tampoco sera rechazado, evidentemente Naga y Orco Fel, no seria posible aceptarles en ninguna faccion general
    (Si teneis dudas en alguna raza preguntadme)

    El caso, una vez enviada lo historia, la mejor de todas a opinion de muchos jueces se le sera otorgada esta plaza especial, pidiendo acambio una gran calidad de rol y un buen nivel de conexion ya que esta raza no se vera en mucho.
    La historia a de ser de este personaje que quereis adoptar, con un entorno coherente y magnifico para adoptar alguna de estas razas, debereis postear aqui la historia en cuanto la tengais preparada y los veredictos figuraran aqui el dia 30 de este mismo mes.

    PD: Vrykulls son de las razas relacionadas con Uthgarde, ya que los Kvaldir y los Frost estan relacionados con otras ramas y (Skins) Que no podemos implantar, al igual que los Naga que vengan directos de Aszhara.
    (Han de haberse echo dentro de la fecha del concurso, no anteriormente)


    Condiciones

    -Esta prohibido plagiar total o parcialmente un trabajo de internet, realizar esta acción se considerara algo grave
    -Los premios podran modificarse dependiendo de la calidad media de trabajos.

  2. #2
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    Mr.B está desconectado
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    Una duda acerca del concurso: ¿Las historias las publicamos en este post? ¿U os la enviamos a los GM con la herramienta "Enviar Historia"?

    Edito: Otra más: ¿Obtendremos los personajes incluso si no cumplimos los requisitos para tener un personaje extra? (¿por ejemplo un lvl 17 podría optar al premio?)
    Última edición por Mr.B; 04/07/2010 a las 18:06

  3. #3
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido


    debereis postear aqui la historia en cuanto la tengais preparada y los veredictos figuraran aqui el dia 30 de este mismo mes.

    Cito del mensaje de Gareth

  4. #4
    Forero Hiperactivo
    Gareth está desconectado

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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    ¿Obtendremos los personajes incluso si no cumplimos los requisitos para tener un personaje extra? (¿por ejemplo un lvl 17 podría optar al premio?)
    Si, no necesitareis rps, para el premio, aunque preferiremos a veteranos realmente, esfuerzate.

  5. #5
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    ¿A que nivel empezaría el personaje? por que si proviene de Rasganorte digo yo que no va a ser un canijillo.
    " El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabo la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago. "

  6. #6
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    Dead está en línea

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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido



    Fenrir, Sangre en la Nieve





    Los copos de nieve caían perezosamente, casi podía verse una especie de tranquilidad en ellos, como si no tuviesen prisa por tocar suelo, como si quisieran disfrutar de su lento descenso y de la gélida brisa que poco a poco comenzaba a levantarse. Fenrir levantó la mirada, dejando que la nieve y el viento abrazasen su cuerpo desnudo, los músculos de su cuello se tensaron y saludó a la alborada con un fuerte grito. El joven vrikul llevaba esperando toda su vida ese nuevo día. llevaba preparándose para ello desde que fue capaz de empuñar un hacha, la ceremonia.

    Las tribus de Colinas Pardas tenían algo en común, cuando uno de sus muchachos llegaba a la mayoría de edad tenía que someterse a una prueba en la que fallar suponía la muerte. La arena de la prueba se encontraba en el centro de la pequeña aldea, cinco jóvenes se probarían durante el día y alimentarían con su sangre la nieve que ya empezaba a acumularse en el suelo, tapando las verdes briznas tardías que empezaban a desaparecer al darse el principio del invierno.

    Toda la tribu ya se encontraba en la arena, todos ocupaban inquietos sus asientos a expensas de poder ver sangre, muerte y gloria. De los cinco muchachos que iban a combatir tan solo uno de ellos podría acabar con vida. Fenrir observó a los hermanos con los que le tocaría batirse, les conocía a todos ellos pues había crecido a su lado, jugado con ellos y bebido a su salud entre risas. Olardh, con su barba incipiente, poco corpulento, pero rápido y hábil con su arco. Krinna, bella joven de rojos cabellos, con ella Fenrir había encontrado por primera vez el calor de un cuerpo femenino. Gherson, gran bebedor, podía beberse tres barriles de hidromiel y aun así estar lo suficientemente capacitado para combatir contra el más recio de los guerreros. Y Gunnar, siempre sombrío, siempre callado, tan solo pronunciaba una palabra si tenía que maldecir, insultar o jactarse de la fuerza de su brazo. Fenrir sabía que cada uno de ellos era un estupendo combatiente y que cada uno de ellos lucharía por el honor de la arena y por el privilegio de ser uno más de la tribu. Todos los jóvenes habían elegido sus armas y protecciones, estaban nerviosos y se medían con furtivas miradas, evaluando posibles alianzas dentro de la arena o el rival más fuerte al que abatir primero. Todos ellos sabían que esta ceremonia era especial, pues ese invierno, su aldea, había sido elegida por el Rey Exánime y estaría presencialmente, observando a cada uno de los jóvenes.

    Los combatientes comenzaron a agolparse en la puerta que llevaba a la arena, esperando a que sonase el gran cuerno que daría la señal de la apertura de la reja. El cuerno no se hizo de rogar y rugió con fuerza a la vez que el grito del público se enfebrecía hasta el punto de hacer daño en los oídos. Fenrir agarró un hacha a dos manos, se colocó su casco y salió a la arena, las puertas se cerraron a su paso. El resto de los jóvenes ya había tomado posiciones, Olardh apuntaba con su arco a Gherson, que avanzaba hacía él guarecido detrás de su escudo y con su espada ancha preparada, Krinna cruzaba unas rápidas palabras con Gunnar y avanzaban juntos al centro de la arena y Fenrir decidió también ir a por Olardh, no deseaba que una flecha se clavase en su espalda mientras se encontraba enfrascado en un combate. El joven Olardh vio como ambos guerreros se aproximaban hacia él y decidió deshacerse del menos protegido, esperó a que Fenrir estuviese lo suficientemente cerca de él como para no errar su tiro y disparó su flecha. El proyectil impactó en el pecho de Fenrir sin provocar más efecto en él que un gruñido de rabia. Olardh dejó caer su arco y desenvaino su espada justo a tiempo de parar el golpe que Gherson le lanzaba. Fenrir apretó su marcha excitado por el olor de su propia sangre y dejó escapar un fuerte grito de sus labios. Antes de que pudiese llegar al cuerpo a cuerpo, Olardh se encontraba decapitado y su sangre bañaba la nieve. Tan solo hizo falta una mirada para que Fenrir y Gherson decidiesen aunarse para combatir a la pareja compuesta por Krinna y Gunnar. El combate se desarrollaría en el centro de la arena. Los aceros chocaron, una patada de Fenrir hizo salir despedido a Gunnar haciéndole rodar por la nieve y dividiendo el combate en dos de uno contra uno. Fenrir esperó hasta que Gunnar se levantase y luego cargó contra su rival hacha en alto. Gunnar detuvo la acometida cruzando su espadón en la trayectoria del hacha, la fuerza del golpe hizo partirse el filo de la espada, pero Gunnar reaccionó rápido y antes de que Fenrir pudiese descargar el golpe fatal contra su rival se lanzó contra él propinándole un puñetazo en el rostro que le hizo soltar el hacha y le dejó tendido en el suelo. Fenrir dio un rápido vistazo a su alrededor, evaluando la situación, su hacha se encontraba a un par de metros de él, Gunnar recogía del suelo la empuñadura con el trozo de filo que le quedaba y Krinna parecía llevarle ventaja a Gherson, pues este, poseía varios cortes poco profundos en pecho y brazos y jadeaba demostrando fatiga. Fenrir supo que debía actuar rápido si no quería enfrentarse en un dos contra uno, se incorporó rápidamente y soltando un gruñido cargando contra Gunnar, que afianzó sus pies en la nieve para intentar resistir la embestida. Ambos guerreros cayeron al suelo y rodaron por la fría nieve que a su paso se tiñó de rojo por las heridas sufridas. Gunnar acabó encima de Fenrir y le propinó una serie de puñetazos en el rostro brutal, luego intentó clavarle el filo roto de su espada en la garganta, Fenrir agarró las muñecas de Gunnar, escupió un espumarajo de sangre a un lado congestionando el rostro por el esfuerzo de mantener la punta mortal fuera de su alcance. Fenrir echó todo el peso de su cuerpo a un lado y consiguió acabar encima de su rival, ahora las tornas habían cambiado, Fenrir, más corpulento que Gunnar, apoyó todo su peso en sus brazos y poco a poco le fue ganando terreno a Gunnar. Finalmente el acero penetró poco a poco la carne mientras Fenrir observaba como la vida desaparecía de los ojos de su contrincante y su rostro se congelaba en una expresión incrédula y vacía. En ese mismo momento Fenrir supo por los gritos del público que tan solo quedaban él y otro más vivos. Se levantó, agarró su hacha y se encaró a quien sería su último obstáculo.

    -¡Krinna!- gritó el enorme vrikul mientras corría apretando los dientes hacía la esbelta mujer.

    -¡Vamos, hagamos que los dioses se sientan orgullosos hoy!- dijo mientras afianzaba sus espadas gemelas.

    Fenrir lanzó un tajo descendente que empezó por encima de su cabeza, pero Krinna fue rápida y rodando por el suelo lanzó un golpe que provocó un corte en el costado del guerrero. Fenrir rápidamente se recuperó proyectando un arco con su hacha en horizontal que la mujer esquivó con facilidad agachándose y tajando el muslo de Fenrir. El joven vrikul sabía que estaba perdiendo, ella era mucho más rápida que él y si seguía luchando de la misma manera se cansaría poco a poco por el esfuerzo de manejar el enorme hacha y por la pérdida de sangre. Descargó su hacha con fuerza en un golpe ascendente intentando que la bella Krinna no averiguase sus intenciones y ella se preparó para esquivarlo, Fenrir sonrió y soltó el hacha dejando que saliese despedida por encima de su cabeza y se abalanzó con sus manos desnudas contra la mujer. Krinna no esperaba tal maniobra y lanzó dos tajos desesperados con sus espadas que acertaron al guerrero en pecho y brazo más no pudo evitar que se le echase encima. Fenrir calló sobre la mujer y zarandeándola la hizo soltar sus espadas, luego la propinó un codazo en el rostro que la dejó noqueada, ya era suya, agarró su cabeza con ambas manos y comenzó a apretarla. El enorme vrikul pudo sentir como poco a poco los huesos del cráneo cedían ante su inmensa fuerza, crujidos de los huesos al romperse, un gorgojeo agónico y al final solo silencio. Fenrir se levantó, alzó los brazos y profirió un desgarrador grito al que se sumó el público.

    Años después Fenrir ya era un respetado guerrero de su tribu y se le encargó partir en un trírreme junto con catorce tripulantes más. Su misión, navegar hacia el sur buscando tierra que saquear y tesoros para aumentar el poder de su aldea. El viaje fue largo y a causa de las tormentas y de los monstruos marinos tan solo pisaron tierra diez. El territorio era totalmente diferente a las tierras de las que habían venido los vrikuls, bosques frondosos, flores con los olores y colores que atontaban sus sentidos acostumbrados al frío. El Sol les castigaba sin piedad y tuvieron que deshacerse de sus pieles. Encontraron un pequeño pueblo llamado Villadorada y por la noche lo atacaron, los seres que los habitaban eras débiles, sus brazos cortos y su estatura enana, ni siquiera trataron de defenderse tan solo gritaban y huían, eso les impactó ya que cualquier miembro de su tribu, incluido los niños hubiesen cogido las armas y plantado cara a los asaltantes. A las horas habían conseguido un botín compuesto de pieles, telas y armas y los habitantes de la villa se habían dispersado huyendo por los bosques, los que no pudieron huir alfombraban el suelo con sus cuerpos.

    Trompetas sonaron, un sonido como si de una gran tormenta se tratase comenzó a acercarse hacia el grupo de incursotes vrikuls que comenzaba a abandonar la villa para cargar el botín en su barco y buscar otra aldea a la que saquear. El gran ejercito de Ventormenta llegó con un gran regimiento de caballería, la lucha se desarrolló en los bosques, cuando todo hubo acabado Fenrir despertó y apartó un diminuto animal, los mismos en los que había llegado los seres de armaduras plateadas, de encima de él. Todo su grupo estaba muerto, alrededor de cada uno de sus cadáveres había casi una docena de soldados de Ventormenta. Ahora se hallaba solo, sin botín y sin saber a donde ir. Decidió quedarse por esas tierras y procurarse un buen botín con el que regresar a su pueblo y enmendar así la perdida de sus compañeros, así también podría disfrutar masacrando a esos seres raquíticos que se hacían llamar hombres y domando a esas ridículas mujeres.

    Lo primero que hizo Fenrir es buscar un sitio donde poder esconderse, sabía que los seres de de armadura plateada y azul, le darían muerte en cuanto le viesen. Encontró una cueva espaciosa, masacró a unas extrañas criaturas ratoniles con una vela en la cabeza que vivían allí y se instaló. En la soledad de la oscura cueva y mientras decidía qué plan seguir para sobrevivir en esas tierras, imágenes del pasado le asaltaron.

    El verano en Colinas Pardas comenzaba, la hierba comenzaba a asomarse entre los, cada vez menos numerosos focos de nieve. Las colinas mostraban cientos de destellos brillantes cuando el Sol las calentaba y la nieve acumulada poco a poco se derretía. El canto de los pájaros anunciaba el solsticio y los grandes osos de la tundra salían perezosamente de las cuevas en las que habían pasado el invierno. Eran una estación para disfrutar de un descanso de las inclementes temperaturas, un respiro del hielo y la nieve que los dioses concedían a los vrikuls para que pudiesen migrar, pero sobretodo, era temporada de CAZA.


    El consejo de ancianos ya había dictaminado, los grupos de cazadores habían sido designados y el guerrero que acompañaría al grupo de nuevos jóvenes sería el viejo Lodur. El anciano guerrero observó con su único ojo a los enclenques jóvenes a los que tendría que guiar durante la gran cacería. No era lo que había esperado, pero tendrían que dar la talla, su vida dependía de ello.


    Se había divisado una manada de mamuts a un día de viaje hacia el Norte, si todo iba bien la tribu tendría comida suficiente para 2 meses enteros. Tenían que hacerlo rápido pues pronto todos los mamuts de la zona se juntarían en la Gran Migración y los ejemplares se contarían por cientos, un número demasiado elevado para afrontar por una sola tribu. Los grupos de caza se reunieron a las afueras del poblado, las caras de los jóvenes denotaban impaciencia y nerviosismo, pero en ninguna se veía reflejado el más mínimo atisbo de miedo. A cada joven le fue entregada una lanza acabada en punta de acero y se les encomendó la tarea de acabar con el primer mamut que los demás grupos de cazadores consiguiesen aislar de la manada. El primer mamut tenía un simbolismo especial, la primera caza, todos los cazadores de la tribu estarían presenciando ese momento y luego comentarían los fallos y los aciertos de los jóvenes a la luz de la hoguera en la que toda la aldea compartiría la carne de ese mamut.


    El sonido atronador del cuerno ritual resonó entre las rocas del cañón donde los vrykuls habían acorralado a la manada de mamuts, reverberando con fuerza y esparciéndose por toda la longitud de la estrecha quebrada, el momento había llegado. El viejo Lodur dirigió a sus chiquillos a la posición asignada, allí, escondidos detrás de una enorme piedra esperaron con impaciencia. Gritos de hombres y fuertes pisadas se fueron acercando, las vibraciones del terreno se hicieron violentas, un par de guijarros se desprendieron de su roca madre para caer rodando por una de las vertientes del cañón, llegando a los pies del grupo escondido. Otro sonido del cuerno inició la acción, todos los jóvenes saltaron de detrás de la roca para hacer frente a su misión.


    El enorme mamut estaba fuera de si, varias lanzas yacían clavadas en sus costados y lomo y corría en solitario cañón abajo, trazando una línea recta entre la salida del cañón y él, sin importarle que el reducido grupo que llevaba Lodur estuviese en el medio. Los jóvenes afianzaron sus lanzas esperando la orden que saldría de los labios del anciano.


    -¡Cachorros! ¡Ahora!- vociferó Lodur mientras arrojaba su lanza, clavándola en el pecho del animal.


    Todos los jóvenes lanzaron sus lanzas, las armas surcaron el viento hasta penetrar en la carne del animal. El mamut estaba enfurecido, el dolor no hacía más que acrecentar su violento estado y decidió quitarse del medio a aquellas criaturas que laceraban su carne, embistió al grupo. Gunnar y Gherson fueron arrollados, sus cuerpos salieron despedidos como un pelele y chocaron contra una de las paredes del cañón. Lodur gritaba órdenes.


    -¡Todos juntos bastardos de los dioses! ¡No os dejéis amedrentar por un simple animal! ¡Demostrar que merecéis cenar esta noche como verdaderos cazadores!


    El mamut tenía acorralada a Krinna, ella lanzaba su lanza una y otra vez en tajos rectos, mordiendo la piel del animal. El mamut se puso sobre dos patas dispuesto a aplastarla, Fenrir sonrió y decidió sacarla de esa situación. El joven vrykul, desobedeciendo las órdenes del que había sido su maestro de armas, emprendió una carrera apresurada en dirección a la acorralada Krinna y al gran mamut. Fenrir, agarró una de las lanzas encajadas en la carne del animal y usándola como asidero subió a la enorme grupa peluda. Krinna gritaba con fuerza, intentando hacer retroceder a la bestia que tan pronto podía darle muerte, su expresión fiera cambió a una de sorpresa cuando vio que Fenrir, ya en la cabeza de animal, lanzaba su mano contra el ojo de este y se lo arrancaba de su cuenca. El mamut soltó un doloroso barrito e intentó sacarse de encima a la criatura que le había dejado tuerta. El resto de jóvenes aprovechó ese respiro y rodeó al animal. Las lanzas del grupo atravesaron carne y tendones hasta que una acertada lanzada consiguió perforar el corazón de la bestia. El mamut se derrumbó, toda la tribu que observaba desde encima del cañón vitoreo el éxito de los jóvenes, pero toda su atención era para Fenrir, que encima del cadáver de la bestia sostenía en alto el gran ojo que había reclamado como trofeo.

    Fenrir pasaba cuidadosamente sus dedos por el colgante de su pecho, la alhaja tenía forma de ojo y estaba tallada en ónice, premio concedido por su acción en el día de La Gran Cacería. Aunque estuviese solo sabía que los dioses velaban por él, que vigilaban sus acciones y que su destino era entrar el servicio del gran Rey Helado emisario de sus deidades.

    -No… no abonaré estas tierras con los restos de mi cuerpo. Los dioses ya eligieron mi camino hace tiempo ya.


    El enorme vrykul agarró su hacha y salió al exterior de su cueva. La noche era calurosa, el sudor de su cuerpo le daba un brillo extraño a la luz de la luna, apartó su apelmazada cabellera de encima de su rostro y gritó con fuerza. A la mañana siguiente, los habitantes del Aserradero especularon sobre el terrible grito que escucharon la noche anterior, ninguno de ellos sabía identificar de que criatura podía provenir semejante sonido, pero todos llegaron a la misma conclusión. No era un buen augurio
    Última edición por Dead; 27/07/2010 a las 23:56

  7. #7
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    Alianza Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    (Historia Tuskarr/ colmillarr)


    Gollord comillo de Marfil, el ultimo de la aldea.

    Fisico: De gran tamaño lleno de heridas por la batalla, un colmillo roto y musculoso. quizas mida los 2.50 metros de altura... piel cafe y colmillos amarillios, se puede vislumbrar la panza prominente, algo caracteristico en el.

    Personalidad: Es valiente... pero producto de la muerte de toda su aldea tiene un intenso dolor interno.
    es implacable con los muertos vivientes y aborrece a todo aquel que haga mal... debido a que tiene un trauma horrible por las cosas que ha vivido en Northrend.
    no es bromista, no se rie de nada, pero tiene un gran corazon.
    es adorable con los niños porque su padre fue cariñoso siempre con el... es inteligente y sabio, ya es un anciano que ha vivido muchisimo.


    Historia:
    Hace decadas... mi familia habia vivido en las heladas pero a la vez calidas por asi decirlo, tierras de Northrend... almenos en nuestros dominios se vivia agusto, hacia frio, pero nuestra aldea era muy acogedora... mis padres cuentan... que el dia que naci... una gran tormenta azotaba el continente... pero no era una tormenta de nieve cualquiera... como las que siempre azotaban el continente... una tormenta aun mas Gelida... que en vez de causarte un frio comun... te causaba un frio escalofriante... un frio de muerte.... mi familia, seguia con fiel conviccion las predicciones de nuestros oraculos y ancestros... tiempos dificiles azotarian a mi generacion... tiempos de muerte, de cambios a nivel mundial... en todo Azeroth. mi padre Gollorda, jefe de mi aldea... se cazo con una Hija de la familia mas influyente despues de la de el... Gualdha, mi madre.... por años la union de nuestra familia pudo mantener en paz a la aldea... que habia tenido ciertas competencias por su liderazgo... pese a esos problemas se vivia normal... pero cuando la ultima generacion de mi aldea nacio... la generacion que viviria los mas duros y horribles acontecimientos que azotaron nuestro continente... todo cambio.

    La vida era literalmente tranquila... crecia junto a los demas niños... a los varones... nos enseñaban a cazar ballenas... a domesticar las tortugas que usabamos para comunicarnos con nuestros otros hermanos de otras aldeas... mientras que a las hembras, las enseñaban a cocinar, preparar nuestras pieles y criar Pinguinos.

    Yo hijo directo del jefe... era entrenado para dirigir a nuestra tribu en la guerra... nuestros enemigos... o nuestra guerra, se limitaba a la simplemente mantener alejados a los trolles del hielo, a las arañas de Anq`Quiraj ... y a los humanos que a veces se atrevian a cazarnos... pero todo cambio drasticamente.
    mi infancia paso bastante feliz... mi madre cocinaba carne de ballena para alimentarme a mi y a mis hermanos pequeños, mientras mi padre me llevaba con el de caceria y me enseñaba tanto a domesticar, como a pelear...

    -Fuerza, Rudeza y libertad Gollord... eres y seras el que liderara esta tribu en el futuro... en tus manos recae una gran responsabilidad... protege el legado de nuestros ancestros y recuerda, que tu seras el que sacara a nuestra tribu de los tiempos dificiles- decia mi amado padre mientras me montaba en su pierna y me acariciaba... siempre fue muy cariñoso conmigo... hasta despues de yo haberme hecho un hombre.

    las cosas cambiaron drasticamente... cuando un oscuro dia... supimos que una magia oscura... terrible empezaba a destruir a nuestros vecinos... en realidad nos llevabamos muy neutralmente... mientras no se atrevieran a pisar nuestras tierras con intenciones malvadas. Northrend ya no era tranquilo, era un sitio oscuro... un sitio donde el mal puro gobernaba... algo oscuro comenzo a corromper a los Nerubianos... que comenzaron a destruir a los demas seres que habitaban nuestro contienente... los humanos rapidamente fueron convertidos en horrores... unos horribles humanoides, los Vriykulls y otros como ellos salieron de las profundidades del mar frio y de las gelidas e inexploradas que aun no conociamos los de mi tribu tierras del interior de Northrend, reclamando a su rey y dandole fidelidad... no sabiamos a todas estas de que rey hablaban o que sucedia... pero los presagios de nuestros oraculos y ancestros no mentian.
    con el tiempo los jefes de las otras aldeas y tribus de alrededor... se reunieron con preocupacion debido a lo que sucedia. debiamos ir a la guerra... unirnos para vencer... habian noticias de exterminio una horrible plaga corrompia al norte... al techo del mundo... el autor... el rey lich... aquel rey, solo lo escuchabamos en historias para asustar a los mas pequeñitos... pero era real era un hente real... ya era un hombre... ya podia ayudar a mi padre... y a mi tribu... a mi raza... tomamos las lancas todos los jovenes... y estabamos listos... los jefes de las tribus cercanas a la nuestra deliberaron... debiamos luchar para vivir. en mi aldea preaparamos la defensa... las mujeres y niños fueron a aldeas mas alejadas... mientras que los hombres de todas las aldeas llegaban a la nuestra... la primera en la vista del ejercito del Lich, para defenderla. armamos trincheras... empalizadas... colocamos a los mas jovenes en las casas altas para que lanzaran las lanzas y piedras... mientras que los experimentados nos quedabamos en la linea de defensa... por nuestra libertad y paz, luchariamos aquel dia.

    la espera fue prolongada... pero orabamos a los ancestros su favor en la batalla, que todo fuera una simple mentira... que todo fuera pasajero. pero nuestras oraciones no fueron escuchadas.... nuestra aldea en la colina era un primer y unico bastion... las tropas del Exanime nos arrazaron... poco a poco.
    la batalla fue una masacre... todos... pero todos los jefes murieron, mi padre fue atravezado... los muertos vivientes devoraban nuestros cuerpos aun en vida... me aferre a mi lanza con fuerza... pelee con fuerza, con libertad como yo era... un Tuskarr libre... y bueno... pero mientras mas matabamos, mas aparecian y mientras mas de los nuestros morian, mas se les unian... aquella batalla fue un desastre... pocos pudimos escapar... heridos de muerte e impotentes... inutiles por no poder defendernos... toda nuestra cultura, raza, era destruida... todos aquellos niños y mujeres... fueron devorados como bestias... por aquellos malditos muertos vivientes.
    en mi exilio... ignoraba que el azote lograra ir a otras partes de nuestro mundo... hasta que un dia vi barcos... grandes maquinas humanas en las costas de estas tierras... maldije ese dia por condenar a aquellos debiles humanos... que ahora llevaban el mal consigo.
    Northrend escondia muchos oscuros secretos y los humanos... los develaron sin ninguna precaucion.

    Llegue a exiiiarme y esperar mi muerte, pero con el pasar del tiempo, mas humanos y criaturas del sur, llegaban a este frio y maldito lugar... si querian enfrentar a aquel horror que se encontraba en la corona de hielo... o en las cumbres tormentosas... o en todos los oscuros lugares que habian en el interior...debian tener mi consejo, mi apoyo y asesoria... debian contar con el ultimo de la aldea colmillo de Marfil... asi que tome mi lanza, mis amuletos... mis ropajes... y sali una vez mas.... a luchar, a pelear no solo por la paz de mi gente o la mia propia... ahora luchaba por la paz de todo Azeroth...

    El norte oculta secretos... yo los develare por el bien y por la paz.

  8. #8
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    Alianza Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    Historia de Bronjhern

    El olor a sangre, a muerte, era excitante.

    Yo, Bronjhern, después de tanto tiempo, iba a conseguir lo que siempre había deseado: una batalla en la arena del Valhalas.


    Estaba nervioso, tenso. La sangre corría por mis venas tensando mis músculos y haciéndome sentir vivo. El corazón me palpitaba a una velocidad indescriptible y mis puños se cerraban en el mango de mi hacha, deseando alimentarla.


    El frío del lugar sólo suscitaba mis ansias de lucha. La nieve se posaba suavemente sobre mi armadura, tiñéndola de color blanco.


    Mi armadura era de color marrón y estaba hecha de saronita. Tenía unas hombreras con pinchos puntiagudos, como mi casco.


    Mi hacha era grande, demasiado. Tenía que sostenerla con las dos manos y requería un gran esfuerzo sujetarla, pero el resultado en las batallas era excelente. Ver las cabezas separándose del cuerpo del enemigo era lo más emocionante que uno puede ver en esta vida.


    Tenía barba negra y tenía el pelo largo, en melena, cayendo por la espalda.


    Yo era muy musculoso. Mi hacha lo requería. Siempre que podía entrenaba con un muñeco de pruebas, o de lo contrario estaba en el campo de la batalla despedazando al enemigo.


    Y ahora estaba observando una batalla en el Valhalas entre varios Vrykuls luchando hasta la extenuación por convertirse en Ymirjar, lo máximo a lo que podemos aspirar: la gloria y el honor, así como fortalecer el espíritu guerrero.



    Debo servir al Rey Exánime en su lucha, ya que el Rey Ymiron se ha aliado con él, y yo soy leal a mi rey.


    Vivo en Runavold, en las Colinas Pardas, y he soñado con esta batalla toda mi vida. No, no con ganar en el Valhalas, sino con ser alguien, ascender entre mi raza. Ser Ymirjar es todo un honor y yo deseo ese honor. Me llevo preparando toda mi vida para una batalla como ésta, una batalla en la que se alcanzará lo que uno más quiere: la gloria.


    Esta batalla y en la que moriré son las más importantes de mi vida. No puedo decepcionar a mi familia, a mis amigos, a mí mismo. He de ganar y estoy dispuesto a llegar a donde sea con tal de alzarme con la victoria.


    Mi hacha, el legado de mi padre, que ya murió en batalla tiempo ha, es lo que me proporcionará la victoria. “O me llevo la victoria, o se llevan mi vida”, ése es mi lema, y aquí lo voy a aplicar más que en ningún otro lado.


    Thurkhem, amigo mío desde la infancia y que me acompaña en el día de hoy en la lucha, me dice:

    - Bronjhern, amigo mío y fiel compañero en la batalla. ¿Estás preparado para esta gloriosa batalla?

    A lo que yo le contesté así:


    -Sí, amigo mío. Démoslo todo. ¡Llevémonos la victoria, o que se lleven nuestras vidas!


    - UAAAAAAAAAARGH – gritó Thurkhem lanzándose a la arena.


    Los anteriores contendientes ya habían acabado. Unos eran convertidos en Varguls, los perdedores a los cuales la piel se les caía a trozos y su vida pertenecía al Rey Exánime, y otros eran conducidos en protodracos azules hacia su entrenamiento y ascensión como Ymirjar, aspiración máxima de un Vrykul.


    Una vez abandonaron la arena, Thurkhem gritó y saltó, y yo le seguí.


    Era una pelea de dos contendientes contra otros dos contendientes. Yo lucharía mano a mano con quien había sido mi compañero de batallas y mi amigo hasta entonces, contra otros dos Vrykuls que vivían en Jotunheim, ciudad donde estaba Valhalas.


    Su armadura era azul, a diferencia de la nuestra, marrón. Mi amigo portaba un arma de asta, y ellos unas espadas las cuales sostenían con las dos manos.


    Nos abalanzamos sobre ellos, sin temor ni duda alguna. Apenas tuvieron tiempo para reaccionar y los derribamos al suelo. Alcé mi hacha para descuartizar a uno, mientras mi compañero se encargaba del otro, pero estuve demasiado lento y esquivó mi ataque.


    Entonces fue un combate de uno versus uno. Luché lo mejor que pude. Manejé el hacha hasta que mis brazos empezaron a cansarse, ya que aquel Vrykul era demasiado hábil y me esquivaba continuamente. Eso sí, nunca encontraba una oportunidad de ataque.


    A medida que la pelea se iba alargando mi rabia crecía, hasta que no aguanté más, me quité el casco, lo tiré, apreté mis encías hasta hacerlas sangrar, tensé todos mis músculos y me abalancé en un ataque torbellino sobre mi enemigo.


    Éste murió descuartizado inevitablemente, pero yo me quedé con las ganas de más muerte.


    Me giré hacia la batalla de mi compañero contra el otro, la cual se alargaba cada vez más. Mi amigo estaba herido y el otro apenas tenía unas rozaduras.


    Cargué contra él y lo derribé. Una vez estuvo en el suelo, le arranqué la cabeza con mis propias manos. Hice uso de toda mi fuerza y rabia. Me salía sangre y espuma por la boca. Yo estaba fuera de mí, no era yo, era otro.


    Una Val’kyr apareció y levantó a los muertos como Varguls. Les juntó sus extremidades y pudieron servir una vez más al Rey Exánime, pero quedaron sin honra en esta batalla.


    Sin embargo la Val’kyr dijo unas palabras que me helaron:


    - Habéis luchado bien, guerreros, pero no lo suficiente. Al menos tú no, Thurkhem, ya que te ha tenido que salvar tu amigo en la pelea. Ahora, para declarar un vencedor, habréis de pelear hasta que uno de los dos caiga. El vencedor obtendrá su premio: ser un Ymirjar, y el perdedor su merecido: ser un Vargul. Que empiece la pelea.


    Yo me quedé anonadado y le clavé la mirada a mi amigo y compañero. Él estaba algo herido, pero dispuesto a pelear. Una lágrima asomó en sus ojos y otra de los míos. Asentimos con la cabeza y nos dispusimos a pelear. Lo que pasara en esa batalla, se perdonaría y nunca se guardaría rencor, como buenos guerreros.


    Me clavó su arma en el abdomen, pero mi armadura pudo resistir y su filo no penetró en mi carne.


    Hice uso de toda mi fuerza y partí su arma. Thurkhem comprendió en ese momento que ya había perdido, pero decidió seguir luchando con honor, en vez de rendirse.


    Cogió un trozo que se había roto y me lo clavó en el muslo derecho. Yo me arrodillé y Thurkhem se acercó velozmente hacia mí para clavarme el trozo de su arma en la garganta, pero yo le sorprendí asestándole un mandoble con mi hacha.


    El cuerpo de mi amigo se dividió en dos y sus trozos cayeron en la arena, tiñéndola entera de sangre.


    La Val’kyr levantó a mi amigo como Valgur y éste me dijo:


    - Bien peleado, Bronjhern. Seguramente nos volvamos a ver algún día.


    - Sí, no has sabido vencerme, Thurkhem, pero sí eres uno de los mejores guerreros que existe en estas tierras, por lo que estoy seguro que algún día compartiremos destino. Si quiero morir con alguien quiero que sea contigo en el campo de batalla.


    - Me honras, amigo mío, pero ahora has de irte. Tu protodraco azul acaba de llegar y tu camino como Ymirjar acaba de empezar. Ten suerte, hermano.


    - Cuídate. Hasta que nuestros caminos se vuelvan a encontrar.


    Y monté en el protodraco azul, dispuesto a ir al Pináculo de Utgarde a entrenarme como Ymirjar, aunque por desgracia mi viaje se vería interrumpido a la mitad, cuando volaba sobre las Cumbres Tormentosas.











    Estaba siendo transportado en un protodraco azul, el cual era llevado por otro Vrykul, quedando yo como pasajero, y mientras anhelaba un protodraco rojo para mí solo, un arpón nos derribó y caímos contra el suelo nevado.


    Sentí el frío intenso del clima y miré a mi alrededor. El otro Vrykul yacía sin vida en el suelo: se había roto el cuello en la caída.


    Me levanté y empuñé mi arma. Estando en una posición de ataque intenté analizar todo lo que ocurría en torno a mí, pero no pude ver nada. Una ventisca me impedía ver con claridad.


    De pronto y sin previo aviso, un arma me hirió por la espalda. Por suerte, mi armadura pudo amortiguar el golpe, por lo que pude girarme sin mucho esfuerzo y lanzar un ataque con mi hacha.


    Corté una cabeza y pude identificarla: era la de un Orco, miembro de una de las facciones que atacaban continuamente a mi pueblo y pretendían acabar con el Rey Exánime y con el Rey Ymiron, mi rey.


    En otro ataque a traición recibí un mandoble. Mi armadura también lo pudo amortiguar, aunque me causó bastante daño. La ventisca desapareció parcialmente y un grupo de la “Horda” me rodeaba.


    Había un elfo, dos taurens y cuatro Renegados.


    Descuarticé al elfo primero. Posteriormente me encargué de los Renegados, los cuales tenían un cuerpo más frágil y endeble que el del elfo, y finalmente acabé con los taurens en una lucha encarnecida.


    Me sentí mareado y cansado. Caí al suelo incapaz de sujetar mi hacha y de estar de pie. Supuse que aquella sería mi última batalla. Antes de morir se me escapó una lágrima orgulloso de haber conseguido la misma gloria en el mismo día. Había ganado en el Valhalas y había muerto con honor al defenderme de mis enemigos. Podía sentir el abrazo oscuro de la muerte, pero de pronto desperté y me vi rodeado de mujeres. Era la tribu de Hyldnir, conocidas en todo Rasganorte por estar solamente compuesta por mujeres.


    Una se acercó a mí, puso su mano en mi frente y asintió con la cabeza al resto del grupo. Otras dos mujeres me agarraron de los brazos y me llevaron a rastras a una mina al lado de su pueblo, llamado Brunnhildar. La mina es conocida como "La Mina Desolada".


    Me tiraron a un túnel junto a otros Vrykuls y me dieron un pico.


    - ¡Ya puedes escavar bien la saronita y cobalto! ¡Y si no trabajas dignamente te echaremos de comida para los osos! - me gritó una supervisora.


    Yo agarré el pico pero me negué a trabajar.


    - ¡Me niego a realizar semejante tarea, digna de Vrykuls débiles y deformes! (humanos).


    La supervisora hizo un gesto a dos guerreras y me dieron una brutal paliza que me dejaron en el suelo inconsciente. A los dos minutos me volvieron a curar y me levanté mareado.


    - ¿Vas a seguir desobedeciendo o tenemos que matarte? - dijo ofreciéndome el pico.


    Un susurro de una voz masculina vino a mi oído y dijo: "Hazlo"


    Confié en él y agarré el pico enrabietado. La supervisora y las guerreras se marcharon.


    - Si a mi vuelta no tenéis diez kilos de saronita cortaré tantas cabezas vuestras como kilos falten.


    Yo piqué la pared mientras veía cómo se alejaban.


    - ¿Quién me ha hablado? - pregunté al grupo. Todos los Vrykuls dirigieron la mirada a otro, parecía ser su líder, y me dijo:


    - Soy Nifelthor, y estamos preparando una sublevación. No puedo permitir que mueras tontamente por tu orgullo, y menos si unos fuertes brazos como los tuyos pueden sacarnos de aquí.


    - ¡A mí nadie me habla en ese tono! ¡Mi orgullo ante mi vida!


    - Se nota que no tienes esposa e hijos a los que cuidar. Yo también era como tú, pero cuando vi que perdía a mi familia cambié radicalmente. Llevo tres meses aquí encerrado, y en todo este tiempo he urdido un plan. ¿Aceptas unirte?


    Yo acepté sin dudarlo.


    - Bien, he cavado en este túnel de una determinada manera para que se le derrumbe encima a las Hyldnir. Cuando mueran les quitamos la armadura y las armas y vamos a la lucha, ¿entendido?


    - Sí, ¿y cuándo piensas hacerlo?


    - En tres días. No nos falles, y ahora cava saronita.


    Cavé y cavé, y los días pasaron y se hicieron largos y tediosos.


    Llegó el tercer día, y yo estaba preparado para la sublevación, pero una supervisora me agarró del brazo y me dijo:


    - Tú vas a ser cambiado al túnel de titanio, pues tienes unos músculos formidables.


    - Sí... - dije mirando a Nifelthor, el cual me dijo en voz baja: "Cúbrenos en la retaguardia"




    Me cambiaron de túnel y pasadas dos horas se escuchó un estruendo procedente del túnel de mi grupo. Yo salí del mío para arremeter contra las Hyldnir, pero no hubo pelea alguna.


    - ¡Volved a vuestros puestos! ¡Ha habido un accidente! - gritó una.


    Y caí en la cuenta: les había salido mal el plan. Se les había caído todo el túnel encima y los había aplastado.


    Maldije mi suerte y volví al túnel a trabajar con frenesí. Di con mi pico en la pared con tanta furia que cavé en cinco minutos lo que otros hacían en días.


    Después de estar media hora arremetiendo incansablemente contra la pared, di con una mina de titanio.


    Pero no era una mina cualquiera, era otro conducto que llevaba a una serie innumerable de minas.


    La supervisora, al ver mi logro, me felicitó y dijo:


    - Al final los hombres no vais a resultar tan inútiles como pensábamos.


    A lo que yo vi una oportunidad para mi libertad:


    - Mi lady, si tenéis honor deberíais dejarme con libertad, pues yo os he dado aquí la fortuna de toda una vida para la gloria y recreo de tu pueblo.


    Y ella respondió:


    - Mi pueblo no le debe nada a los hombres por mucho honor que digáis tener. Sin embargo nos has ahorrado mucho esfuerzo y trabajo, así como también nos has proporcionado material para armas y armaduras para la guerra y la batalla. Bien es sabido que no hay vida sin la semilla del hombre y de la mujer, y debido a esta causa y a tener que ofrecerte una recompensa, te dejo poder pasar una noche con una guerrera nuestra. De vuestro fruto saldrá una poderosa guerrera, entrenada en Hyldnir para la gloria.


    - ¿Y en el caso de darse un hijo?


    - En ese caso será despeñado por las montañas.


    Me estremecí por la frialdad en la que pronunció esas palabras. Acepté su propuesta y aquella noche la pasé con una mujer.


    Me desahogué por todo lo ocurrido recientemente. La dejé bastante complacida. No se quejó de los hombres cuando estábamos ambos en la cama.




    Al día siguiente volví a trabajar en la mina, y a los cuatro días siguientes me dijeron que la mujer estaba en cinta.



    Y pasaron los meses hasta que empecé a cansarme de estar siempre trabajando. Yo, al ser uno de los mejores trabajadores, tenía que mantener el listón alto, por lo que no podía permitirme descansar apenas.


    Trabajé y trabajé. Ninguna recompensa recibía. Estaba siendo explotado y me cansaba constantemente. Apenas me daban alimentos y cuando me sentaba cinco minutos me atizaban con una Vara disciplinante.


    Cansado de la situación me enfrenté a la supervisora:


    - ¡UARGH! ¡YA ESTOY CANSADO DE MI CONDICIÓN DE ESCLAVO! ¡EXIJO LA LIBERTAD!


    - ¡Calla! ¡No te daré nada!


    - ¡Al menos una simple recompensa!


    La supervisora se lo pensó y me dijo:


    - De acuerdo, podrás volver a ver a la mujer que dejaste en cinta. ¡Guerreras! ¡Llevadlo ante ella!


    Dos guerreras me cogieron de los brazos y me llevaron a rastras hasta la casa de la madre de mi hijo.


    Entré cansado y al ver a aquella mujer con la tripa hinchada, con mi hijo dentro dando patadas e intentando salir, mi mundo y mi concepción hacia él cambió al completo.


    Al llegar a la mina me habría enfrentado contra todas las Hyldnir y haber muerto si no hubiese sido por aquel guerrero que planeaba una huida, ya que me dio esperanzas.


    Luego encontré un conducto de minas de titanio y me recompensaron "justamente", lo que avivó mis esperanzas de salir de allí. Por eso aguanté tantos meses siendo esclavo.


    Pero cuando vi a aquella mujer esperando un hijo mío mi corazón se ablandó y caí de rodillas. Me postré ante ella y le dije:


    - Señora, he de conocer el nombre de la persona que porta a mi hijo. ¡Dímelo, por piedad!


    Ella me miró y dijo tímidamente:


    - Preta, la Domadora de Protodracos. Tu semilla me ha maldecido y no puedo glorificarme en mi estado.


    - ¡Glorificada estás ahora! ¡Oh, Preta, has cambiado mi mundo! ¡Para mí lo más importante era el honor y la gloria, y ahora lo eres tú y mi hijo! ¡Permitidme ser un padre!


    - ¿Un hombre vivir conmigo? ¡Jamás! ¡Y si el hijo que espero es niño morirá arrojado por un acantilado!


    - ¡No puedes estar hablando en serio! ¿Una madre mataría a su hijo? ¡Ni en los hijos más deformes se permite! ¡Aquellos que el Rey Ymirion mandó exterminar! ¡Las madres sufren durante el resto de sus vidas por tener que ofrecer la vida de sus hijos para que nuestra raza perdure!


    - Yo fui educada así, y así se hará.


    - ¡Oh, dioses! ¿Qué desgracia se ha cernido sobre mí? Yo habría matado a un niño deforme si me lo hubieran pedido, pues no hay gloria en ellos. Pero ahora comprendo a los padres que sufrían, sobre todo las madres, y no puedo evitar arrojar una lágrima de mis ojos al pensar lo necio que fui. Por suerte mis manos no se han teñido de su sangre.

    Lo que me importaba antes era salir de este sitio y convertirme en un Ymirjar, y ahora lo que me importa es salir de aquí con la madre de mi hijo y con mi hijo en especial.

    ¡Dioses, escuchadme! ¡Yo renuncio al Rey Ymirion y al Rey Exánime si me ayudáis a salir de aquí! ¡Pondré mi arma a vuestro servicio y os serviré hasta el último aliento! ¡Lo juro por mi honor y el de mi familia!



    Y los dioses me escucharon, pues un ataque del enemigo se cernió sobre Brunnhildar, el pueblo de las Hyldnir.


    El ataque era de los mismísimos Hijos de Hodir, unos gigantes de escarcha.


    - ¡A las armas, hermanas! ¡Atacad con furia y defendeos!


    Preta salió apresurada de la casa y me maldijo por mi frase.


    - ¡He de defender mi pueblo!


    - ¡Espera! ¿Qué pueblo vas a defender? ¿Uno que mata seres inocentes? ¿Uno que te vende a un esclavo de las minas como objeto sexual? ¡Vámonos, te lo suplico y por piedad!


    - ¡NO! ¡Mi hija crecerá entre las Hyldnir y será una gloriosa guerrera! ¡Al menos si sobrevivo a este ataque!


    - ¡No puedo creer lo que dices!


    Subió a un protodraco azul dispuesta a enfrentarse ante el ejército de los Hijos de Hodir, pero yo intenté impedírselo subiéndome también al protodraco.


    - ¡No! ¿Qué haces? ¡Bájate! ¡He de servir a Thorim!

    - ¡Dices odiar a los hombres y sirves a uno!

    - ¡Thorim es un dios con mayor gloria y honor que cualquier otro hombre!


    - ¡Déjame mostrarte la mía!



    Estuvimos zarandeándonos en el protodraco y por poco nos caemos desde una considerable altura.


    El protodraco fue herido y yo lo manejé hacia el sur.


    - ¿A dónde nos llevas? - me preguntó.


    - A hacerte mi reina...


    Tomé las riendas totales del protodraco y Preta temió apartarme, pues podíamos caernos.


    Volví a mi hogar a Runavold, y en cuanto llegué al suelo el protodraco pereció.


    - ¡Bronjhern, amigo! ¡Cuánto tiempo! ¿Eres ya un Ymirjar? - me saludó un amigo mío entre toda una muchedumbre expectante.


    - ¡Amigos! ¡No! ¡He sido esclavo en la ciudad Brunnhildar por las Hyldnir! ¡Pero traigo algo mejor! ¡Traigo mujer e hijo!


    Todos miraron a Petra y ésta se quedó muy asustada, tanto que dejó que yo siguiese hablando.


    - ¿Algo mejor? ¿Algo mejor que ser un Ymirjar? - me preguntaron sorprendidos.


    Yo temí perder la vida y la honra y mentí:


    - No, la excitación me ha controlado. En cuanto pueda iré a entrenarme como Ymirjar. - dije quebrantando mi promesa de fidelidad a los dioses y de renuncia al Rey Ymirion.



    Volví a mi casa con mi familia y les presenté a Preta.


    Cuando estuvimos solos en la habitación me dijo:


    - A eso me refería con honor, pues has renunciado a tu promesa.


    Me sentí realmente decepcionado conmigo mismo, pero tenía que hacerlo por ellos, para que pudiesen vivir.


    Preta se vivió conmigo en Runavold. No sé si por miedo o por otra cosa, pero así fue.



    Yo me entrené como Ymirjar y fui asignado al Pináculo de Utgarde.


    Todo estaba tranquilo por aquel entonces hasta que me dijeron que Preta se puso de parto.


    Acudí de inmediato y vi el nacimiento. Fue el último día que estuve con mi familia.


    Los dioses me castigaron por no haber cumplido mi palabra. Juré fidelidad por mi honor y el de mi familia, y en aquel entonces lo perdí.


    ¡Había nacido un niño deforme! ¡Un niño enclenque, pequeño y frágil!


    - Lo sentimos, Bronjhern, pero ya sabes las normas, debemos darle muerte.


    Yo entré en un estado iracundo. La rabia y el odio se apoderó de mí. No sólo era ver a mi hijo nacido deforme, sino también que Preta murió en el parto.


    Se llevaron al niño y yo no hice nada por evitarlo.


    Pero sí evité su muerte.


    Cuando llevaron al niño a un río para ahogarlo, descuarticé a los que antes yo llamaba amigos y cargué contra los que se llevaban a mi hijo.


    Lo agarré en mis brazos y huí de allí tan rápido como pude.


    Varios Vrykuls me atacaron incesantemente con hechizos o me lanzaron sus armas. Algún hechizo me quemó la piel y algún arma me daño seriamente, pero yo corrí por la vida de mi hijo.


    Lo llevé en brazos y estuve corriendo hasta Fiordo Aquilonal. Pronto aparecieron varios protodracos rojos para atacarme, y yo me escondí en una cueva.



    Al poco rato aparecieron varios Colmillarr, los Kalu'ak, y me amenazaron con unas lanzas. Al verme con un niño las bajaron y yo les dije:


    - ¡Amigos o enemigos! ¿Por qué estáis aquí?


    - Nos escondemos de gente como tú, pero vemos que tú también te escondes. ¿Qué te ha pasado?


    - Quieren matar a mi hijo por haber nacido deforme. No tardarán en buscarme y en encontrarme, y por tanto a vosotros también. He de pediros un favor. Tomad a mi bebé. Educadlo bien, criadlo bien, que crezca bien. Dádselo si hace falta a alguno de esos miembros de la Alianza, si es que han realizado incursiones aquí, y que lo eduquen ellos. A cambio yo os permitiré vivir en el día de hoy.


    Aceptaron y les entregué mi bebé. Fue una de las acciones y decisiones más importantes y dolorosas de mi vida, por no decir la más importante.

    Salí empuñando mi arma, ahora un arma de asta pues había perdido mi hacha, y salí a atacarlos y a que fijaran la vista en otro lugar ajeno a la cueva.

    Al cabo de diez minutos me encontraron en un punto alejado de la cueva y estuve peleando contra ellos a muerte. Pude deshacerme de uno, y de otro, pero no contra los cinco restantes. Me rodearon y me apresaron.


    - ¿Dónde está el bebé? ¡¿Dónde está el bebé?! - me preguntaron, pero yo caí desmayado por la pérdida de sangre.


    Desperté en Runavold al poco rato, y me dijeron:


    - Si sigues vivo es porque queremos saber dónde está el bebé. Ya te has deshonrado bastante a ti mismo, como para que deshonres al resto de tu familia de esta manera. Ellos te darán muerte para recuperar su honra, pero también necesitan la muerte del bebé. Dinos dónde está y tal vez el Rey Exánime sea piadoso con tu alma.


    No dije nada y empezaron a torturarme. Me levantaron algunas uñas, me estiraron con unas cuerdas atadas en mi extremidades y unos carneros tirando de ellas, y me arrancaron el pelo de mi cabeza.


    No dije nada y me amenazaron con cortarme extremidades, y dije:


    - ¡Oh, dioses! ¡Permitidme aprender de mis errores y dadme una nueva oportunidad! ¡Mi arma y mi brazo incansable no os decepcionarán en las futuras batallas! ¡Lo prometo!


    Y otro milagro se produjo. La Horda atacó la ciudad, dejando múltiples muertos y edificios quemados. Un Renegado me capturó y me llevó a su campamento, al parecer estaba convirtiéndose en una fortaleza. Seguramente quería experimentar conmigo, pero a la hora de cruzar un puente hice uso de toda mi fuerza y me tiré al río.



    El rió me arrastró al mar, y caí en sus profundidades.


    Los dioses me fueron benévolos de nuevo, y un Kraken me tragó y me llevó en su estómago.



    Pasado un tiempo, el Kraken fue pescado por un barco goblin y éstos quisieron venderme como esclavo.



    - ¡Abrid al Kraken! ¡Quiero ver cuánta grasa podemos sacar de aquí!


    Y al abrir las tripas salí yo.


    - ¿Está vivo? - dijeron unos pinchándome un poco con sus arpones. Me levanté de un sobresalto y se asustaron.


    - ¡Sí! ¡Está vivo!


    - Es fuerte. - dijo el que parecía el líder.- ¡Lo venderemos como esclavo!


    - ¿Esclavo? - dije al oír esa fatídica palabra, recordando todo lo sucedido anteriormente. Agarré el arpón a un goblin y se lo clavé en la cabeza. Luego me encargué de otros tres más mientras era poseído por el odio.


    Al final me tiraron varias redes y cuando se dispusieron a darme muerte el jefe dijo:


    - ¡Esperad! ¡No lo matéis! Nos servirá de gladiador. Además, gracias a él somos menos a repartir el botín que saquemos. ¡Vamos a Gadgetzan, rápido!



    Pasaron los días y llegamos a un desierto. No estaba acostumbrado a esos climas y pasé realmente un tormento.


    Me tuvieron como gladiador y yo luché mejor que nunca, a pesar del clima.


    Yo no controlaba mi arma, la controlaban los dioses.



    Después de innumerables batallas pude escaparme cuando me iban a llevar en un barco a otra arena.


    Vagué sin rumbo durante varios días, semanas, alimentándome de cualquier cosa que veía.


    Contemplé junglas, dinosaurios gigantes, insectos gigantes parecidos a los Nerubianos. Vi también a seres con orejas larga y piel oscura, y taurens de la Horda.


    Los seres oscuros se hacían llamar elfos nocturnos y, junto a los taurens, habían formado una cosa llamada el Círculo Cenarion.


    Vagué hasta encontrarme un templo gigante. Un templo que albergaba males innombrables.


    Unos enanos estaban investigando la zona cuando me encontraron.


    - ¡Mira! ¿Qué es eso? ¡Parece un Vrykul!


    - ¡Pardíez que he visto algunos como él en mis investigaciones en tierras lejanas!


    - ¿Has estado en Rasganorte? ¿Y no me has dicho nada?


    - Estuve investigando acerca de los dioses que allí habitan, y sobre la fortaleza de Ulduar.


    - He recibido órdenes de ir allí a investigar en unos meses. Dicen que los dioses albergan secretos capaces de explicarnos el porqué de nuestra existencia.

    Y al oír la palabra de dioses desperté de mi letargo.

    - ¿Los dioses? ¡Ellos mismos han querido que vague hasta aquí para encontraros, seres enanos!


    - ¿Qué? ¿Cómo?


    - Hice un juramento de servirlos fielmente, y he de cumplirlo para recuperar mi honra y mi familia. ¡Llevadme ante vuestro líder! ¡Le juraré lealtad con tal de que me ayude a mi propósito!


    Ellos se miraron y al poco rato estábamos volando sobre unos grifos hasta su ciudad.


    Tardamos semanas en llegar, pero la espera mereció la pena.


    Me aliaría con aquellos enanos. Pero no sólo con ellos, sino también con toda su Alianza, entre los que estaban nuestros descendientes, los humanos.


    Los enanos me acribillaron a preguntas sobre Rasganorte y demás misterios, pero yo oculté todo o casi todo. Pude decir algunas costumbres Vrykuls y poco más, pero no les hablé respecto a mi hijo y sobre que somos ascendientes de los humanos. Ellos me creían el eslabón perdido, pero el eslabón perdido eran ellos.



    Y así empezó mi aventura, mi nueva aventura. Escribo estas palabras para entretenerme antes de la batalla, pues tengo que pelear contra mis enemigos para ganarme el favor de la Alianza, que todavía no se fía al completo de mí.


    No sé si alguien encontrará algún día esta historia, pero si es así, le pido por favor que busque a mi hijo y se cerciore de que ha crecido sano y fuerte y que sirve lealmente a sus principios.


    Yo ahora he de luchar por recuperarlo y recuperar mi honra. Los dioses me guían en esta batalla, una batalla sin precedentes, una batalla que marcará historia.



    Buscaré a mi hijo, aunque sea lo último que haga, y cumpliré mi juramento.



    "O me llevo la victoria, o se llevan mi vida"
    Última edición por Thoran; 22/07/2010 a las 22:38

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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    El Soplo Gélido.
    Aún recuerdo, los días en los que junto a mis hermanos nos deleitábamos con las energías del Pozo de la Eternidad. El Palacio, hogar de nuestra hermosa reina Azshara, nos servía de refugio también. Gozábamos de reputación entre los elfos, éramos considerados los favoritos de la Reina. Recuerdo el placer de la magia recorriendo todo mi cuerpo… poderosas energías arcanas de las que abusábamos. Tan inmersos en nuestra adicción que no nos dimos cuenta de que poderosos entes eran atraídos por esta. Sargeras el titán oscuro, nos llenaba la mente de gloria y prosperidad, creamos un portal cerca del Pozo, a la espera de la llegada de nuestro “salvador”. Del portal salían hordas de demonios que aterrorizaban la ciudad y a sus habitantes. Pero ninguno de nosotros le dábamos importancia… Recuerdo la incursión en el palacio a manos de los elfos nocturnos, sin querer hacernos daño, pues éramos sus hermanos, avanzaron hasta el Pozo, para así cerrar el portal. Pero era demasiado tarde… las energías liberadas del portal, junto con la magia empleada para sellar el portal, causaron una gran implosión haciendo que el Pozo se hundiese en las profundidades.
    El palacio, junto con parte de nuestra hermosa capital Zin-Azshari, fue arrastrado por el océano que creo el cataclismo. La mayoría de mis hermanos y yo no habíamos intervenido en la batalla para defender el portal, por lo que nos hallábamos en nuestros aposentos. La sacudida me tiró de la cama, y contemplé horrorizado como el agua entraba por mi puerta y aumentaba su nivel a cada segundo. Con la mente lo más fría que pude, comencé a recitar un hechizo, una burbuja de aire rodeó mi cabeza mientras el agua me llegaba ya por el pecho. Usé todas las fuerzas que me quedaban en abandonar mis aposentos, y encallado entre dos columnas me desmayé. El tiempo siguiente a estos aterradores sucesos, pasó como una estrella fugaz en mi cabeza. Las aguas del interior del templo eran caóticas y agitadas. Podía notar los estremecimientos del elemento ante tanta corrupción. La magia del Pozo había causado una gran herida en la naturaleza. A duras penas podía mantener mi burbuja de aire alrededor de mi cabeza, la necesidad de una fuente mágica hacía arder mis venas. No sé si pasaron días, años o siglos. Abandoné el palacio, alrededor de sus escombros solo había restos de lo que había sido nuestra hermosa capital. Quería llorar, pero no podía. Mi cuerpo no tenía tantas reservas como para desecharlas llorando. Alimentándome de algas había sobrevivido durante no sé cuánto tiempo. Pero sabía que no podía seguir así. Tarde o temprano moriría. En más de una ocasión pensé en subir a la superficie, pero la profundidad de ese océano era tan inmensa que por encima de mi cabeza solo veía oscuridad. Me alejé todo lo que pude de los restos de nuestra civilización, más allá las aguas estaban más calmadas, pero no tanto como para ser un lugar apacible. Me adapté a las corrientes marinas, sabía cómo nadar en ellas y como moverme entre las rocas y corales del fondo marino.
    Empecé a aumentar mi capacidad respiratoria, deshacía la burbuja de aire y aguantaba la respiración debajo del agua, cuando no podía más lar energías que había guardado ese tiempo las usaba para crear otra vez la burbuja. Ese fue mi “entretenimiento” durante ese tiempo. Nadaba con suficiente rapidez como para tardar pocas horas en llegar al Palacio, a veces hacia incursiones a él para rescatar lo que pudiese, artefactos mágicos, armas…
    No sé si fue la magia arcana, o mi adaptación al medio acuático, pero mi piel empezó a tener un tacto resbaladizo, cada vez que me pasaba la mano por el brazo, pequeñas escamas luminosas se desprendían de mi piel. Encontré un pequeño refugio en una caverna submarina, oculto entre rocas y corales. En mi cabeza, aun cuando dormía recordaba el hundimiento del palacio, tiempo más tarde la explosión del Pozo que desató sus energías hasta, lo que supongo, la superficie del océano.
    Con el paso del tiempo, las escamas recubrían todo mi cuerpo, mis brazos aumentaron su musculatura, gracias a que removía escombros todos los días para rescatar cosas. Mis manos se convirtieron en poderosas garras, con una sorprendente fuerza. Cada vez aguantaba más la respiración, hasta llegar al punto de prescindir de la burbuja de aire, lo que supuso mi pérdida del control sobre la magia arcana. Desposeído de mis poderes solo me quedaba la inteligencia y la fuerza. Mis piernas se tornaron ágiles y rápidas, y tras una mutación lenta contemplé como mis piernas había sido sustituidas por una potente cola. Una aleta dorsal de gran tamaño, crecía a lo largo de mi columna. Mis escamas se tornaron de colores azules y amarillentos. Con ayuda de un trozo de espejo que pude salvar, observaba los cambios en mi cara, grandes branquias me crecían en la base del cuello, mi rostro fue haciéndose cada vez más… animal. Parecía una serpiente. Supongo que era mi castigo por mi adicción a la magia. La cueva que me servía de refugio pronto se quedó pequeña. Mi cuerpo abultaba el doble que cuando era un elfo… elfo. No recuerdo la sensación de pisar tierra firme, el mover los dedos de los pies.
    Vagaba por las profundidades marinas, había perdido la noción del tiempo. Armado con una vieja y oxidada espada y un trozo de espejo como mi mayor tesoro. Caí rendido en un coral de colores rosados, aunque ser un monstruo serpiente me dotaba de gran fuerza y resistencia, necesitaba comer el doble que cuando era más… normal.
    Una sensación agradable me despertó, algo que llevaba sin ver durante mucho tiempo. “Sol…” ¡Era el Sol! Rayos luminosos caían lentamente sobre mis escamas, calentando mi dolorido cuerpo. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a esa sensación de luminosidad. Atrapado en las garras de la oscuridad durante tanto tiempo… mis ojos eran aún muy sensibles.
    Con un atisbo de esperanza, nadé todo lo rápido que pude hacia la superficie. Tenía hambre, pero más ganas tenía de ver la superficie. Un pequeño pez de color plateado se acercó a mí, despertando mis instintos me lancé contra el pez, y de un bocado lo engullí. Me daba igual comer carne cruda, era lo más sabroso que había tomado en mucho tiempo.
    La luz era cada vez más intensa, cada vez había más seres acuáticos. Rodeado de peces y corales de colores, me sentía con ganas de vivir allí eternamente. Seguí subiendo, debía ser mediodía por la intensidad del sol, además los rayos de sol caían rectos sobre mí. Lo había conseguido, contemplaba absorto el oleaje en la superficie, mientras las aguas refractaban la luz del sol. Asomé la cabeza, el contacto con el aire, produjo sensaciones en mi cerebro inigualables. Intenté respirar, con los pequeños orificios que tenía en mi morro. Estos se volvieron más grandes, e inhalaron gran cantidad de aire. Noté como mis pulmones se hinchaban, y con un profundo suspiro soltaba el aire. Era una sensación maravillosa, no sabía si podría llorar, pero era lo que más deseaba en aquel momento. Miré a mí alrededor, no había señales de haber tierra firme. Un sonido casi olvidado me sacó de mi ensoñación. El cielo se llenó de nubes negras, por lo que habría tormenta. Decidí buscar un refugio entre algunos corales para pasar la tempestad. Unos pequeños peces de colores me sirvieron de almuerzo. El sueño invadió mi cuerpo y mi mente.
    Me desperté cuando aún estaba oscuro, pensé que la tormenta seguía encima, pero el mar estaba en calma, asique supuse que sería de noche. Quería dormir un poco más, pero mis descubrimientos me explotaban en el corazón y hacían que este latiese con fuerza. Salí de mi improvisado refugio anti-tormenta, y nadé un poco entre las rocas. Mis ojos eran buenos tanto en la oscuridad como a la luz del sol, y podía tanto respirar en el agua como en la superficie, “sí que me he adaptado” pensé riendo para mí. En ese momento, una silueta pasó veloz ante mis ojos. “Será algún pez” me dije. Nuevamente pasó por delante, notaba el agua agitarse a mi alrededor, el frío invadió mi cuerpo. Vi cómo se formaba una capa de escarcha en mis escamas. Segundos después estaba atrapado en una “cárcel” de hielo.

    - Identifícate.- dijo una voz tan fría como el hielo que me rodeaba.

    Abrí la boca para contestar, pero un horror invadió mi cuerpo. No había hablado en todo este tiempo, y los cambios en mi cuerpo no sabía cómo me habían afectado a mi habla. Intenté decir que no era un enemigo, pero de mi boca sólo salió un horrible chasquido, producto de mi lengua chocando con mi paladar. Sonaba a una serpiente furiosa, y ese era el sonido que menos quería que saliese de mi boca.

    - ¡He dicho que te identifiques!- Esta vez su tono de voz era más alto, y noté como el hielo me apretaba más.

    “Intentaré decir mi nombre… un momento… no recuerdo mi nombre” Presa del pánico sólo pude negar con la cabeza. Intenté explicarle mi situación pero cada vez que abría mis fauces, sólo se oían sonidos de serpiente en lugar de palabras.

    - Mmm, me da que tenemos a un novato entre nosotros.- Sonó como una broma, pero el tono frío que caracterizaba esa voz no dejaba pensar mucho en eso.

    Era una mujer, de eso estaba seguro. Pero no podía verla completamente pues estaba demasiado lejos como para percibirla con los ojos. Intenté decirla “Hola”, pero en vano.
    Comenzó a reír, sonaba realmente divertida, “donde le verá la gracia” pensé.
    -Sígueme, y no te separes.- Me dijo en un tono serio.
    “Como narices quieres que te siga si estoy atrapado en este hielo” Intenté gritarla.
    De pronto el hielo se resquebrajó, liberándome de mi prisión. Desentumecí mis helados músculos. Y con un rápido movimiento de mi cola, empecé a seguirla. Era mi primer contacto con vida inteligente, (o al menos que supiera hablar). No tenía otra opción que seguirla, tal vez me ayudaba a descubrir algo.
    De vez en cuando se daba la vuelta para asegurarse de que estaba ahí. ¿Cómo lo sabía?, bueno estos ojos eran gloria bendita, notaba el destello de sus ojos cuando se giraba. Seguimos nadando durante más tiempo, hasta que unos tonos carmesíes en el agua me indicaron que estaba amaneciendo. Comencé a estudiar a la extraña visitante, cuerpo alargado, pero delgado. Miré hacia el extremo de su cuerpo, había una cola. “¡Puede que sea como yo!, o tal vez sea una sirena…” Rechacé esa idea, porque era demasiado estúpida, aunque en realidad desconocía las criaturas que podía haber en el mar.

    Continuamos nadando durante unas horas más, hasta que el sol estaba en su zenit. Vi como la profundidad del mar, era cada vez más pequeña. “Arena” pensé… a mis ‘pies’ solo había arena. ¿Nos estaríamos acercando a una playa?

    Cuando paramos, la “sirena” se giró, me miró con sus profundos ojos verdes. Su cara era angular, y a pesar de no tener un rostro animal como el mío, había algo en ella que me inspiraba terror. Pero me parecía bella… No había reparado en que tenía 2 pares de brazos. “Tal vez ella también mutó.”

    - ¿Has tenido contacto con el aire?- Me preguntó.

    Esa pregunta me sorprendió, recuerdo la primera vez que respiré después de haber pasado todo el tiempo en las profundidades del mar. Asentí levemente con la cabeza.

    - Bien… Esto será más fácil de lo que pensaba- Dijo con un tono satisfecho.

    Sacó su cuerpo a la superficie, la imité. El aire llenaba mis pulmones otra vez, no era una sensación como cuando respiras después de aguantar la respiración. No lo necesitaba, pero me reconfortaba. Avanzamos hacia la playa, era una isla, no muy grande. El tacto de la arena en mis escamas… seguía siendo cálido.

    - Te acostumbrarás, tranquilo.- me dijo con un tono reconfortante.

    Avanzamos hacia la espesura, el calor era soportable. Había montones de insectos. Y las plantas eran enormes.

    -Hemos llegado, aquí aprenderás todo lo que debes saber.

    Una explanada, rodeada de árboles. Gente como la… “sirena” que me había traído hasta aquí, y como yo. Algunos practicaban contra muñecos de entrenamiento. Otros, en su mayoría mujeres practicaban lo que parecía magia.

    -Por cierto, mi nombre es Naz’vaj.

    Ese nombre sonaba como un siseo. Sin darme cuenta abrí mi boca, y salieron mis primeras palabras…

    -Naz’vaj…

    -Bien veo que el Nazja lo puedes llegar a dominar.

    ¿Nazja? De qué demonios hablaba… ¿Sería la lengua de las criaturas como nosotros?

    -Ven por aquí y empezaremos a instruirte.

    La seguí hasta una especie de templete, estaba vacío. Allí me estuvo hablando de nuestro pasado en común. Todos éramos alto natos que habíamos caído al océano junto con el Palacio de nuestra reina Azshara.
    La mayoría de nosotros habían perecido, pero los supervivientes habían mutado hasta convertirse en lo que somos ahora, Nagas.

    Resulta que desde que el Palacio se hundió han pasado cientos de años. Me explicó que las magias que habíamos manipulado nos habían dotado de una longevidad extraordinaria, llegando algunos a ser inmortales.

    -El resto de razas nos odia, nos considera engendros de la magia. Por lo que luchamos contra ellos. Pagarán lo que nos hicieron esos elfos de la noche.
    Los meses siguientes aprendí su idioma. Era una mezcla de sonidos realizados con la lengua. Contemplaron mi musculatura, y les expliqué lo que hacía durante mi estancia en el Palacio sumergido. Me llevaron ante el adiestrador de Mirmidones, los guerreros nagas. Las técnicas de combate naga eran diferentes a las que recordaba de los elfos. Con movimientos más bruscos y potentes. En poco tiempo conseguí adquirir bastantes conocimientos. Identificaba las diferentes hierbas y plantas, y mediante el estudio de la alquimia las combinaba para crear diferentes pociones y antídotos.

    __________________________________________________ ___________________________

    Los años pasaban rápido. Naz’vaj me ayudaba en lo que necesitaba y forjamos una gran amistad. Me concedieron un nombre, pues había olvidado el mío. Najzak Escama hiriente.
    Al año siguiente de mi nombramiento, partimos hacia las heladas tierras de Rasganorte. Allí mantuvimos duras peleas con los orcos en las costas de Tundra Boreal. Nuestras batallas se alimentaban de odio, y ellos defendían su hogar con fiereza.
    Pero algo pasó durante esa batalla, que ha cambiado mi vida. Naz’vaj y yo estábamos acabando con un guerrero orco, cuando un vengativo chamán desató el poder del rayo sobre nosotros, con mi escudo pude desviar parte de esa descarga mágica. Pero Naz’vaj no había corrido tanta suerte. El rayo había impactado en su corazón parándolo al instante. Loco de rabia me lancé contra el chamán, cortándole la cabeza con mi hoja. El mundo se me venía abajo. El líder hizo sonar el cuerno de guerra, con lo que volvimos al mar, sumergiéndonos en las profundidades. Mi corazón se ahogaba en una desesperación infinita.
    De vuelta en un templo hundido que nos servía como base, discutí con el jefe de guerra.

    -Hemos perdido demasiadas vidas con ésta locura de la venganza.

    -No es una locura, es el honor de nuestra raza.- dijo con total tranquilidad el jefe.

    -¿¡Honor!? Si los dioses nos han dado la oportunidad de vivir, no es para provocar más muerte.

    -Eres libre de abandonar el escuadrón, pero ten clara una cosa, si nos dejas no volverás con nosotros nunca más, y te trataremos como enemigo si te encontramos.

    -Está bien, habéis perdido un guerrero, pero lo más importante, habéis perdido un hermano.

    Salí todo lo rápido que pude del templo, cogí mi trozo de espejo (hábilmente colocado en una cadena) y me dirigí hacia la superficie.
    Repté por la playa durante unas horas, hasta que encontré un barco. Me acerqué lentamente, y comprobé que estaba abandonado. Había armamento… cogí una arma de asta que había en la parte de arriba del montón de armas, y me alejé de ahí. Soportaba bien estar en tierra firme, no me había vuelto tan dependiente al agua como mis hermanos.
    A lo lejos vi unas siluetas, que se movían rápidamente. Dos orcos habían acorralado a otro ser, de carne rosada. Levantaban sus hachas contra él. Decidí actuar antes de que fuese demasiado tarde, interpuse mi arma entre las hachas y el extraño ser. Tanto los orcos como el ser del suelo me miraban con terror, pero en seguida el ser se levantó cogió su espada y se puso a mi lado, con temor. Los orcos comenzaron a reír, mientras volvían a cargar. Esta vez fui directo con mi arma, y la ensarté en su pecho. El otro orco, de tez más oscura, se lanzó rabioso contra el ser rosado, aún aturdido. Con un rápido movimiento de mi arma, derribé al orco. El extraño de la espada reaccionó rápido y cortó su cabeza con un movimiento de espada. Se me acercó lentamente, y se inclinó ante mí. Me estaba dando las gracias, en respuesta, me incliné yo también. Sorprendido me hizo un gesto para que le siguiese. Seguimos un camino durante unos minutos. Llegamos a una orilla, y enfrente nuestra se alzaba una fortaleza que intimidaba. Cuando llegamos, más seres como el de la espada se lanzaron a por mí, pero éste los detuvo con un gesto de la mano. Les dijo algo en una lengua que desconocía, y nos dejaron pasar. Allí fui estudiado por un conjunto de seres, me miraban impresionado. Intenté comunicarme con ellos, pero no entendían mi idioma. Un ser parecido al extraño de la espada, pero más bajo y robusto se me acercó. Dijo una palabra en su idioma. Esperando a que la repitiese, forcé todo lo que pude mi lengua para hacer un sonido parecido. Me miraron con sorpresa y me llevaron con una mujer.
    Durante un tiempo viví con ellos, me enseñaban su idioma, mucho más sencillo que el Nazja. Esos seres rosados eran humanos, los pequeños y robustos enanos. Había otros más pequeños todavía con aspecto enclenque llamados Gnomos, eran curiosos e inteligentes. Me proporcionaron armaduras nuevas, y una gran espada. Eran mucho más gentiles que mis hermanos nagas, y más civilizados que los orcos.
    Conocí a draeneis unos seres de piel azul que vienen de otro planeta según me han informado. Y el descubrimiento más impactante, cuando vi llegar a unos seres más altos que los draeneis incluso. Elfos nocturnos… Mis antepasados. El contacto era mínimo, no sentía odio por ellos, pero notaba la repulsión hacia mí en sus ojos.

    -Calma chicos… Najzak es aliado nuestro. Ayudó al almirante.- dijo el capitán Duormt.

    -Pero… ¿no es agresivo?
    -
    Sólo con mis enemigos.- contesté en tono decidido.

    El capitán Duormt sonrió satisfecho, y se marchó hacia la posada.
    Una elfa se me acercó, parecía interesada en hablar conmigo, asiqué permití que se sentara conmigo. Sentía curiosidad por cómo había superado en parte mi adicción a la magia. Me preguntó si recordaba cómo era el reino de los elfos antes del gran cataclismo. Poco a poco fui conociendo a más humanos, elfos, enanos, gnomos, draeneis… Gente amigable la mayoría, aunque algunos todavía me despreciaban con la mirada. Pocos días después del encuentro con esa elfa, una sacerdotisa vino a buscarme a mi habitación de la posada. Me llevó hasta la fortaleza, y delante de unos paladines, decidió cambiar mi nombre.

    -El nombre que llevas es fruto de los nagas, no te negaremos tus raíces elfas y nagas, pero cambiaremos tu nombre.

    Esperé con paciencia mientras la sacerdotisa oraba a la luz. Al cabo de unos minutos, que me parecieron años, la sacerdotisa se incorporó, se dio la vuelta me miró a la cara. Había bondad en su mirada, con una sonrisa, puso sus manos en mi boca. Mientras, yo apretaba el espejo fuertemente entre mis garras.

    -A partir de ahora, te conocerán por el nombre de Keizahj.

    -Keizahj, gracias sacerdotisa.

    Con una sonrisa se despidió de mí. Después de mi renombramiento bajé hasta el puerto, donde estuve practicando con la espada en los muñecos de entrenamiento.
    La Alianza prometió enseñarme sus artes de combate, yo a cambio les enseñaba algunas cosas de los nagas. Juré servir a la Alianza toda mi vida, redimir mis pecados del pasado y ayudar a mis hermanos los elfos de la noche. Lo juro, por mi nombre Keizahj, ayudaré a terminar con la plaga y haré que se sientan orgullosos de aceptarme entre sus filas.

    ~Tierra de Rol~

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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] El Soplo Gelido

    Gunrir, del linaje de los Tajacabezas

    1

    La tormenta azotaba aquella pedregosa bahía, pero los truenos eran acallados por el fragor de la batalla. Allí habían desembarcado los kvaldir con sus barcos, y allí les habían esperado los guerreros vrykul.
    La lucha y la tempestad arreciaban con igual fiereza, cada trueno era respondido por el clamor de cientos de aceros que entrechocaban y volvían a bailar en la mortal danza. Los kvaldir habían conseguido hacer retroceder a los defensores, que a duras penas pudieron contener las feroces embestidas de los marinos. Y fue cuando Yothgrong,, que buscaba un arma a tientas tras perder su filo contra un escudo, aferró aquel espadón kvaldir con ambas manos y lanzó aquel glorioso tajo, que rebanó la cabeza del líder de los invasores junto con las de dos de sus secuaces. Aquello hizo cundir el pánico entre los marinos, que vieron como su más fiero guerrero se desplomaba y yacía en aquella pedregosa bahía. El silencio pareció recorrer el campo de batalla antes de que se alzase la voz de los defensores en un grito que hizo temblar los cimientos de Azeroth, un grito que supuso el cambio de signo en la batalla y precedió a un contraataque devastador contra las huestes de los kvaldir, que no llegaron el final de la tempestad.
    Después de aquel día a Yothgrong se le comenzó a conocer como Tajacabezas y el espadón kvaldir se convirtió en el legado de su familia.”

    Gunrir, hijo de Orgath “Tajacabezas”, hijo de Yothgrong “Tajacabezas”; así era conocido, como el último guerrero del linaje de los “Tajacabezas” y como tal había ganado el espadón que consiguiera tal sobrenombre para sus antepasados.
    Bastante tiempo había pasado desde que superó todas las pruebas que le permitieron ser reconocido como un guerrero valeroso, no recordaba cuantas veces había blandido ya el espadón contra sus enemigos, ni cuantos habían sucumbido ante él. Era un guerrero diestro y feroz, alto incluso para los suyos, pero aún así algo le carcomía... no había logrado arrebatar tres cabezas de los hombros de sus dueños de un solo tajo. Dos había logrado en múltiples ocasiones, pero las tres que dieron el nombre a sus ancestros no le habían sido dadas.
    Gunrir sabía qué sus ancestros siempre habían sido gloriosos guerreros que habían servido con devoción al Dios de la Guerra, y que éste a cambio les había bendecido con descendencia alta y poderosa, él era la confirmación de ello. El procesaba la misma devoción al Dios de sus ancestros, le otorgaba la sangre del enemigo derrotado, pero se sentía inquieto... ¿acaso aquello era señal de que su descendencia sería débil y deforme?

    2

    La noche había sido especialmente fría, el viento había aullado como hacía tiempo que no se recordaba y los ancianos hablaban de ésto como una señal nefasta , aunque otros respondían que era la señal de que el Rey pronto despertaría y que las conquistas dejarían a su paso el aullido de los vencidos. Aunque estas discusiones para Gunrir significaban bien poco, pues en su ser la inquietud de ser indigno a su linaje era mayor aún que la que era provocada por unos cuantos presagios.

    Por la mañana, apenas hubo despuntado el aquilonal sol y la fría luz atravesó el ventanuco de la cabaña donde vivía Gunrir, el guerrero comenzó la tarea con la que se daba comienzo a.todas las mañanas. Tomó la piedra de afilar y con ella empezó a recorrer el espadón, como siempre lo hacía. La espada era un arma grande y que exigía una gran fuerza para su manejo, debía medir al menos como dos tercios de su estatura y normalmente habría requerido el uso de dos manos, pero así como sus antepasados el había conseguido usarla con una única mano, siendo así posible utilizarla aún cuando se le hubiese herido en un brazo.

    Apenas hubo terminado de dar mantenimiento al filo un torrente de voces agitadas le llegaron desde el centro de la aldea. Decidió acudir tan pronto como hubiera dado cuenta de un trozo de carne seca y un buen trago de hidromiel. Quizá no debió pararse a ello, quizás los ancianos le hubieran escuchado.
    Al salir, tras haberse alimentado, se encontró con que la aldea se había reunido entorno a la hoguera que siempre ardía, en el centro del poblado. Y allí alzaba la voz Broggur “Pieldeoso”, un guerrero que hacía mucho tiempo que había dejado de serlo.

    -¡Tenemos que hacerlo, la grandeza lo requiere!- bramaba mientras intentaba mantenerse en pie apoyado en un bastón.

    ¿Broggur, que tramas?” pensó Gunrir. Era bien sabido que Broggur nunca había destacado demasiado en la lucha. Todo la aldea sabia que la piel de oso que le había dado nombre procedía de un oso que había quedado malherido por otro cazador y él había aprovechado la ocasión para matar al oso y hacerse con su piel. Broggur no era buen luchador, sin embargo había sobrevivido largo tiempo y aún así nunca había engendrado vástago alguno, corría el rumor de que su sangre era débil e inútil para tomar a mujer alguna.

    -Él es el que despertará al gran Rey Ymiron, su poder lo puede... y sólo debemos de darle los cadáveres de todos los guerreros que caigan- gritaba con una voz tan seca como su pellejo.

    Los guerreros comenzaron bramaron , los viejos asintieron.. y aquella propuesta pareció extenderse entre el resto de la aldea. Entonces fue Gunrir quién preguntó.

    -¿Quién es él, que tanto poder tiene?- inquirió haciéndose oír sobre el resto de la aldea.

    El jolgorio cesó, y los ojos de Broggur chisporrotearon con malicia.
    -¿Qué quién es él?¿Acaso no has oído hablar del Dios de la Muerte, a quien todos debemos adoración, Gunrir “Taja dos cabezas”?- replicó con su seca voz.

    -Mi linaje siempre ha ofrecido la sangre del enemigo al Dios de la Guerra, y él nos ha bendecido con fuerza y vigor en la descendencia, no tengo porque conocer a ese Dios de la Muerte... que no exige la vida, sino los desechos de ésta, Broggur “Piel de corteza”.- sentenció Gunrir, con voz cortante, no iba a permitir que el nombre del Dios de la Guerra fuese mancillado por alguien que necesitaba un bastón para mantenerse en pie.

    -¡Insultas al Dios de la Muerte, a él, que tiene poder para despertar al gran Rey Ymiron de su sueño! ¡Tu Dios de la Guerra no es más que una piedrecilla comparado con la montaña del Señor de la Muerte!- gruñía fuera de sí el arrugado-¡Pronto descubrirás su fuerza!- terminó, y con dificultad se alejó seguido de los que habían sucumbido ante aquel dios extraño.

    -¡No será rival para el Dios de la Guerra, mi brazo es fuerte y totalmente suyo!- respondió a la amenaza- ¡Él concederá fuerza a mi brazo!

    Y con esas palabras decidió volver a su hogar, donde bebió hidromiel y comió carne seca antes de volver a repasar aquella espada. El filo estaba soportado por una empuñadura de cuero, desgastado por el uso. Alargó su mano y la cerró en torno a ella. Y así permaneció largo tiempo, recordando cada batalla en la que había luchado y cada hombre que dejó éste mundo por su mano, todo ello era ofrecido al Dios de la Guerra y siempre había salido victorioso. Aunque aún no había cortado las tres cabezas que confirmarían que su descendencia fuese fuerte y vigorosa, pero confiaba en el Dios de la Guerra se lo permitiría algún día.
    Lo que le sacó de ese estado fue un ruido, el de algo al caer. Una vez fuera del divagar se cubrió con varias pieles, tomó su espada y salió de su choza, no era normal que las cosas se cayesen sin razón... y aquellas horas no corría viento alguno.
    Con paso precavido avanzó en aquella oscuridad lo cubría todo y que tan solo era retada por una hoguera que enseguida veía la luz de sus llamas morir en la sombra. Inspeccionó los alrededores y lo único que vió fue una jarra por los suelos. “Debe de ser de Graddan” pensó “ha vuelto a emborracharse y se ha dejado los restos donde se le han caído..” . Estando inclinado sobre la jarra sintió algo a su espalda y , casi por instinto, se echó a un lado,quedando sentado. Lo que vio desde el suelo le dejó perplejo y sin poder articular palabra, una mole pestilente se dirigía hacia él. Sin más dilación se puso en pie, afianzó la empuñadura con las dos manos y esperó un envite de aquel ser. El ser, en lo que asemejaba a un gorgoteo más que a un rugido, se lanzó hacia él... por suerte para Gunrir, la bestia era bastante lenta y pudo ganarle el flanco, donde hundió la espada y vio que empezaba a brotar un líquido que hedía a muerte. El ser braceó propinando unos golpes fuertes, imprecisos, desesperados e inútiles. Una vez extrajo el filo goteante del ser, Gunrir se percató de que alguien le observaba.
    Era Broggur, y se reía.


    -Ja, ja,ja … Gunrir “Taja dos cabezas” has vencido a la bestia, eres un bravo guerrero – reía mientras hablaba- pero sin embargo el Señor de la Muerte sigue siendo más poderoso que el tuyo...

    Gunrir no sabía como responder, lo que decía el anciano le resultaba peligroso.
    -Lamento que un fiero luchador vaya a caer tan estúpidamente... - la voz seca adquiría un tono sibilante mientras decía aquellas palabras.

    -¿Caer? ¿Acaso te has vuelto ciego con el tiempo, viejo?- respondió Gunrir, intentando no mostrar rastro alguno de nerviosismo.

    -No soy ciego, ni mucho menos, nuestro Dios me ha concedido el don de la visión... y veo como sería un gran campeón suyo, sacrifica tu cuerpo ahora y vive como un glorioso sirviente de nuestro Dios.


    Gunrir se dejó llevar por la provocación.

    -¡Nuestro , dices!¡Yo no tengo por Dios a un señor de la carroña, el Dios de la Guerra exige la sangre del enemigo no el cuerpo del leal!¡Tu dios no es tal , ahí está la prueba!- respondió al anciano mientras con el espadón señalaba hacia el ser que yacía y apestaba.

    -¡Eso no es más que una mínima muestra del poder del Dios!- rebatió el anciano- ¡Y toda la aldea lo ha asumido, excepto tú, estúpido guerrero!
    -¡La aldea se ha vendido a un dios artero y mezquino, que os llevará a la debilidad y a la deformidad!-bramó Gunrir.

    -¿Matarás a tus hermanos?- rió el viejo.

    Gunrir gruñó y bramó, maldijo y volvió a maldecir. Aquel viejo había le había golpeado en el ser, sus hermanos, guerreros con los que había compartido la carne y el hidromiel adoraban ahora a ese que llamaban Dios de la Muerte, mientras que el Dios de la Guerra había sido olvidado de la noche a la mañana. Su rostro hervía en la ira y el dolor por la traición, y entonces supo que había de hacer.

    -Mis hermanos son aquellos que no abandonan a su Dios por uno que les prometa muerte y putridez.

    Broggur, volvió a reír con esa risa suya, glacial, casi muerta. Si no se hubiera reído hubiera alcanzado a ver como el guerrero se abalanzaba sobre él, sin embargo lo único que sintió fue un iracundo golpe que derribó su frágil cuerpo. Dejó escapar un grito ahogado. Gunrir se hallaba de pie junto a su cuerpo y su espadón le rozaba la arrugada piel del cuello. Una gota de sudor comenzó a recorrer la frente del anciano,su boca comenzó a moverse frenéticamente intentando meter en su cuerpo un aire que no llegaba...

    -¿Acaso no es tu Dios el de la Muerte? ¿A qué le tienes miedo?- preguntó Gunrir con la ira restallando en sus ojos.

    El anciano no consiguió articular palabra y lo único que se escuchó fueron una serie de gemidos, gorgoteos y sollezos provenientes del anciano.
    Gunrir se detuvo un instante, inspiró y cerrando los ojos hizo descender la hoja de su espadón con solemnidad, la cabeza rodó por el suelo.


    -El Dios de la Guerra pide la sangre de los impíos y da fuerza al brazo de los que le siguen.


    Reconfortado tras haber acabado con el charlatán regresó a su cabaña.

    3

    Los rayos del sol lo encontraron inmerso en la primera tarea de todas sus mañanas, el siseo de la piedra sobre la hoja era el mismo de siempre. Pero había algo diferente en la mirada Gunrir, su mirar se mostraba duro e inflexible. Sus miembros también presentaban una tensión constante, dispuestos a saltar al mínimo indicio.

    Lo sucedido aquella noche le había descubierto varias cosas, que Broggur había sellado pactos nefastos con ese al que llamaban Dios de la Muerte, que las criaturas de eses supuesto dios eran abominables y deformes, y por último, que las palabras de Broggur habían calado en el resto de la aldea.
    Apesadumbrado recordó los retazos de las conversaciones que escuchó al acercarse a las cabañas, se brindaba por el pronto despertar del Rey y el poder del Dios de la Muerte. La euforia había cundido y todos se hallaban inmersos en la espiral que conducía al desastre. Habían renegado de sus antiguos dioses para aceptar al Dios de la Muerte. Para Gunrir, aquello había sido la gota que colmó el vaso, habían renegado de los Dioses que tantos favores les habían otorgado, los guerreros habían olvidado al Dios de la Guerra, los ancianos al más sabio de los Dioses y las mujeres al que decidía que sus vástagos fuesen sanos y robustos.
    La ira recorría cada fibra de su ser, mas se vio obligado a tranquilizarse. Era una estupidez intentar luchar contra toda la aldea, moriría sin haber cumplido el cometido de su linaje, no dejaría vástagos gratos a los ojos del Dios de la Guerra. Una vez más tranquilo regresó a su cabaña, donde reunió todas las pieles que pudo encontrar y los alimentos que pudiera llevar consigo, algunos pedazos de carne seca, un par de odres con hidromiel y varias hogazas de pan. Tras acometer esta tarea y , habiendo oscuridad no se arriesgaría a salir a los bosques. De modo tomó la piedra y comenzó a repasar los filos de
    Tajacabezas hasta que los rayos de luz iluminaron tenuemente la estancia.
    Gunrir inspiró fuertemente y , arrodillado, imploró al Dios de la Guerra que le guiase en el camino que pronto iba a iniciar. Imploró para que la fuerza de su brazo fuera la suficiente para cumplir con el linaje y para que los designios del propio Dios se cumplieran. Inspiró de nuevo y lentamente se levantó, y aquel acto de nuevo le recordó cual era su linaje, los “Tajacabezas”
    siempre habían sido altos y fornidos. Eso le recordó que debía agradecerlo al Dios de la Guerra. Murmuró un rápido agradecimiento y salió de la cabaña cargando con un par de fardos y la eterna guardiana de su linaje, Tajacabezas.

    La aldea estaba desierta, los vítores habían pasado factura y seguramente hasta bien alta la luz no se despertarían aquellos que otrora fueran sus hermanos. Caminó acompañado del único ruido de sus propias pisadas y pudo observar cómo a la luz continuaban aún ,yacentes , la degeneración, el cuerpo de Broggur y ,unos metros más allá, la cabeza de aquel que tanto daño habría de traer a la aldea.
    Al despertar todo el mundo vería eso y sin duda, movidos por conseguir el favor de ese falso dios, intentarían matarlo. Gunrir pensaba eso y por ello había tomado la idea de abandonar la aldea y dirigirse a algún lugar donde sus brazos fuesen capaces de hacer valer su linaje y cortar tres cabezas de un solo arco. Así sabría que el Dios de la Guerra le era propicio, mas aunque no lo fuese era el Dios de sus ancestros y le debía obediencia, respeto y la sangre del enemigo.

    Los bosques se extendían ante él , como una inmensa alfombra. Eran peligrosos, sin duda, pero el Dios de la Guerra permitiría que saliese ileso. Gunrir se aventuró en ellos, evitando los caminos y caminando hasta que prácticamente no se veía un palmo por delante suya. Por la noche usaba las pieles para cubrirse del frío y comía un poco de lo que llevaba consigo, un pedazo de pan , un bocado de carne o un trago de hidromiel.
    Gunrir no recordaría apenas de lo que vivió en los bosques, tan sólo que una y otra se recordaba cual era su linaje y que debía cumplir con él.


    Los ojos del vrykul se habían acostumbrado a la visión del bosque cuando una luz cegadora le deslumbro. Parpadeando todavía pudo observar que los bosque se terminaban y que se hallaba ante los fiordos, unas enormes lenguas de mar que se encajaban entre los rocosos e imponentes acantilados. Se veían muchos salientes y cuevas, por lo que supuso que sería un buen lugar para ocultarse durante un tiempo. A Gunrir le resultó más sencillo de lo que creía encontrar un lugar donde cobijarse y desde donde poder vigilar los alrededores. Desde allí tenía una vista directa al enorme mar y a las planicies elevadas del resto de los fiordos.

    4


    Desde que llegó a los fiordos su día a día era simple, afilaba su espada y acto seguido bajaba a la costa para intentar pescar algo. Al principio le había resultado difícil, dada su envergadura, pero con el tiempo consiguió adquirir la destreza suficiente para que fuera un acto mecánico. Tras pescar subía a la cueva y comía lo que había pescado. Si bien había conseguido hacer fuego alguna vez, se vio obligado a enterrar las brasas cuando se dio cuenta de que el humo podría delatar su posición a sus enemigos. Al terminar su comida se dedicaba durante horas a practicar con Tajacabezas, usándola alternativamente con una y dos manos. Gunrir agradecía al Dios de la Guerra aquella situación pero imploraba porque cambiase pronto. La sangre bullía en su cuerpo, necesitaba batallar y cumplir con su linaje. La inactividad no era propia de los guerreros y la pesca no era una actividad honorable.
    Gunrir asumía que todo aquello tendría alguna razón, el Dios de la Guerra había dado buena fortuna a su linaje y aquello debía de ser una prueba para comprobar su lealtad.

    Un día, tras haber haber comido y estando practicando con el espadón , vio algo en la lejanía del mar. Al principio creyó que serían kvaldir, con sus temidas embarcaciones, así que lo único que hizo fue ocultar cualquier rastro que pudiera haber dejado. En su cueva podía observar como aquellas naves se acercaban a la costa, como tomaban los fiordos para adentrarse aún más. Y sorprendido comprobó, que las naves que creía kvaldir, no lo eran. Estaba bastante lejos así que no creía que lo descubriesen, pero ahora tendría que tener mayor cuidado a la hora de pescar. Teniendo estos pensamientos, de repente sintió un estremecimiento, que le hizo reparar en que quizá los ocupantes de los barcos pudieran ofrecerle un lugar donde cumplir con su linaje, pero antes tendría que observarlos durante un tiempo.

    -Paciencia, habrá que ver si son dignos de Tajacabezas- se dijo Gunrir a sí mismo, mientras tomaba la piedra y dando gracias al Dios de la Guerra comenzaba a repasar el filo del espadón.
    Última edición por Maidorin; 31/07/2010 a las 01:39

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