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  1. #1
    Avatar de Gareth
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    Predeterminado [1º Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Levantamiento de Proeza

    Este se trata de otra historia, pero no de una raza, si no de una clase, una de las tantas clases que ofrecemos ¡SOLO! con evolucion a lo largo de meses incluso años de un personaje, como Berseker, Shadow Hunter, Demon Hunter, y la que ahora vamos a dar.

    CABALLERO DE LA MUERTE

    Especificando de nuevo, es la clase Heroica caballero de la muerte, preferiblemente de los primeros anexionados a la plaga, siendo uno de esos heroes humanos, y ahora melancolicos u asesinos caballeros oscuros, pueden ser tanto de la plaga, renegados o caballeros de ebano, la historia precisa una amplia descripcion de la vida anterior del buen hombre, y la vida posterior a su muerte, como en un tiempo sirvio al rey lich, como siguio sirviendolo o como se libero de el, cada uno de los roles sera permitido y evidentemente la raza favorita para esta clase es Humano de Lordaeron.

    No explicare mas sobre la raza, ya que todo viene en la guia, mas que decir que las historias debeis postearlas aqui y seran puestos los ganadores en este mismo post el dia 30 de este mismo mes, Julio.

    Los caballeros de la Muerte son guerreros de la Plaga de gran poder, malévolos y equipados con armas de hojas rúnicas. El primero y más importante de todos fue el Príncipe Arthas.

    A diferencia de los caballeros de la Muerte creados años antes por el brujo orco Gul’dan, los caballeros de la Muerte modernos son agentes de diferentes orígenes, muchos son individuos que habían perdido la fe y entregaron su alma al Rey Exánime a cambio de la promesa de la inmortalidad. Los caballeros de la Muerte que caen luchando enseguida se levantan de nuevo para continuar obedeciendo a su maestro.

    En los años transcurridos desde que Arthas destrozase el Trono Helado y se fundiese con el Rey Exánime, el poder y la furia de los caballeros de la Muerte no ha cesado de crecer. Ahora estos implacables cruzados de los condenados esperan con impaciencia que el mando del Rey Exánime libere de nuevo su furia sobre Azeroth.

    PD: Reitero que estan prohibidos caballeros de la muerte de la vieja legion, solo se permiten de la plaga, como especifique antes, PLAGA, RENEGADO (No de Sylvannas, si no el significado Literal u Caballero de Ebano)

    PD: Os recomiendo este Link para que sepais más sobre los caballeros de la muerte, no son solo caballeros muertos con skins propias.
    http://www.tierraderol.com/foros/f90...html#post12414


    (Han de haberse echo dentro de la fecha del concurso, no anteriormente) Suerte a Todos.


    Condiciones

    -Esta prohibido plagiar total o parcialmente un trabajo de internet, realizar esta acción se considerara algo grave
    -Los premios podran modificarse dependiendo de la calidad media de trabajos.



  2. #2
    Avatar de Shoikan
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    Horda Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Se sabe ya la fecha tope de entega?
    Y también son candidatas historias de procedencia algo menos...típica?xD

    Mi Mula no quería andar... Y he tenido que freírla a balazos D:


    Lok'Tar'ogar!




  3. #3
    Avatar de Gareth
    Gareth está en línea Administrador/a
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    No explicare mas sobre la raza, ya que todo viene en la guia, mas que decir que las historias debeis postearlas aqui y seran puestos los ganadores en este mismo post el dia 30 de este mismo mes, Julio.
    Tambien son candidatas, pero las peculiaridades dentro de los clasiquismos son lo mejor recibido.



  4. #4
    sacro está desconectado Forero Hardcore
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    Thumbs up Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    // bueno espero que mi historia llene las espectativas.... xD a rezar se ha dicho y gracias por la oportunidad jeje.



    Lightbrand Lionhammer. “El Caído.”


    Físico:
    Es muchísimo mas alto que su hermano Paul, a diferencia de su hermano, este mide 1.90, cabello de color negro, el cual siempre lleva largo, rara vez se lo corta, a veces lleva cola de caballo o se deja el cabello suelto, ojos Verdes como los de su madre, a diferencia de Paul este muchacho tiene algunos rasgos mas acentuados a su madre, por ejemplo los ojos… musculoso y de piel morena lo hacen tener un parecido increíble a su hermano Paul, “el Sacro”. Al estar alejado siempre de la guerra… y al no servir en un ejército guerrero pues no posee heridas como su hermano.
    Personalidad:
    Lightbrand, es un joven rebelde… siempre tratando de salirse con la suya y además de eso prepotente y algo arrogante, aunque paladín, siempre ha sido un joven prepotente, debido a que posee en cierta forma un trauma porque jamás conoció a sus padres y su padrino, Frank Lightstorm, el encargado de su tutoría y representación luego de quedar Huérfano siempre hablaba de cómo su difunto padre quería a su hermano, Paul (Sacro), al cual aunque le tiene cariño, Lightbrand siente hacia el un gran rencor debido a que tuvo lo que el nunca pudo tener, calculador e inteligente, de buen corazón al igual que todos los Lionhammer, fiel seguidor de las palabras de la luz, pero con ese pequeño dejo de personalidad debido a que nunca pudo disfrutar de los placeres de la vida de su hermano. Aunque lo que el no sabe, es que Paul (Sacro) ha llevado una dura vida desde que sus padres murieron. Es leal, amable y carismático, de corazón aventurero como su padre, aparte de cómo es tan joven es precipitado y actúa a veces sin pensar. Debido a que nunca fue entrenado bajo la senda del paladín comúnmente, es capaz de desobedecer las leyes ya que su padrino le enseño que aunque las leyes estuviesen para cumplirse, siempre y cuando sea por el bien de las personas, pueden violarse mientras sea la voluntad de la luz violarlas para ayudar a los afligidos. Alegre y en ocasiones burlón es un gran amigo. luego de corromperse... se volvera un guerrero atormentado por la sed de mas poder, atormentado por la desesperante voz del rey exanime en su cabeza... no siente sentimientos como la piedad o la compasion, en el solo hay odio y discordia, envidia y arrogancia.
    Alineamiento: caótico bueno, en un principio despues malvado. (si tengo que hacerle el progreso para convertirlo en DK pues su alineamiento sera caotico bueno.)

    Historia:
    Unos días antes de que mis adorados compadres fallecieran nació Lightbrand, lo mas cercano a un hijo que he tenido… llevábamos nueve meses peleando en contra los orcos, moviéndonos en esta caravana del ejercito dispuestos a colaborar con nuestros hermanos de Ventormenta. El joven Tarin y su esposa hace nueve meses habían estado muy extraños, he de suponer que debido a eso fue que concedieron a este retoño.
    La vida de los Lionhammer había cambiado desde que dejaron al pequeño Paul en Lordaeron con la mucama de la familia… la misma fortuna Lionhammer fue dada casi en su totalidad al reino de Lordaeron para colaborar con la guerra, por lo cual ya no podían darle una vida lujosa a su hijo mayor, así que le dijeron a el y a la mucama que en cuanto terminara los estudios de primaria seria enrolado hasta que ellos regresaran para que así el joven pudiera costear la casa y su vida… los pocos Lionhammer que quedaban decidieron unirse a la guerra, entre ellos, Tarin y su esposa. Los primeros días de esta campaña atravesando todo el continente hicieron que la pareja se uniera mas… quizás provocando el nacimiento de su hijo.


    Con el transcurrir de los meses, mientras Tarin y yo peleábamos por defender la caravana de los orcos que venían constantemente a eliminarnos… la joven Laura dejaba crecer al pequeño Lightbrand en su vientre mientras curaba a los heridos. La noche anterior al parto, en una tormenta helada… la mujer estaba lista para traer al pequeño a este violento mundo… su parto, a diferencia del de Paul, fue mas difícil, la joven Laura había parido a un gran muchachito, quizás por esto perdieron la vida ambos servidores de la luz, ya que la madre había perdido muchísimas fuerzas después de haberlo concebido.
    Justo la mañana siguiente el joven había nacido… y su padre orgulloso lo levanto en brazos y le dio un nombre de Luz y honor… Lightbrand.
    El recién nacido no fue visto de buena manera por los demás paladines y soldados que iban en la caravana debido a que nadie se entero de que la madre estaba embarazada, debido a que ella había escondido muy bien el secreto.
    -entonces, deberíamos volver para criarlo, Tarin- decía la madre-además, Paul aun es pequeño, necesitaran ambos del calor hogareño.
    -amada mía, no debemos faltar a la patria… si lo hacemos… ¿que quedara para nosotros al regresar?-decía su esposo acariciando su cabello.


    Siempre pensé… que ellos debían volver… al menos la madre, por lo que convencí a mí querido compadre de hacerla regresar… con la vida recién florecida en brazos y que luego de regresar volveríamos para ayudar, ya que decidí acompañarlos. Aquella mañana… fatídica a decir verdad… la neblina bajaba por las montañas hasta el bosque… habíamos recibido noticias de los otros familiares Lionhammer y los míos… que se movilizaban en otras caravanas y en la marina. Los orcos estaban haciendo ataques desesperados ya que sabían que serian derrotados en cuestión de tiempo si lográbamos llegar a Ventormenta… si esto era así… quizás para la fiesta del Invierno estaríamos de vuelta en casa.
    Las buenas noticias eran siempre acompañadas de las malas… por lo que aquella nublada mañana se dio la mala noticia… mientras preparábamos todo para volver… los orcos emprendieron un gran ataque… matando a todos a su paso… Tarin y yo defendimos la caravana fuertemente, mientras que Laura aunque cansada lanzaba hechizos de luz ante aquellos enemigos. Un brujo, creo recordar, lanzo una llamarada de las sombras hacia nosotros… Tarin y yo logramos esquivar la descarga… pero la mujer no pudo hacerlo por lo débil que estaba. La carreta… había sido quemada… mi amigo y yo temimos lo peor… había visto todo aquello caer destruido… las demás carretas con sus ocupantes eran destruidos… cuando volví en mi… tenia un orco cerca… pero logre matarlo, mientras miraba la triste escena de muerte… Laura agonizaba… pero milagrosamente el bebe había salido ileso.
    -ten fe… amado mío-decía Laura entre gemidos de dolor.
    -la tengo, venid… os llevare en brazos- decía Tarin desesperado.- Frank, toma el pequeño… llevare a Laura…-pero en ese preciso momento, le dieron cuatro flechas… dos en la espalda , una en la pierna y finalmente una en el pecho…
    ¡VETE AHORA FRANK!
    Exclamo mi compañero y compadre…
    -no os dejare camarada… por la luz saldremos vivos de aquí-decía mientras tenia al pequeño en brazos.
    -vete… te retrasaríamos y los matarían a ambos… huye… cuida a mis hijos por mi…- dijo mi compañero…
    -eres… la luz, estas con la luz y andas… en la luz…. Ve con bien Frank Lightstorm- dijo Laura… y aunque triste, me fui de allí prometiendo cuidar a los pequeños Lionhammer.


    Monte un destrero… y me fui de allí rápidamente… con dolor en mi pecho… vi como aquellos honorables clérigos eran acabados…
    El joven Paul estaba muy pequeño… solo contaba con unos 6 años… escape a Ventormenta… con la intención de culminar los deberes de la guerra… dejando al pequeño en manos de la iglesia mientras combatía… y allí estuve peleando fuertemente con la vida para evitar que aquellos salvajes destruyeran a nuestros hermanos…
    Con el tiempo… la segunda guerra culmino… con la victoria de la alianza una vez más sobre los orcos. Pero el duro costo de la guerra llevo a Ventormenta al declive… por lo que al final decidí volver a Lordaeron… como nadie supo que sobreviví… nadie envió una carta al joven Paul al reino diciendo que estaba con bien y que tenia un hermano… yo mismo escribí una misiva diciendo que todos habíamos muerto… para que el joven no quisiera escapar de la seguridad de Lordaeron siendo apenas niño para intentar hallarme, ya que el chico ha sido valiente siempre, al igual que su padre. Cuando regrese a mi amada patria… y llegue a la casa Lionhammer… la anciana mucama… me contó que el joven Paul había cedido los bienes de la casa a ella y que el se había enrolado… como su padre había ordenado… ya Lightbrand era un muchachito de 12 años ya podía ayudarme como escudero y en muchas otras cosas… por lo que intentamos encontrar a su hermano… pero nunca pudimos debido a que el muchacho había sido llevado a las aldeas para servir de guardia en ellas como sargento… con el tiempo… el azote inundo nuestras tierras… y el joven Lightbrand demostraba ser digno de la luz, ya que el mismo se interesaba en ayudar a los demás, aparte de leer gustosamente los tomos de los paladines y el adorado diario de su padre, que tenia versículos sagrados y consignas sagradas, poseía una gran habilidad con el martillo que ni siquiera su propio padre hubiese sido tan talentoso así que decidí enseñarle todo lo que sabia. Mientras a la vez intentaba contactar a Paul… pero el peligro del azote lo hacia cambiar de lugar constantemente… debido a su deber de guardia.
    Las cosas iban de mal en peor… y mientras veía con dolor como la patria caía a los pies del azote y como los soldados desesperadamente peleaban por sobrevivir perdí la esperanza de encontrarme con el joven… por lo que decidí irme a Kalimdor junto a la expedición de Jaina Prodmoure. Nadie podía creer lo que Arthas había hecho en Stratholme… y como sabia, el joven Paul estaba bajo sus ordenes… pero días antes había perdido contacto con el… por lo que supuse que estaba muerto. Tres años después… lo que había sido una expedición a tierras lejanas… era ahora una ciudad, el liderazgo que Jaina había demostrado era excepcional. Por lo que siempre la tendríamos en el corazón Lightbrand y yo… durante todo aquel tiempo… le enseñe al joven todo lo que sabia… el chico de día entrenaba las artes de las armas y esculpía su cuerpo… mientras que por la noche estudiaba los manuscritos sagrados… y las leyes de la luz. Es extremadamente talentoso y devoto, Pero el joven tiene un problema… a diferencia de su hermano, la soberbia y el egocentrismo en el son muy grandes… he reprochado miles de veces la manera en la que actúa… pero no puedo culparlo… el chico es así porque le faltan sus padres… he tratado en lo posible de hacerlo cambiar… y creo que pronto lo dejara así… es un muchacho apenas, quizás es falta de madurez.


    -sois talentoso Lightbrand, pero recuerda siempre tener en mente que un paladín no se lleva por sentimientos mundanos como esos… la soberbia y el egocentrismos no serán buenos en ti… te pueden llevar a la corrupción… abraza la luz con humildad y ella tocara tu corazón mas pronto de lo que crees.- le decía mientras peleábamos y entrenábamos con el martillo.
    -tranquilo Frank, soy demasiado fuerte de mente para caer en esas herejías… puedes confiar en mi- decía sonriente aquel muchacho. Siempre lo quise como un hijo… y a su hermano también… siempre desee que estuvieran juntos, como hermanos que eran pero mi otro ahijado al parecer estaba muerto, o eso creía. Una noche, en un sueño Tarin me hablo… el joven Paul no estaba muerto… había cambiado su nombre y había huido a Ventormenta… por lo que orgulloso y feliz me levante una mañana y enseguida escribí una misiva a la ciudad… dándole al muchacho la ropa de escudero de su padre… la cual había usado cuando empezamos ambos la senda del paladín.
    -¿le vas a dar… eso a mi her… pero…?-Lightbrand pensó que le daría aquellas ropas a el… y se marcho molesto aquella mañana hacia las afueras de Theramore. Paul aun no sabia lo de su hermano… ya había pasado tiempo… sin que pudiera contactarlo… solo podía saber de el por medio de mis amigos oficiales en el ejercito en la época del azote… pero no supe mas de el a raíz que había escapado… ahora tenia para el una gran sorpresa… esperaría que Lightbrand cumpliera los 16 para mandarlo a Ventormenta… y allí se encontrarían… el y su hermano. Aquella noche al Lightbrand regresar… le hice su ultima prueba… una ultima prueba de fe… la Luz Sagrada debía salir de el para curar a una persona… si lo lograba… podría estar listo y lo enviaría a Ventormenta con su hermano. Aquella noche un pescador que tenia días sufriendo una lenta muerte fue asistido por el muchacho…
    -recuerda Lightbrand, la Luz es una portadora de vida y sanación, por lo cual debes estar concentrado, para así darle paz a este ciervo… ahora muchacho, ¡cúralo por la bondad de la Luz!-
    -¡Iluminaremos la Oscuridad, lo haremos con la Luz!-dijo aquel muchacho, y tras rezar y concentrarse… una resplandeciente ola de luz salio de sus manos y así logro curar al pescador… Lightbrand Lionhammer estaba listo… era un paladín igual que su padre. Aquella noche… le hable de que pronto estaría con su hermano… y que cuando tuviera los 16 años nuestros caminos se separarían… y que debía ir a los reinos del Este a ayudar a su hermano y combatir los males que allí se encontraban. El muchacho se enrolo en la guardia de Theramore un tiempo… para perfeccionar sus habilidades en las armas y además aprender un poco de lo que su hermano sabia… intentando demostrar que el era mejor. También se dedico a la herrería… pero solo lo hace por mera diversión no como un oficio. Este muchacho ha tenido problemas en la guardia debido a que ha tenido que golpear a sus oficiales mas de una vez por abusar de las leyes del pueblo… siempre le enseñe… que no debía permitir estas cosas… ya que la luz esta mas allá que las mismas, no solo eso el chico, a diferencia de todos sus familiares tiene problemas de disciplina… al menos en el tema militar, ya que odia ser mandado.


    El tiempo pasó muy rápido y una mañana…
    -despiértate viejo decrepito… ¿que me vas a regalar?-me dijo mientras me tiraba la almohada de su litera encima sonriente. El muchacho cumplía los 16 años.
    -bien, muchacho…- le dije alegre y triste a la vez.- tenia esto para cuando te fueras… pero no pensé que seria tan pronto.- dije con lagrimas en mis ojos.
    Saque de mi baúl, las últimas pertenencias que me quedaban de su padre… su diario y el relicario familiar…. Todos los Lionhammer tenían uno, pero Lightbrand no pudo tener uno propio por las horribles circunstancias en la que había nacido.
    -vaya… no se que decirte… Frank…-dijo alegre mientras me daba un abrazo de agradecimiento y felicidad, el muchacho era arrogante pero con todo y esto era una persona bondadosa...
    -basta chico, empaca tus cosas, te iras a la lejana Ventormenta, a vivir con tu hermano.- le dije.
    -¿en serio anciano?, ¡VAYA!-me dijo alegre con una mirada picara en los ojos y enseguida salio corriendo a empacar todas sus cosas.- ya lo veras… ¡le voy a enseñar todo lo que se y vera que soy el mejor!
    Esa tarde en el puerto… Lightbrand emocionado esperaba que el barco abriera sus puertas…
    -¡vamos, maldición!-decía emocionado e impaciente.
    -Lightbrand, recuerda que la paciencia es una virtud que todo paladín posee-decía reprochándolo un poco.
    -esta bien… tienes toda la razón, viejo decrepito-dijo y me sonrío pícaramente. Al igual que su padre me sonreía cuando hacíamos alguna broma en nuestras aventuras.
    - ¡Vamos, maldición!- repetía aquel chico cada vez mas impaciente y emocionado.
    -Lightbrand, recuerda siempre… que tu padre era sencillo y todos tus familiares lo fueron… nunca lo olvides.-le dije mientras le abrazaba paternalmente y besaba su frente.- Honor, Luz y gloria.
    -así será… Padrino…- me dio un pequeño golpe en el hombro y en ese momento el barco soltó las amarras… estaban listos para partir.
    -¡Genial!- enseguida salio corriendo y se monto en el barco… llevaba un martillo que el mismo forjo y una mochila con algunas provisiones y algo de dinero, se encaminaba a un lugar desconocido para el… mis lagrimas no dejaban de salir… el joven ya era un hombre. Me despedí con la mano y el barco zarpo… ruego a la luz que el muchacho vaya con bien por toda su vida y que en Ventormenta encuentre la madurez.
    -¡ADIOS VIEJO DECREPITO!-me dijo con una sonrisa de oreja a oreja despidiéndose de mi agarrado de unas cuerdas del barco…- ¡ESPERO ALGUN DIA VERTE EN VENTORMENTA, TE ESCRIBIRE!

    Comienza un largo viaje por la vida del joven Lightbrand, que al igual que su hermano... prometia mucho como un fiel seguidor de la luz y portador del arma sagrada... el martillo, portadora de Justicia.
    una noche despues de una semana de haber partido era tranquila como todas aquellas noches del viaje ... se respiraba el aire inpregnado de sal, mientras que la oscura noche era iluminada por una gran cantidad de estrellas y la luna llena acompañaba la orquesta de hermosos colores en el cielo... en el barco las lamparas de cera iluminaban un poco el agua por donde pasaba el navio, dentro del barco los marinos bebian hasta casi matarse y los demas viajeros en sus camarotes... todo estaba en tranquila paz en cubierta, salvo un joven de largos cabellos concentrado en un tomo sagrado... el Joven Lightbrand leia los tomos de la divinidad... heredados de su padre y su padrino.

    "Ligthbrand.... deberas madurar, dejar tus sentimientos de soberbia y arrogancia... no serviran de nada... esos sentimientos te llevan a la ansia de poder... y la ansia de poder.... bien quieras justificarla para el bien... jamas es buena... siempre os llevara a la corrupcion... a la oscuridad"
    aquellas palabras resonaban en la cabeza del joven paladin.... que habia tenido desde niño un gran talento para todo lo que hacia... pero al igual que ese increible talento, tenia una personalidad egocentrista... arrogante... todo esto debido a como su padrino le hablaba de sus padres... a los cuales jamas conocio y como el joven Paul, su hermano, habia vivido en la ultima generacion de la nobleza de su familia... todo esto provocaba algo de celos en el joven, y este los manifestaba tratando de superarse en todo para demostrar que era el mejor, mas que su hermano... pero nunca de una manera sencilla sino de una arrogante manera demostraba sus triunfos... al igual que el principe Arthas.

    Aquella noche el Joven Ligthbrand no durmio... escribia sus memorias en un pequeño diario, leia sus tomos de la luz estudiando fielmente sus palabras... y meditaba de como se encontraria con su hermano Paul "el Sacro"....
    -espero que seas como me ha contado Frank, Sacro- decia para si- quiero conocerte... para demostrarte lo capaz y mejor que soy-
    la mañana fue acompañada por los marineros limpiando la cubierta , la comida servida abajo en las mesas que estaban bajo cubierta y las diferentes cosas comunes de la mañana.
    ya a punto del mediodia el joven se encontraba haciendo sus ejercicios en la cubierta... concentrado en lo que tenia planeado en su futuro por la populosa Ventormenta.

    de repente....

    -!!!barco!!!- exclamo un marinero... efectivamente, en la lejania se acercaba un barco a toda marcha.
    el capitan rapidamente saco su telescopio para observarlo.
    -maldita sea- exclamo el capitan, pero al ver que la gente se asomaba para ver que era el alboroto, quiso disimular la situacion.
    -¿que sucede?- interrumpio una señora algo pedante
    -nada señores... un barco se acerca... no se preocupen, tenemos todo solucionado, por favor se les agradece volver a sus camarotes y mantenerse en ellos hasta nuevo aviso- dijo el capitan.

    -¿acaso quereis ocultarnos algo capitan?- decia la mujer de una manera bastante molesta, el Joven simplemente se limitaba a observar la situacion y de vez en cuando hechaba un ojo al barco que cada vez se veia mas cerca.
    -señora.... limitese a hacer lo que le pedimos amablemente, todo lo hacemos para vuestra seguridad- decia el capitan, notandose algo mas nervioso e intentando calmar a la multitud que se apostaba a los lados del barco para ver que sucedia.
    - pues, yo page una gran cantidad de dinero por venir en este viaje... y exigo que se me diga que es lo que sucede, capitan- dijo la mujer aun mas arrogante que antes. Lightbrand, que siempre ha sido alguien inteligente sabia que pasaba y esboso una picara sonrisa, el barco que se acercaba obviamente era de corsarios... perros del mar, que robaban a las embarcaciones mercantes para llenarse sus sucias manos de oro.

    -señora- interrumpio el joven la conversacion que esta mantenia con el capitan, que trataba de calmar los humos de todos los que viajaban en el barco- ¿de verdad quiere saber lo que pasara?, bueno se lo hago facil... no como nuestro queridisimo capitan, que al parecer los nervios lo tienen casi ensuciandose... eso que se acerca es un barco... y no del todo normal- dijo mientras mantenia la sonrisa en su rostro- eso es un barco pirata... si, señora, un barco corsario... si de verdad queria saberlo pues eso... asi que hacedle caso a nuestro capitan y volved todos a los camarotes, o quedaos y haced algo util en vez de estorbar- dijo Ligthbrand manteniendo su sonrisa en el rostro.

    la mujer y otros se retiraron a los camarotes... mientras que algunos se quedaban esperando que el capitan diera una orden.
    -gracias chico, no sabia como decirles... sois bien valiente, mantuviste todo en orden a pesar de que este tema es delicado- dijo el capitan maravillado con la labia del joven.
    -capitan, yo soy asi- se rio- pero ahora hay que centrarnos en esto-dijo mientras señalaba el barco que cada vez estaba mas cerca, la bandera negra con los huesos ya se veia claramente.
    -claro muchacho, pongamonos entonces a ello... !!!Primer Oficial!!!- asi se puso el capitan a organizar a voluntarios y marinos para la defensa del barco.

    Ligthbrand tomo su martillo con fuerza y se aferro a algunos pasajes de sus libros de luz... que le acompañarian como oracion en la batalla... pero con una tranqulidad y una seguridad en si mismo que ni siquiera el capitan tenia.
    ya el barco corsario estaba justo a unos cuantos metros del barco mercante...
    los disparos empezaron a estallar... cañonazos a diestra y siniestra golpeaban el casco del barco donde el joven estaba... la madera estallo por los aires... algunos de los marinos y voluntarios cayeron victimas y presas de la muerte... y justo antes de que los que sobrevivieron a la machacada con la artilleria se prepararan para lo que venia... los piratas ya abordaban el barco...
    -!a las armas caballeros!- decia el capitan mientras que la lucha empezaba a hacerse una carniceria, muchos marinos cayeron pidiendo clemencia... mucha sangre, fuego y acero se vieron ese dia... el joven Ligthbrand con talento nato peleo con mucha valentia junto al capitan, matando y acabando con la vida de los piratas y corsarios... tratando de proteger a los que podia... mientras que el capitan mantenia el barco en movimiento... la batalla fue una especie de persecucion que duro muchisimas horas de ese dia...
    en el atardecer... la lucha aun se mantenia, el barco mercante habia llegado a pocos metros de la orilla... pero los piratas obviamente habian hecho una gran carniceria y acabaron con casi todos los supervivientes del barco...
    -vamos, capitan... debe seguir manteniendose con vida...- decia el joven Ligthbrand mientras que el capitan agonizaba... habia sido herido de muerte minutos antes... ya el barco era abordado y los pocos que aun estaban con vida dentro eran o degollados... o violados en caso de las mujeres...
    -muchacho... mira mis heridas... ya es inutil... debes iros... aprovecha... que estamos cerca de la costa... ve y salvate- decia el capitan mientras escupia sangre.

    Ligthbrand intento desesperadamente curarle con la luz varias veces... pero sus heridas eran extremadamente profundas... ademas las mismas parecian tener una especie de maldicion que no permitia curarlas. ahi Ligthbrand... creyo que la luz no curaba todas las heridas... lo que el joven no sabia es que la luz cura todos los males... sin importar la gravedad solo habia que tener fe.
    minutos mas tarde el capitan estaba muerto... por lo que Ligthbrand se vio obligado a saltar del maltrecho barco y se vio obligado a nadar hasta la orilla... la oscura noche lograba que se viera el barco en llamas a mas de unas cuantas leguas... Ligthbrand habia llegado a la orilla con mucho cansancio.... pero a salvo. acampo esa noche en la costa... y temprano en la mañana decidio ponerse a revisar el lugar donde estaba... al parecer el viaje lo habia dejado varado en algun lugar de los reinos del este. continuo su camino a pie... era un lugar selvatico... extraño... lleno de miradas salvajes salidas del forraje. el viaje los llevaria a Menethil... pero aquel lugar no tenia ni remoto parecido a lo que era el puerto de Menethil. estuvo todo el dia caminando por la costa... hasta que vio humo salir de unas laderas... era un pueblo... Bahia del Botin. aqui, el joven estuvo radicado algunos dias... para reponerse del oscuro viaje... pensando en porque la Luz no habia podido salvar a aquel Capitan... pago con unas cuantas monedas la taberna... y se dirigio a una de las habitaciones... para nuevamente leer los tomos de la luz... buscando la razon por la cual su poder no fue lo suficientemente fuerte para mantener vivo a aquel amigo... dentro de los libros estaban todas las respuestas... pero el joven, en su molestia por no haberlo curado y en su arrogancia no podia entender lo que estos parajes realmente significaban.... escasos dos dias pasaron en la taberna... el joven aun descansaba y preparaba sus cosas para partir en viaje hasta Ventormenta... algunos Goblins le dieron informacion de como llegar a la ciudad a cambio de unas monedas... por lo que ya sabia que hacer. ya tres noches habian pasado de la batalla en el barco... y Lightbrand aun seguia sin comprender lo que habia pasado... ya comenzaba a dudar de las palabras de sus libros... pero aun mantenia su fe por todo el legado de su padre y su padrino.
    esa noche compro un caballo y decidio marchar hacia el norte de la vega de tuercespina... para por fin llegar al reino de Elwyn, donde encontraria a su hermano y continuaria con sus objetivos. dos dias duro su viaje por el lugar... la soledad de aquel sitio lo hacia encontrarse con su duda... por que la luz no curo a aquel hombre... porque no decia nada en los tomos que tuviera algun sentido para el poder entender porque no pudo salvar al capitan... estos pensamientos se hicieron poco a poco mas fuertes en el muchacho... y su comienzo a la corrupcion se marco al lograr atravezar la vega... y entrar al bosque del ocaso...
    atardeciendo llego al final de la vega de tuercespina... donde se encontraba un pequeño campamento de soldados... alli tomo un pequeño respiro y decidio reabastecerse con ellos... que se mostraron muy amables en ayudarle con los alimentos.
    -joven paladin, deberas tener cuidado en el bosque del ocaso... fuerzas oscuras dominan aquel lugar, pocos son los que se mantienen con cordura por aquellos lugares- dijo el Teniente Thorsen... lider de los soldados... Ligthbrand... tomo unas cuantas provisiones que los soldados le dieron y decidio seguir al bosque del ocaso.
    sus dudas, su arrogancia, su egocentrismo y su rebeldia lo hacian propenso a la corrupcion del bosque... que era culpa del culto de los malditos... de Arthas... el joven se interno como un paladin al bosque pero salio hecho algo diferente.
    aquella noche... en el bosque se sentian las miradas de la muerte en el lugar... gritos infernales en la lejania... cosas oscuras rodeaban las patas del caballo... la neblina o permitia ver mas alla del camino... solo los arboles sin vida y los brillantes ojos que salian de los mas oscuros rincones... Lightbrand en su mente... se hacia las mismas preguntas :
    -¿porque la luz no se siente en este lugar?, ¿porque no pude curarlo?-
    -sencillamente porque no la luz no es suficiente poder....- le respondio una siniestra voz en su mente- pero yo puedo darte el poder necesario para hacer eso y mas... Ligthbrand Lionhammer- culmino aquella voz...
    -¡Blasfemia!-dijo el muchacho, pero en el fondo se sintio muy intrigado por aquella oferta... ¿algo mas poderoso que la luz?
    - ¿acaso no deseas ser mejor que tu hermano?- continuo aquella voz- ¿ acaso no quereis tener suficiente poder como para demostrar que eres el mejor de los paladines de tu familia?- decia insistente la voz en su cabeza, parecia ansiosa.
    -La Luz, es todo mi poder.... mi ansia y mi camino, ¡no hay nada mas poderoso que ella!- dijo Ligthbrand intentando sentirse mas comodo con su fe... pero cada vez mas se sentia dudoso de la fuerza de la luz.
    -¿ porque tus dones no fueron lo suficientemente fuertes para salvar al capitan?- dijo la voz mas ansionsa... como la de un demonio hambriento- puedo ofreceros un poder mayor para salvar a quienes apreciais...
    -¡basta!- dijo Ligthbrand en voz alta... enseguida de la basta neblina salieron sombras que le rodearon... pero el joven con la luz sagrada pudo alejarlas... enseguida siguio aquellas sombras por el bosque... molesto y persiguiendolas.... continuo hasta un claro... donde se encontraba una figura iluminada por la luna... ropajes negros... y con el rostro cubierto.
    -unios a nosotros joven paladin... ¡tendras el poder que deseas para ser el mejor!- dijo aquel ser
    -¡basta!- decia Ligthbrand sudando frio con la respiracion acelerada... su caballo habia caido presa de los horrores del bosque haciendolo caer y perdiendose en la oscuridad- la luz... es todo lo que... ¡necesito!
    -mientes... deseas mas... y nosotros podemos dartelo Lionhammer- continuo aquella malevola figura... dentro de la cabeza del joven escuchaba la desesperante voz malevola que le susurraba palabras al oido cosas inentendibles.

    Ligthbrand se arrodillo... su cabeza queria estallar... y el joven empezaba a convencerse de que la Luz no era lo que el deseaba...
    pero enseguida reconocio la voz de su padrino en su mente:
    "jamas olvides, que la luz es la fuente de toda la vida... la luz te llena, se hace una contigo y aunque las cosas sean dificiles, la luz jamas dejara de protegerte, la luz esta contigo, siempre"

    cuando volvio en si... estaba a pocos metros de darle la mano a aquel nigromante... enseguida se levanto y con su martillo golpeo y purgo a aquel ser de la muerte y la oscuridad... salio bastante ileso... pensando que estuvo lejos de caer ante el intento de corrupcion que aquel Nigromante habia hecho... nuevamente se sintio tranquilo y con la autosuficiencia de haberlo vencido sin caer ante la corrupcion y el poder que le ofrecia... lo que Lightbrand no sabia... era que aquel ser habia logrado resquebrajar su mente... haciendolo olvidar sus ideales de la luz... era un paladin, pero el mismo no tenia claro que la Luz era lo mas poderoso que un ser podia tener a su disposicion... el joven paladin se levanto... limpio su rostro y se largo de aquel lugar... pensando que todo estaba bien... pero por dentro... su alma empezaba a corromperse... deseosa de poder y gloria, falsa gloria.

    llego a altas horas de la noche palido al meson del cuervo, en villa oscura... y decidio acostarse a dormir... aquella noche la figura volvia a visitarle en sus sueños... y todos los sucesos que le habian ocurrido en la ultima semana se mezclaban en pesadillas que eran cada vez mas perturbadoras y horribles... Lightbrand solo se limito a pensar que aquello eran simples pesadillas...
    se levanto para continuar su viaje a pie hasta Ventormenta... ya estaba mas cerca gracias a la luz.
    al salir con sus cosas en la mochila y literalmente descansado noto que Villa oscura estaba sitiada... enseguida penso que ese lugar estaba abandonado por la luz... y nuevamente comenzaron sus dudas sobre el tema... ¿La Luz de verdad era justa?, ¿porque los paladines de la iglesia no ayudaban en aquel lugar?, se lamento por aquellos hijos abandonados por la luz... y rezo porque estuvieran mejor... y juro regresar cuando hubiese visto a su hermano... y asi partio de aquel lugar... a los dias llego a Ventormenta... al bosque de Elwyn pero ya no era el mismo de antes... aquellos oscuros dias habian marcado su destino... el Joven Lightbrand... estaba en un declive completo... poco a poco la oscuridad se apoderaba cada vez mas de el... llego a Villanorte con la esperanza de ayudar pero mas aun con ganas de encontrar a Sacro para conocer a su hermano al fin y demostrar que era el mejor... mientras rezaba en aquel lugar...
    "lucharas contra el azote... la oscuridad y contra mi plaga, purgaras el mal... pero pronto te daras cuenta... que en realidad seguias mis pasos Ligthbrand Lionhammer... tarde o temprano tu verdadero ser emergera y te manifestaras bajo mi estandarte"

    ya ha pasado un tiempo... el joven cada vez mas es atormentado por la horrible voz, que le seduce... le hace ansiar mas poder y gloria... ha luchado ya en varias ocasiones contra los bandidos del bosque de Elwyn, inclusive ganandose cierto prestigio en la Abadia, debido a que ha dado en mas de una ocasion algunos pasajes de la luz a sus visitantes y es exepcionalmente talentoso con la espada y la maza... el joven, de un tiempo para aca... se ha hecho mas arrogante que antes, ya no lee sus tomos sagrados... y en las noches, aquella voz le susurra palabras inentendibles al oido... cada vez mas... el joven cae en la maldad de la plaga, en las mañanas, hace gran enfasis en encontrar a su hermano, en las tardes, curar a los heridos y enseñar un que otro paraje a los jovenes pajes de la abadia... todo parecia "normal" hasta que aquella horrible voz empezo a invadirlo a plena luz del dia.

    el muchacho cada vez mas atormentado... furioso por no encontrar a su hermano, aun mas rabioso en no entender el porque la Luz no curo a su amigo, decidio hacer cumplir la justicia por su propia mano... yendose solo y sin permiso al funesto bosque del ocaso... ese crepusculo, el joven tomo su mochila... alguna que otra provision, su maza y espada y se marcho a la villa... con la idea de que el purgaria todo aquel bosque y se labraria un nombre... para que su hermano por fin llegara a el... su mente, ya era debil... cansado de todas aquellas dudas... ansioso de poder... ya no le importaba todo aquel prestigio que habia conseguido en aquellos escasos meses en los que habia estado en la Abadia... queria mas de lo que el mismo podia esperar... esa noche... se interno en el bosque... para nunca regresar... aquella noche:

    "asi que haz venido nuevamente...¿ lo sientes?, ¿sientes el poder que emana este lugar?, puede ser tuyo y mas....."
    decia la oscura voz que le atormentaba cada noche... ya Lightbrand no tenia control total de sus pensamientos... ya escuchaba aquella voz con interes, con ansias de saber que ofrecia esta...
    -¡he venido a purgar esta tierra!- decia mientras la niebla envolvia sus pies a medida que caminaba en direccion a Villa Oscura- !¡me librare de vos y demostrare mi gran poder!-dijo en ese momento... ya su mente atormentada decia cosas sin de veras sentirlas-

    "sabes que lo deseas... deseas algo mas para lograr tus objetivos joven Lionhammer... ¿deseas demostrarle a Paul todo lo que sabes? , ¿tu gran poder?" decia ansiosa aquella voz...

    cerca de aquel camino... una luz se perdia en la niebla, un grito se escucho en direccion a aquella luz... el joven Ligthbrand corrio hasta aquella luz... al llegar... un hombre con una antorcha iluminaba todo el lugar... enfrentandose a oscuras criaturas... que el joven Lightbrand no dudo en enfrentar... aquel hombre estaba malherido... y aquellas criaturas de la noche lo desgarrraban y herian cada vez mas... el joven lucho con un exepcional talento contra aquellas malditas bestias... una a una las elimino... en dos ocasiones fue herido... pero a aquel joven no le importo para nada... acabo con todas aquellas extrañas criaturas... purgandolas.
    luego de acabar al ultimo, el joven se acerco al malherido campesino... que se encontraba rezando.
    -gracias... muchacho... me habeis salvado la vida-decia jadeante- al menos no sere... devorado... por aquellos malditos... Worgens... ugh
    Ligthbrand enseguida le tomo en brazos y trato desesperadamente de curarlo con la luz Divina... pero todo esfuerzo fue inutil, no pudo detener el sangrado del hombre... el joven ya habia perdido su fe totalmente en la luz. el hombre quedo inherte... Lightbrand rugio de furia... y enseguida saco sus tomos y los partio en dos con las manos... quiso enterrar a aquel anciano... y mientras lo hacia, la oscura voz comenzo nuevamente a atormentar su debilitada mente
    "¿Ya os habeis convencido?... acepta lo que os ofrezco... podeis tener todo lo que ansias... poder, gloria... bañate en la gloria de mi estandarte joven Lionhammer... sientes el poder que esta a tu alrededor... vivelo, absorbelo, hazlo tuyo... ese es solo un poco de todo el que puedes tener... ahora internate en la niebla y seras uno conmigo..."

    El joven Ligthbrand... se levanto, con la mirada perdida... en su mente, veia las imagenes de su padrino, todo el esfuerzo de aquel hombre... tanto en su vida siguiendo las doctrinas de la inutil (como la consideraba ahora el muchacho) luz, como en labrarle un camino a el fue inutil.... todo fue en vano... Lightbrand se levanto, miro sus tomos rotos en el suelo por un segundo... y les paso por encima pisandolos como viles cucarachas... asi el joven se interno en aquella niebla... y se hizo uno con la oscuridad de la plaga, con el rey exanime...
    Última edición por sacro; 07/07/2010 a las 23:21

  5. #5
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    Viuda de ébano.




    1.Luz contra Sombra.

    Olía demasiado extraño para ser solamente cadáveres. Era un grado de putrefacción que no era natural en la carne, era como si algo la estuviera cambiando a propósito, y no me refiero, claro está, a los gusanos, sino más bien a un ente distinto que envolvía la piel con una especie de maldición, por así decirlo.
    El brigadista enano me había estado dando la tabarra durante todo el camino contando sus batallitas pasadas contra los orcos Rocanegra, orcos en general, y su gran supremacía en el campo de batalla. El presuntuoso enano, tenía diversos aros y pendientes en las cejas, con un monóculo de acero, para ajustar su puntería probablemente, y en lo que dejaba entrever una melena pelirroja trenzada. Poseía dos rifles que llevaba con dos cordeles de cuero colgados a la espalda y una mochila de trampero bastante gruesa, de la que más tarde me llevaría sorpresas sin duda. Tenía otros dos cordeles entrecruzados en el pecho con las cargas de pólvora por disparo. Ceñidas al cinto, dos hachas gemelas, de esmeraltado resplandor, probablemente de torio. Llevaba un atuendo y una malla propia de los fusileros enanos.
    -¡Eh Landai! Repite las órdenes que nos han dado, me parece que no te han quedado muy claras.
    Miré al enano mientras andábamos con paso ligero por el camino arbolado, y me pregunté a mi mismo: ¿A cuento de qué venia esa pregunta?
    -El mayor Granada, ha especificado que tenemos que rescatar y escoltar a una clériga de de la Orden de la Mano de Plata que se encuentra en Darrow, porque se trata de una adepta importante para Lord Uther para la guerra contra el Azote.
    -Estás puesto, chaval, creía que no recordarías nada.-A mi parecer era más bien el enano, quien usando una tonta escusa, intentó recobrar la información mientras antes fumaba de su pipa cuando le informaba de sus ordenes el coronel.
    Durante un rato tuvimos que internarnos en el bosque por miedo a agentes del Azote, ciertamente era una misión peligrosa, pero teniendo a mano un buen escudo y unas piernas bien trabajadas, poco me importaban los muertos que hubiera.
    A medida que avanzamos hacia los alrededores de villa Darrow, empezamos, o al menos yo, a sentir un cierto aroma cargado en el viento, que poco a poco se convirtió en una masa de aire que arrastraba la putrefacción de los cuerpos. Poco a poco el ambiente se hizo irrespirable a medida que el terreno casi impracticable; parecía haber llovido durante días, y el suelo arcilloso habría retenido el agua provocando un lodazal de cierta profundidad, aunque de momento el lodo no pasaba de nuestros tobillos.
    El brigadista alzó la mano para que nos detuviéramos, ya que él iba delante gracias a la buena visión de la que gozaba. Mediante gestos, me indicó que teníamos compañía. Me agazapé buscando una cobertura para emular la disimulada altura del enano y ocultarnos tras un lugar que no fuera el propio fango.
    Entre el brumoso ambiente, logré visualizar la escena: era Villa Darrow. Cadáveres de los propios defensores y de todo civil que pudiera existir en el poblado, yacían en el suelo en distintos estados de conservación, cuerpos enteros o miembros de estos. En medio de la carnicería, dos figuras; ambas encapuchadas; la más cercana a nosotros vestía una túnica poco ceñida beige, sin más decoración que un cinturón estrecho de cuero negro con una cadena que le cruzaba en diagonal y sostenía algo que no lograba ver; y sin mangas en los brazos, que dejaban paso a una malla poco ajustada también que le cubría hasta el antebrazo, y seguidamente, unos guantes a juego con el cinturón y unas botas que aun no había visto, pues estaban hundidas en el lodazal; alzaba defensivamente a una mano, una maza de acero entera, con algunas partes del mango hechas en madera acaobada con seis salientes. La otra en cambio vestía una túnica negra que le llegaba hasta posarse sobre el barro, esta última mantenía una pose algo descuidada, mareada podría decir incluso vacilante a cualquier acción que le rodease.
    El enano, con gesto fruncido, agazapado, tomó el mosquete de precisión, en tan completo silencio que hasta yo mismo me había sorprendido al ver ese mosquete asomar tras de mí. Me volví hacia él.
    -Brigada, guarde el arma, no sabemos quién es el enemigo.-le advertí.
    -No me jodas Baltasar…-un cliqueteo anunció que el arma estaba cargada y a punto.
    Me volví de nuevo hacia el espabilado Jeff para reprocharle, cuando unas palabras en un idioma que no había escuchado jamás, rasgaron hasta mi propios oídos. En un acto reflejo me tape los oídos. Jeff también pareció alterarse. Cuando volví a mirar, el encaramiento de ambas figuras había pasado a ser un caos. La figura negra, con un brillo reluciente en su mano, seguramente arma blanca, corría hacia atrás mientras los muertos se levantaban del suelo como si meramente hubiesen estado durmiendo, para interponerse ante la mujer de la maza.
    Esta, que ya había reaccionado, tomando la maza con fuerza, y con el otro brazo un libro encadenado y colgado a ella, y a grito femenino de: ¡Qué la Luz te salve! ¡Qué la Luz te purgue! Un aura blanquecina y cegadora la envolvía para luego golpear a destajo a todos los muertos que tenía delante; avanzando con la maza al frente, intentando dar los golpes exactos para aturdir o sacar de su camino a los muertos que se encontraban en su camino, mientras la otra mujer profería palabras casi escupidas desesperadamente evitando a la otra.
    Reaccioné lo suficientemente a tiempo para lanzarme al combate para cubrir a la humana que repartía golpes con la Luz. Debía ser sin duda mi objetivo.
    Corrí tras de ella guardando sus espaldas, mientras Jeff cubría las mías. Las combatientes no parecieron inmutarse por nuestra entrada, una parecía huir de otra, mientras lanzaba contra ella toda clase de cadáver que conseguía reanimar con sus berridos.
    La joven de beige se abrió paso a pesar de no poseer una armadura con la que protegerse de los muertos, y sin embargo, parecía tocada por la luz, pues ninguna mano parecía llegar a tocarle si quiera el hombro, y al mismo tiempo la túnica le dibujaba una figura esquelética y frágil, casi parecía un milagro que pudiera sostener la maza.
    Avancé tras ella y a golpe de escudo y estocadas, además de certeros y oportunos disparos de Jeff que me hubieran salvado de una mordedura casi segura por parte de aquellos muertos vivientes. A lo lejos vislumbré como la frágil joven conseguía alcanzar a la otra mujer, que le esperaba con rayos de energía negra en la mano, se los entregó por así decirlo, y la energía en forma de ola, se lanzó hacia la misteriosa joven.
    Se me puso el bello corporal de punta bajo la armadura. La humana gritó con una mezcla de dolor, orgullo y valor, aunque de forma muy aguda; la maza consiguió traspasar la energía como si cortara mantequilla y hundió uno de los extremos en el cráneo de la nigromante. Aun con los muertos cayendo sin el control de su ama y la victoria conseguida, la taumaturga de la luz cayó desplomada en el suelo. Mientras Jeff conseguía venir me acerqué para conseguir entender la situación.
    La miré bien, parecía que la energía oscura la había abatido, pero aun vivía, por lo que suspiré aliviado. Sin duda alguna debía ser nuestro objetivo.
    Cuando la eché al hombro me pareció sorprendentemente ligera, aunque adivinando su físico no era de extrañar. Jeff arrancó la maza de la cabeza y la nigromante.
    -Tiene más valor que un soldado de Lordaeron.-Dijo con perturbadora provocación.
    -Es nuestro objetivo, tenemos que ponerla a salvo.-Dije quitándole importancia a la burrada.

    2.La iluminada.


    Pareció entrar en calor, y a base de un poco de medicación que llevábamos encima, al menos, se mantuvo consciente. Estaba tendida en mi manta de dormir y protegida con mi capa de oficial.
    -¿Do…dónde estoy?-Mis sospechas se ratificaron, era una cría, no alcanzaría la veintena.
    -Sargento Baltasar Landai, mi señora.-Me presenté de forma correcta.-La hemos sacado de Darrow, nos dirigimos hacia el sur.
    Al terminar la última frase, pareció alterarse enormemente.
    -¡Pe…pero tenemos que luchar! Lordaeron ha caído y Lord Uther necesita a sus paladines.-Dijo con cierto énfasis.
    -Sí, el traidor ha empeorado las cosas. De hecho Lord Uther va a plantarle cara y a acabar con regicida. Sin embargo, según sus instrucciones-O no exactamente- y la de los decanos de vuestra orden, se os pide que viajéis al sur para refugiaros de la Plaga, a Forjaz.
    Jeff gruñó.
    -¡No!-intentó incorporarse, mientras la capucha le caía hacia atrás, tenía unos profundos ojos azules, tan claros como él mismo hielo, tenía el pelo muy corto, casi como un militar, pero a pesar de ellos se notaban los brotes color zanahoria, era de complexión débil y de nívea piel. Sin embargó no pudo mantenerse sentada y cayó sobre el respaldo improvisado.-¡Ah! Debo ir con mi maestro…
    -Idiota, no puedes combatir, lo mejor es que te dejes de tonterías y hagas caso de las órdenes directas de los maestros de la Mano de Plata.-Saltó el enano enfurecido.
    La joven iba a protestar cuando procedí a centrarme en mi misión.
    -Clériga Robin Evans ¿no?- La chica me miró y asintió mientras analizaba la situación con la mirada, de manera muy perspicaz.
    No pareció dar más problemas, probablemente habría comprendido la situación. Me desperté con un aullido de Jeff, que había estado haciendo la guardia toda la noche. Me incorporé poco a poco del suelo y miré en derredor para ver a la figura de enano y clériga lanzándose las voces pertinentes. Era increíble cómo se había recuperado, pero se le notaba débil.
    Jeff advirtió que me había levantado.

    -La niña quiere volar, sargento.-Dijo frunciendo el ceño. La joven pareció realmente ofendida.
    -Es mi deber asistir a mi maestro mientras éste está en los albores de la batalla aunque este me haya prohibido luchar.
    Aguanté una carcajada.
    -Jamás he oído tal cosa de los caballeros de la Mano de Plata.-Dije con sorna.
    -Tal vez porque no sois uno, “sargento”.-Respondió recalcando la última palabra. Maldita fuera su estampa.
    -Mis órdenes y las del brigada son claras, nuestros hombres están muriendo en el frente y a usted se le premia con no ir a combatir a la Plaga ¿Qué menos que seguir las recomendaciones y conseguir potenciar vuestros poderes para volver a plantar cara algún día?
    Su gesto en tensión se aflojó. Se revolvió la nuca pelada y se sentó con cuidado cerca de la hoguera apagada. Ambos soldados nos quedamos mirándola.
    -Desde que ingresas en la Orden, te enseñan a luchar contra todos los males de la Alianza, desde orcos, gnolls, hasta estos nuevos enemigos. No me siento digna sin ir a la batalla, a pesar de que sean órdenes de arriba. Hay tanta gente desesperada por haber perdido a todos sus familiares, todos huyen de los nigromantes, o hacia Quel’Thalas, aunque les denieguen el paso, huyen de un destino peor que la muerte; alguien debe decirles que la Luz está con ellos y guiarlos hasta la salvación. Aquella nigromante estaba levantando críos a los que había envenenado previamente, era una agente del Cultos de los Malditos.-Yo, apenas tendría porque saber aquellas cosas, pero era bueno enterarme de ello. En cierta forma si estaba enterado de lo que estaba ocurriendo, yo mismo había destrozado muertos a golpe de espada, Eva tenía razón en cada una de sus palabras.
    -Deberás combatir en la retaguardia.-Sentenció Jeff fumando de nuevo.


    Con los grupos de refugiados que nos íbamos encontrando, íbamos sabiendo que en Andorhal se estaba formando un núcleo de resistencia muy poderoso formado por varios paladines de la orden de la Mano de Plata, encabezados por Lord Uther para proteger las cenizas del rey Terenas.
    Tal era así que la niña empezó a replicar.
    -¡Debo ir a Andorhal!-Decía mientras ponía rumbo a la ciudad. Terca, como una mula, terca.
    Finalmente la detuve, tenía que hablar con la joven descuidada.
    -Evans, veréis; os puedo inmovilizar y llevaros al sur como he prometido que lo haría, pero debéis darme una prueba de por qué deseáis tanto luchar al lado de vuestro maestro.
    Evans, por primera vez desde que la conocí y exceptuando las veces que dormía, se serenó lo suficiente para que yo pudiera ver la mujer madura que albergaba su interior.
    -Mi fe solo puede ser puesta a prueba por los propios comandantes, sus ordenes, pueden ser cuestionadas en este tipo de situaciones, debo ofrecer toda mi ayuda a mi maestro…-se paró justo delante de un escudo que había tirado en el camino; tenía el hermoso león de Lordaeron pintado, debía pertenecer a la infantería pesada, mas era ligero y no estaba demasiado deteriorado. Evans se agachó y lo tomó entre sus manos. Vio que podía ajustárselo para llevarlo a la espalda y procedió a hacerlo. Aquella chica tenía convicciones muy profundas y era una magnífica devota, me enterneció, de algún modo. Jeff era simple, se limitaba a observar y fumar siempre que podía y permanecía atento de las cercanías.
    Dormimos cerca de la orilla del Darrowmere. Bueno, al menos esa era nuestra intención. Jeff se quedó dormido, en menos de un momento ya estaba roncando. Robin sin embargo se quedó rezando a parte del campamento.
    Esa mujer me hacía pensar que había un mundo más a parte del terrenal, la fe que ponía en cada palabra me hacía dudar hasta de mis propios principios disciplinarios. Intenté dormir.
    Digamos que lo intenté, dos horas más tarde me desperté por que la armadura me cocía el cuerpo. Observé el lugar donde había permanecido la clériga mientras me iba a planchar la oreja.
    Para mi sorpresa no se había movido ni un ápice. Me levanté con cuidado de no despertar al enano y me acerqué hasta ella con cuidado para no incordiar su meditación. La miré desde atrás, permanecía firme y arrodillada mientras velaba las armas.
    -¿Vienes a pasar el rato o a rezar?-Preguntó ella delicadamente, casi en un susurro.
    -No podía dormir, disculpe.
    -Tranquilo, no pasa nada.-Bajó la cabeza y la volvió a subir, evidentemente molesta por la postura.- ¿Podría ayudarme?-dijo girando un poco la cabeza; sus ojos brillaron a la luz de la luna tan claro que hubiera podido reconocer perfectamente sus pupilas.
    -¿De-de qué se trata?- Dije apresurado.
    -Necesito que me hagáis crujir la columna, esta postura es agotadora, pero necesaria.-Dijo mientras se ponía de pié, aun de espaldas a mí. Conocía el ejercicio que quería decir.
    Me puse tras ella y la tomé por debajo del pecho. Fue cuando redescubrí un cuerpo femenino maduro, pero tan delicado que no me hacía a la idea de cómo una mujer como aquella no se había conformado con ser una fiel cortesana. Robin provenía de una familia adinerada. Al cumplir la mayoría de edad por lo visto, había decidido tomar las armas y la fe porque consideraba que el oficio de sus padres era meramente de usureros que se aprovechaban de la gente mediante el comercio.
    La tomé con firmeza, sintiendo su débil cuerpo pegado al mío y comencé a elevarla con la misma facilidad que anteriormente. Su columna pronto crujió por distintas vertebras y gimió ligeramente.
    La solté con el mismo ritmo.
    -Gracias de veras, Landai…-Dijo con una sonrisa débil volviéndose a mí. Le sonreí a mi vez, era un idiota, me estaba quedando anonadado mirándola.
    Tuve un impulso reprimido de besarla. Verdaderamente en mi juventud se me había considerado un ligón profesional, pero en esta ocasión tenia tanto miedo como la primera vez. Tenté a tomarla de la mejilla, no tenía las manos demasiado limpias, pero el gesto era lo verdaderamente importante. Sus ojos se clavaron en mi, expectantes y súbitos, pedían comprensión y alivio. Suspiré con el único objetivo de no quedarme sereno y aguantando la respiración delante de ella. La abracé. Solo me salió eso de mi propio interior, pero creo sinceramente que ella supo interpretarlo, su cuerpo seguía frio y menudo, por muy alta que fuera.
    Me separé poco a poco de ella pese a no haber recibido ninguna queja por su parte. Se quedó mirándome llena de preguntas en sus ojos, me temo que yo no tenía respuestas para sus preguntas.
    Cuando volví a planchar la oreja, me quedé pensando en otras tantas cosas. Un bufido salió disparado como un susurro por mi oído, de parte del enano, que no se sabía muy bien si hablaba o gruñía.
    -Será mejor para vos, Baltasar, que no sigáis ese camino.
    Tardé un poco en entender a que se refería.
    -No os inmiscuiréis en mis pecados y yo tampoco en los vuestros.-El enano gruñó y se dio la vuelta sobre sí.

    3.La promesa.

    Nos despertamos con las primeras luces del alba. Robin fue la que nos despertó apremiante. Debíamos estar en Andorhal en breve. Fuimos por la ribera del lago hasta que llegamos hasta la ciudad.
    Esta, estaba algo ruinosa, sin duda se debía al primer asalto que hubo meses atrás cuando la misma ciudad fue defendida por el príncipe Arthas, entonces miembro de la Mano de Plata. Los soldados se abrieron paso ante mi rango y el rango del brigada, de manera que pudimos llegar rápidamente hasta donde se encontraba Lord Uther.
    Se hallaba en la plaza junto al hermano Gavinrad, el hermano Balador, y el hermano Sage Truthbeater. Interrumpió un instante la charla con los hermanos superiores para reparar en nosotros y sobre todo en Robin.
    -¿Mi querida Robin, que hacéis aquí?- Se mesó la barba mientras se acercaba.
    Robin clavó un pie en la tierra, arrodillándose casi exageradamente.
    -Maestro, permitidme luchar, no podría mirarme de nuevo a un espejo sabiendo que vos habéis tomado las armas contra el traidor para defender el honor de nuestro rey difunto.-Dijo sin despegar los ojos del suelo.
    Uther se quedó mirándola y la tomó de la mano para incorporarla mientras me miraba comprensivo. Sin duda sabría como habíamos intentado persuadirla para que dejase Lordaeron y nuestro posterior fracaso.
    -Está bien, hija, os permitiré que toméis las armas a mi lado.-Dijo Uther en tono paternal, se volvió hacia los otros caballeros.- Entonces llevaremos a cabo el plan, que la Luz os guie.
    El plan era sencillo. El camino más corto para llegar a Andorhall hacia sido fuertemente fortificado con barricadas, infantería y caballería leales a Uther. El mismo y su guardia personal, incluyendo las propias cenizas que estaban en una urna y se situarían en la salida suroeste de Andorhall.
    Se nos permitió a Jeff y a mi luchar junto con el campeón de la Mano de Plata. El día no estuvo exento de preparativos, explosivos, trampas, barricadas por toda la ciudad…la batalla seria encarnizada.
    Robin no se había separado de Uther desde que había llegado, y eso me traumaba. Frente a mi disciplina de soldado se encontraba el joven enamoradizo que me apremiaba a hablar con ella y decirle todo cuanto estaba empezando a sentir. No sabía si debía, pero si sabía que no iba a tener oportunidades cuando la batalla comenzase.
    En medio del campamento de Uther, se erigió un pequeño altar de madera en el que se situaron varios clérigos de la Orden. Eran clérigos como Robin, que habían desoído la orden de Uther de escapar hacia el sur para preservar la Mano de Plata y habían acudido de todos lados para tomar las armas junto al maestre de la Orden.
    Unos cinco clérigos fueron ascendidos a caballeros al medio día. El tiempo estaba revuelto, llovía o se nublaba o incluso hacia sol, con la misma facilidad. Para la ocasión, Uther encontró algunas mallas que no habían sido repartidas entre los soldados de Lordaeron para ser otorgadas a los propios clérigos, de manera que tuvieran una protección sólida a la hora de luchar. He decir que a Evans le quedaba especialmente bien la armadura, algo ancha, pero había conseguido ceñírsela con varios cinturones, luego se había puesto unos pantalones de cuero ajustado y unas botas tachonadas y unos guanteletes que le iban más o menos bien. Todos fueron ascendidos sin dilación.
    Robin volvió a la oración al empezar la tarde. El combate había empezado en el norte. En aquel momento en la ciudad se estaba desarrollando un combate urbano a muerte entre vivos y muertos. Se sabía que Gavinrad y Balador habían caído frente a la horda de muertos de Arthas. La situación se resolvería en el último momento, era algo que estaba bastante claro.
    Estaba inquieto y me acerqué a Robin una vez más. Ella se hallaba en un cementerio improvisado, bendiciendo los cuerpos caídos en combate para que no resucitaran como muertos. Una vez purgado el último cuerpo se dirigió a mí.
    -Landai…-Dijo con una media sonrisa mirándome. Era casi imposible que aquella mirada tan dulce correspondiera con una mujer de diecinueve años, más bien la achacaría a la de un recién nacido o tal vez la sensación que me daba.
    -Evans…-Correspondí con una amplia sonrisa. Tal vez no la volviera a ver.- Quería decirte...tantas cosas.
    Me sentía totalmente bloqueado, no sabía cómo podía decir todo lo que llevaba dentro. Ella volvió a acercarse, como la noche anterior, en sus ojos no había duda o reproche, sino infinita comprensión, y aquello me aterraba y me hacía sentir único al mismo tiempo. Me tomó los guanteletes con los suyos, y a pesar de la piel o el acero, pude sentir todo el calor que quería transmitirme.
    -Lo sé, Landai, a veces las mejores palabras son las que nadie oye y muy pocos saben, son palabras especiales que no necesitan decirse…-sonrió y me acarició la mejilla. ¿Podría ser cómplice de un “Te quiero” omitido y dado por sentado que era conocido por ambos solamente? Es posible, me arriesgaría a ello y la protegería con todo mi ser.
    -Arrodíllate.-Me pidió, más que ordenó, puesto que ya tenía rango suficiente para ordenar sobre mí. Lo hice de inmediato, arrodillándome ante ella. Tomó con suavidad mi cabeza y respiró profundamente antes de hablar consigo misma y con la Luz, supongo.
    Estuvo meditando durante unos instantes, hasta que finalmente se agachó lo suficiente para otorgarme un beso de sus carnosos y pequeños labios en mi frente. Me estremecí hasta que se apartó y me hizo un gesto para que me incorporase.
    -Hoy no caerás.-Dijo firmemente. La idea de que fuera a sobrevivir era muy alentadora, mas si sobrevivía junto a ella, mucho mejor si también lo hacían los demás, pero me hubiera conformado con los dos íntegros. Era una bonita promesa.


    Caía la tarde ya cuando supimos que el último campeón, el hermano Sage Truthbeater, había caído. Todo se nos venía encima. Las últimas bombas que habían colocado los especialistas (incluido el propio Jeff), habían estallado al paso de los muertos mermando sus fuerzas.
    Permanecía al lado de Robin junto a 20 soldados que serian nuestro flanco, Uther sería el centro y los enanos junto con los otros caballeros formarían el flanco derecho de nuestra formación.
    -¡Hijos de Lordaeron, estáis aquí para defender el honor de vuestro rey, que para vosotros como para mí ha sido nuestro padre!-Arengó Uther.- ¡Este es el momento, en nombre de la Luz, de defender el honor de nuestro rey caído!
    La vanguardia se iba acercando, oíamos pisadas que se hacían un eco terrible por el asfalto de la ciudad la poca claridad del día apenas nos hizo vislumbrar a quienes la componían. Cruzaron el puente unos cuantos jinetes esqueléticos guardando a Arthas, o al menos se le parecía ya que los hechizos de sombras y muerte habían hecho mella en su faz, envejeciéndolo notablemente; que iba montado sobre su corcel esquelético y enarbolando una espada enorme con una sola mano.
    Se acercó lo suficiente para estar a tiro, era confiado, sabía que Uther no ordenaría matarlo así. Podía escuchar la respiración de Evans agitarse, desenvainé la espada y me pegué lo suficiente a la pobre chica para que sintiera mi ayuda y apoyo. Los muertos empezaron a formar en torno a la orilla, siendo una vasta proporción la que nos media, de uno a diez, aproximadamente, y sin contar los soldados de Lordaeron que habían sido resucitados durante la marcha hasta este punto. Uther se situó encima del altar de madera para estar más a la vista.
    El caballero de la Muerte se adelantó unos pasos para ser visto por el paladín.
    -Tu padre ha gobernado esta tierra durante setenta años, y tú la has reducido a polvo en unos pocos días.- Le dijo solemnemente, acercándose a él. Parecía mentira que en algún momento de sus vidas hubieran sido maestro y aprendiz.
    -Muy dramático, Uther. Dame la urna y me aseguraré de que mueras rápido.-Entre nuestras filas se oyeron gritos y abucheos, la tropa estaba lo bastante moralizada como para resistir hasta la muerte ¿Qué más podía hacerles a sus antiguos guerreros este campeón de los muertos?
    Evans estaba respirando pausadamente, intentando contener todas las emociones, todo el coraje que debía soltar en el momento apropiado, envainé la espada y le eché la mano por el cuello.
    -Tranquila…tranquila, pronto acabará todo.-Le susurré intentando transmitirle esperanza.
    -¡La urna contiene las cenizas de tu padre, Arthas! ¿Acaso ibas a orinarte en ellas una vez que hallas dejado este reino pudriéndose?- Dijo exaltado.
    Arthas se rió por lo bajo.
    -No sabía lo que contenía. Tampoco es que me importe. De una forma u otra cogeré lo que he venido a buscar.
    Se retiró tras sus líneas, y Uther le imitó.
    -¡Resistid y enfrentarlos!- Ordené a mis hombres mientras estos desenvainaban. La antigua clériga me miró largamente y sostuvo la maza entre sus manos.
    -¡Por Lordaeron, por la Luz!-Bramó Uther.
    Los no muertos no necesitaron arenga, tan solo se abalanzaron contra nosotros con toda la fuerza que precisaban, armas o no a mano.
    Las descargas de los fusiles se sucedieron, reventando columnas, cajas torácicas y cabezas, y barriendo las primeras líneas de muertos. Pude ver como entonces los enanos calaron bayonetas, otros tomaron sus propias armas, y con Uther a la carga a pie, todos le seguimos.
    Al primero que tuve delante de mí con un rugido que no sé muy bien de donde salió, lancé una estocada hacia su cabeza, o lo que al menos creía que era la cabeza. Retiré rápidamente la espada con ayuda del escudo y golpee con una pierna el cadáver para que cayera atrás.
    Robin partió una cabeza cerca de un solo golpe, brotando de cada impacto chispas de la luz contenida en su propia arma. Era fascinante, gritaba escandalosamente sus plegarias, incluso aporreaba con el propio tomo encadenado cuando se veía falta de armas. Trazaba increíbles arcos de luz con el balanceo de la maza, haciendo ceniza todo lo que se encontraba con la cabeza de acero.
    Su maestro era aun mejor, lanzaba poderosas plegarias que hacían reventar a los muertos desde dentro y afectaba a los que habían a su alrededor. O bien hacia salir la luz del propio suelo para achicharrarlos.
    En pocos minutos nos vimos superados por la enorme fuerza cuantitativa de Arthas. Era imposible que pudiéramos resistir a tantos, aun luchando en formación cerrada. Camaradas a mi espalda caían por el propio peso de cinco ghouls encima de ellos.
    Entonces vi a Arthas. Se hallaba por delante mía, a unos cinco pasos, dando órdenes y despachando a los pobre ingenuos que intentaban desmontarlo y herirlo si quiera.
    Pronto nos vimos ampliamente superados, estábamos entre la espada y la pared. Uther no se había movido ni un ápice de donde estaba, acumulando restos de muertos a su alrededor que iban cayendo.
    Nos fuimos retirando poco a poco hacia atrás hasta que vimos como finalmente los muertos lo atrapaban entre varias decenas y lo inmovilizaban, realmente no sabía cómo había podido perder. Y a pesar de la reyerta, eran perfectamente audibles las palabras de ambos contendientes a medida que nos acorralaban, las espadas dejaron de sonar.
    -Realmente espero que haya un lugar especial en el Infierno esperándote, Arthas.-Dijo a duras penas el campeón de la Luz.
    -Puede que no lo sepamos nunca, Uther. Intento vivir para siempre.-Contestó venenosamente.
    Le dio muerte allí.
    4.Un caballero siempre cumple sus promesas.

    Nuestra huida era penosa. Corríamos sobre y dentro del lodazal que teníamos por camino. Tiraba de la mano de la mujer que amaba, no era momento de plantarse ante el enemigo era hora de salir de allí. Había comenzado a llover fuerte y el barro se hizo muy espeso. En una carreta, habían dispuesto a varios soldados heridos mientras era pilotada hábilmente por un piloto.
    Hubo que hacer un alto para reparar una rueda.
    -Baltasar…-Me llamó Robin. Estaba totalmente ilesa, al menos todos los impactos que había sufrido se los había llevado la armadura en lugar de su joven cuerpo.
    -Decidme, Evans.-No sé por qué, sabía que se trataba de algo oficial.
    -Debo quedarme. Hay una patrulla que se acerca, nos darán alcance, y no podremos detenerlos.-Me quedé bastante sorprendido por lo que dijo.
    -¿Por…por qué Robin? Tu y yo…-Dije a duras penas.
    -…Hicimos una promesa, “hoy no caerás”.-Repitió casi de memoria. Le estaba fallando la voz.-Él me dijo que esto pasaría, que acabaríamos sin ninguna salida.
    -¡La carreta aguantará dos personas más, podremos huir!-Le apremié mientras terminaban de repararla.
    -Él me dijo que vendría a por ti, y que solo yo podría evitarlo, también me dijo que Lord Uther moriría, antes de la batalla.
    De repente me acordé en los instantes previos a la batalla como había reaccionado y como había tenido que calmarla.
    -¿Quién te lo dijo…?-Pregunté con un atisbo de temor en mis palabras.
    -El rey Lich…-Dijo en un suspiro.
    La abracé fuertemente, aun un poco dolorido por las heridas de la batalla.
    -No te dejaré marchar, estoy enamorado de ti Evans, eres la mujer más dulce, la más bonita que he conocido, maldita sea la Luz si miento.- Y ella tembló en mis brazos. Se apartó poco a poco y me miró con los ojos llenos de lágrimas.
    -No seas blasfemo.- Dijo con una sonrisa tímida.-Ahora vete.
    -No, no puedes obligarme.
    Se puso tan firme como pudo aparentar y tono autoritario.
    -Soldados, apresen al sargento Baltasar Landai y llévenselo con ustedes hasta el refugio más cercano, por mi rango de caballero de la Mano de Plata, os lo ordeno.
    Los soldados sanos se miraron entre si y me miraron largamente.
    -Un caballero siempre cumple sus promesas.-Dijo a mi espalda Robin mientras se echaba la maza al hombro y comenzaba a caminar en dirección contraria. La carreta había sido reparada. Hice un amago de salir corriendo tras ella, los soldados, aunque comprensivos conmigo y con lo que había dicho, me detuvieron al instante. Vi como poco a poco se alejaba la silueta de una paladina que nos daba tiempo para poder huir y escondernos de nuestros cazadores.



    Última edición por Sederal; 12/07/2010 a las 01:34

  6. #6
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    5.Creando un monstruo.

    Recuerdo un mal día.
    Planté cara a un grupo de muertos que se acercaba, y yo casualmente también me acercaba a ellos, intentando cumplir mi voluntad, que creo que en aquel momento ya no me pertenecía tanto, o al menos algo más que ahora.
    Reparé en la figura encapuchada de quien iba detrás de este. Hice notar mis poderes a mi alrededor para que viera a quien se enfrentaba.
    El acólito pareció sonreír bajo su capucha, mientras que los muertos parecían distantes. Un trote se oyó a lo lejos, varios jinetes vinieron cabalgando.
    -¡Cómo si no tuviera suficiente con Kel’Thuzad!- Masculló Arthas mientras llegaba a caballo. Me miró largamente, recuerdo que en aquel instante no sentía miedo, tan solo ganas de pelear. Señaló hacia mí y habló.
    -Capturarla, debe quedar intacta, será una espada importante para proyecto Acherus.
    Nadie hubiera pensado que una caballera de la Mano de Plata se hubiese quedado quieta y se hubiera dejado capturar ¿verdad? Vinieron hacia mí, de dos en dos, y cayeron en ese mismo orden bajo los arcos de luz que trazaba la cabeza de la maza.
    -¡Los muertos a su tumba!-Grité con rabia. Arthas sonrió.
    -Es una perra luchadora.-Tomadla de inmediato.
    El acólito asintió y lanzó un poderoso hechizo sobre mí que me dejó inmovilizada al instante; me miré y vi como el hielo me atrapaba poco a poco, un frió indescriptible, que me hacia rugir de dolor al mismo tiempo que me calaba el aliento y no me permitía habla.
    Te tengo…
    Fue lo último que oí en mi cabeza antes de caer presa de la locura bajo el hielo. Sentía que estaba viva, pero confieso que el dolor, ya no solo físico, empezaba a ser un problema.
    No sé cuánto tiempo permanecí enterrada en mi sarcófago de hielo, que distancias recorrí o hacia donde fui, todo fue confuso. Notaba cuando estaba parada y cuando me movía.
    Sentía como me iba muriendo, poco a poco, pero sin llegar a hacerlo, fue una agonía que tuve que soportar durante un tiempo que me pareció tan eterno como el horizonte en la mar y tan insoportable como una tortura en la que no sirve el desmayo o la muerte como conclusión.
    Quería, necesitaba escapar, huir. Pero no podía. Hubo un momento en el que pensé que el hielo se derretía y el frio menguaba, pero semanas más tarde el frió comenzó a afirmarse aun más fuertemente.
    Sé que de repente se hizo la oscuridad más absoluta. Que no había otra forma de volver que no fuera la propia muerte, que desgraciadamente nunca llegaba.
    El tiempo pasó lenta e inexorablemente.
    Acepta tu destino. Es tu única salida, puedes ser grande, puedes ser única, tu nacimiento ha empezado, sírveme.
    En todo momento sabía que era Él. Aunque he de decir que algo estaba cambiando en el Rey Lich. Todo era demasiado confuso.
    Acepta lo que te ofrezco y sírveme una eternidad en victorias contra la vida.
    Sabía que pronto se me despertaría, él había estado en mi cabeza preparando el camino todo el tiempo, sabía que no estaba muerta, pero tampoco estaba viva.
    Posteriormente empecé a sentir como si algo hurgase mi mente, como si explorasen mis deseos más incondicionales, al menos los deseos que poseía. Todos los sentimientos humanos que más me ataban a la vida fueron sistemáticamente eliminados. Mi mente sufría desgarradoramente, y yo aun más, hubo veces que me sentía muerta, desfallecida, momentos en los que la tortura se volvía aun mas fuerte para darme cuenta de que seguía estando muy viva para lo que yo creía. Me mostraron por mi pensamiento, todas las muertes que podría sufrir un vivo, un enemigo, tuve en mente todas las formas de matar que podrían ejecutarse con mis propias manos, y solamente con mi fuerza y voluntad.
    El frio, de repente, le pareció agradable a mis sentidos, a mi cuerpo, como un estado natural. De repente, este empezó a agrietearse. Estaba ansiosa por salir, necesitaba salir, luchar, sentirme viva dentro de mi agonía.
    Poco a poco las grietas se fueron pronunciando por toda la superficie del hielo hasta que empezaron a caerse.
    Me vi liberada de mi prisión en poco tiempo. Estaba en una habitación oscura, reducida, húmeda…que más bien se parecía a una celda algo más amplia.
    Permanecí allí algún tiempo, a veces de la entrada se dejaba caer algo de sangre hacia el interior. Tenía un hambre poderosa, que no dudé en saciar cuando tuve la oportunidad, aunque fuera con sangre. En un primer instante me pareció hasta sabrosa, y calmó mi hambre, al mismo tiempo que me llenaba de energía para ponerme a punto.
    Estaba desnuda, mi cuerpo entero no estaba tapado por nada. En un momento dado de mi cautiverio, la puerta de abrió hacia arriba. Salí hacia fuera y unos acólitos me tomaron y encadenaron a la pared. Delante de mí veía una estructura en forma de circo pequeño y encadenados a la pared una docena de reos, de distintas razas y condiciones, todos también desnudos y con el cuerpo claramente estropeado. Me miré con curiosidad y hallé mi cuerpo bastante decrépito, pero musculado, me gustaba, dos mechones negros profundos caían por mi frente, mi cuerpo entero había cambiado completamente, no era la misma mujer. Parecía que habían pasado siglos desde que estuve viva.
    Miré hacia todos los que había en la sala. De repente, de una de las puertas salió un hombre bien pertrechado, con una espada enorme y una armadura negruzca.
    -Todos vosotros estáis malditos…-Dijo con voz de ultratumba.-Quien desee sobrevivir deberá luchar, solo puede quedar uno, mataremos a todos si no queda solo uno.
    Se desvaneció inmediatamente y en su lugar solo se veía una luz roja que iluminaba todo el circo. Las cadenas misteriosamente nos soltaron y nos vinos liberados de nuestras ataduras por momentos.
    Miré a mi alrededor estudiando a todos los presentes. Dos orcos, dos hombres cornudos, una elfa, dos humanos normales, un trol, y una enana. Todos estábamos solos. Nadie parecía conocerse.
    Debes luchar si quieres vivir. Sonó en mi cabeza.
    Estaba claro, debía luchar. No cabía otra, pero debía ser calculadora y medir mis fuerzas.
    Como un pitido en mi cabeza, un cosquilleo de adrenalina recorrió mi pecho. Me lancé contra la elfa de sangre que me miraba sin saber muy bien cómo defenderse.
    La elfa se quedó desconcertada hasta que mi puño cayó sobre su tabique nasal, rompiéndolo de un golpe. No sentía el dolor.
    Agarré su cuello inmediatamente sin medir mi fuerza y comencé a estrujarlo. De fondo oí como los demás habían empezado a golpearse. La elfa me miraba furiosa y comenzó a golpearme el pecho con todas sus fuerzas, sin embargo tampoco lo sentía. La desenganché del cuello y comencé a aporrear su cara hasta que le di otro cabezazo y comenzó a dar vueltas sobre sí, sin poder respirar. Me puse en pie y la patee hasta que no se movió.
    Entonces oí una voz tras de mí. Se trataba de un orco enorme. Era bastante más grande en todos los sentidos que yo. Le miré largamente estudiándolo.
    Físicamente podría conmigo.
    Se acercó a mi poco a poco, era el único que había sobrevivido de los demás. En un momento me lancé tan rápida como pude, el orco se cubrió justo cuando salte sobre él. Golpee con todas mis ganas; pero en un instante, mi puño pareció ponerse aun mas pálido ya congelarse ligeramente hasta que golpeé sus antebrazos y algo crujió. Me desvió hacia un lado y quedamos de nuevo en tablas.
    Miré sus antebrazos, y como pedazos de hielo habían quedado incrustados en sus brazos. Mi puño estaba casi macizo. Sonreí maliciosamente ante el desconcierto del orco y cargué contra él de nuevo.
    Esta vez golpee de lleno su ojo y se tambaleó hacia atrás. Había conseguido reventar su globo ocular y sangraba profusamente. Me miró irritado y se lanzó a golpearme. Me dio en el pecho, no lo sentí y retrocedí aun por el impacto. Me mordió el brazo intentando clavar sus dientes sobre mi carne, que no cedió a pesar de la presión bajo su mandíbula. Con dos dedos de mi mano libre los hundí sobre el ojo restante y quedó cegado del todo. Se echó hacia atrás y comenzó a balancear los brazos sin saber muy bien donde estaba y desorientado. Me miré los dedos y los lamí. Sentí energía en mi interior, rabia, odio, furia, venganza…
    Corrí hacia él y le golpee en la cara, retrocedió y me atacó donde yo estaba, pero le esquivé a tiempo para hacerle una zancadilla y cayó al suelo de boca. Corrí hacia él antes de que se levantara y pisé con fuerza su cuello, lo que hizo que estrellara su mandíbula sobre la fría piedra.
    La figura que antes había aparecido volvió a hacerlo.
    -Ponedle la toga y ponedla presentable para el Rey.
    Pronto, varios acólitos aparecieron y me cubrieron con una armadura extraña, tenía ganas irrefrenables de seguir peleando, de seguir esgrimiendo mis manos, incluso aun mejor, una espada. Sin embargo sentía un regocijo en mi interior que me provocaba casi risa. Era como una sensación nueva, de hambre de lucha.
    Un acólito me condujo delante del Rey Exánime. Al parecer, Arthas se había hecho mucho más poderoso desde la última vez que nos vimos. Me vi obligada a arrodillarme, dadas las circunstancias, me había creado, había creado un monstruo.
    Lo has conseguido, te he otorgado la inmortalidad de un frio glacial, de un glaciar, te espera una eternidad de sangre y batallas encarnizadas, llevarás el invierno de la guerra y de la muerte a donde te mande. Todo lo que soy: Ira, Crueldad, Venganza, te lo confiero a ti, Caballero de la Muerte.
    La voz sonó mi cabeza. Levante la cabeza y me ordenó marchar. Otro acólito se pegó a mí y me llevó ante el mismo caballero de la muerte anterior.
    Me dio los instrumentos necesarios para usar la fragua de runas y comencé una tarea que de no ser por ayuda de los acólitos hubiera durado meses, para preparar una espada. Usé runas del poder del frió invernal, que al parecer conferían un poder inimaginablemente duro. Sería la efigie de la muerte que iba a otorgar, Frostspark. A su vez conseguí poner en marcha un hechizo que la cubría de un hielo de aspecto negruzco. Los acólitos me conducían ante distintos miembros de la Plaga que me conferían importantes secretos sobre las habilidades del hielo que estaban entrando por mí.
    En una de las ocasiones empecé a luchar con un iniciado, como yo. Se consideraba una muestra de valor enfrentar a otro caballero y salir indemne. Se trataba de un elfo estirado que trataba a los demás como si no fueran más que excrementos. Quizá fuera por mi condición de antigua justiciera, le hice frente. Un par de fintas fueron suficientes para hacerle el suficiente daño para que no volviera a equivocarse con quien se metía. La lealtad se ganaba por el peso de la espada.
    En cierta ocasión tuvimos que bajar a tierra desde la Acherus. Me presenté ante mi nuevo comandante, el alto señor Darion Morgraine. Era inflexible, y la sola presencia con aquella espada, la antigua Crematoria, daría realmente terror a los mortales.
    La necrópolis de los caballeros de Ébano, la Acherus, había llegado al territorio de Villa Refugio, un lugar al este de la antigua Lordaeron. Estos cruzados, todos humanos, querían exterminar la Plaga y nosotros éramos la élite que debía enfrentarlos.
    Los cruzados escarlata están bajo nuestras botas, es hora de aplastarlos aquí y ahora y desatar el infierno helado.
    Me fue otorgado el poder de levantar a los muertos por pura voluntad. Pronto, en cada bajada a tierra, acumulábamos mas prisioneros, civiles débiles, que debían ser ejecutados. Probaban nuestra crueldad, nos ponían a prueba matando inocentes, y he de decir que lo disfrutaba cada vez que Frostspark segaba una vida y la parasitaba.


    6.Liberando el infierno helado.


    Bajamos a tierra. Varios acólitos iban a mis órdenes y yo a mi vez estaba al tanto de un caballero superior a mí. En total media docena de caballeros y unos treinta sirvientes que nos lanzamos contra las barricadas de los cruzados. Montados en nuestras monturas de pesadilla, saltamos por encima de la barricada sembrando el terror y la muerte a nuestro alrededor, fascinante.
    Bajé de mi caballo y comencé a describir formas perfectas con la hoja rúnica que devoraba cada vida que quitaba y me hacía sentir viva para poder seguir matando. Entendí que mi tumba en hielo me había otorgado cierta fortaleza sobre mi propio cuerpo. Me hacía sentir una estatua con movilidad y una espada en medio de la batalla.
    Desde el amanecer hasta el atardecer y durante días comenzamos un asalto a toda escala sobre el territorio. Habían venido de todas partes de Azeroth distintos guerreros y magos que se habían unido a la Cruzada en contra de la Plaga. Despaché muchos de ellos. De vez en cuando la voz del Rey Lich se apoderaba de mi mente cuando algún civil caía en mis manos, realmente a veces me asaltaba la duda de dejarlos con vida, aunque la idea de atravesarlos con el acero era bastante atrayente. Frostspark parecía ser una esponja que absorbía cualquier alma, incluso la propia sangre se secaba sobre la hoja.
    En esta orgía de terror, sangre y depredación, me enfrenté a un mirmidón escarlata que correspondía con alguien que ya había visto antes, realmente me sonaba, pero no caía bien quién era. Luchaba diestramente con dos espadas frente a Frostspark. El muchacho estaba entrado en la treintena
    En un momento poco apropiado, pudo ver mi rostro descubierto.
    -¡¿Evans…?!-Gritó mientras le atizaba sin miramientos, haciéndole inclinarse por cada golpe de mandoble. Cuando entendí quien era, no tuve más opción que desarmarlo como bien me dio de sí mi habilidad con la espada. Hasta que se rindió ante mí.
    Lo tenia de rodillas frente a mí. Landai me miraba largamente, estudiando el cambio de la justa y buena niña que aporreaba no muertos con la luz, a la asesina despiadada y deformada.
    -Lleváoslo.-Sentencié cuando la batalla por Nuevo Ávalon había acabado.
    Tras encerrar a Landai en la Acherus y preguntarme a mi misma que iba a hacer con él, nos convocaron para el último asalto, que se haría sobre la Capilla de la Luz. Darion, nuestro señor, encabezaría la cabalgada.
    Este asalto concluiría con la Plaga en Lordaeron, es posible que nos extendiéramos mas allá de donde se habría podido esperar de no ser por lo que el destino nos aguardaba.
    La cabalgada fue larga. Más de 5 decenas de caballeros veteranos atacarían con Darion, además de los cientos de muertos que les acompañaban, incluidos behemoths de carne que podrían doblar el tamaño de la propia capilla.
    Los defensores, apenas nuestras nerubians consiguieron ver las líneas enemigas, parecían decididos a plantar batalla a costa de una masacre; que así fuera.
    Los caballeros marchamos en columna hasta que empezamos a organizarnos en torno a una línea, siguiendo a la carne de cañón de los muertos que debían contener los primeros golpes hasta que llegásemos nosotros.
    Tomamos las armas mientras aun estábamos en nuestros corceles y esperamos con impaciencia la orden de Darion. El atardecer nos decía que esas eran las últimas luces del sol que iban a notar nuestros rivales.

    Había una hueste de un tamaño medio, como ya dije, un cuerpo sólido de vindicadores de la Alba Argenta, un grupo de extranjeros y los mandos de la capilla.
    -¡Soldados de la Plaga, en pie! ¡Liberad vuestra furia sobre el Alba Argenta! ¡El cielo llora ante la gloriosa devastación de estas tierras! ¡Pronto las inútiles lágrimas de Azeroth lloverán sobre nosotros! ¡Soldados de la Plaga, Caballeros de la Muerte de Acherus, esbirros de la oscuridad! ¡Escuchad la llamada del Alto Señor! ¡Levantaos!- Al instante, la tierra prácticamente comenzó a escupir muertos desde el suelo, muchos cadáveres volvieron a la vida tras quien sabe cuánto muerto.
    -¡Caballeros de la Muerte de Acherus, comienza la marcha fúnebre!-Exclamó de nuevo Morgraine. – ¡Los cielos se vuelven rojos por la sangre de los caídos, el Rey Exánime nos observa esbirros, adelante, no dejéis más que cenizas y miseria tras vuestro destructivo paso!
    Nos lanzamos a la carga como una sola unidad y ahora gritaban desde las líneas del Alba Argenta.
    -¡Manteneos firmes, por la Luz!
    Algún listo vio oportuno destrozar con su martillo la cabeza de mi corcel, por lo que salí volando un par de metros antes de caer al suelo por el peso de la armadura. Me puse en pié en cuanto lo vi oportuno y enarbolando la espada me enfrenté a elfos y cruzados. Los esbirros siempre se interponían para evitar que yo fuera alcanzada, más cuando rayos de luz eran lanzados contra mí.
    Darion se hallaba en medio de la formación, destripó a varios vindicadores antes de abrirse paso. En un momento empezó a quejarse, y fue entonces cuando los caballeros de la Muerte tuvimos que proteger a nuestro jefe. Parecía estar incapacitado, aullaba por que la Crematoria Maldita no funcionaba.
    Seguimos luchando, pero al ver que Darion flaqueaba, los vindicadores se pusieron a la ofensiva, y empezaron a llovernos martillos cargados de luz por cualquier sitio. Nos arremolinamos alrededor de Darion una tropa bastante consistente para protegerle mientras hacía mover su hoja.
    Un jinete embozado en una armadura dorada apareció lanzando llamaradas de luz por los dedos de las manos, corría su caballo mientras él hacia desintegrar cualquier cosa con su poder. Nos presionaron los vindicadores mientras Darion daba la orden de rendirse. Miré hacia todos los sitios que pude en busca de una ayuda del Rey Exánime.
    -No has aprendido nada chico…-Empezó el jinete. Se veía un hombre fuerte a pesar de su avanzada edad, de hecho me sonaba mucho de haberlo visto en la otra vida, pero no tenía tiempo para pensar. -…tu maestro sabe lo que hay bajo la capilla, por eso no se atreve a mostrar su rostro, os ha enviado a ti y a tus caballeros a la muerte…
    Cuando Darion fue a replicar, una voz surgió desde el fondo del suelo. Se trataba de un fantasma, o al menos eso daba yo por hecho, que empezó a llamar “hijo” a Darion. Pensándolo poco a poco comencé a reconocer aquellos rostros, que no me eran del todo desconocidos.
    Los acontecimientos se sucedieron de manera extraña, cuando el espíritu del padre de Darion, Alexandros, fue absorbido por el Rey Exánime, que no sé muy bien por donde había aparecido. Era un acto cruel, todos lo sabíamos.
    Darion, hecho una furia, tomó su espada pero apenas llegó cerca de Arthas, fue lanzado irreparablemente lejos. Fui a echar una mano a mi jefe mientras miraba la situación, entre confusa y miedosa, una sensación que hacía mucho tiempo que no tenia en mi ser, y desde luego no me apetecía experimentar.
    También se deshizo de Fordring, al que maldijo con un hechizo para inmovilizarlo. Darion, en un arrebato me apartó y lanzó la Crematoria a las manos de Fordring. Esta, inmediatamente regeneró los sacros poderes que en su día pudo tener y restableció los poderes de Tirion. Entonces, aunando fuerzas de antemano, encendió la espada en un fulgor brillante y blanco, golpeó a Arthas y le hizo retroceder para finalmente desvanecerse.
    Darion llamó al entendimiento, miró a todos sus caballeros presentes y proclamó que nuestra existencia jamás volvería a ser despreciada, que nuestra existencia estaría dedicada a destruir el abuso de Arthas. Ya fuera sincera o no, tuve que elevar mi espada junto con las demás para jurar en voz alta que serviría al alto señor Darion Morgraine, en la refundada orden conocida como la Orden de la Espada de Ébano.
    La vuelta a la Acherus fue algo loca, pues tuvimos que recuperarla al asalto, estando ocupada por tropas del Azote. Hacía mucho que no mataba a los esbirros, que lo hacía por venganza, si. Podría decir que había encontrado a una parte de mí que me volvía hacia la realidad pasada, la humanidad.


    7.Un beso ébano.


    Recorría los pasadizos de la oscura necrópolis, la Acherus se había vuelto durante años mi casa, mi hogar. Había estado pensando en alter ego escondido. Debía darle una solución a esta explosión de sentimientos. Deseaba ser una caballera de Ébano, sin un pasado, sin un camino más que el propio, y si pudiera, llevarme a todos los siervos de Arthas por delante. Ello significaba una cosa, de momento.
    Me acerqué por las mazmorras más profundas y más aisladas de la necrópolis. Un esqueleto guardaba la puerta del calabozo. Le hice una señal y entré sin que cuestionara mis órdenes. Normalmente no se hacían prisioneros y las mazmorras no eran de lo más espacioso.
    Entré en la húmeda cárcel. Landai estaba anclado prácticamente a la pared. Alzó la vista, cansada y la mantuvo. Mis ojos se mantuvieron encendidos en un halo azulado muy claro mientras inspeccionaban al único hombre que había habido en mi vida.
    -¿Robin…eres tú?-Preguntó agobiado. Asentí con firmeza.
    -Estás aquí por ser un cruzado escarlata, te ejecutarán al amanecer y te darán de comer a las abominaciones.-Le comenté sin hacer gesto de emoción. Tomé a Frostspark y la clavé en el suelo macizo de piedra de la mazmorra.
    Hubo un incómodo y largo silencio.
    -¿Qué vas a hacerme Robin…? Yo…yo…-Empezó desesperado.-Te quiero, Robin, he soñado desde que me dejaste en poder volver a verte. He recorrido muchísimos lugares buscándote…
    La voz del joven se fue apagando, en el tiempo que había pasado, estaba bastante envejecido y estropeado, pero mantenía la misma mirada de aquel sargento que había ido a salvarme y a llevarme a un lugar seguro. Él me había dado mucho.
    Podría decidir una vez más egoístamente, o podría dejarme llevar por el pasado y volver a ser quien era.
    Tomé Frostspark para enfundarla y sin miramientos la clavé en el estómago de Landai hasta que le atravesó y di con la pared. Se removió sobre sí mismo y pareció mirarme con una expresión de sorpresa y duda en los ojos. Me acerqué hasta sus labios que empezaban a sangrar mientras se ahogaba con el propio fluido.
    Fue intenso, pero no lo sentí, no sentí nada, mi humanidad estaba acabada, y la viuda de ébano acababa de consolidarse.



    Aclaraciones: Me excedí en el máximo de caracteres y me faltaba espacio. Siento que sea tan larga pero tenia que ser así.

  7. #7
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Historia de Darril Lancaster


    Niebla en el aire veo, sonidos de la verdad y el sufrimiento de todos a los que llame en más de una ocasión. Mis manos… no responden más ante mí. No puedo recalcar en la expectativa que tengo frente a la adversidad de saber. Una tierra muerte se cierne sobre lo que una vez llame hogar y en ella se ve el claro pecado del hombre, de los que una vez fueron hombres y de quien ahora llamo… Rey.

    Yo vivía en las tranquilinas llanuras de Lordaeron a pocos quilómetros de la capital, todo era tranquilidad… al menos recuerdo que en aquella la única preocupación que yo tenía era la de la cosecha. Para un granjero no había nada más importante que el crecimiento de sus cosechas y la prosperidad de sus animales, salvo su familia y su patria. Recuerdo que en aquel tiempo era muy importante para nosotros mantener nuestra fuente trabajo intacta para la posterioridad. Claro que la mayoría de nosotros intentaba mantener por completo nuestro trabajo, ya que con ello nos jactábamos de cumplir con nuestro deber con el rey y el país. De un modo de verlo, tenía que saber que estábamos alimentando al pueblo y eso era una gran responsabilidad.

    Mi padre aun que era granjero, no siempre se había dedicado a esto, es una época sirvió en la milicia e incluso llego a tener el rango de sargento. Pero posiblemente fue mi la responsabilidad de mi abuelo o mi prematuro nacimiento lo que impidió que el siguiera esa carrera. En cualquier de los casos, la granja era un trabajo de tiempo completo y requería más que solo voluntad para trabajarla, requería saber administrarla. Aun que mi padre era el que realmente la administraba, el requería de mi y de mis hermanos para trabajarla la tierra.

    En una ocasión, mi padre me había llevado a conocer la capital y me maraville por los excelentísimos edificios y construcción que allí se habían establecido. En mi adolescencia, tuve una oportunidad de ver a los nobles y a los caballeros que acudían a una celebración del rey, donde las más finas damas y poderosos señores fueron citados, y yo pude verlos. Tenía deseos de saber que se sentiría ser un guardia y estar todo el día viendo cosas nuevas que llegaban a la ciudad, yo todo lo que hacía era ver tierra, animales y gozar de la vistas de los paisajes que rodeaban la granja. Muchos dirían que eso bastaba para poner en paz a un hombre, pero a mí no me bastaba, yo sentía en los más recóndito de mi alma que necesitaba más aun, y podía asegurarme de que mi destino no estaba ligado a recoger legumbres y habitar con animales, no, yo deseaba ir seguir un destino diferente al de mi familia.

    Claro que eso necesitaría trabajo, algo a lo que yo estaba acostumbrado, pero aquí no nos referíamos a una forma de trabajo que no se relaciona en una totalidad con la voluntad sino con la perseverancia. Un día le pedí permiso a mi padre para participar de las milicias, el acepto inseguramente, ya que no pensaba en la idea de verme lejos de casa. Aun que dudosamente acepto, me dejo ir. Al día desperté y salude a mis padre y hermanos, siguiente tome algunas de mis pertenecías, una capa, un bastón y fui a la guarnición a pedir que me aceptaran en la milicia local, claro primero necesitaría entrenamiento. De la guarnición fui enviado al fuerte a las afueras de Lordaeron para que comenzaran los reclutas, ahí fue donde comencé como una especie de sirviente de los soldados del fuerte, tenia comida y cama, pero hasta que no llegaran las fechas de instrucción, no podría comenzar mi entrenamiento.

    Algunos días después de mi llegada al fuerte, apareció el instructor preparado para nuestro entrenamiento, se podía ver porqué sus ayudantes traían consigo espadas de madera y algunas armaduras de cuero tachonado para amortiguar los golpes, yo vestía solo con lagunas ropas deshilachadas, así que sentiría menos dolor con eso. Nos preparamos y comenzamos la instrucción básica, la que tal vez algún día me salvaría la vida. Al principio no fue fácil, me costaba levantar la espada y el escudo. Entre sección y sección hubo muchas veces que hacíamos trabajo físico, ese trabajo, nos decía el instructor que era más que nada para mejorar nuestro estado físico y permitirnos ser más resistentes a los golpes y para poseer mayor movilidad de las armas. Además visto y considerando la posibilidad de algunas vez usar una armaduras de placas y un yelmo, necesitaría grandes músculos para soportar el peso y de una buena visión para ver a través de los yelmos.

    Las primeras semanas estaba de centinela en el fuerte, poco a poco nos cambiaban de lugar e incluso nos ordenaban nuevas tareas, hasta que llego el día en que varios de nosotros fuimos trasladados a la ciudad. Es allí, cuando desempeñamos el cargo por lo que tanto habíamos sido entrenados, los guardias de la capital. En unos de los tantos días tuve la fortuna de cruzarme con mi padre y hermanos, mi padre me obsequio una sonrisa y me dijo lo orgulloso que estaba, claro que yo no logre ser muy expresivo, la guardia debía mantener cierta seriedad.

    Un día nos levantamos apresuradamente, se había promulgado un llamamiento a las armas, en las montañas del sur se estaban librando batallas contras los vestigios de la horda orca que aun quedaban en pie en nuestro reino. El rey anuncio la marcha hacia el combate de una vez y para siempre contra estos seres. De modo que para reforzar los puestos fronterizos del reino, se enviaran tropas, tanto de infantería, caballería y auxiliares. Yo decidí entablar una plática con mi capitán para hacerle saber de mi experiencia con caballos y que disponía de uno para poder combatir con la caballería, que había tenido una instrucción de equitación y de combate de justa. Con perseverancia, mi capitán mando a decirle a su oficial al mando si podían sumar a un jinete más en las filas de su escuadrón, ya que hacían falta voluntarios en la mayoría de las cuadras, sobre todo con experiencia en la equitación, por lo que yo ahora debía esperar su respuesta. Mientras esperaba la respuesta, entrene con diferentes armas para pelear contra los orcos, a vista de lo que había sido la segunda guerra, muchos soldados veteranos explicaron el modo de pelear de los orcos y por ello se debía tener en cuenta dos cosas. Su forma indisciplinada de pelear y su falta de inteligencia.

    Al día siguiente llegaron mis nuevas órdenes, debía disponer uniformemente de una armadura pesada, para mí y mi caballo, armas cortas, lanzas de justa y debería pasar a retirar mi nuevo uniforme en los establos, ya que teníamos una simbología diferente a de la infantería. Mi capitán, con su firmeza característica, me hablo acerca de mi nueva responsabilidad y de que solo respondería bajo las órdenes del Duque de Manford, el oficial del escuadrón de caballería al que fui trasladado. Me junte con los demás y lleve a mi corcel hacia allí, adquirí mi equipo gastándome hasta el último cobre y recorriendo todas las plazas de entrenamiento, no creí que el registro de un jinete fuera tan extenso. Al final de la jornada me reuní con mis compañeros, muy pocos en ese escuadrón provenían de un origen como el mío, creo que fue con los que mejor me lleve porque por lo general hablábamos de los mismos temas.

    El día de la salida había llegado, nos dirigimos a un campamento en las montañas de Alterac y la guerra vino a nosotros con el tiempo, defendimos en dos ocasiones el fuerte de orcos y de muertos vivientes, hasta que la tierra colapso y tuvimos que huir, vagamos muchos tiempo, incluso desde que la legión ardiente piso esta tierra. El mundo vio la oscuridad y su destino terminaría pronto, yo perdí la fe en ciertas ocasiones, pero la esperanza de salvar a las personas en su éxodo me retribuía de nuevo. No sabíamos a donde ir, después de un tiempo todo cambio, varios campos de refugiados se había establecido en diferentes lugares y todo hombre capaz de cargar un arma se presentaban frente a los altos mandos para presentar servicio por lo único que nos quedaba… la supervivencia, el hecho de subsistir para un futuro mejor para nuestras posteridad.

    Una noche de guardia el día se torno de color negro, no había nubes, ni destellos, hubiera parecido como que las estrellas se había escondido o las hubieran sepultado, recibimos un ataque completamente grande de muertos vivientes, vimos como una horda de muertos, zombis y esquetelos cargaban desde el horizonte, organizamos la defensa del campamento lo más rápido que pudimos. Arqueros al muro, infantería con ballestas y algunos con escudos, rocas, pedazos de murallas y algunas cosas más para arrojar.

    La horda choco contra la pared, pero no pudimos evitar que treparan, pasaron la primera pared y se elevaron desde una esquina, lograron penetrar hasta el patio, era hora de pelear cuerpo a cuerpo. Use armas cuantas veces puse logrando que se destruyeran. Combatí junto a mis compañeros hasta agotarme, destruía los cráneos de mis enemigos y rechazaba cualquier ataque a distancia que lograba con mi escudo. La situación se complico para mí y la defensa del este. Entable combate con una criatura hecha de cuerpos muertos, fue tanta la repulsión que sintieron los hombres que se asustaban de solo verlo. Los arqueros lo quemaron desde lo alto de una de las torres, disparando sus flechas incendiaras a la criatura e incluso haciendo daño en masa. Cuando creímos que sería la última ola de ataque, apareció mas no muertos, esta ola estaba dirigida por un Lich, una especia de conjurador de magia oscura.

    Ya no había salida, mire a mis hombres y les exclame, de que si íbamos a morir que fuera una muerte digna. Dejamos la posición del patio y nos fuimos a los establos, tome mi caballo y salimos hacia la puerta cargando contra la horda de muertos vivientes. No lo vi, pero sentía el grito de mis caballeros caer de lado mío hasta él una lanza atravesó a mi corcel y yo me vi envuelto en varias espadas, una golpe mi hombro y pelee junto a los que quedaron a mis espalda, ya sin fuerzas y completamente herido, daba golpes al aire hasta que una espada atravesó mi abdomen, destruí cuanta criatura pude y me rodeara, hasta que caí de rodillas mirando el cielo y sintiendo como el aire se esfumaba. Respire mi último soplido y deje caer mi espada como mi voluntad misma, viendo el macabro espectáculo de la horda de no muertos entrar y destruir el campamento.

    Oscuridad había… una pared negra era mi una única visión. Una chipa… una pequeña chispa apareció en el medio de la pared titilando cada vez con más frecuencia y entonación. Una voz apareció, me pregunto mi nombre, y de donde venia. Como viví y como mori. ¿Era mi padre?, le pregunte, ¿mi madre? ¿Algunos de mis hermanos? ¿Estaba vivo? La voz cayó por un momento y luego hizo resonar sus preguntas. Mi mente, si es eso lo que usaba para pensar, trato de revelar la identidad de esta voz, pero la chispa, de quien en un principio creí que provenía la voz, seguía igual, parpadeante, brillosa y estéril. Esta voz que parecía saber de mi, en algunos momentos me preguntaba acerca de mi pasado y de los que yo esperaba para el futuro, era como una especia de interrogatorio, de que yo estaba por salir, pero bien sabia que esto tampoco podría ser posible, ya que yo sabía que había muerto, pero… ¿Por qué estaba hablando ahora? ¿Había muerto verdad? La voz pregunto cuál era mi destino, a lo que yo respondí que como un caballero que soy, debía luchar por aquellos a los que amaba y había decidió cuidar, ante todo era un soldado y mi espada servía a la razón y la igualdad.

    El mal del mundo muchas veces se posesiona en cosas que nunca estamos resignados a aceptar y la voz lo sabía. Esas palabras solo significaron una cosa, era la luz sagrada que me estaba enjuiciando, estaba decidiendo que hacer conmigo. Solo esperaba que mi devoción hubiera servido para que al final de mi vida mortal, me diera el descanso eterno que esperaba pro parte de la luz. Pero cambie de parecer cuando esta vos nuevamente me pregunto, ¿Cuál es tu destino? Ahí fue cuando permanecí en silencio durante bastante tiempo. ¿Tu destino es servir a tu pueblo? Preguntó, a lo que yo firmemente respondí que si, entonces la voz me replico, que se haga tu voluntad entonces. La chispa comenzó a brillar tanto y tan fuerte que se hacía más grande cada vez que resplandecía, hasta que cubrió los límites de visión y la cortina negra se torno blanca.

    La voz desapareció y presencie una definición de cómo si mis ojos se abrieran ante un lugar. Una extraña fuerza latente dentro de mí me impulsaba a seguir lo que la voz me había pedido que hiciera. Una vez tome mi espada la voz… tu pueblo te aguarda… búscalos, me señalo. Desconocí el tiempo que transcurrió entre aquella batalla y el que estuve de pie. Hasta que me percate de que yo me había convertido en mi peor enemigo, un muerto viviente. Pegue un grito en el cielo cuando reaccione físicamente. Tenía una maldición pero a su vez una bendición, un sirviente eterno que desliga su furia frente a quienes debe aniquilar, la voz que aun estaba en mi cabeza, decía debía irme de aquí y seguir con mi destino, pero no era yo el que decidía ahora, ¿era mi destino o simplemente me había convertido en un esclavo?

    Llegue tambaleándome al antiguo bosque de Lordaeron, no quedaba más que cenizas de lo que había sido, solo logre escuchar a esta voz que me decía que fuera a ver donde estaba mi pueblo y cuando mire los cadáveres moviéndose por el bosque, cuerpos mutilados arrastrándose por la tierra, antiguas figuras humanas caminando sin vida. La voz me hizo saber de que este era la gente que yo debía proteger y había protegido siempre. Bendito soy de haber sido seleccionado para cumplir con esta tarea. No me quedaba nada por ver o por oír, solo sentir, que mi fuerza descansa en el poder que se me fue concedido. La voluntad de la muerte será complacida y nada escapara a su poder.

    Perdí la noción de tiempo y espacio, masacrando los restos de una civilización que había caído en la adversidad de un su podría perdición. Mi espada saciaba su sangre por centenares, nadie podía ver cómo era mi fuerza ahora. Cuando adquirí el conocimiento para ello, supe que esta voz, esta tenebrosa voz que día a día me decía que hacer, supe que tenia dueño, ese ser era contra el que una vez había luchado y ahora servía. Pero comprendía porque lo servía, Ner’zhul me salvo de la eterna oscuridad. El pacto había sido sellado y ahora era mi turno de hacer mi voluntad contra quien quisiera desafiarme.

    Muchas cosas que pasaron a través de estos tiempos me tuvieran sin importancia, mi único deseo era hacer la voluntad del Rey Lich Ner’zhul. En las distintas bases del azote se podía verificar como el poder de una entidad se volvía la más poderosas de todas, el miedo ya no formaba parte de mi ser, pero de haber estado en la otra vida, así como estuve en aquella batalla donde era débil, ahora podía ver la fuerza que me había otorgado la muerte. Dadle sus almas y me darán poder para gobernarlos. Esta tierra condenada ahora pertenece a otro señor… y yo me aseguraría de mantener el orden.

    Mi destino incierto me llevo a participar de un grupo de soldados que también había caído en combate, me encontré en una necrópolis, llenos de ellos, mirando a cada uno y su forma de pelear, y contando como había caigo con gloria. La inmortalidad es un precio muy alto al cual no pude negarme. Las arenas del tiempo transcurrieron como el viento cuando un día sentí un fuerte dolor en mi cabeza, la voz del rey Lich había desaparecido, y después de mucho tiempo me sentí como si de mi voluntad dependieran mis acciones, no escuchaba la voz de mi señor y algo me decía que estaba pasando algo donde quiera que estuviera. Durante bastante tiempo me sentí libre de poder usar el poder que me había dado el rey lich para hacer mi voluntad de desafiar a quien quisiera y fundar una sociedad nueva, basada en mis decisiones y mandatos. Traería a la vida a aquellos que perdí y deseo recuperar. Al final ¿por qué someterme a la voluntad de un rey, cuando yo tengo la grandeza de ser un dios?

    Mi tiempo favorecía la libertad de la que me fue otorgada y mis metas poco a poco se fueron desgastando, no conocía el motivo, pero en un momento, mi cabeza volvió a estallar y la voz del rey lich regreso a reclamarme para que sirviera a sus propósitos, ¿Qué deseaba de mi? ¿Había vuelto a retribuir un gran poder por mi servicio? En varias ocasiones menciono que era su campeón y que si lo servía con lealtad me recompensaría. Espera durante mucho tiempo su recompensa, pero no me importaba nada mas ahora, solo me importa poseer un gran poder. Manejar a la muerte a su antojo y servirle con alevosía. ¿Quién dudaría de mí y del poder del rey Lich?

    Mi servicio estaba dando frutos, había aniquilado completamente a unos gentiles que se había tomado la molestia de prepararse para atacar uno de las zigurats que sirven de puesto de avanzada de la necrópolis. Ya ni siquiera tengo que correr para combatir, con solo caminar y girar la hoja de mi espada puedo derretir al más duro de mis enemigos, sabía que en el camino venían más y esos pobres mortales conocerán la furia de mi espada. Un nigromante se puso a cargo de zigurat levanto su ejército de muertos vivientes y emboscó a los mortales, al finalizar la contienda, solo quedó muerte y polvo, alguna día traería esta misma tempestad a quien me desafiara.

    Ya en la necrópolis, absorbí la energía inanimada de uno de los zombis que vigilaban la cámara mortuoria donde se remembran los cuerpos de los caídos, sentí una mínima de vitalidad, aun que no me bastaba con uno, debía tener más. Al grito de ofensiva, uno de los discípulos se hizo oír, los ejércitos de necrófagos sirvientes fueron invocados, los que una vez fueron antiguos soldados, ahora se alzan con el fin de acabar con la vida en esta tierra y mantearla inmortal, llegaría mi turno de sembrar la semillas de la destrucción. Ya faltaba poco y los preparativos marchaban según lo planeado, la hora del caos me había llegado, uno de mis superiores me aviso acerca del destino de nuestra ofensiva, el último vestigio de los seguidores de la luz, donde se hallaba perdido en el bosque occidental, yacía una pequeña capilla olvidada de la luz mantenida por unos pocos defensores que añoraban destruirnos, pero ahora su fin esta cerca. No anhelare la victoria de mis hermanos que irán a destruirlo porque veo la victoria en sus ojos sedientos de la sangre de los vivos. Que en ellos callen seres a los que van a masacrar y perezcas aquellos que osen levantar su mano en contra de nuestro poderoso ejército.

    En cuanto a mí, yo me quedaría aquí a defender la necrópolis de los invasores desorganizados que juraron ante su luz destruir hasta el último de nosotros, no saben que su campaña de locura solo nos servirá a nosotros para levantar un ejército más grande y su mente se ahuyentara de miedo al ver a los que una vez fueron sus hermanos de armas pelear de nuestro lado contra ellos mismos. Si, esa será nuestra arma principal, el miedo de la pérdida, el miedo de la derrota y el sufrimiento, el tener sentimientos o no, no los salvara, sea quien sea, irá al mundo de las sombras a ser juzgado y declarado culpable, condenándolo a una pena de servidumbre eterna. Lo único que veo ahora es la desolación que acarrea el bosque, desde aquí se ven aun a las gárgolas volando junto con el ejército hacia la batalla.

    Tiempo más tarde, unas sombras se colaran en la necrópolis, pude ver en estas sombras que algo había ocurrido, algo que… sin pensar podía resumir con solo olerlo, mire el pasillo que oscila a la sala principal, algo no estaba bien, ¿sería una fuerza superior, o las sombras mensajeras traían noticias del frente? Las puertas se abrieron de un golpe anunciando la llegada de los caballeros y sus armas cosechadoras de almas, en ellas se podía ver a las almas que había caído frente a ellos y que vivirían en su prisión, pero estos guerreros, hermanos de destino, salieron impetuosos de aquí y regresaron con alevosía marchando al frente de ellos el Alto Señor Mongraine. Quien pueda decir que su llegada nos avivo y nos marco, estará en lo correcto.

    Caballeros, Discipulos, instructores… todos se pararon frente a él e hizo una proclama para que todo en la necrópolis lo oyeran. En ella avisto de que no haríamos nuevos enemigos, que seguirían los mismo, la libertad nos serian recompensada, pero ahora solo bendición de la inmortalidad nos daría resultado ante nuestra campaña, que todo individuo vivo o muerte se atreva a levantar su arma en contra nuestra, seria aniquilado sin ninguna duda. Levanto con su una mano una espada de casi 2 metros y declaro: henos aquí, frente a esta espada de ébano, jurar como caballeros, que nosotros aremos nuestra propia justicia, sin importar las consecuencias. Acto seguido la toma la espada con las dos manos y la clavo en el suelo, desvelando brillantemente las runas de su poder. Ese sería nuestro símbolo de ahora en más, lo más extraño, es que no volví a saber de la voz del rey lich en mi cabeza, pero ya no importaba, ahora tenía un nuevo señor al que servir y un nuevo objetivo que cumplir, mucho más digno y difícil, pero con la diferencia de que ahora solo dependería de mi voluntad y nadie podría controlarme.
    :a02: Un choque chocado

  8. #8
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    El leve sonido de los muertos en descomposicion desperto la mente y el cuerpo de aquel imponente ente de negra estampa, armadura del mas oscuro acero adornado con siniestros dibujos tipicos de libros apocalipticos del fin del mundo, observo los amplios claros de tirisfal, aquello que apenas se mantenian en pie tras tanta sangre y muerte regada sobre su tierra. Se levanto de su reposo, una silla baja con un amplio respaldo, antaño un asiento de reyes, hoy solo una vieja reliquia.

    Contemplo en silencio mientras las horas pasaban, notaba como sus articulaciones se atrofiaban lentamente, las telarañas que se habian formado tras tanto tiempo sentado, ahora colgaban y adornaban aquella cruel armadura como si fueran pendones de un antiguo reino de ultratumba, entonces, una voz del mismisimo infierno surgio de las sombras para proyectarse sobre el oido desatento de la figura pensante.

    - Señor, llego la hora.

    Le espeto, la figura hizo un leve gesto con sus amplias manos armadurientas, medito unos instantes mas, la voz infernal desaparecio acompañada de su portador, un demonio de la cripta, decrepita, pero enorme y aun con suficiente fuerza como para despegar la cabeza de cualquier pobre valiente que se confiara. Habian sido durante años amo y siervo, aunque no siempre fue asi, y no desde siempre la pensante figura llevaba aquella oscura armadura, ni sus ojos resplandecian azules como los glaciares del norte, pero hacia tiempo que esto era agua pasada, sus recuerdos eran lo que hacia que no quisiera levantarse, pero algo dentro de el le hacia vivir en una falsa realidad, edulcorada por la nigromancia y la no-muerte.

    La figura descendio lentamente por el viejo y quebrado torreon de piedra anciana, sus pisadas metalicas colmaban el ambiente de un tetrico repiqueteo, intentando emular los movimientos que antaño pudo tener este torreon cuando el fuego y el calor humano poblaban el ambiente.

    La gran sala constaba de dos naves, con columnas y arcos de medio punto, algo sencillo, aun quedaban algunos simbolos de la Luz tallados en la piedra, aquellos que fueron labrados con fe, que ni el tiempo destruye. Avanzo lentamente hacia donde debia sentarse el señor de la fortaleza en los banquetes, alli, habia un pequeño trono de hierro oxidado, una mesa de madera vieja, un cerdo recien cocinado, dos platos y dos vasos, huelga decir que tambien algo de vino, quiza de los mejores de Azeroth. Se desplomo sobre el sombrio y antiguo trono, el ser de ultratumba, el demonio aracnido, andaba por los techos, observando con sus varios ojos los movimientos de su señor, con temor a que una leve brisa lo hiciera desacerse como la ceniza.

    El silencio poblo la Gran Sala, solo algunos movmientos de alimañas y el lento sonido de la descomposicion quebraban ese recital de silencios.

    Y se escucho la madera romperse por una bota metalica, las amplias puertas del salon se abrieron de par en par, tras ella, un hombre, espada en mano, armadura sin adornos, funcional, y una capa roja que ondeaba con el leve viento que se colaba por las grietas de la vieja fortaleza. Su rostro describia odio tras esos ojos color caramelo, sus cabellos eran cortos, de un color entre el rojo y el dorado, con alguna mancha de sangre reseca.

    Sus botas repiquetearon en la piedra continuando el recuerdo de la vida que habia dejado la figura negra cuando descendia la torre. Sostubo la espada en guardia, observo la figura sentada, que mas que un hombre paracia un amasijo de metal, apenas sostenido por su espalda, mas arrojado sobre el trono que sentado. El joven fulmino con la mirada a la figura, pero miro hacia arriba, el ser de ultratumba estaba dejando caer lentamente su putrefacta sustancia con la que las arañas hacian sus telarañas, pero lo vio a tiempo y retrocedio con unos pasos.

    La gran araña descendio por una columna y se encaro al joven valiente, lanzo un primer ataque con fuerza contra la cabeza del pobre hombre de la roja capa, este, se esperaba el ataque y se hecho levemente hacia atras, pero no se espero una de sus ocho patas obstaculizando su retirada, tropezo levemente, y en media caida descendio su espada, cortando la pata, la gran araña retrocedio entre gritos, el joven se levanto como alguien puede levantarse con una pesada armadura.

    La Araña grito con fuerza y volvio a atacar, esta vez, se topo con la coraza del joven, esta salio disparada y le dejo un recuerdo de unas garras en el pecho, el joven grito de dolor, retrocedio y se desplacio hacia el lateral, en cuanto

    la Araña ataco de nuevo, el ya la estaba esperando, esquivo su zarpa y su espada descendio, haciendo que aquella cruel y decrepita mano cayera al suelo llena de sangre. La Araña volvio a gritar de dolor, pero el joven esta vez estaba en una afortunada posicion, agarro la espada y corrio unas zancadas, alcanzo al ser y le hundio la pesada espada en el vientre, los ojos del ser observaron el acto como a punto de desbordarse de sus cuencas, el filo ascendio lentamente hasta que el metal dio con la cabeza, abriendola de arriba a abajo, en una explosion de sangre color negro.

    El joven estaba impregnado de esa sucia sangre, pero no le preocupo, golpeo con su rodilla el suelo y busco con la mano la sangrante herida de su pecho, se la sostuvo como si por ahi se fuera a salir su alma, recito unas leves palabras y un leve resplandor acudio en su ayuda, la herida se cerro levemente, al menos no sangraba, pero parecia arder a cada movimiento.

    Se levanto, el cadaver de la araña seguia ahi, la figura tambien, como si la escena le hubiera estado esperando mientras se sanaba, dudo un instante, pero agarro su espada y avanzo hacia la figura negra, su yelmo era pulcramente negro, de cabeza entera, solo dos oberturas a la altura de los ojos, salpicados de un azul resplandor, era lo que rompia la simpleza del casco. La figura señalo la silla de enfrente, con dificultad, como si moverse fuera un infierno, el joven dudo un instante, podria recitar cantares de la Luz o tipicos chascarrillos paladinescos contra demonios, pero estaba herido y quiza un poco de reposo le haria bien, obedecio, pero sostuvo su espada, la apoyo en el suelo y aguanto su empuñadura con terquedad.

    - Hubo un tiempo en que no era asi, ni tu tampoco.

    Comenzo la figura, su voz venia acompañada de un crujido metalico, el tipico que describian las abuelas cuando asustaban a los niños con cuentos de fantasmas y cadenas en amplios castillos. Sus manos encontraron su yelmo con dificultad, lentamente de lo desprendio de la cabeza, un largo y blanco pelo lacio cayo sobre la negra armadura, mas que la cara de alguien, era una burla, una caricatura de una persona, era afilada y huesuda, su barba eran mas como la herrumbre de una espada muy usada... mas el joven de la capa roja encontro familiaridad en ese rostro.

    - Permiteme, valiente Waleran Espadaleal, que te cuente una pequeña historia. Me he tomado la libertad de preparar algo de cerdo y he traido vino, confio en que no lo desaprovecheis.

    El joven paladin observo con desconfianza la comida y el vino, decidio no aceptarlo, aun asi estaba sorprendido de que aquel supiera su nombre, no dijo palabra, no eran necesarias, solo serian simples fanfarronadas, no, Waleran Espadaleal no era un fanfarron, era un hombre que actuaba, asintio con la cabeza lentamente, sin soltar la espada.

    La voz de ultratumba se torno casi hipnotica a cada palabra, lentamente su voz penetro en la cabeza del joven Waleran, y este cerro los ojos, su mano solto la espada y esta hizo estallar un fuerte sonido metalico por toda la fortaleza, sus oidos lo percivieron pero no hizo nada, el sonido se prolongo, hasta ser casi como u insoportable pitido, entonces, todo se apago.

    Waleran desperto en una pequeña casa, quiza algo alejada de la Ciudad Capital, por el clima, el olor de las montañas, puede que cerca de Costasur, la verde hierba resplandecia bajo la luz del sol, miro por la ventana y el vieno acaricio su rostro, se miro las manos,
    eran las manos de un niño.


    Bajo las escaleras de madera, llevaba en el cinto una espadita de madera, justo cuando planto el pie en el ultimo escalon, vio a su madre, llorando, y un hombre alto y fuerte, pero la luz que entraba desde la puerta abierta le ocultaba el rostro, iba con armadura, desde luego, y una espada. La madre dejo se seco las lagrimas rapidamente, la luz hacia que tampoco se viera su rostro, pero su cabello olia a azaleas recien cortadas. Sostuvo las suaves mejillas del pequeño cuerpo de Waleran, unas palabras sin sonido salieron de su boca, mientras que el hombre, se dio la vuelta y se fue a paso firme, monto en su caballo pinto y lo espoleo, roja rafaga de jinete, solo su capa describia su rapido movimiento, el caballo parecia volar, se alejo en el horizonte. Walerannoto el salado sabor de las lagrimas en sus mejillas, y los conciliadores y al mismo tiempo desconsolados brazos de su madre, sosteniendolo como si se fuera a deshacer como las cenizas al viento.

    Despues volvio a abrir los ojos como si fuera la primera vez, observo la escena, estaba en una academia militar y golpeaba con violencia a un joven de pelo rapado y ojos castaños, notaba cada acometida de sus nudillos en su rostro, despues, una fria y metalica mano fue en busca de su hombro, al apartarlo con violencia, una luz emano de sus manos y empezo a curar las heridas del pobre muchacho, el respiraba con dificultad y violencia, no recordaba porque habia golpeado la cara de ese chico... solo notaba el placentero dolor de la rabia en sus nudillos, mientras expulsaban sangre. El hombre de la armadura se fijo en el, reculo un poco, pero rapidamente le dio alcance con unas cuantas zancadas.

    - Puede que seas el hijo de quien eres, pero no te da derecho a comportarte como un animal!

    Le espeto aquel hombre, su rostro le era familiar, severo, con enfado en sus azules ojos, sus rubios cabellos con corte miliar brillaban por el sudor, su caballo recien desmontado pastaba en la hierba. Intento retener su lengua pero algo se lo impidio.

    - Yo sere mejor que el!

    Waleran abrio los ojos de nuevo, esta vez estaba en un oscuro calavozo, no sabia que hacia ahi, pero su cuerpo ya no era el de un muchacho, una barba de varias semanas poblaba su rostro, su pelo ya le cubria las cejas y caia por los hombros, respiro el frio aire viciado que le traia la pequeña rendija que dejaba pasar una tenue luz bajo la puerta.

    Expulso el aire en un gesto de cansancio, sonaba hasta despectivo... no sabia que hacia ahi, pero se observo los nudillos y descubrio las marcas del pasado, unas heridas en ellos, con sangre reseca, pero que a cada movimiento de la mano se abrian, parecia que las heridas rara vez se cerraban, lo que denotaba que empleaba mucho los puños... bajo la cabeza y sopeso la situacion, pero el peso de sus parpados dio paso a otro capitulo.

    Esta vez cabalgaba sobre un potente caballo de caza, con una armadura ligera, el portaba una metalica coraza, adornada con unas azules telas sobre los hombrosm en su pecho, cobre el corazon, el escudo de Lordaeron. La compañia cabalgaba lentamente por Tirisfal, al trote, todos los soldados llevaban las armas preparadas, por un letrero que vio fugazmente, pudo ver que la direccion era Stratholme.

    Su yelmo se abrio de subito, vio un cadaver agarrandole de la pechera, preparando sus garras para buscar por la fuerza la muerte del dueño de ese cuerpo, pero Waleran tubo el impulso de sobrevivir: desenfundo su espada y encontro facilmente el cuello de aquel ser, ese cuerpo era mas fuerte y rapido de lo que era el suyo verdadero. Agarro con fuerza la antorcha y la lanzo hacia una de las casas, la gente grito, el olor de la carne humana cocida entraba en su interior como un elixir revitalizante, algo que le aterraba... le gustaba.

    Avanzo atraves de lo que parecian sus compañeros, aparto a un soldado raso, esquivo a un arquero, y cargo contra uno de esos amasijos de cuerpos descompuestos cosidos. Su espada dio cuenta de algunas de las costuras, y la abominacion se desparramo, un engendro volador dio con sus garras en el hombro de Waleran, este callo y maldijo entre dientes con la voz del dueño de su cuerpo. Se levanto al poco tiempo, dio cuenta a dos cadaveres mas y avanzo rapidamente, solo para ver a su lider maldecir al cielo mientras una criatura palida y alada desaparecia de sus ojos... un regusto amargo le llego a la lengua, Stratholme estaba en llamas, pero el dueño del cuerpo noto que su deber estaba bien cumplido.Volvio a abrir los ojos, ya estaba acostumbrado, asi que hecho mano a su empuñadura, pero esta vez no encontro mas que frio, eterno frio.

    Se levanto lentamente y la nieve acumulada sobre su pecho cayo subitamente sobre el suelo. Los estandartes de Lordaeron ardian, los cadaveres, recientes y helados, se encontraban sangrantes sobre el blanco manto del norte. Miro enderredor, su lider no estaba, no estaba nadiensolo la muerte.

    Arrastro su espada como queriendo conseguir con ello un animo para seguir haciendolo... avanzar hacia ninguna parte, avanzar hacia la muerte.nAbrio los ojos de nuevo... trago saliba y se levanto lentamente.

    - Saludos... maestro

    Observo a la bestia, sus multiples ojos se fijaban en los suyos, excrutando todo atisbo de emocion, Waleran solo noto un deseo irrefrenable dendejar de mirar. Las peludas patas de aquel ser acunaban al herido superviviente, Waleran no podia moverse, el cuerpo tampoco lo hizo... pero podia escuchar susnpensamientos y sus sentimientos... recordo la escena del jinete de rojo, las lagrimas se congelaron en sus mejillas, recordo su dolor en los nudillos, tambien recordo tanto que oida sobre un nombre que no recordaba, todas sus grandezas... pero tambien recordaba su falta como padre, maldijo. La bestia observaba a Waleran con sus frios ojos, como adivinando sus emociones.

    - Soy... ZTetek'Hauiar... el Tejedor de los Destinos. Mi señor escoje bien a los suyos, los que tienen la fuerza para seguir adelante...

    Su pata se poso en el escudo de Lordaeron en su pecho... presiono un poco y se desquebrajo en mil pedazos.

    - Mis ojos solo ven lo que merece ser visto... cumple tus sueños mi señor.

    Cerro los ojos lentamente, notaba como la escarcha se formaba alrededor de sus parpados, se dormio en el regazo de la muerte, protegido por un ser venido de algun
    infierno... durmio placidamente.


    Escudriño todos los recuerdos hasta el dia que le llevaron sus pies al desierto de unas tierras desconocidas, su compañero, su amigo como le llamaba ahora, Ztetek, le dijo que su destino debia ser decidido en las ardientes arenas de una antigua region de un continente perdido al otro lado del mar, llamado Kalimdor...

    Vio unas montañas marrones, afiladas, que ascendian hacia el cielo. Observo su espada, ya no era la misma de antes, nomahora era negra y azul brillante, emanaba una sensacion de mortuoria tranquilidad... en su empuñadura habia arañas y telarañas decorandola, de metal siempre frio.
    No recordaba haberla cogido, no recordaba haberla tenido ni no tenerla, solo sabia que Ztetek le tenia mucho respeto, y que su voz se filtraba por su frio metal, la llamaron Spiderfang.


    Las rocas acogian un extraño surtido de edificios despedazados de diferentes lugares, unos seres dorados, adornados por largos cuellos y colas, con unas hermosas e imponentes alas poblaban la zona, pero parecian dormidos, como parados en el tiempo... avanzo lentamente, la obertura descendia hacia un lugar desconocido, la luz morada y tenie salia lentamente cual serpiente... en su mente habia unas palabras.

    - Soy mejor que el.

    Ya notaba el peso del tiempo sobre sus hombros, Ztetek no descendio, no era su camino de momento.

    Sus metalicas botas besaban la fina arena del camino de descenso, lentamente avanzaba hacia ninguna parte, alguna vez vio una sombra escurrirse entre las sombras, una bien grande, con alguna faccion familiar a los seres de arriba. El peso del tiempo era una capa que sabia que hacia tiempo llevaba encima, sus cabellos antaño dorados ahora eran de un color que recordaba al hielo, su cara estaba consumida por la falta de comida y la sed... pero ahora era mejor que antes, Waleran escucho la voz de dueño

    - Soy mejor que el.

    La vos de la araña se filtro lentamente por la mente hasta ser totalmente plena.

    - Lo demostraras....

    No sabia cuanto tiempo llevaria andando, ni cuando llevaba contemplando aquel enorme reloj de arena, tan grande que abarcaba la altura de la cueba... un gran dragon dormitaba bajo su dorado soporte, era enorme, brillante, refulgiente... poderoso. Noto lo llamada en algun punto en la oscuridad de los corredores de aquel complejo bajo la arena, cada pàso que daba le insuflaba recuerdos del pasado, de nuevo aquel jinete rojo, de nuevo los nudillos....

    - Soy mejor que el.

    Sus pies dieron con algo similar al agua, era una sustancia de color morado, calida y fria al mismo tiempo, pero con el tiempo y sus recuerdos, se dio cuenta de que le daba la sensacion de que no tocaba algo calido desde hace mucho tiempo. Se dejo caer.

    Abrio los ojos de nuevo, esta vez se sentia mas anciano y pesado, recordaba haber observado la caida de Stormwind desde la lejania, recordaba haber visto a los valientes entrar en el portal, y recordo que siempre iba buscando al jinete de rojo, siempre. Pero perseguirle no era nunca suficiente, nunca: tenia que llamar su atencion.

    Durante años, se refugio en las ruinas de un castillo en Silverpine.... No sabia hacia cuanto tiempo que estaba Ztetek con el, ni cuando se habia ido, ni cuando habia vuelto, el tiempo y el espacio se volvian irrelebantes, Waleran estaba totalmente confundido, no sabia cuando era ayer, ni cuanto tiempo llevaba en ese cuerpo.

    Muchas veces lanzo ataques hacia las poblaciones, miles de notas amenazantes llamaban desafiantes al gran Jinete Rojo, en un intento de llamar su atencion, y alguna vez la logro, pero nunca dio con el castillo, mientrastanto, el dueño del cuerpo se mantenia en lo alto del muerto torreon, dejando que las telarañas hicieran su labor de enterrar en el olvido. No necesitaba levantarse para ver, los miles de ojos de Ztetek compartian sus vivencias, su voz era la suya y sus exigencias, los deseos del dueño del cuerpo. Waleran escucho las maquinaciones de las mentes crueles de aquel castillo de pesadilla, algunas de ellas le resultaban extrañamente familiares, lejanas... y recientes.

    La voz del ser de ultratumba desperto de su sueño al dueño del cuerpo.

    - Señor, llego la hora.

    Los ojos de Waleran se abrieron derrepente, repsiro como si cada bocanada de aire fuera la ultima, la figura armadurienta le observaba con recelo, se levanto con cuidado, por su estado, parecia que iba a caerse, pero el peso de su armadura le estabilizaba.

    - Durante... años, mas de los que tu has vivido, he estado admirando tus azañas, Waleran Espadaleal, escuchando de boca de otros tus triunfos y virtudes... te admiraba, desde luego.

    Los frios pies metalizabos canturreaban un chirrio, la Spiderfang salio de su funda y se alzo hacia Waleran, este, tenia lagrimas en los ojos.

    - Durante años... he luchado para ser el mejor... el mas fuerte, el mas valiente... pero siempre me ha faltado algo, Waleran, algo imprescindible para alguien con objetivos: Su heroe... me abandonaste para buscar todas tus aventuras y virtudes, dejaste a Madre y tu falta fue lo que acabo con su vida... nunca estubiste... mi meta... era ser mejor que tu.

    Waleran tenia los ojos repletos de lagrimas, observo a la torpe figura que portaba aquella espada de muerte.

    - No hijo... no puede ser... no hagas... no hagas esto....
    - Demasiado tarde, Padre... ya esta hecho.


    Su espada se encontro con su cuello, penetro con fuerza, empapando de sangre el cuerpo inerte y sentado, el rostro congelado de Waleran demostraba trizteza....

    - Soy... mejor que tu... el Jinete Rojo ha caido por su hijo...
    Intento recordar su nombre, pero el tiempo se lo nublo... y se lo nego.
    - Sere a partir de ahora Waleran Espadaquebrada...

    Saco lentamente el frio acero del cuello de su padre... sus botas recularon y su cabeza observo el gran agujero que abia sobre sus cabezas, empezo a llover, el agua rebotaba sobre la oscura armadura, dando un funebre tono de campanas a la muerte del llamado Waleran Espadaleal. Un dolor intenso se hizo presente en su pecho, los ultimos latidos de lo que creia su corazon. Sus rodillas dieron con el frio suelo, empezo a toser, el liquido era negro, miro hacia arriba, ante el, una fantasmal figura de araña humana se hacia presente ante sus ojos.

    - Has escogido tu camino, has cumplido tu destino... Ahora serviras a la causa de la Plaga como
    Caballero de la Muerte, deja que la fria no-muerte penetre en tu ser... Ahora tu cometido sera, por siempre, sembrar la muerte entre los vivos, levantar hermanos para el Rey Lich... extender la Plaga.

    Waleran Espadaquebrada ya sabia que esto pasaria, Ztetek ya le habia advertido, la figura fantasmal dejo de serla, por la puerta aparecio un Ztetek mas joven y pequeño, del tamaño del imponente heroe muerto... Ztetek el Tejedor de Destinos habia encontrado su camino por el desierto, observo al inerte Waleran Espadaquebrada, en el suelo, mientras la vida expiaba... cuando dejo de sentir... sus ojos se abrieron, una tenue luz azul lo poblaba todo desde su vista: se levanto a duras penas ayudandose de su fiel
    espada Spiderfang...


    - Quien sois, humano?

    Waleran nego con la cabeza, observo a la pequeña criatura y sonrie levemente, como le permitieron sus cortados labios.

    - Humano... no, a partir de ahora, sere tu señor.

    El pequeño Ztetek observo el cadaver de su yo futuro... parecio recordar algo y volvio su mirada al hombre de la armadura negra.
    - Si... mi señor.

    El Caballero de la Muerte observo con frialdad la cabeza de su padre, la examino con arrogancia... recordo unas palabras de Ztetek: "En ella esta tu alma humana".
    Observo el reguero de sangre del lugar, su sangre era roja, brillante... una sangre de un ser vivo, observo la sangre negra que aun manchaba las llemas de sus metalicos dedos...
    una sangre putrida.


    - Tu voluntad... mi señor.
    - Guarda la cabeza... apartala de mi vista
    - Y las ordenes del Rey Lich?
    - Extender la Plaga, extinguir la vida... destruir toda esperanza para los mortales.
    - ¿Por donde empezaremos... mi señor?

    Waleran observo un mapa extendido en un pequeño altar, iluminado por la luz de la luna, lo observo un par de veces.... Spiderfang

    dio con la madera del altar, su punta señalaba la zona.

    El Caballero de la muerte alzo la cabeza, su cruel risa poblo la sala poco a poco...
    Al dia siguiente, Ztetek y Waleran Espadaquebrada quemaron el viejo castillo... y desaparecieron en la espesura.



    HATTORER!


    LA MEJOR PELEA DEL ANIME
    Winter is Coming
    Los Dibujos de Hatto y sus compinches Monos

    "Y decidme ojos sangrantes, contadme cual es el motivos de vuestros pesares, decidme por qué abandonáis sin pudor el calor de mi interior y os adentras al frio mundo de torturas y penurias, por qué me hacéis caer de rodillas, abrazarme las costillas, dejando que el frio mundo abrace mis esperanzas e ilusiones y los torne en tono gris y ocre, por qué, os pregunto, por qué no os guardáis entre mis parpados, dura piedra es lo que debo parecer, no me falléis ahora, lagrimas, si no me dais un porque"

    Hatto, poeta ocioso

  9. #9
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    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Como en todas, en esta tamben a habido cierta rivalidad, discusiones y finalmente se a decidido un ganador, el cual es el usuario Hatto, Felicidades y Felicidades a todos los participantes por esas tan grandes historias.

    (A los que han participado y no han llegado a ningun premio recibiran un pequeño aliciente en agradecimiento que os iremos repartiendo cuando os veamos o nos pidais)



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