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  1. #1
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    Predeterminado [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    El Soplo Gelido

    Asi se llama este concurso, el cual dudo que se repita, en el que con una escritura digna de la imaginacion de un rolero, y no de un gran ortografico se premiara a una sola persona (A no ser que hagamos alguna gran excepcion) Una raza no jugable a la que podreis tener plaza inmediatamente si ganais, Estas son las disponibles (Preferiblemente las de Northrend)
    Enano Hierro Negro, Enano Frosborne, Troll de Hielo, Taunka, Vrikull, Naga, Broken, Orco Fel, Mok'Nathal, Tuskarr.
    Estos personajes son delicados, ya que muchos de ellos son de historias largas y portentosas, pudiendo ser tanto amigos como enemigos, ya que la historia nos enseña que una faccion no contiene un patriotismo total en cada uno de sus integrantes, con lo que consideramos que con imaginacion y mucho trabajo, razas como Troll de Hielo u Vrikull, los cuales son agresivos, podrian ser aliados haciendo mas facil y divertido un rol jugable con ellos.
    Evidentemente pueden ser enemigos, pero eso sugiere otro tipo de rol, que tampoco sera rechazado, evidentemente Naga y Orco Fel, no seria posible aceptarles en ninguna faccion general
    (Si teneis dudas en alguna raza preguntadme)

    El caso, una vez enviada lo historia, la mejor de todas a opinion de muchos jueces se le sera otorgada esta plaza especial, pidiendo acambio una gran calidad de rol y un buen nivel de conexion ya que esta raza no se vera en mucho.
    La historia a de ser de este personaje que quereis adoptar, con un entorno coherente y magnifico para adoptar alguna de estas razas, debereis postear aqui la historia en cuanto la tengais preparada y los veredictos figuraran aqui el dia 30 de este mismo mes.

    PD: Vrykulls son de las razas relacionadas con Uthgarde, ya que los Kvaldir y los Frost estan relacionados con otras ramas y (Skins) Que no podemos implantar, al igual que los Naga que vengan directos de Aszhara.
    (Han de haberse echo dentro de la fecha del concurso, no anteriormente)


    Condiciones

    -Esta prohibido plagiar total o parcialmente un trabajo de internet, realizar esta acción se considerara algo grave
    -Los premios podran modificarse dependiendo de la calidad media de trabajos.

    PD2: No se pueden hacer historias de personajes que se han tenido o se tienen, (Desaparecidos borrados o vigentes para clases de prestigio) y las historias de cada premio no se pueden mezclar, por ejemplo no puede ser un Vrykull Caballero de la muerte.

  2. #2

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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    Grontak Rompealmas "El Exiliado"

    Vrykul/Guerrero


    Mi padre era Rigar Rompealmas,antaño campeón del Dios De La Muerte pero cuando perdió toda su habilidad por una herida en su pierna decidió irse con el poco honor que le quedaba junto a su familia,luego de vagar durante días por aquellas tierras una tribu nómada nos acogió y junto a ellos vivimos durante años,viajando de un lugar a otro,cazando,robando y demás.

    Todo marchaba bien,mi padre continuaba su rigoroso entrenamiento sobre mi,entrenamiento que me daba desde que tenía noción,estos entrenamientos fortalecían mi cuerpo y mi mente.Yo confiaba en que algún día podría volver a mi patria y convertirme en un campeón de la Muerte recobrando todo el honor que mi familia había perdido,pero eso no sería posible,al menos en mucho tiempo.

    El tiempo se acababa,al final había llegado...la temporada de batallas,mi padre insistía en que todavía no estaba preparado para esos sangrientos y brutales combates,pero debía aprovecharlos mientras aun era joven.Confiado en que mis entrenamientos darían frutos prepare algunas provisiones y mi padre me dio su vieja espada,aquella espada repleta de victimas y sangre,ahora gastada y deseosa de batalla.

    En la temporada de batallas se organizaban unos combates en la aldea Kruniggar,esos días el pueblo recibía grandes cantidades de espectadores y luchadores,era el primer paso para alguien que buscaba servir de la mejor manera al Dios De La Muerte,el ganador tendría un prestigioso lugar en las filas del Dios.

    Me anote en los combates y aun que llegue un poco tarde me dieron una fecha para mi combate,era una lucha grupal en equipo contra varios enemigos,uno de mis compañeros tenía una gran habilidad con el arco,el otro una gran masa muscular y poder,el tercero manejaba la magia profana.Debíamos mantenernos unidos en la batalla si queríamos salir vivos y ganar el premio,entrenamos todos los días posteriores al combate,luchando hombro a hombro.

    Al llegar la hora entramos en la arena,la nieve cubría todo el suelo y un gélido viento subió por mis espaldas,una gota de sudor se derramo sobre mi frente y por un momento creí que era mi ultimo combate,sacudí mi cabeza y me aferre a mi mandoble,olvidando esas estupidas supersticiones.

    Las grandes puertas frente a nosotros se abrieron y un grupo de arañas salieron a la arena,todos nos pusimos codo a codo en la lucha y las bestias comenzaron a rodearnos,una intento saltar sobre mi pero la corte por la mitad con un tajo,las demás le siguieron y se lanzaron sobre mis compañeros,el muchacho con el arco seguía en pie,el brujo había sucumbido ante tanto veneno y mordiscos,solo 3 seguíamos en pie.

    La araña mas grande y gorda del grupo se lanzo sobre uno de mis hermanos,con una estocada la atravesé por completo,las demás cayeron ante las flechas de mi compañero y el mandoble mio y de Krigar,el otro integrante.Así continuamos avanzando de ronda,luchando contra abominaciones,gárgolas y demás bestias o no-muertos.


    Por desgracia el muchacho hábil con el arco cayó muerto frente a un nigromante en unas luchas atrás pero eso no nos desanimo,en la pelea final me tocaba enfrentarme contra Krigar,aquel que consideraba un hermano mayor.

    La batalla fue dura,al último momento Krigar perdió su arma que cayo rota en 2 mitades,en ese momento corría hacía el con mi mandoble en alto y le intente dar un tajo que comenzaría por su cuello,pero detuvo mis manos con las suyas y me dio un fuerte cabezazo en la nariz,caí al suelo desplomado.

    Cuando me recupere estaba en una cabaña mal hecha y solo con unos pelajes en el suelo,supuse que eran una tribu nómada al igual que la mía,al salir me encontré con los demás miembros de ese lugar,estaban pescando improvisadamente con redes y lanzas,también tenían un corral con osos polares y crías de estos.

    Luego de agradecerles por que me hayan salvado me entere que perdí la batalla contra Krigar y mi honor había vuelto a caer por los suelos una vez mas,llegar a el combate final y perder no es digno de un Rompealmas,o al menos eso creía.


    No podía volver a ver a ninguno de mis hermanos sin antes haber recuperado mi honor,mi fuerza y mi entrenamiento.No podía permanecer en las tierras del Dios De La Muerte en el estado que me encontraba,así que tome una embarcación de seres pequeños y débiles,prometiendo servirles y protegerles me uní a su tripulación,luego del largo y duro viaje hemos llegado a unas costas extrañas pero bien alejadas de mi pueblo natal,tal y como yo lo quería.

    Mate a esos débiles seres,obviamente no me costo mucho,y luego de hacerlo me adentre en el bosque,allí encontré una cueva donde vivían unas diminutas arañas,las lanze fuera y dentro hice una fogata,ahora busco cazar a algún animal para poder comer,justo al lado de mi se encuentra mi viejo espadón,antaño de mi padre pero ahora viejo y oxidado,reclamando sangre,reclamando batalla.Si algún día eh de volver a ver a mi padre,sera para que el este orgulloso de mi

    Volveré algún día a mis tierras,para poder servir al Dios De La Muerte,pero mientras tanto deberé fortalecerme aquí,en estas tierras de seres débiles.No son rivales para un Rompealmas,pero sirven como muñecos de entrenamiento.

  3. #3
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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    Una Ventisca para no Olvidar


    El invierno es muy duro en cualquiera de los territorios de Rasganorte. Todos y cada uno de los habitantes del poblado, desde los más chicos hasta los más experimentados, saben que nadie debe permanecer mucho tiempo fuera de los refugios en tiempos de ventisca y mucho menos sin compañía. Las grandes cantidades de carne de caribú y ballena en las reservas iban a ser suficientes para todo lo que durara el invierno, por lo cual no había necesidad de pescar o cazar mas comida. Además, los días de invierno generalmente duran bastante poco en comparación a zonas más cálidas como esta.

    Era un día normal comenzando el invierno. Toda la tribu tenia listas ya sus reservas y todo lo necesario para aguantar lo que perdurase aquella fuerte nevada. Acababa de regresar de la última caza de la temporada y de terminar de asegurar los amarres de la cabaña. Al apenas dar un paso dentro de la tienda, mi esposa Nanaika se acercó a mí a la vez que abrazaba bajo sus brazos a dos de mis hijos. Enseguida supe que algo no estaba bien.

    -¿Dónde está Lautaro? –pregunté. Ella se limitó a negar con la cabeza dejando ver que desconocía la respuesta. Aún tenía restos de la fría nieve encima cuando volví a tomar mi arpón dispuesto a buscar a mi hijo, dondequiera que estuviese.

    Saliendo de mi cabaña me encontré con dos de mis camaradas de cacería. Antes de que me recordaran que debía permanecer dentro de la cabaña porque la ventisca se cernía acelerada sobre el poblado, me adelanté a contarles lo que ocurría. Ni un segundo perdí en detenerme para explicarles y seguí mi camino, pues tanto así conoce un padre a su hijo que es algo nato el instinto de búsqueda cuando la vida de este está en peligro. Lautaro es mi hijo mayor, pero aún así lo protejo como a los demás cachorros, no solo de mi familia, sino de toda la tribu. A Él siempre le ha gustado cazar ballenas descomunales. No se conforma con aquellas pequeñas o débiles, no. Para él la caza es lo único serio de lo que podíamos hablar por horas y horas. Esa pasión instintiva por acechar a sus presas podía verse clara en sus ojos tal cual puede apreciarse la hermosa aurora boreal.

    Lautaro siempre fue atrevido, intrépido y muy independiente. La decisión de tener sus propias leyes y no usar otros medios que sus propios músculos y armas elaboradas por el mismo era como un bálsamo a su alma. El espíritu de caza que rige a nuestra tribu va mas allá de un simple medio de supervivencia como algunos creen. Para nosotros, la experiencia que dan todas y cada una de las presas, así como las noches al resguardo de una cálida hoguera calentando nuestro cuerpo y mente es una forma de entender el salvaje mundo donde vivimos. Así como para un soldado su vida está en la guerra y el pelear por su nación, para los Colmillar, la caza y la pesca representa la naturaleza, la vida, aquel entorno idílico y bello según los ojos de quien lo mire. Porque un paisaje no es aquel bosque fragante, o aquella montaña hermosa que se describe en las historias. Para nosotros, nuestro hogar es en aquellas frías tierras y no lo cambiaríamos por nada.
    Continué caminando en sentido al este a la costa desde el poblado.

    La nevada caía con fuerza nublando parcialmente mi visión, retrasando mis pasos y ahogando mis llamados. Con tal templado clima, se hacía imposible ver más allá de unos cuantos metros al frente y ni siquiera se podían observar pisadas de caribú, o escuchar aullidos de lobo. Por fin aquella pequeña empalizada que buscaba comenzó a tomar forma frente a mis ojos a medida que me acercaba. Era el puesto de pesca de Lautaro, un poco azotado por la fría brisa, pero sin duda lo que más llamó mi atención era la caña rota que yacía cercana a la hoguera. Aquella era la caña que hacía muchos años atrás yo mismo fabriqué con él, sabiendo que este la atesoraba más que nada. Fue entonces donde mis temores comenzaron a maquinar lo peor y mi corazón estaba sobresaltado.

    Yo lo sabía muy bien, adentrarse en la espesura de la tundra con semejante ventisca suponía poner tu pellejo en peligro. Bien sea por la inestabilidad del terreno, donde un paso en falso podría hacerte caer en un barranco, o por la misma ventisca que bien quisiera presentarte la dulce muerte del frio invernal. Continué caminando por la costa, siguiendo rastros que de manera certera evidenciaban restos de sangre y de fuerte batalla. Mi corazón latía más y más fuerte a la vez que mis patas desarrollaban fuerza de donde no la había para continuar abriéndome paso entre la persistente ventisca. Corrí y corrí, más de lo que incluso yo imagine que podría correr, los rastros de sangre eran cada vez mas visibles, a pesar de que algunos se perdían en la espesura de la blanca nieva que se teñía de rojo escarlata a medida que seguía corriendo.

    Cuando todas las esperanzas parecían desvanecerse, así como las manchas rojas en la nieve, un rugido desafiante me hizo levantar de nuevo la mirada. Entrecerré los ojos y vi en un horizonte no tan lejano, la indiscutible figura de mi Lautaro. Si, sin duda era él, pero por desgracia no estaba solo. Una bestia marina, de descomunal tamaño, era quien hacía frente a Lautaro, quien armado solo con su arpón y una que otra navaja trataba de darle muerte. Era una serpiente marina, de gran tamaño y aterradoras fauces. Se escabullía con facilidad ante los estoques que Lautaro trataba de propinarle con su arpón.

    Por supuesto que no dudé en correr hacia él y socorrer a mi hijo, de hecho, yo mismo contemplaba todo aquello a medida que me acercaba. Llevé mi mano hasta detrás de mis hombros para tomar mi lanza, apunté cuidadosamente a su cabeza y rezando a los espíritus pedí que esta le acertara. Y así fue, pero no como yo esperaba. En ese momento mis ojos se abrieron al punto de salirse de sus cuencas y mi corazón se detuvo por más de unos segundos, al contemplar como aquella maldita bestia con su escamosa cola verde, había atrapado a mi querido hijo, con el cual desventajosamente se cubrió de mi ataque, haciendo así que Lautaro recibiera todo el impacto. La criatura chilló de dolor, pues parte de la lanza había llegado a herirle, creándole un corte medio en su crin. Sin embargo, el cuerpo sin vida de mi hijo cayendo al suelo fue lo único en lo que mis ojos posaron su atención, a medida que la sangre brotaba de su cuerpo y se fundía con la nieve, y todo… por culpa de mi propia mano. Para qué describir el dolor que sintió mi corazón, si basta con decir que el filo de aquélla lanza jamás hubiese sido tan agudo.

    La enorme bestia, cayó en cuenta de quien había sido el responsable de su herida, e importándole poco lo que sucediera, cual bestia furibunda se lanzo esta vez a por mí. Tomé esta vez la lanza de Lautaro y me defendí como pude de sus implacables azotes. Las heridas en mi cuerpo poco me importaban ya, la sed de venganza mantenía encendida la llama en mí que solo existía en ese momento con el fin de dar muerte a aquel animal. Lancé de nuevo una estocada a la serpiente, apuntando a sus fauces, pero de un ligero movimiento, esta partió en dos la lanza. Parecía que todo iba a acabar en ese momento, pero al observar de reojo el cuerpo de mi hijo tendido en la nieve, cogí el trozo de la lanza que tenía la navaja, con mis propias manos, ignorando el dolor que me causaban los cortes al haberla tomado con mis manos desnudas, y así pues en la siguiente embestida del animal, logré clavarle justo en el ojo el filo de aquel arpón, haciéndolo retroceder y estremecerse, para finalmente regresar al agua y echar a huir.

    Pero por supuesto que yo no iba a dejarle huir tan fácilmente. En ese momento quizás pensé más en mí y olvidé que aparte de Lautaro tenía una esposa y dos hijos más esperándome en casa, pero la furia del momento me impidió recordarlo. Una vez que la bestia se sumergió de nuevo en el agua, no lo pensé dos veces y me sumergí en el casi congelado mar en busca de venganza. Nade y nadé tras él y a pesar de que aún podía verlo, no pude siquiera igualar la mitad de su velocidad, con lo que este continuó escapando frente a mis ojos, yo ya no podría hacer nada más pero mi espíritu continuó moviéndome más allá de lo que podía soportar. Finalmente la figura de la serpiente terminó perdiéndose en las profundidades y el aire en mis pulmones comenzaba a escasear. Me di la vuelta y comencé nadar en sentido contrario para regresar a la superficie, pues ya comenzaba a sentirme ahogado.

    Pataleé con todas mis fuerzas, las cuales también comenzaban a alejarse de mí. Sentí una ligera presión a mis espaldas la cuál al principio ignoré, pero a medida que seguía nadando esta iba aumentando y a gran velocidad. Me giré en ese momento, y el tiempo se me fue de las manos, pues una enorme boca se abría lenta e imponentemente tras de mí, succionando todo lo que había a su paso, y esta vez yo era la presa. Una enorme ballena ártica, una pacífica pero mortal bestia había decidido convertirme en su cena. Luchar contra aquello no tenía caso, así como tampoco tratar de nadar contra la corriente, así pues, cesé el paso y lo siguiente que vi, fue solo oscuridad…

    El olor a pescado fresco y un extraño aroma un poco apestoso me despertaron luego. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero al abrir los ojos era como si no los hubiese abierto. Todo estaba en oscuridad absoluta, por más que intentara no podía ver siquiera mis manos. Palpé a mí alrededor y estaba como encerrado en un saco de carne o algo similar.

    Tenía algo de espacio para moverme un poco, sin embargo no tenia escapatoria, y las paredes tenían un fluido graso que me impedía moverme mucho. Varios peces muertos, y uno que otro vivo se escabullía bajo las aletas de mis patas. Yo conocía bien donde estaba, estaba sin lugar a dudas en el interior de aquella ballena.

    Me senté consternado, pensando muchas cosas, pero el lugar donde me encontraba en ese momento no era uno de los más importantes pensamientos. Mi hijo, mi querido Lautaro, mi compañero de caza, muerto por mi propia mano. Mis acciones me habían llevado a donde me encontraba ahora, quizás era un merecido castigo de los ancestros por mis actos irreflexivos, al sumirme en la venganza y olvidar mis obligaciones como cabeza de mi familia. Ahora ¿Quién proveería para ellos? ¿Acaso otro hermano tomaría mi lugar? ¿Quién se encargaría de darle un honorable entierro a mi hijo?

    Muchas dudas asaltaban mi cabeza en ese momento. Por varias horas estuve allí, en algunos momentos la desesperación se apoderaba de mi y comenzaba a patalear y golpear como loco en un intento desesperado por escapar a la realidad, pero siempre terminaba igual, exhausto, en el suelo y rodeado de peces muertos. Al menos me sirvieron de alimento durante ese tiempo. Perdí la noción del tiempo, sobre cuánto tiempo estuve allí, pero aprendí a relajarme y calmarme para ahorrar mi respiración, pues el aire no era algo que abundara dentro del organismo de aquel animal. Comencé a acostumbrarme a la idea de que inevitablemente iba a morir. La desesperación y la angustia de no poder hacer nada me consumían. Los delirios y la locura comenzaban a hacer estragos en mi mente, haciéndome jugarretas sucias sobre recuerdos del pasado o de mi condición presente; comenzaba a distorsionar la realidad. A pesar de tener el alimento necesario para sobrevivir, quizás la presión del agua fuera del animal o quien sabe que, me hicieron finalmente perder el conocimiento.

    Quien sabe cuánto tiempo permanecí allí. En la oscuridad absoluta y la desesperación, el tiempo se vuelve insondable. Algunos murmullos y los primeros fragmentos de luz solar chocando contra mi rostro me hicieron arrugar la nariz y los ojos para darme cuenta de lo que sucedía. Algo confuso me levanté y dos de tus hermanos me ayudaron a levantarme y me brindaron la ayuda necesaria. Como bien sabes, tus hermanos son grandes pescadores y al parecer, de alguna manera lograron dar caza a la misma ballena donde yo me encontraba, quizás fue suerte o quizás el castigo había terminado y los ancestros decidieron que ya era suficiente. De cualquiera manera, infinitas gracias le doy a esos tauren por haberme rescatado de aquel gran pez. Nunca me hubiese imaginado que tu raza resultara ser tan buenos cazadores y pescadores como la nuestra. Aunque en realidad era de esperarse, dado las buenas referencias que tenemos de sus parientes los taunka, que son nuestros vecinos allá en la Tundra.

    De cualquier forma ahora estoy aquí, en esta nueva tierra desconocida para mí. El calor allá donde me encontraron ¿los Baldíos les llamaban no? Es sin duda abrazador, pero aquí en Mulgore al menos se respira una brisa pura y el ambiente es más agradable. Y bueno pequeño, creo que ya se hace tarde, apaguemos la fogata y entremos en la cabaña, mañana será un largo día para mi, pues tengo muchas cosas en que pensar, y de alguna manera u otra debo pagarle a tu tribu el gran favor que hicieron por mí. Además me hará bien estar por aquí mientras aclaro mi mente, pues justo en este momento no estoy seguro de que debo hacer o que debo dejar ir.




    Kodash en la corte del sol mirando los problemas amorosos marielficos.

  4. #4
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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    WOTAN, HIJO DE ROTAN, EL ULTIMO DE LOS PROTOPIEL





    Wotan abrió la puerta de su choza, la brisa le hizo cerrar los ojos y disfrutar del frescor que movía su melena trenzada. Abrió los ojos y lo vio, un glorioso amanecer acentuado por el brillo de la nieve en las montañas, el rocío escarchado cubría las rocas del camino y las fachadas de los edificios, al parecer esa noche no había nevado, los extranjeros no lo apreciarían por supuesto, pero los nativos de Northrend notaban el paso de las estaciones aun en su helado hogar.

    Con paso lento observando el brillante sol matinal se encamino al río que corría suavemente desde las montañas hasta el mar, pasando junto a su poblado. Con sus manos curtidas de empuñar las armas y el agresivo clima tomo la helada agua del río para mas tarde llevársela a la cara, mojando su enmarañada barba.

    El agua fría aclaraba su mente y formaba escarcha en su rostro, recordó los viejos tiempos, cuando era niño y su padre le contaba las historias de las grandes batallas libradas por sus antepasados, sobre los enormes seres arácnidos conocidos como Nerubianos, que tiempo atrás dominaron el continente. Pero los Vrykul siempre habían sido un pueblo orgulloso, a pesar de dividirse en clanes y las constantes guerras entre ellos, habían resistido contra los intentos de la raza arácnida por destruirlos.

    De regreso en su choza, pulió a conciencia su malla de escamas de protodraco. El orgullo de todo jinete Vrykul era relucir tanto como su montura en batalla, y por supuesto dejar claro su elevado rango al resto del clan, así como a sus enemigos. Con protocolo y parsimonia se coloco su armadura; primero la camisa de lino, la armadura acolchada de cuero ceñida con cinchas mas bastas y aceitadas sobre ella, sobre todo esto la malla de escamas, botas, pantalón de cuero y un fuerte cinturón tachonado terminaban el equipo de un jinete de protodraco curtido y bien preparado.

    Con paso firme y orgulloso con la cabeza alta se dirigió a la herrería, como cada día, esa noche había dejado sus armas al herrero para asegurar que estuviesen afiladas y equilibradas por la mañana, llegado allí busco al herrero.

    - Wotan: Salud herrero, ¿Están listas mis armas?

    - Herrero: Salud jinete, si que lo están, ahí las tienes junto a la puerta como cada mañana.

    Con un asentimiento Wotan se dirigió al soporte donde estaban sus armas, una a una comprobando el fino trabajo realizado por el herrero fue tomándolas, el largo carcaj de cuero lleno de arpones muy afilados, el hacha barbada de hoja ancha pero muy ligera, su pesado y robusto arco y por ultimo su chaira, ocuparon sus respectivos lugares en el equipo de Wotan. Tras esto se ciñó el yelmo de cuero que llevaba hasta ese momento en el cinto, preparado para cubrir sus ojos en los veloces vuelos. Solo quedaba una cosa por hacer, ir a por su montura.


    Tomo el camino que llevaba hasta el largo sendero de tierra que se alejaba del núcleo del poblado hasta el corral de protodracos, en apenas media hora debía estar patrullando los cielos alrededor del poblado, así como las fronteras.

    Pero algo capto su atención antes de siquiera pisar el camino, una magnificente Valkyr con su cegador brillo blanquecino bajo de los cielos en pleno centro de la plaza, escoltada por dos valkyrs menores de color negro azabache.

    Todos los Vrykul se inclinaron ante la enviada del dios de la muerte, los de menor rango de rodillas, oficiales y jinetes inclinando la cabeza como muestra de respeto. La hechicera del clan se adelanto:

    - Hechicera: Dinos, oh enviada de nuestro dios a que se debe el honor de vuestra llegada.

    A no tardar la Valkyr con una sonrisa de superioridad hablo con una voz que llegaba al mismo alma:

    - Valkyr: Mi señor me ha enviado por un nuevo elegido, ha llegado a el la noticia de que contáis con un líder poderoso.

    La hechicera dudo antes de contestar a la enviada y con cierto temor en sus palabras se decidió a hablar:

    - Hechicera: Así es mi señora, mas habéis de recordar que no hace ni dos lunas que su padre, el anterior líder fue llamado a la presencia de nuestro señor, y su hijo ocupo su lugar. No es conveniente llevarse tan pronto a nuestro nuevo líder, ya que aun siquiera deja un descendiente.


    La valkyr frunció el rostro provocando que prácticamente todo el pueblo se removiese con temor, sin dudar ni dar oportunidad alzo una mano y un haz blanco atravesó a la desgraciada hechicera, matándola al instante.


    - Valkyr:
    ¡La voluntad del Rey Exánime es ley!, ahora que Raal hijo de Braal se acerque.

    El nuevo líder, un joven que ninguno pensaba estuviese preparado para ocupar el lugar de su padre se adelanto con paso orgulloso, no debía mostrar temor ante su clan, si alguna vez hacia eso perdería el beneplácito de los dioses y se ganaría el desprecio del clan. Alzo un brazo musculoso y firme que la valkyr tomo a la altura del antebrazo.

    - Valkyr: Recibe pues la bendición del Rey Exánime Raal, y únete a sus fuerzas en corona de hielo.

    Con un rugido mezcla de dolor, rabia y orgullo las enviadas y su nuevo elegido desaparecieron, dejando al clan de nuevo sin líder y esta vez sin un heredero, ni tampoco una hechicera que controlase a la masa enfervorecida con ansias de liderato.

    Wotan sabia lo que debía hacer, salio rápido de la plaza central, donde ya habían comenzado las peleas y puso rumbo al corral de protodracos, a buen seguro si era el primer jinete en subir al suyo ganaría el liderazgo del clan. Su protodraco hembra era la mas grande de su camada, una verdadera criatura colosal, y su reciente nidada la hacia aun mas agresiva y protectora que antes, sin duda se impondría.

    Un peculiar olor llego a Wotan antes de siquiera poder ver los corrales, un olor penetrante y hediondo como el de mil cadáveres en descomposición, pero familiar a fin de cuentas. Aminoro el paso y salio del camino para acercarse con precaución al origen del hedor, lo que allí vio lo dejo sin habla.

    El corral, donde las nidadas de los protodracos maduraban, estaba inundado de una flema pastosa y anaranjada que parecía ser la fuente del repugnante olor, los cadáveres de los protodracos se apilaban junto al corral, donde habían dado sus vidas protegiendo a su prole.



    En las sombras de los arboles donde se ocultaba llego a captar la conversación de los pequeños humanos vestidos con túnicas que parecían los artífices de la masacre.

    - Nigromante: No es para nada un desperdicio, muchos de esos huevos nacerán como protodracos fieles a la plaga y ya sabes que los adultos son inmunes a nuestras artes, vivos nos son inútiles.

    - Acolito: Pero señor, sus amos no estarán deacuerdo con esto, aquí consideran a sus monturas uno mas de su familia, no permitirán que se las corrompa y mate como en valkyrion.

    El Nigromante puso una mueca similar a una que Wotan ya había visto antes...en la valkyr.

    - Nigromante: Esos peleles son un clan menor, nadie los echara de menos, tenemos ordenes de exterminarlos y levantaros como Vragul...sus “lideres” ya deben ser Caballeros de la muerte a estas horas, y necesitaran tropas. Y ahora ¡vuelve al trabajo!

    Con una inclinación de cabeza el acolito se alejo de vuelta a las charcas de añublo mientras el nigromante controlaba la zona desde un montículo.



    Una horrible idea cruzo la mente de Wotan, aunque su protodraco debido a su tamaño no estaba en el corral junto al resto tampoco podía anidar en las cumbres, ¡debía ir por ella! Con esta idea en mente corrió campo a través en linea recta en dirección a la cueva que hacia las veces de cubil a su montura.

    Al llegar los signos de batalla se hicieron evidentes, montañas de hueso y carne otrora necrofagos o esqueletos yacían desparramados a la entrada del cubil, restos cubiertos de túnicas indicaban la presencia de acólitos e inquieto Wotan tomo uno de sus arpones y se adentro al cubil. La escena que se le descubrió era inquietante, un nigromante como el que había visto antes pero de un rango menor por sus ropas menos ostentosas se alzaba firme y rodeado de oscuridad ante su protodraco que se agolpaba contra el fondo de la gruta cubriendo algo.

    - Nigromante: ¡Sucia bestia! ¡¿Creías que ibas a acabar conmigo igual que con los inútiles de mis esbirros?!



    Con unas palabras corruptas, el rostro marcado de venas, tenso y con gestos espasmódicos, el nigromante lanzó una descarga de energía oscura que empezó a hacer mella en el protodraco, el animal lanzo un rugido de dolor y desafío, entonces Wotan vio su oportunidad, era ahora o nunca con un grito de guerra cargo contra el nigromante mientras aun le daba la espalda:

    - Wotan: ¡Por el gran draco! ¡Muere sucio traidor!

    - Nigromante: ¿Pero qu...? ¡Arghh!

    Sorprendido por el repentino ataque el nigromante quedo empalado desde la espalda por el arpón de Wotan, sin siquiera tiempo a responder solo puedo ver como el arpón surgía de su pecho con una fuerza que lanzo un chorro de sangre a presión pintando de escarlata las rocas de la pared cercana y matándolo al instante.

    Rápidamente sin parase siquiera a despegar al nigromante de su arpón Wotan se acerco a su protodraco acariciándole el morro.

    - Wotan: Vyrgardi...¿que te ha hecho esa escoria?

    El protodraco estaba cada vez mas débil, emitía un quejido ronco al respirar y en su corazón Wotan sabia que le quedaba poco tiempo. El animal se aparto dejando ver un huevo, a pesar del tamaño descomunal del protodraco su nidada había constado de un único pero enorme huevo, era comprensible el comportamiento del animal al no alejarse...estaba protegiendo a su prole como el resto de protodracos que ahora yacían muertos.

    Vyrgardi miraba fijamente a los ojos de Wotan mientras dejaba a la vista el huevo, el mensaje le quedo claro al instante, Vyrgardi no viviría mucho mas y quería que protegiese a su prole en su lugar, tras asentir dejando claro que lo había entendido Wotan tomo el huevo con sumo cuidado, pese a su tamaño era ligero en sus fuertes brazos. En ese momento Vyrgardi rugió una ultima vez retando al viento y cayo para no levantarse mas.


    Wotan arrastro el cadáver del nigromante hasta la entrada al cubil, allí haciendo palanca en las rocas derrumbo la entrada para que este sirviese de túmulo a su leal montura, pero no se fue sin antes dejar una advertencia, empalando al nigromante de abajo a arriba esta vez lo ensarto frente al cubil como advertencia. En ese momento un ruido lejano capto su atención, espadas y sonido de lucha, era inconfundible. Atando el huevo al arnés de su espalda, firme pero sin apretar demasiado, se acerco al poblado evitando los caminos y desde una zona elevada pudo observar lo que ya se temía.


    Oleada tras oleada de muertos vivientes irrumpían en el pueblo como el mar entre las rocas, los hombres pillados desprevenidos o luchando entre ellos eran masacrados sin apenas tiempo a defenderse, un pequeño grupo de los mas curtidos arrasaba muertos vivientes a cada golpe, pero mas ocupaban su sitio e iban mermando al grupo uno a uno. Un sonido familiar capto su atención, otros jinetes que aun vivían tocaban sus cuernos para llamar a sus protodracos al batalla, ninguna esperanza había para ellos con sus animales muertos hacia quizá horas.

    A punto de lanzarse a la lucha algo hizo detenerse a Wotan, la promesa, el juramento, la deuda de honor con Vyrgardi por la cual cuidaría de su prole...no, Wotan no podía lanzarse a una muerte segura en pos del honor, ya que su honor ahora estaba ligado al destino de la prole de Vyrgardi, con un rugido de rabia y consternación que nadie oyó con la refriega se dio la vuelta alejándose del hogar de sus antepasados, al que nunca volvería.

    Varios kilómetros mas lejos entrada ya la noche...

    Wotan jadeaba agotado, había dado todo para alejarse lo suficiente como para evitar posibles batidas de exploradores y siempre rumbo al sur, a la gran fortaleza Vrykul de Utgarde. Allí pediría audiencia con el Rey Ymiron hace poco despertado de su letargo, el Rey de los Vrykul comprendería a Wotan y de seguro tomaría medidas sobre ese supuesto dios que ahora traicionaba a sus fieles.

    Encendió un fuego y apoyando la espalda en un tronco con el huevo en su regazo y un arpón en su mano se durmió.

    El canto de las aves despertó a Wotan de su ligero sueño, aunque aun dolorido de la acelerada fuga estaba preparado para continuar el viaje y el huevo permanecía entero y aparentemente sano. Tomando sus pocas pertenencias y desayunando unas pocas bayas que crecían en la zona siguió rumbo al sur, pese a la heladez natural del continente se apreciaba lentamente el aumento de temperatura respecto a las zonas mas elevadas donde vivía su clan y esto provocaba que Wotan sudase aun mas mientras caminaba.

    Dio el ultimo trago a su petaca, solía llevarla llena de un fuerte licor para entrar en calor durante los vuelos, pero en esa zona le ardía como una hoguera en el estomago. Con sed creciente siguió el verdor de la maleza rastrera hasta un arroyo que fluía cercano.



    El agua provenía del deshielo de las montañas y estaba helada, pero a Wotan le sabia como la mejor de las hidromieles. Bebió hasta saciarse y lleno la petaca de la helada agua, seguir el río era una opción, pero la corriente indicaba que acabaría en una cascada en apenas un kilómetro y bajar por una cascada cargando un huevo no era algo que Wotan estuviese dispuesto a probar.

    Con esa idea en mente se alejo al suroeste donde encontró lo que ya temía, el río corría tumultuoso en el fondo de un barranco escarpado.


    En ese momento se detuvo y aprovecho la poca cuerda que llevaba siempre encima para llevar sus cosas como una sujeción adicional para el huevo. Saco la chaira y clavando esta a la vez que buscaba apoyo fue avanzando por el desfiladero, hasta una zona lo bastante estrecha como para pasar al otro lado.

    Sudando con el esfuerzo y apretando los dientes comenzó la escalada casi vertical buscando cualquier apoyo posible que le permitiese llegar arriba lo antes posible. Una deforme rata de las grutas sintiéndose amenazada por la presencia del Vrykul mostró sus afilados colmillos y se dispuso a lanzarse a la cara de Wotan, sin dudarlo un segundo el Vrykul se colgó de un brazo y apuñalo a la rata con su chaira junto antes de que saltase.

    Manchado de sangre, agotado y colgando de un brazo en un barranco sobre un río turbulento lleno de rocas cargando un huevo enorme, oh si ese estaba siendo un día muy entretenido para Wotan.

    La idea le arranco carcajadas y con su atronadora voz resonando en todo el barranco Wotan termino de escalar la pared y se dejo caer en el pasto escarchado aun riendo. Algún colmipala cercano emprendió la huida y otros lo miraron recelosos desde la distancia mientras el Vrykul reía y reía.



    Pasado el momento de tensión, Wotan se relajo y valoro el camino, aun quedaban un par de kilómetros para llegar a la fortaleza de Utgarde, de la cual ya se apreciaba parte entre el follaje de los arboles, y si bien sus ropas de cuero eran ligeras la malla de escamas y el yelmo cada vez se le hacían mas insoportables, así que tomo una decisión, usando su chaira como apoyo cavo en una zona seca cercana al acantilado un agujero tan hondo como la dura tierra le permitió y en el se desprendió de su preciada armadura de escamas de Vyrgardi, el peto de cuero, de su yelmo y su hacha barbada, tras eso los cubrió con una gruesa capa de rocas para después grabar a fuego en el árbol cercano un símbolo, el símbolo tribal del dragón usado desde siempre por su clan, una copia del que el mismo llevaba en el hombro.

    Así algún día, si los dioses lo permitían Wotan podría regresar y recuperar el legado de Vyrgardi así como la prueba de su estatus. Apenas un trago de agua después del trabajo, el Vrykul volvió a echarse el huevo a la espalda y siguió su camino rumbo al sureste para compensar el desvió sufrido por el río.


    Al fin los arboles fueron quedando atrás y Wotan pudo observar con claridad la magnificencia de la fortaleza de Utgarde...


    Protodracos conducidos por jinetes armados patrullaban sus altas torres, el humo de las hogueras surgía de sus entrañas y los cánticos, cuernos y tambores resonaban en la lejanía como las voces de los ancestros largo tiempo olvidadas.


    Si...sin duda la fortaleza de Utgarde era una muestra de poder colosal, del poder que la regía desde su mas alta torre...el rey Ymiron...señor supremo de los Vrykul. Y ante el Wotan debía comparecer para demostrar la traición recibida por el clan de los Protopiel a manos del traidor dios de la muerte y sus siervos.

    Con esta idea en mente y dando vueltas a las palabras correctas puso rumbo a la fortaleza, conforme se acercaba vio muchos mas Vrykul dedicados a sus labores y que apenas dirigían una mirada de curiosidad al musculoso y sudoroso cargado con el huevo enorme.



    Ya mientras llegaba detectaba algo que no le gustaba, entre esos protodracos parecían volar otras cosas...y algo le decía que eran enviadas Valkyr lo que daba muy mala espina a Wotan, ya que si tenían al rey Ymiron de su parte, nada había que hacer. Con el objetivo de averiguar esto, Wotan continuo subiendo el camino hacia la torre aunque con mas cautela y sin dejar de vigilar los cielos.

    La puerta ya era visible cuando un guarda le salio al paso.

    -Guarda: ¡Tu, el del huevo!, no me suena tu cara. ¿De donde vienes?


    Decir la verdad en ese momento se le antojaba una estupidez a Wotan y por supuesto no se creería que era de allí, así que improvisó.

    -Wotan: Salud guerrero, estoy de paso por vuestras tierras, venia al mercado a abastecerme antes de continuar.

    -Guarda: Extranjero, erras el camino, el mercado se haya al pie de la montaña, al otro lado de la torre.

    -Wotan: Que despiste el mio, gracias guerrero. Mas ya que hablamos, ¿que noticias hay de nuestro dios?, hace dos lunas que no se nada de lo que ocurre.

    Al parecer agradecido de romper la monotonía de su puesto el guarda habló tranquilo aunque sin perder su tono seco y autoritario.

    -Guarda: Has de saber pues, que gracias a el todos nuestros ancestros se alzan en armas contra los extranjeros que dicen venir a destruir a nuestro dios, ademas una tribu rebelde de las montañas ha caído ante el poder del dios y ahora lucha en la muerte a su lado.

    Wotan apretaba los puños con fuerza conteniendo la rabia, si el guarda sospechaba aunque solo fuese un segundo o reconocía su tatuaje se habría terminado todo.

    -Wotan: Ah, es bueno saberlo. Salud guerrero y que los dioses te sean propicios.

    -Guarda: Salud extranjero, que los dioses guíen tus pasos.

    Wotan espero a estar fuera de la vista y de una rápida carrera se interno en los arboles, si el rey Ymiron aun era fiel al traidor dios de la muerte, la única esperanza de que los Vrykul se liberasen de su influencia se esfumaba con el.

    Entonces Wotan recordó las palabras del guarda: “los extranjeros que dicen venir a destruir a nuestro dios”, ¡ahí estaba la solución! Sin pararse desvió su camino aun mas al sur, rodeando Utgarde manteniéndose fuera de la vista de las patrullas aéreas. Según había visto en alguna de sus patrullas aéreas mas largas, los extranjeros tenían un pequeño asentamiento en una cala entre las rocas, al otro lado de Utgarde.

    Tras rodear ampliamente la fortaleza ya anochecía, Wotan acampo y comenzó a planear el acercamiento en un trozo de tierra limpia con una rama. Mirando al huevo situado enfrente suya al otro lado de la hoguera de vez en cuando, el Vrykul comenzó a trazar el plan:

    -Wotan: aquí esta la fortaleza …, un río la separa de la base extranjera y estará vigilado por los Utgardianos...pero aquí...-Wotan señala un surco paralelo a la base extranjera- corre el río que mediante una cascada da vida al que los separa... si lo sigo...-Va marcando el surco a través del río- llego a esta zona desde donde un salto me dejara en un desfiladero cercano dejándome vía libre hasta ese asentamiento sin que me vean los Utgardianos.


    Se llevo una mano a la frente sonriendo, tantos años en las alturas debían haber hecho mella en Wotan, ¡estaba hablando con un huevo!, con estos pensamientos se quedo dormido agotado tras el largo día.

    Durante la noche un crujir de hojas le despertó, el fuego estaba apagado procurando no mover el cuerpo llevo lentamente la mano a la empuñadura de su arpón y se levanto de un salto.

    -Wotan: ¡Yiargggh!

    Cuatro Vrykuls de Utgarde surgieron de entre la maleza empuñando hachas con un bramido conjunto.

    -Vrykuls: ¡Arhhh!

    Uno de los Vrykul que Wotan reconoció como el guarda con quien estuvo hablando se adelanto al resto con una mueca de superioridad.

    -Guarda: ¿Así que pensabas que no iba a reconocerte, eh traidor? ¡El Rey Ymiron nos recompensara por traerle al ultimo de tu miserable clan!

    -Wotan: El ultimo Protopiel....¿sabes lo que eso significa, guardia de Utgarde?

    -Guarda: ¿Qué?

    - Wotan: ahora que soy el ultimo de los Protopiel...¡Te enfrentas al líder del clan de los Protopiel!

    - Guarda: Bah...¡A por el!

    - Vrykuls: ¡Yearghh!

    Wotan lanzo al instante el arpón que empuñaba sin dar tiempo a reaccionar, atravesando el cráneo del guarda que le había delatado a través de la boca aun abierta, con un crujido desagradable y un gañido el guarda cayo muerto de espaldas por el impulso, mientras Wotan tomaba otro arpón y se colocaba en posición de combate rugiendo un desafío.

    - Wotan: ¡Vamos miserables, no terminareis fácilmente con Wotan Protopiel!

    Los Vrykul tras un breve momento de duda se lanzaron contra Wotan enarbolando sus hachas, con ágiles movimientos apoyados por su fuerza, Wotan iba deteniendo los golpes como podía pero sin tiempo para atacar pronto se cansaría y ahí terminaría todo. Entonces un ruido a su espalda le hizo girarse un segundo, una lluvia de pequeños virotes le rodeo e impacto a los Vrykuls atacantes, desorientandolos pero sin apenas causar daños y un grupo de humanos ataviados de negro salio a la carga desde la oscuridad pertrechados con cuchillos y espadas, con un giro completo Wotan trazo un arco con su arpón para alejar a los Vrykul y hacer frente a la nueva amenaza, mas sin embargo, los humanos pasaron de el y se lanzaron contra los Vrykul terminando con ellos sufriendo apenas unos cortes y contusiones gracias a su numero.

    Wotan los miraba con una mezcla de sorpresa e ira, los humanos limpiaban sus armas en las ropas de los Vrykul muertos, pero no las soltaban y tampoco descuidaban a Wotan. Aun en posición defensiva aguardaba el momento en que se decidiesen a atacarlo. Y de pronto un humano con una pesada armadura se unió al grupo, uno de los vestidos de negro se le acerco y tras un asentimiento de ambos y un silbido los humanos de negro se retiraron.

    - Lord Irulon Filoveraz: Saludos Vrykul, ¿entiendes mi idioma?

    - Wotan: Por supuesto humano, ¿por quien me tomas?


    - Lord Irulon Filoveraz: mis disculpas, permitidme presentarme, mi nombre es Lord Irulon Filoveraz, de la cruzada argenta, ¿con quien tengo el gusto de hablar?

    - Wotan: Mi nombre, humano, es Wotan hijo de Rotan el ultimo de los Protopiel. ¿Y ahora dime, porque tus hombres no me han atacado, y porque os habéis metido en esta pelea?

    Wotan se movió con precaución hasta situarse ante el huevo, y así confirmo lo que ya sospechaba, un ruido de tensar de cuerdas le revelo que los humanos de negro no se habían ido lejos.

    - Lord Irulon Filoveraz: Verá, estyos hombres patrullaban y la zona no pudieron evitar oír el ruido de los gritos de esos tipos -dijo señalando los Vrykul muertos- y al acercarse se encontraron una escena muy peculiar, si bien al principio pensaron que era una pelea habitual de los vuestros al ver como le atravesaste con el arpón dudaron y fueron en mi busca, a lo que yo tome la decisión de perdonaros la vida.

    - Wotan: ¡¿Perdonarme la vida?!, ¡Créeme humano que si no tuviese razones mayores para vivir ahora mismo te arrancaría la cabeza con mis propias manos!

    - Lord Irulon Filoveraz: ¿Razones mayores?, ¿Podríais contarme a que razones debo mi vida señor Wotan?

    Wotan parecía relajarse ante la idea de que aquel humano le dejase hablar en lugar de acribillarle a virotes desde los arboles, se calmo finalmente, guardando su arpón como gesto de confianza y se agachó para estar a la altura del humano.

    - Wotan: Veamos Irulon... es una larga historia y por muchos hombres que tengas, cuando Utgarde se de cuenta de que faltan esos tipos, mandaran muchos mas, quizá sea mejor hablar en otra parte.

    El paladín humano pareció dudar mirando a las sombras cercanas en las que se ocultaban los humanos vestidos de negro.

    - Lord Irulon Filoveraz: Quizá Wotan quizá....bien, iremos al campamento alianza, no esperes una cálida bienvenida, pero mi condición como embajador de la cruzada argenta debería asegurarnos el paso, vayámonos.

    Wotan cargo el huevo a su espalda y recogió su carcaj, se encamino tras el humano mientras este le hablaba sobre la cruzada argenta y el susurro en las hojas de su alrededor delataba levemente a los humanos de negro.

    Hasta llegado el amanecer ambos conversaron, desatacando las cualidades de cada uno, Wotan declaraba sus aptitudes militares y su conocimiento de todo el continente, mientras el humano recalcaba su odio a los no muertos y el afán de toda su raza por acabar con el traidor dios de la muerte.

    Al final para sorpresa de los vigías, el grupo llego entre risas, un paladín, quizá de los mas puros en la tierra acompañado de un gigante del norte, quizá de los mas brutales seres conocidos, riendo juntos y hablando distendidamente.





    Última edición por Samrestion; 23/07/2011 a las 00:10

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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    Kale'uik, Chamán Colmillarr


    Con la mirada perdida, Kale’uik intentaba prestar atención al rumor del mar, pero esa canción de nanas siempre le llevaba de vuelta con los susurros de Ine’ki, haciendo que las palabras del elemento quedaran distantes y sin significado comparadas con sus amargos recuerdos.

    Uno de los extranjeros surgió del mar, portando un saco de cuero relleno de algas. Con ambas manos, el extraño ofreció la bolsa al colmillarr, y este las tomó saboreando un poco de la oscura planta. Pasó su lengua por el trozo que masticaba, y el sabor, al mismo tiempo dulce y salado, le convenció de qué probablemente se trataba de la legendaria alga Poa Poa, un valioso producto marino que raras veces caía en las manos de Moa’ki, un importante componente para llevar a cabo portentosos rituales de comunión con los espíritus.

    Kale’uik volvió al poblado con el regalo para su gente, encontrando a varios extranjeros haciendo preparativos para sus batallas, forrados en sus trajes de acero. Esos sureños le fascinaban. Pese a las grandes diferencias culturales, se trataba de unas gentes muy honorables, y durante su estancia en Moa’ki habían hecho mucho bien, combatiendo a los enemigos de la aldea y ofreciendo exóticos productos del sur. El colmillarr no podía evitar preguntarse como serían sus poblados, cubiertos de esos brillantes metales, y mercados con miles de peces diferentes, provenientes de todos los confines del océano.

    Al llegar ante la choza de su mentor, encontró con que este se encontraba reunido, y esperó un poco hasta que la visita dejó la casa de Toalu’u. Pensaba que tal visitante sería uno de los forasteros, pero se sorprendió al ver salir a su hermano Mowu’uik de la choza. Éste le saludó con pesar en su rostro, y marchó evitando mirarle los ojos. Preocupado por sus sobrinos, pasó nerviosamente a través de la cortina de cuero para entregarle el regalo que habían traído los extranjeros.

    - Saludos, venerable Toalu’u. – dijo a su mentor - Os traigo un regalo por parte de los extranjeros para Moa’ki, una valiosa alga Poa Poa. – se detuvo unos segundos ordenando la pregunta en su cabeza - Maestro… ¿Ha ocurrido algo a mis queridos Ine’uik y Koku’uik?

    La choza Moa’ki se alumbraba con una pequeña llama en su centro. Kale’uik observaba en pie a su anciano mentor a través de ésta, mientras Toalu’u lo escrutaba a través de sus frondosas cejas.

    - Saludos, mi estimado Kale’uik. No debéis preocuparos por vuestros sobrinos, ellos continúan fuertes gracias a Tayutka. – el viejo chamán se recostó en su asiento – Deja el alga a un lado. -le hizo un gesto quitándole importancia- Hay rumores de los que me agradaría hablar contigo. Los aldeanos murmullan que ya no pescas con el mismo ímpetu de antes, y son solo peces pequeños los que muerden tus anzuelos. Ese es el motivo por el cuál tu hermano Mowu’uik ha venido a visitarme. Se encuentra muy preocupado por ti.

    - Venerable… - dijo frotándose su gruesa mejilla, avergonzado – No puedo negar la veracidad de tales rumores, pues es cierto que mi pesca es motivo de escarnio. – se mantuvo unos segundos en silencio, esperando que el sabio prosiguiera, pero este le instó a expresar lo que le inquietaba con un gesto en su mirada - Me consideraba un buen colmillarr, y creí que podría honraros cuando me acogisteis como aprendiz, pero no hago más que preguntarme en que he ofendido a los dioses. – Hizo otra breve pausa antes de que Toalu’u insistiera en que le contara su historia – Hubo una vez en que fui dichoso con mi amada Ine’ki, pero Tayutka nos dio de lado, y no nos brindó ningún hijo…

    Kale’uik había pasado diez veranos en compañía de Ine’ki. Habrían sido una pareja ejemplar, pues se amaron cada día como si fuera el primero. Compartían largas horas en la costa, donde Ine’ki aplaudía con emoción a cada captura de su pareja. Cuando consideraban que la pesca había sido lo bastante afortunada, se dormían entre caricias, abrazados el uno al otro.

    Pero, en esos diez veranos, Ine’ki no fue capaz de concebir pese a todos los intentos.

    - Ine’ki no es buena para ti, Kale’uik. – le advertía constantemente Mowu’uik, indignado y preocupado – La familia y la pesca son lo más importante para los Moa’ki, y pese a tus buenas pescas Tayutka no quiere que tengáis descendencia juntos. Deberías hablar con el anciano Ko’nami, para que tenga en cuenta tu bondad y te permita elegir una distinta pareja, o puede que algún día los dioses los dioses se ofendan aún más y quedéis también incapaces de pescar.

    Mowu’uik tenía razón en parte y, aunque lo duras de sus palabras, cuanto deseaba era el bien de su hermano.

    - Si crees eso, mañana pescaré mucho más, hasta que Tayutka quede contenta y nos bendiga con nuestro primer retoño de muchos más. – era siempre la respuesta de Kale’uik.

    Pero, aunque cumpliera con su palabra, pese a los muchos cubos de pescado que llevaba a la aldea, Tayutka parecía hacer oídos sordos a las suplicas de la pareja, puesto que Ine’ki jamás llegó a quedar en cinta. Con todo, Kale’uik no desistía en amar a la mujer de su vida, y jamás le consultó la petición de su hermano al jefe Ko’nami.

    Mientras Kale’uik recordaba todo eso, se había prolongado un silencio en la choza del venerable espiritualista Toalu’u. El anciano se había encendido una pipa mientras su discípulo divagaba entre los espíritus de su recuerdo. El objeto era de manufactura enánica, uno de los regalos de los extranjeros. Sus bigotes se agitaban de un lado a otro cada vez que llevaba la boquilla a sus labios para tomar una calada, y un humo aromático surgía de sus fosas nasales después de saborearlo. Kale’uik supo que debía continuar con su lamentable historia.

    - Tayutka no nos regaló ningún hijo en diez veranos a pesar de lo unidos que estábamos y las muchas capturas que le ofrecimos, y Karkut se antojó en llevársela antes de tiempo…

    Había sido en uno de aquellos interminables días de pesca. Amenazaba una terrible tormenta, pero Kale’uik no quiso recoger la caña. Había llenado siete cubos de ricos peces de gran tamaño, pero imaginaba que eso no sería suficiente para honrar a Tayutka, quien parecía especialmente exigente con él. Ine’ki le insistió varias veces en volver a la aldea, pero él permaneció terco. Fue en esa noche en la que discutieron por primera vez.

    - Debemos honrar a Tayutka tanto como haga falta o jamás nos brindará ningún hijo. -Kale’uik refunfuñaba agitando sus bigotes sin mirar a su esposa, que lloraba de modo silencioso. - ¿Es que no quieres descendencia? La familia y la pesca son lo más importante para los Moa’ki. – dijo empleando las mismas palabras y tono que constantemente usaba su hermano con él. – Si no quieres concebir pero si deshonrar a los dioses por miedo a una simple tormenta, es que eres una mala esposa, y jamás debería haberme unido a ti.

    Ine’ki no pudo responder ante esas palabras, y marchó avergonzada, sintiéndose culpable de no poder procrear con aquél a quien tanto amaba. Sollozó en la oscuridad, siguiendo el camino a Moa’ki, sin saber lo que acechaba en la noche de ese sendero.

    La Plaga tenía todo el Cementerio de Dragones ocupado, desenterrando los huesos sagrados del lugar para emplearlos en crear titánicas aberraciones. No parecían interesados en las costas, y los colmillarr no solían adentrarse al interior de la región. Aún así, en ocasiones pequeños grupos de muertos vivientes erraban por los alrededores de Moa’ki, atacando a cualquier ser vivo que hallaran en su paso.

    Ine’ki tuvo la mala suerte de encontrarse uno de ellos por el camino, y el no muerto se abalanzó sobre ella, haciendo callar su llanto nocturno.

    Kale’uik, inconsciente de la suerte de su mujer, la maldecía entre colmillos mientras iba echando peces al cubo. Pasaron un par de horas cuando su enfado se convirtió en un arrepentimiento por cuanto había dicho a su esposa. La amenaza de tormenta había resultado no ser más que una falsa alarma, pero decidió dejar la pesca y volver a Moa’ki, a pedir disculpas a su amada, pensando que podrían reconciliarse y olvidar aquella noche.

    No supo cuán equivocado estaba hasta que, por el camino, encontró el cadáver de su amada Ine’ki. La abrazó e intentó levantarla, rogando a Karkut que no se la llevara, pero era muy tarde. Su cuerpo ya había perdido su calor. Acercó su morro al de ella y la empapó en sus lágrimas. Esa noche el cruel Karkut debió sonreír satisfecho, pues el lamento del que dejaba solo resonó en los huesos de todo el Cementerio de Dragones.

    A Kale’uik le parecía estar reviviendo esos terribles momentos a través del fuego de la choza del místico. Toalu’u había dejado su pipa hacía tiempo, y miró con tristeza paternal a su discípulo hasta que este pareció salir de su trance. Sin mediar palabra indicó a Kale’uik que le alcanzara la alga Poa Poa, y sin dejar de mirarlo comenzó a machacarla en un cuenco de madera. Levantando una ceja hizo saber que estaba atento al continuar con su historia.

    - Tayutka no nos concedió su don, y Karkut se llevó a mi amada. Cuánto me quedaba era acudir a Issildruk, para que me permitiera compensar la pérdida mediante sangre. Mowu’uik me dio el mejor de sus arpones para llevar a cabo la retribución, pero Issildruk debió ofenderse por mi torpeza en sus dominios, y no pude saldar la deuda. Ni siquiera Karkut se apiadó de mí llevándome junto a mi amada…

    Había sido durante la ceremonia de despedida de Ine’ki, mientras el bote funerario se alejaba hacía los confines del océano, cuando los hermanos se abrazaron con gran pesar. Mowu’uik le entregó su arma predilecta para que llevara a cabo la venganza.

    Pero Kale’uik nunca fue un guerrero como su hermano. Él era un pescador de caña y red, no un ballenero de arpón. Se adentró hacía los paramos del norte hasta qué, cerca de los restos expuestos de un dragón, tuvo un encuentro con tres muertos vivientes. Se lanzó sobre ellos intentando clavarlos en la afilada arma, pero no logró un solo impacto, y los muertos lo dejaron inconsciente con rapidez.

    Karkut se lo habría llevado de no haber sido por Mowu’uik, quien había estado siguiéndole con cautela desde que partió de Moa’ki. El guerrero defendió a su hermano caído hasta reducir a los no muertos, y lo llevó entristecido de vuelta a la aldea.

    Estuvo dos días febril e inconsciente, durante los cuales su hermano veló por él. Toalu’u trató sus feas heridas infectadas mediante rituales de honra a Tayutka.

    - No ha sido fácil evitar que Kurkat te reclamara. – le dijo Toalu’u al tiempo que ponía su mano sobre su pecho para evitarle el esfuerzo de levantarse – Mowu’uik te trajo aquí malherido, y solo mediante un trato con los espíritus es como he logrado mantenerte con vida. Ellos desean que tu corazón se apacigüe, y me han prestado su ayuda a curarte con la condición de qué te instruya como místico, para que puedas ver como son realmente y honrarlos.

    Recordando estas palabras, apartó sus ojos del fuego para posarlos sobre el anciano, que había volcado las algas machacadas sobre una piedra plana y las mezclaba ceremoniosamente con grasa de ballena y un polvo de color naranja.

    - Fue entonces, hace dos veranos, cuando me tomasteis como discípulo. He aprendido mucho de su sabiduría durante este tiempo, pero siento que los espíritus no están contentos conmigo. Mis avances son mucho más lentos que los de otros aprendices más jóvenes. – Kale’uik daba su explicación por terminada, pero las cejas arqueadas del anciano le hicieron ver que era consciente de que había algo más, y, vacilante, terminó con su historia – Y… en ese tiempo… mi querido hermano encontró a su esposa, y tuvieron dos hijos sanos y fuertes. Koku’uik su primogénito, quien seguro heredará la habilidad de su padre, e Ine’uik, la radiante pequeña a quien bautizó para honrar a quien fue mi único amor. Siempre soy bien recibido en su choza, y adoro la compañía de mis queridos sobrinos, pero ellos son la familia de Mowu’uik, no la de Kale’uik.

    - Eso no es cierto. – intervino al fin Toalu’u, que había terminado con la pasta que estaba preparando – Ellos son la familia de Moa’ki, por qué si miras con los verdaderos ojos, todo Moa’ki es una única y gran familia.

    Kale’uik asintió ante las sabias palabras del anciano, sintiendo vergüenza por haber puesto en duda la unión de todo Moa’ki con las suyas.

    - Han pasado dos veranos hasta que he podido escuchar tu historia, que tan recelosamente guardabas, salir de tus propios labios. – el venerable hizo un montoncito con la pasta, y la guardó cuidadosamente en una bolsa hecha con cuero – Crees que los dioses se han ensañado en ti, cuando es por ellos que te tomé como discípulo. Culpas a Tayutka por no haberte dado hijos, pero no le agradeces la felicidad que te concedió junto a Ine’ki. Te enfureces con Karkut por haberse llevado pronto a tu esposa, cuando sabes que él viene en busca de todos tarde o temprano, e incluso te permitió marchar cuando pudo llevarte con él. Por último, arremetes contra Issildruk por no haberte dado la habilidad necesaria para pagar la deuda de sangre por tu propia mano, pero olvidas a los amistosos extranjeros que han venido a nuestras tierras en esta desafortunada época. Aquellos cuya fuerza, a diferencia de la de Moa’ki, puede enfrentarse al mal que se cierne sobre nosotros.

    El mentor lavó sus manos en un cubo de agua que reposaba junto a él. Tras ello agitó sus brazos haciendo que toda su oronda forma vibrara, salpicando algunas gotas que chisporrotearon contra el fuego.

    - No son los espíritus los reticentes a hablar contigo. – prosiguió cuando la llama se calmó, y tomó un cordel con el que comenzó a anudar la bolsa. - No son los dioses los que te castigan. Eres tú quién les da de lado, y eres tú quien se castiga a sí mismo. Tú eres quien cierra su corazón a sus palabras. Y también eres tú mismo quien debe ver todo ello, pues mientras tanto, poco hay que yo pueda enseñarte.

    Al atar el tercer nudo de la bolsa, la sostuvo entre sus manos comprobando su peso antes de continuar.

    - Los espíritus me han mostrado que en tu camino no está trazado el permanecer en Moa’ki en estos momentos. Aún debes aprender mucho antes de tomar un puesto como místico. Los dioses nos enviaron a los extranjeros en estos momentos de necesidad. He escuchado sus palabras acompañar a las tuyas, y coinciden en que debes efectuar un peregrinaje para purgar tus malos pensamientos. Viajarás al sur, a la ancestral Kalimdor y los desiguales Reinos del Este. Allí aprenderás de la vida y costumbres de los sureños.

    Haciendo un esfuerzo en el que soltó un bufido, se levantó pesadamente, y se acercó a él para tenderle la bolsa con el componente que había fabricado.

    - Empleando este ungüento ritual, conectarás con los elementos de aquellas tierras, y te pondrás a su servicio, enfrentándote a cuáles pruebas te impongan. Sólo cuando tú mismo te sientas preparado para continuar siguiendo mis enseñanzas podrás volver a Moa’ki.

    Toalu’u tomó la mano de Kale’uik por el dorso y puso la bolsa en su palma, mientras este observaba paralizado con los párpados abiertos en su totalidad.

    - No soy digno de la misión que me confiáis, venerable – dijo consciente de la rareza y valor de las algas Poa Poa que el místico había empleado en la fabricación de la pasta – Deberíais enviar a un aprendiz más hábil para tratar con los extranjeros. – el anciano le dio la espalda y se encaminó de nuevo a su asiento – Mi torpeza dará mal nombre de nuestro pueblo de cara a los sureños.

    - Tonterías. – el mentor sentenció mientras caía pesadamente en los cojines de cuero – Eres un buen colmillarr, es tan solo que necesitas este peregrinaje. Los elementos me dicen qué, aunque tendrás un duro camino, serás capaz de volver a esta tierra con la lección aprendida. Prepara tus cosas y marcha, y jamás olvides que tu también formas parte de la familia Moa’ki. Te añoraremos por este tiempo, y prepararemos un banquete con la mayor de las ballenas a tu retorno.




    21:14:16 [Kohe]: That's Orgrimmar Bitches.
    Por Gaheris en el chat de grupo, el 22/7/2011

  6. #6
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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    Inga Nordknyttneve.

    Puño del Norte.





    ****************************

    Sobre los fiordos, cerca de la fortaleza de Utgarde.
    -Os amo, Inga.
    Esas tres palabras y la mujer parpadeó, perpleja.
    Aflojó su presa. Sus puños aun apretados, agarraban con fuerza su maza de dos manos, pero ya no mantenían el mango contra el cuello de Alb. Descendieron despacio. Demasiado sorprendida con tal revelación, solo podía observar el rostro del hombre.
    Ancha mandíbula, frente despejada, fuerte mentón bajo la barba rubia. Y unos ojos aguamarina, que sonreían mas que su propia boca, grande y franca.
    -Os amo.
    Inga levantó una ceja, ladeó la cabeza y bajó completamente la guardia.
    Alb dio entonces un paso adelante, su pierna derecha entre las de la mujer. Su rodilla golpeó de costado y de forma descendente en la derecha de ella, al mismo tiempo que agarró el mango de la maza, girándolo, obligando a la mujer a apoyar todo su peso en la pierna que él le había obligado a flexionar. Las enormes manos del Vrykul no tuvieron ningún problema en inclinar la maza algo mas hacia delante, cuando sus dedos rozaron las muñecas de Inga, como si su solo contacto hubiera puesto nerviosa a la mujer. Su cuerpo ayudó, empujándola. Y ella acabó cayendo boca arriba al suelo.
    Esta vez era el hombre el que la tenía sometida, con el mango del hacha sobre el cuello, sin apretar, pero inmovilizándola. Hacía solo escasos minutos que él se había encontrado desarmado, con la espalda contra el muro de madera de una cabaña. Eso fue justo antes de decir aquellas palabras.
    Inga apretó los dientes en el suelo, cabreada, mas consigo misma que con el hombre.
    -Oh, que treta más sucia... retorcido y traicionero como un jormungar...
    -Pero útil. Os derroté. Y tampoco es una mentira. Yo...
    Ella le miró fijamente, los ojos de Inga se mostraron dulces. Bajó las pestañas, en un gesto casi coqueto, ocultando el verdadero fuego y la rabia que arañaba tras ellos. Consiguió modular su voz, dándole un tono suave y meloso.
    -¿Si, Alb... hijo de Gerebold?
    -Yo... os amo de verdad.

    Rothenb Nordknyttneve, unos metros mas allá, escuchaba las palabras. Y lanzó una patada al esclavo que le escanciaba hidromiel, mandando tinaja y hombre por los suelos. Se levantó y miró al grupo de jóvenes, que aprovechando las pocas luces de unos días cada vez mas cortos practicaban con sus armas, junto a su hija, Inga.
    Su esposa, callada como siempre, solo tocó a su esposo en el codo. Sin palabras, no las necesita, le dijo que le dejara hacer a la joven.

    -¿Me amáis? ¿Es eso cierto? ¿Qué haríais por mí?
    -Por vos... Inga. Pararía el movimiento de las luces del cielo y las ataría para vos en... UNG.
    Alb no pudo seguir su discurso, pues Inga levantó su rodilla con fuerza golpeándole en la entrepierna. El hombre arqueó su cuerpo hacia delante, agarrándose la parte dolorida y ella salió sin problemas de debajo de su cuerpo. Otra patada en las costillas y el joven cayó rodando por la ladera, mientras ella le increpaba desde arriba levantando su maza.
    -¡¡Pues empezar a trenzar la cuerda que las ate!! ¡¡Y cuando las tengáis todas atrapadas traérmelas en una caja!! ¡¡Será una buena dote!!
    El padre se sentó de nuevo, orgulloso y tranquilo, mientras los jóvenes reían a carcajadas. La mayoría bajaron la colina a ayudar a Alb, dejando a Inga sola arriba, aun amenazadora. Aun acariciando la pulida superficie de la maza.
    La última en abandonar su lado fue Racha, su prima, que le dedicó una mirada de desdén.
    -Si yo fuera tú... Me habría dejado ganar por él. Deberías mostrarte más femenina. A los hombres no les gusta que las mujeres sean tan...
    -Cierra la boca y vete a encerrarte con tu madre en la cocina. Haz platos para él hasta que reviente, si es lo que quieres. Quédatelo, para ti. Te lo regalo.

    Desde abajo, ya mas recuperado y en pie, Alb miró hacia arriba y sonrió, mientras uno de sus amigos palmeaba su espalda. La Vrykul seguía practicando movimientos con su maza, ajena a sus miradas. Brutal, directa y sincera como un puñetazo a la mandíbula. El joven acarició su mentón, cubierto de barba, donde un golpe de ella aun le martilleaba. Lo acariciaba como el que recorre sus labios con los dedos tras un beso, como queriéndolo recordar.

    ****************************

    Inga había sido enviada a su cuarto, en el piso superior. Sabía perfectamente porque estaba allí. Iban a hablar de ella. Su curiosidad fue rápidamente satisfecha por las altas voces de su padre y los invitados. No oía a su madre. Pero eso no le extrañaba. No recordaba haberla oído hablar mas que en dos ocasiones y fue para darle la razón a su marido. Como una sombra de su esposo... Ella jamás sería así. Aunque la verdad... es que siempre había obedecido a su padre.
    -No está bien escuchar las conversaciones ajenas.
    Dijo una esclava mientras terminaba un elaborado peinado con trenzas. Las sujetó con horquillas a la cabeza, formando algo parecido a una corona. Inga se miró en el espejo de bronce bruñido, que le mostraba una imagen algo distorsionada de sí misma. Poco amiga de estos, no le gustaba el reflejo que como una hermana dorada y burlona repetía sus gestos y movimientos.
    No eran sus rasgos, bajo su cabello castaño claro los de una niña, ni los de la feminidad más absoluta. Ya pasada la veintena, sus rasgos, más andróginos, huían de cualquier cosmético o maquillaje, salvo la pintura de ojos. Una vez, mucho más joven, se pintó tanto los ojos que una esclava le dijo que parecían mas pinturas de guerra que el maquillaje para atraer a un hombre. Y eso le encantó.
    -Tengo oídos y los utilizo. Y quítame esto. Parezco mi madre.
    Inga no esperó a que la criada empezara a quitar las horquillas, ya que esta se quedó paralizada sin saber que hacer. Así que la Vrykul se soltó ella misma las trenzas del recogido, quedando éstas libres sobre sus hombros y cayendo por su espalda. La Inga dorada parecía sonreír, aunque no podía saber si era por burla o aprobación.
    Se levantó y desoyendo las protestas de la esclava fue directamente a la parte de arriba de las escaleras. Desde allí oirá mejor y ellos apenas podían verla por la penumbra.

    -Sabéis que mi hijo sabría tratar con ella y su carácter. No es lo que digamos una mujer fácil.
    La madre de Alb golpeó con un fuerte codazo las costillas de su marido, que acaba de soltar tan afirmación. El joven sentado al otro lado de la habitación se tapaba la cara con una mano aguantando la risa, mientras su progenitor trataba de recuperar el aire. Ante la pausa de su marido, ella continuó la conversación.
    -Mi marido trata de decir mas bien... que mi hijo la comprende y puede hacerla feliz. Sabe lo que ella es y lo que busca. No la apartaría de sus armas para convertirla en una criatura atrapada junto al fuego del hogar. Mi hijo sabe que eso la consumiría.
    Inga se quedó callada en el piso superior. Las palabras de la madre de Alb eran ciertas. Parecía conocerla. Ella sabía que de todos los jóvenes a metros del lago Cauldros, él era de los pocos que la llevaba a montar en su dragón para asetear presas juntos desde los cielos... El resto, creían que la harían feliz con un vestido nuevo, hecho por esclavas.
    -No, lo siento. No voy a entregar la mano de mi hija a tu hijo, Gerebold. Por que ya está destinada a otro hombre más poderoso y que traerá mas gloria sobre mi familia.
    Inga se inclinó sobre la barandilla, sorprendida y consiguió ver mejor a los que se reunían en la sala. Su gesto de asombro se repetía en la cara de la familia de Alb.
    -¿Más poderoso? Nuestra familia tiene mas victorias a nuestras espaldas. Las mejores forjas y más esclavos que...
    -No hablo de quien tiene mas esclavos. ¿Quién no los tiene? Ningún Vrykul que se respete a si mismo se rebajaría a realizar trabajos manuales... No, yo hablo de otro tipo de poder. Ya está escrito y organizado el destino de mi hija y no hay mas que hablar. Ya tiene dueño.
    Alb se levantó. Tenía muy claro que el “No hay mas que hablar” significaba entre su gente “Hasta que le destroces en combate” o “Hasta que traigas mas gloria que él a tu casa”, así que no se amedrentó.
    -Su nombre.
    El padre de Inga le miró sonriente. El joven repitió, mas alto.
    -SU NOMBRE.
    -El Dios de la Guerra.
    Hubo un silencio helado antes de que Rothenb siguiera hablando.
    -Inga se convertirá en una de sus Valkyr, cuando esté lista. Ya está hablado.
    Por primera en toda su vida, la joven vio la cara de Alb llenarse de miedo. Nunca le había visto así. Jamás, por muy peligroso o terrible que se hubiera tornado todo en alguna incursión a alguna aldea vecina... O incluso cuando aquella serpiente de mar estuvo a punto de destrozar la embarcación en la que ambos fueron una vez... Nunca le había visto de esa forma. Los ojos desorbitados, la boca entreabierta. ¿Miedo? Jamás habría soñado con ver esa emoción en los ojos del joven.
    -No... ella no.
    Y entonces comprendió Inga. No temía por él. La muerte no era para Alb mas que un paso. Habría retado a cualquier criatura por ella, aun a sabiendas de que sería destrozado sin posibilidades. Alb temía por ella y eso Inga no lo entendía.
    -¿Ella no? ¿Qué mayor honor hay que ser una de sus siervas? ¿Una de sus más cercanas servidoras? El Dios de la Muerte despertará al Rey Ymiron. Su poder es inmenso. Sus enemigos se arrodillan ante Él y lloran como niñas cuando saben que sus huestes se acercan a sus reinos. Convierte los muertos en sus seguidores... Y ella estará junto a él. A su lado, mientras el gobierna el mundo.
    -¿Que puedes esperar de una familia que se vanagloria de tener raíces en Valkyrion?
    Dijo Gerebold encogiéndose de hombros y dando el tema por zanjado. No hizo así su hijo.
    Alb dio un paso hacia delante, como si desafiara a Rothenb. Pero no dijo ninguna palabra. No hizo falta. Sus ojos enviaron un claro mensaje, antes de abandonar la estancia dando un portazo.
    YA LO VEREMOS.
    ****************************

    Las semanas pasaron, mientras Inga escuchaba paciente las explicaciones de su padre sobre el Señor de los Muertos, sobre su poder. Sobre las Valkyr y su poder. Aleccionándola, convenciéndola. Y entrenándola en combate, como había hecho desde que era una cría.
    Fortaleciéndola aun más.
    Su madre, empezó a hablar con ella. Aunque no fueron palabras de apoyo o la simple presencia maternal que sirve para tranquilizar.
    No, sus palabras solo hablaban de runas, símbolos e imágenes. Colocación y lectura, visiones y trances. Una y otra vez, como un mantra, recordaba a su hija cada nombre y significado, mostrándolo ante ella, dibujándolo en cuero o madera. La magia rúnica que corría como agua por las venas de su madre trataba de abrirse paso a través de sus labios. Ya antes había intentado convertirla o adiestrarla, pero la falta de paciencia de la madre y los gustos de la chica lo habían dejado en meros juegos para Inga. Un ligero aprendizaje, tan sutil que apenas había rozado la superficie.
    Inga prefería el tangible tacto del metal en sus manos, que las palabras que el viento susurra en unas runas que cambian o se trasforman... Y cuyo significado era voluble como el viento, siempre dependiendo de cómo sus hermanos se colocaban junto a ellas.
    Pero ahora que su destino estaba sellado, ella trataba de aprender. Cuanto más pudiera ofrecerle a su nuevo... “esposo”, antes la aceptaría y en mejor consideración la tendría. Ella sabía que no era realmente un matrimonio lo que tenía delante y por un lado, no le importaba mucho. Al fin de al cabo...
    ¿No era el mejor destino que podía esperarle?
    ¿Ser una doncella guerrera?
    Eso es lo que le había repetido su padre una y otra vez.
    Si Alb tanto la quería comprendería que aquel era el mejor lugar para ella. Las escaramuzas y pequeñas batallas contra bestias y otros pueblos no iban a ser nada comparadas con el arrasar reinos enteros llenos de débiles y llorosos seres inferiores.
    Pero no... Alb no lo entendió. De hecho, dos días después de la conversación con Rothenb, desapareció. Con sus armas, su montura y... tres amigos que le siguieron. Fueron tachados de cobardes, de traidores y sus familias vieron ultrajados sus apellidos, con vergüenza.
    ¿Retaban al Dios de la Muerte?
    No.
    Como se vio una noche, varias semanas después, les movía un objetivo bastante mas prosaico.

    ****************************

    Una noche, entre los ladridos de perros y el rugir de los pequeños dragones que los más poderosos usaban de montura, las puertas de la casa de Inga se abrieron de par en par, dejando entrar la tormenta y al padre de la joven manchado con sangre propia y ajena, seguido de varios hombres en similar estado.
    Inga y su madre corrieron a auxiliarle, hasta que este levantó una mano y les ordenó recoger lo esencial y prepararse para partir.
    Alb y sus amigos, habían estado acechando la casa de Inga para llevársela de allí y evitar que la convirtieran en un Valkyr. O al menos, eso era lo que planeaban hacer, antes de haber sido descubiertos, atacados y haber tenido que huir de allí. Al menos, tres de ellos. Uno de los amigos de Alb, Byorn, había muerto en la emboscada tendida por Rothenb y sus hombres.
    En vano explicó Inga que ella le debía lealtad a su familia y a la palabra de su padre, que no sentía nada por Alb y que jamás deshonraría así a los suyos. Que en caso de ser secuestrada por el joven y sus amigos, nada de lo que le hicieran o dijeran le podía hacer cambiar de parecer y escaparía y regresaría con los suyos.
    Su padre negó. Había un plazo marcado y lo seguiría.
    Rothenb les obligó a recoger todo y se llevó a su mujer y a su hija al norte.
    Mas cerca del Rey de los Muertos.
    Mas cerca de su Dios.
    Mas cerca del destino de la joven.


    ****************************

    No estás preparada... No estás preparada... Inga entrenaba duro todos los días, cada vez mas al norte. Casas y poblados en los que apenas pasaban unos días, como acuciados por la caza de Alb.
    Aunque este hacía tiempo que había perdido su pista...
    Cada vez mas cerca del día y el lugar del ritual que la convertiría en una Valkyr. Su padre atrasaba ese día pese a su palabra dada, en la creencia de que cuanto más poderosa se mostrara su hija, mas complacido estaría el Dios de los Muertos.
    En combate ya era temible, pero como en todo, siempre se puede mejorar. Y en cuestión de runas seguía teniendo problemas. Solo había conseguido alguna leve curación y en cuanto a las lecturas o sellos...
    Seguía sin ser capaz de verlos con claridad, cosa que desesperaba a su madre, que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no insultarla.
    Era capaz de lograr que estos le hablaran, se colocaran perfectamente como emisores dispuestos a desvelar sus secretos, mas ella parecía incapaz de centrarse y concentrarse en lo que le decían. Sabía sus significados pero siempre parecía dispersa y se perdía parte del mensaje.
    Y cuando su padre la llamaba para entrenar ella dejaba a su madre empantanada. Acabó aceptando... que era debido a los nervios por su pronto futuro. Y que una vez fuera una Valkyr, todo cobraría sentido ante sus ojos.
    La verdad es que Inga no se centraba, porque precisamente, aunque ansiaba ese destino, no sabía que iba a encontrarse. No era miedo, era la incertidumbre de estar dando el paso adecuado.
    Y cada día viajaban mas al norte. Parándose en otras poblaciones aliadas, escuchando las buenas noticias de los avances del Rey de los Muertos y sus seguidores... y también las derrotas.
    La caída del Rey Ymiron y su esposa a manos de los invasores... La perdida de Utgarde, llegó a sus oídos. Aquello solo alentó a Rothenb en su creencia de que había sido un acierto partir hacia el norte. Pues algunos Vrykuls, escasos en numero, también habían desertado o incluso se habían unido a las tropas invasoras. Inga veía en ellos cobardes que se cambiaban de bando cuando las cosas se ponían complicadas.
    Había visto de todas formas el poder del Dios de la Muerte y no entendía esos miedos. Daba igual cuantos seguidores de su dios cayeran, pues los ejércitos de su señor de surtían de los cadáveres de los caídos. Y ese incesante goteo de cuerpos hacía crecer sus filas cada día más.
    ¿Por que luchar, si la derrota era próxima y clara?

    ****************************
    -Mira, hija mía. ¿Los ves?
    El pequeño dragón sobrevolaba las tropas del Rey Exánime. No era el único. Mas Vrykuls a lomos de sus monturas sobrevolaban aquello, como intentando infundir miedo en los extranjeros. Sus graznidos mezclándose con el crujir de los huesos y el chocar de los metales. Las pieles de los otros Vrykuls eran blancas casi azuladas y sus mujeres eran consideradas mas dignas de ser convertidas en Valkyr. De hecho, lo eran en cuanto aceptaban tal regalo. Pero su padre le había repetido varias veces que otras Vrykul de otras localizaciones también habían aceptado el regalo del Dios de los Muertos. Que ella no iba a ser la única ni la excepción, ni mucho menos.
    Su hija miró hacia abajo, mientras su padre sobrevolaba abominaciones, gigantes de hielo y bestias no muertas. Pero su vista iba mas allá del muro.
    Ella miraba a la muchedumbre que se había unido para luchar contra su Dios de la Muerte.
    Pequeños, débiles, cobardes, peleles, desorganizados... Así los había descrito su padre una y otra vez. Pero aquellos pequeños peleles habían destrozado al Rey Ymiron y a su consorte, Angerboda.
    Aquellos peleles, pese a sus constantes y constantes guerras entre ellos habían sido capaces de organizar una tregua o algo parecido y ahora combatían unidos contra su enemigo.
    Aquellos pequeños, débiles y frágiles seres... avanzaban pese al frío, pese a las diferencias, pese al miedo, pues para ellos nada había tras la muerte mas que servir a aquel contra el que luchaban.
    Había algo mas en ellos.
    Algo mas...
    Y entonces vio algo entre las filas de los que se preparaban para atacar el muro. Reconoció un rostro, una leyenda y una familia. Gunrir, nieto de Yothgrong Tajacabezas. Él no la conocía a ella, pero una vez en su aldea, le vio entrenando con su espada. Le hablaron de él y de la leyenda de su familia. Era poco mas que un símbolo entre su gente. ¿Por qué luchaba contra el Dios de la Muerte? Extrañada, tiró del cinturón de su padre, sentado en el pequeño dragón frente a ella haciendo que éste se girara.
    -¿Qué hay, hija? ¿Quieres ver mejor a esos seres antes de que sean aplastados? Una pena que no puedas estar ahora mismo entre las tropas del Dios de los Muertos como una Valkyr, pero si quieres, puedo pedir que te dejen luchar como Vrykul. Pero es una tontería para el poco tiempo que queda. Que orgulloso estoy de ti, hija mía.
    Solo un día. No. Unas pocas horas mas, el ritual y ella sería una Valkyr. Si a estos seres les hubiera costado mas llegar aquí, ahora mismo les vería desde otro cuerpo, desde otra realidad. Inga sería muchísimo mas poderosa y valiosa para el Rey Exánime.
    Su padre realizó un picado cerca de las murallas, perdiendo ella de vista a Gunrir, pero pudiendo ver con mas detenimiento todas las razas que participaban en el combate. Algunas habían cruzado el océano para llegar aquí. Otros se habían unido a ellos, pese a pertenecer a las frías tierras de Rasganorte. No veía cobardes, no veía peleles. Veía el miedo en los rostros de muchos y aun así estaban allí. No eran bastantes, su poder no era comparable al de su Dios de la Muerte. Iban a perder...
    Inga se encontró preguntándose a si misma porque le importaba tanto lo que iba a pasarle a aquellos seres que osaban plantar cara a su Señor.
    Sacudió la cabeza y trató de sacar esos pensamientos de su cabeza, indicando a su padre que se elevara.
    Bajo ellos, el combate empezó, las puertas se abrieron. La masacre y con ella los gritos de los vivos siendo destrozados, la agonía, el terror... pero también... sus cantos de batalla llegaron a los oídos de Inga. Sus lemas gritados hasta la ronquera ante enemigos que no temían, pues nada podían perder, al contrario que ellos.
    -¡¡Por la Alianza!!
    -¡¡Por Orgrimmar!!
    -¡¡Por la Luz!!
    -¡¡Por Quel’Thalas!!
    -¡¡Por la Horda!!
    -¡¡Por Ventormenta y Forjaz!!
    -¡¡Por las Cadenas Rotas!!
    Y ella reconoció de nuevo la voz. Volvió a ver al Vrykul, como un coloso entre los hombres y los elfos. Repartiendo a diestro y siniestro. Su espada cercenaba miembros y cabezas, avanzaba con sus nuevos aliados. ¿Cadenas Rotas?
    No, no había cobardía.
    Ni traición.
    Ni miedo.
    Inga empezó a entender. Los Vrykul que abandonaron el camino del Dios de la Muerte, no lo abandonaron para venderse a un enemigo que en ese momento ganaba. No se vendieron porque fuera el camino fácil, si no porque era el correcto.
    ¿Qué había gritado? ¿Cadenas rotas?
    Una de esas cosas pequeñas de orejas alargadas también había gritado aquello.
    ¿Cadenas Rotas?
    ¿Qué significaba?
    Ahora mismo ella solo podía pensar en una cosa. Las cadenas que la habían mantenido ciega a otras realidades. Las cadenas que la ataban a lo que deseaba su familia, sin estar segura de que quería ella de verdad.
    Las cadenas que la ataban a una promesa de su padre hecha a un dios que no estaba segura en ese momento de querer servir.
    Quería ser una doncella de la guerra. No de la muerte.
    ¿Pero que podía hacer ella en ese momento? Agarrada al arnés y a la cintura de su padre poco podía hacer mas allá de ser llevada por él y dirigir sus pasos hacia donde él los llevaba. Un claro reflejo de su realidad.
    Apretó la mandíbula envidiando a los que abajo combatían por sus vidas y sus voluntades. Porque aunque murieran... ellos lo hacían libres. No había voluntad al otro lado del muro.
    Al otro lado.
    El vuelo del dragón enfiló hacia la muralla, rozando con sus alas las piedras y el hielo, sobrevolando los riscos afilados, hacia su destino. Al otro lado.
    No.
    Inga soltó el arnés. Soltó a su padre y se lanzó al vacío.

    ****************************
    Cuando abrió los ojos, la nieve la rodeaba. Mareada y dolorida por la caída se arrastró por el suelo hacia el borde. A su izquierda, el gran muro de la Puerta de Cólera, a su derecha, los dos bastiones de los enemigos de su antiguo dios. Y frente a ella, a muchos metros por debajo de ella, los combatientes caían destrozados por los golpes y por efecto de una bruma de color verde.
    Los gritos, los guerreros escapando. El Rey Exánime regresando... ¿Vencido? De nuevo a su fortaleza. ¿Qué estaba pasando?
    Buscó a Gunrir, pero vio poco tiempo su cuerpo, una vez su vista lo encontró tendido sobre varios cadáveres. Creyó ver el dragón de su padre cerca de él. Pero estaba más interesada en Tajacabezas.
    No le dio tiempo a ver sus heridas o a tratar de ver si aun estaba con vida, o respiraba, porque en ese momento, varios dragones aparecieron sobrevolando la zona y arrasaron todo con su aliento. Los alaridos de la gente y la desesperación de los que trataban de escapar se grabaron en su memoria a fuego.
    Inga no pudo mas de dolor y volvió a desmayarse.
    ****************************

    Cuando la encontraron, dos día después, cubierta con su capa de piel, no supieron de que lado era. Cuando las manos de los soldados empujaron su cuerpo ella musitó.
    -Al Sur... Cadenas... Forjaz... Luz...
    Y no tuvieron dudas. La llevaron a un campamento médico y cuando se recuperó lo justo para poder ser movida, fue trasladada con el primer destacamento que viajaba hacia el sur, a Tundra Boreal. En cuanto pudo andar, vendió el broche de la capa y compró su pasaje hacia Tierras del Oeste.

    ****************************

    Mientras la tormenta azotaba al barco, ella se mantenía en cubierta, en proa. Sonriendo y envuelta en su capa.
    Al Sur.
    En busca de respuestas y de una vida en la que ella decidiera porqué luchar o porqué morir.

    ¿Por que habría de temer una olas que otros habían cruzado ya antes?




    Lema del escuadron Delta: "Siempre juntos. Ningún hombre se deja atrás"
    ***Videos***Dibujos serios***Dibujos de coña***Fotomontajes***

    "Chatarra tu abuela!""Eres un mediocre"
    (Optimus Prime, respondiendo a un insulto extraño para un transformer, sin perder las formas en el combate)

    Proyecto ultrasecreto.... 215 de 400, a 15 días de presentarlo.



  7. #7
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    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] El Soplo Gelido

    A Tuskarr's tale


    (Historia de Tuskarr cazador)
    …………………………………………………………………………..

    Una suave y fría brisa acariciaba las hojas de los altos y frondosos pinos que se distribuían a lo largo de una extensa alfombra de color verde, de la cual pastaban una manada de pacíficos colmipalas. Desde lo alto de un acantilado lindante con el mar, una figura de un tuskarr contemplaba el horizonte. Habían pasado las épocas de tormentas en Fiordo Aquilonal, y la situación el poblado llevaba tranquila desde hace meses. Pronto llegaría la temporada de ballenas, y él y todo su poblado se embarcarían en las inmensas tortugas marinas que les servían de transporte para llegar a mar abierto, donde tendría lugar la caza de estos gigantes mamíferos, cuya carne les serviría como sustento para los próximos meses.

    Pese al buen tiempo, y lo relajante de la estampa, el rechoncho tuskarr, llamado Kauk no estaba tranquilo. Y no era la señalada fecha, motivo de júbilo para todo tuskarr, lo que rompía su calma. Un tenue suspiro hizo mover levemente los pelos de su poblado bigote, mientras volvía la cabeza, mirando hacia una cabaña cercana.

    En su interior, su esposa, una joven tuskarr llamada Aki, se encontraba dando a luz. Iba a ser el primer hijo de la joven pareja, concebido tras el ritual de cortejo típico de la raza. La conclusión del parto se demoraba más de lo previsto, y el futuro padre se impacientaba más y más a cada segundo que pasaba.

    Para calmar el ánimo, llevo una de sus manos hacia sus largos y robustos colmillos y comenzó a acariciarlos. Solía realizar esta tarea cuando sus nervios le sobrepasaban. Era una extraña manía, pero de alguna forma le hacía sentir más tranquilo.

    Pasado un par de horas, qué al ancho tuskarr casi le parecieron días, una tuskarr salió de la cabaña haciéndole señas de éxito. Su bebé había nacido. Había sido varón.

    Todos sus nervios y tensión se tornaron júbilo y alegría. Corrió todo lo rápido que le permitían sus cortas patas hacia el interior de la vivienda. En ella, su esposa se hallaba tumbada en un lecho, sosteniendo a su bebé recién nacido en brazos. El pequeño, tenía un color marrón grisáceo. Aún no tenía pelo en la cara, y sus colmillos no se habían desarrollado, lo que sumado a su arrugado cuerpo, le daba un extraño aspecto ratonil.

    Sin embargo, para su padre, aquella era la criatura más hermosa que podría existir ahora mismo en el mundo. Se acercó a su hijo, tomándolo en brazos con cuidado. Éste emitió un extraño sonido gutural, que pocas razas de Azeroth podrían interpretarlo como un llanto de infante. Kauk le cedió de nuevo el bebé a su esposa, mientras recordaba algo importante. Debían ponerle un nombre al bebé.

    Kauk miró al pequeño recién nacido intentando pensar en un nombre adecuado. Desearía que su pequeño llegase a ser ballenero y pescador, como lo era él. Y como todo padre, qué menos que desear que se labrara un futuro próspero. Su esposa lo miró a los ojos, y parecía leer sus pensamientos.

    - Le llamaremos Kauk, como su padre – sentenció

    Kauk miró a su hijo y luego a su esposa, y su acara se tornó en una leve sonrisa que levantó y erizó sus bigotes. Una profunda sensación de orgullo inundó su pecho, aceptando la decisión de su esposa. Su hijo llevaría su nombre.

    ……………………………………………………………………

    “Soy un niño, como cualquier otro. Mi única motivación es la de divertirme y pasarlo bien. Mis aficiones pasan por corretear por el poblado persiguiendo a algún pingüino descarriado, o jugar a la pesca con el resto de niños tuskarr. No tengo preocupaciones, no tengo responsabilidades. Y sin embargo envidio a quienes las tienen. Mi héroes, aquellos que cada cierto tiempo salían al mar, y regresaban pasado largos días con comida para todos. Mi padre era uno de ellos. Quería ser un héroe. Quería ser como mi padre.”

    Contemplando el horizonte, al igual que su padre lo hiciera varios años atrás, el pequeño Kauk esperaba con la misma impaciencia, o quizá más. Los escarpados acantilados de Fiordo Aquilonal dibujaban un hermoso paisaje, por el centro del cual corrían las grandes masas de agua que Kauk observaba. Era temporada de ballenas, y la mayoría de los machos tuskarr se encontraban aprovechándola.

    Una gran sombra cubrió por completo la pequeña figura del niño tuskarr. Al girar la cabeza, Kauk pudo como el grueso rostro de su madre, Aki, lo miraba con una expresión amable.

    - Volverán pronto hijo – dijo Aki, como si supiese con certeza lo que su hijo pensaba.
    - ¿A donde van madre? ¿Donde van papá y los otros cuando salen de caza?

    Su madre esbozó una ligera sonrisa, y respondió.

    - Van a mar abierto hijo, mucho más allá de lo que puedes ver a simple vista. Es en el único lugar donde pueden encontrar ballenas.
    - ¿Y cómo lo hacen para poder cazarlos? – preguntó curioso – esos animales son enormes.

    Aki no pudo reprimir una suave risa.

    - Será mejor que se lo preguntes a tu padre cuando vuelva, Kauk – le respondió, mientras acompañaba a su hijo en la exploración del horizonte.


    No pasó mucho tiempo, hasta que la silueta de una enorme tortuga se dibujó a lo lejos. Los balleneros volvían a casa.

    El gigantesco caparazón del animal daba soporte a una estructura, desde la cual los balleneros lanzaban sus lanzas y arpones para dar caza a su objetivo. Luego los animales cazados, eran atados al caparazón, y arrastrados hasta el poblado.

    Los tuskarrs del poblado, comenzaron a desatar la enorme presa y a arrastrarla hacia el interior del poblado. Kauk, buscó con la mirada a su padre. Éste se encontraba ayudando al transporte de la enorme ballena, y le sonrió levemente cuando sus miradas se cruzaron. El pequeño Kauk, se dirigió a ayudar. Aunque su fuerza no era de mucho aporte, le agradaba la simple idea de estar allí, con los adultos a los que admiraba, ayudando en su tarea.

    La pieza fue colocada en el centro del poblado, y posteriormente comenzaron las tareas de desuello. La piel de las ballenas era bastante elástica, propiedad que la hacía insustituible para ciertas manufacturas, así que el cuidado tratado a la hora de obtener la piel era fundamental.

    Una vez desollada, se procedía a la descuartización del cuerpo, que era cortado en grandes rodajas, muchas de las cuales se guardarían inmersas en los fríos lagos, a fin de conservarlas en buen estado durante largos meses. Kauk observaba todo con una gran atención. Aunque sólo era el final de todo el proceso, le fascinaba ver como aquel gran animal era despedazado y convertido en alimento.

    Aún el proceso no había terminado, ya que una vez despiezado y guardado el alimento, quedaba una parte importante para concluir el evento. El gran chamán del poblado, realizaría una mística ceremonia para agradecer el buen fin de la caza, y el alimento.

    La ceremonia era motivo de júbilo para todo el poblado tuskarr. Todos se reunían, sentados en torno a un fuego central. Algunos trozos de carne de ballena eran situados en diversos cuencos, colocados en torno a dicho fuego.

    Entonces empezaba el discurso del chamán. Kauk, aún recordaba el anterior discurso realizado algunas semanas antes, cuando la expedición partió a alta mar. En aquella ocasión, las sabias palabras del chamán, iban sobre todo encaminadas a la perseverancia de las ballenas.

    “Son animales que de gran tradición en nuestra cultura, y gracias a los cuales podemos tener alimentos por meses. Sin embargo, aunque cazados, debemos respetarlos y no abusar. Dependemos de ellos para nuestra supervivencia, y debemos cuidar de que para el año que viene, hubiese nuevos individuos de igual o mayor tamaño, para poder seguir alimentándonos de ellos en el futuro. Para ello debemos cazar únicamente individuos adultos, y en ningún caso realizar una caza masiva.”

    Cada tuskarr de la tribu sabía de memoria estas palabras y recomendaciones. Sin embargo, era tradición que el chamán lo mencionase cada año, justo antes de su partida.
    Otra de los momentos principales del discurso, era el ritual para asegurar un buen clima. Aunque era época de buen tiempo, a veces alguna tormenta sorprendía a los balleneros en alta mar, provocándoles serias dificultades, e incluso la muerte a algunos de ellos. Por último, también se hablaba sobre el mar, y sobre la propiedad comunal del mismo.

    En esta ocasión, sin embargo, las palabras del chamán estaban orientadas en su mayoría, al agradecimiento a los ancestros por la buena caza. También hacía incapié en el éxito y el reconocimiento de los tuskarr implicados en la gran caza. Para los tuskarr, la pesca era algo más que una simple actividad para alimentarse. Una pesca con éxito, significaba el éxito social de los individuos implicados en ella. Más allá aún, la pesca era considerada como una guía moral. En la sociedad tuskarr, al buen pescador, solía atribuírsele un buen código moral, y en definitiva, un buen tuskarr.

    Era por estos motivos, por lo que el éxito en esta operación significaba tanto para Kauk padre y todos sus compañeros. Sus mujeres se sentían felices y orgullosas de sus maridos, mientras que sus hijos se colmaban de admiración.

    Mientras se realizaba una simple danza concluidas las palabras del gran chamán, Kauk se acercó a su padre para preguntarle aquello que deseaba saber.

    - ¿Cómo hacéis para cazarlas?

    La orgullosa explicación de su padre se extendió durante gran parte de la ceremonia. Le explicó que había dos formas de cazar a una ballena. Las especies más pequeñas, por lo general, podían divisarse desde la costa. Los balleneros montaban en pequeñas embarcaciones, y se dirigían cerca de su posición. Desde allí, con ruido, las ballenas eran asustadas, y obligadas a desplazarse hasta la costa, donde se procedía a su captura.

    Sin embargo, lo que más interesaba al pequeño Kauk era la caza de grandes ballenas en altamar. Cuando la temporada se abría, casi la totalidad de los machos del poblado embarcaban en varias de las enormes tortugas que les servían de transporte, e iniciaban la ruta hacia altamar. El camino podía durar varios días, e incluso alguna vez llegaba a la semana.

    Una vez allí, se disponían a buscar a los gigantescos animales, que solían emerger a la superficie de cuando en cuando. Cuando lo divisaban, se organizaban para acorralar al animal entre sus embarcaciones. Una vez acorralado, comenzaba la lanza masiva de arpones contra él, haciéndolo, por lo general, morir con prontitud. Una vez cazado, la cola era atada a las tortugas embarcaciones, y arrastradas por estas.

    Kauk escuchaba con atención toda esta información con fascinación. Estaba ilusionado y deseando que llegara el momento de poder partir a las grandes cazas. Sin embargo, aún tenía que conseguir que se le considerase adulto en su sociedad, para poder participar. Sin embargo la imaginación no tiene límites.

    Al día siguiente, Kauk, junto con otros niños del poblado hicieron un juego de simulación, en el que una pila de objetos cubiertos con una piel, hacía las veces de ballena, y unas cajas alrededor, donde los niños se metían, funcionaban a modo de barcas. Desde allí simulaban una situación de caza real, lanzando unos finos palos a modo de arpones contra la lona.

    Era sólo un niño, no tenía preocupaciones ni obligaciones. Sin embargo deseaba ser como su padre. Quería ser ballenero.

    ……………………………………………………………………………..

    Con el tiempo, la adolescencia le llegó al joven tuskarr. Su tamaño creció considerablemente, hasta casi alcanzar el tamaño adulto. En su rostro empezaban a evidenciarse lo que más tarde se convertiría en unos poblados bigotes, y sus colmillos ya empezaban a asomar considerablemente.

    Con la adolescencia, el joven Kauk comenzó a responsabilizarse en algunas tareas de su familia. Ayudaba a su padre en tareas de pesca con bastante frecuencia. Aunque no era igual de emocionante que lo que pensaba sería la caza de ballenas, era una tarea que al joven Kauk siempre se le dio bastante bien, y que lograba disfrutar como todo tuskarr que se preciase de serlo.

    También solía observar a su madre mientras realizaba sus tareas de confección de ropa. Si bien los machos tuskarr se dedicaban a la caza y a la pesca, así como a defender los poblados, las hembras solían realizar las ropas para toda la familia, y dedicarse a tareas de recolección de frutos y cría de animales. A veces Kauk, cuando dejaba de pescar, ayudaba a su madre a cargar con los grandes y pesados cestos de frutos y bayas que recolectaba de la zona menos nevada de Fiordo Aquilonal.

    Al entrar en la etapa adolescente, Kauk dejó de lado los juegos de simulación, para pasar a unas prácticas más activas. Acostumbraba a ir, junto con varios compañeros fuera del poblado para practicar contra un saco colgado de un árbol, el lanzamiento de arpones. Como adolescentes que eran, no estaban exentos de cierto espíritu ganador. Solían competir por lograr alcanzar el saco con la mayor precisión posible.

    Fue por esta época cuando surgió el interés por una hembra tuskarr de su mismo poblado. Era bajita, aún para la media tuskarr. Tenía un color marrón claro, y una mirada dulce. Sabía su nombre, ya que debido a lo pequeño de su poblado casi podían saber el nombre de cualquiera que perteneciese a él. Se llamaba Nuit.

    Kauk era demasiado tímido como para acercarse a conversar con ella. Demasiado tímido como para intentar nada. Sin embargo había algo que podía hacer. Como buen tuskarr conocía los métodos de cortejo de su raza. Para cortejar a una hembra, el tuskarr macho debía ofrecerle una gran cantidad de peces frescos, capturados por él mismo, para demostrar su gran habilidad pescadora.

    Kauk se decidió a intentarlo. Sin embargo, la pesca en orilla, como la que solía hacer con su padre, no era suficiente. Debía salir al mar. Capturar peces con redes, para así asegurarse una buena cantidad de ellos. Cogió en secreto una canoa, unas redes y un arpón, y se lanzó al mar.

    La adolescencia es una etapa difícil de la vida, en la que a veces se cometen actos irracionales e impulsivos. Como ese. Kauk no tenía la suficiente destreza como para manejar una canoa por si mismo. Y para colmo el mar se encontraba revuelto, y unas grandes olas la hacían moverse de forma peligrosa. Kauk se aferraba con fuerza a la canoa cada vez que una de estos grandes movimientos del mar intentaba hacerlo caer. Estaba asustado. Temía por su vida, y la orilla cada vez se le antojaba más lejos. Intentó remar, para acercarse, pero el mar era más fuerte.

    Una enorme ola logró volcar su canoa, e hizo sumergirse al joven tuskarr a gran profundidad. Intentó nadar, salir a la superficie a respirar, pero su visión se iba tornando cada vez más oscura. No saldría vivo de esa.

    …………………………………………………………………

    Abrió los ojos, y comenzó a escupir agua. Se encontraba en una orilla que le resultaba familiar. Sin embargo su visión estaba nublada, y no conseguía orientarse. Intentó ponerse en pie, y lo consiguió, pese a que se encontraba muy débil.

    Miró de nuevo a su alrededor y consiguió saber dónde estaba. Estaba cerca de casa. Intentó volver, cabecibajo, para explicarle a su padre el motivo de la desaparición de su canoa.

    La vergüenza que sentía por lo acontecido era inconmensurable. Había actuado a espaldas de su familia, desobedeciendo y robando una canoa. Él, hijo de un afamado ballenero, no había sido capaz de mantenerse en la embarcación ni de pescar un mísero pez, habiendo salido con vida de puro milagro. Aunque su padre decidió perdonarlo y le prometió que se encargaría de enseñarle, había algo que para Kauk, y para cualquier tuskarr resultaría casi peor que todo lo anterior junto: Le había cogido miedo al mar.


    ……………………………………………………………………………

    “Seres enormes, de largas barbas. Con cruel mirada, y bocas sangrantes, su alta fuerza sólo es comparable a lo oscuro de sus almas. Usados para atemorizar a los niños en diversos cuentos. Protagonistas de varias y sanguinarias historias y leyendas, que teñían de rojo sangre las tierras que pisaban. Seres casi ficticios... mitológicos... y sin embargo reales.”

    El cielo se tornó en un triste color rojo. Casi parecía un presagio de las manchas de sangre que teñirían de rojo la blanca nieve poco después. La situación estaba calmada. Varios pescadores volvían del lago de capturar peces por los senderos del poblado, mientras algunas hembras reunían los pingüinos, para devolverlos a sus corrales.

    Sin embargo, de repente una señal llegaba de los alrededores de los poblados. Varios jinetes de tortuga patrulla, traían la alarmante noticia. Un grupo de Vrykuls acechaban el poblado. Los ataques de estos monstruos no eran demasiado frecuentes. Sin embargo, un reguero de sangre bañaba la nieve bajo el poblado cada vez que uno de sus embestidas tenía lugar.

    Los machos del poblado cogieron arpones y lanzas y se dispusieron a hacer frente a la inminente amenaza. Kauk padre se encontraba con el semblante serio. Cogió sus redes y su arpón, y se equipó con una ligera armadura de cuero. Su hijo lo observaba con una mezcla de temor e incertidumbre. Su padre le dedicó una severa mirada mientras le decía una única frase:

    - Cuida de tu madre.

    En el horizonte, las enormes figuras de los vrykuls se veían cada vez más cerca. En el frente, una fila de tuskars armados con arpones y redes se disponían a hacerles frente. El choque de fuerzas fue brutal. Los enormes vrykuls eran capaces de hacer volar a varios tuskarrs de un sólo movimiento de maza. Los certeros lanzamientos de arpones contra ellos, apenas conseguían hacerles un daño real.

    Aún con los arpones clavados, y dejando un hilo de sangre tras de sí, seguían caminando. Sus brutales hachazos, por contra, abrían heridas mortales en los valientes tuskarrs que en primera línea, intentaban frenar su inevitable avance.

    Los gigantescos seres comenzaron a avanzar dentro del poblado, avanzando sobre los cadáveres de sus adversarios. Los tuskarrs se vieron obligados a retroceder ante el brutal embate de los vrykuls. Algunos de ellos comenzaron a llegar a las chozas, ante la impotente mirada de algunos tuskarrs, que veían como sus familias eran aplastadas y descuartizadas ante sus ojos sin poder hacer nada por evitarlo.

    Kauk esperaba dentro de su choza. Haciendo lo que se padre le había encomendado. Armado con uno de los arpones que usaba en los entrenamientos. Vigilaba por un ventanuco, al tiempo que deseaba que el ataque no llegara por la espalda.

    Llegó desde arriba. La enorme maza de un Vrykul perforó el techo, haciendo caer escombros a su alrededor. Kauk levantó la mirada y buscó a su madre. Cerca de la enorme maza estaba Aki, su madre, atemorizada intentando esconderse entre los huesos de ballena rotos que habían servido de suporte para su vivienda.

    Kauk, se encontraba paralizado. El terror que le producían estos seres le impedían reaccionar. Por suerte otro temor más fuerte bloqueó el anterior. Al ver a su madre, el joven tuskarr, alzó su arpón y lo lanzó contra la enorme figura que asomaba por el tejado. El arma impactó en un brazo de la criatura, clavándose en él y haciendo brotar un hilo de roja sangre hacia abajo... pero el gigante no parecía dolorido. Con un brusco movimiento se extrajo el arpón del brazo con suma facilidad. Kauk tomó del suelo un trozo de hueso de ballena, con más corazón que valor o seguridad. Su padre le había encargado defender a su madre. Y eso haría.

    Encogió la cara y entrecerró los ojos. El enorme ser alzó de nuevo la maza contra su cabaña. Tenía que afrontarlo. Tenía que poder defenderse. Aunque en su interior sabía que sería casi imposible. Sin embargo la fortuna se manifestó en forma de veloz arpón que se clavaba en el pecho del gigante.

    Éste se giró, rugiendo furioso, hacia su atacante. La rechoncha y pequeña figura de Kauk padre parecía insignificante junto a aquella enorme montaña de músculos. Sin embargo allí estaba. Retando al Vrykul con la mirada. Con la única intención de provocar su atención para alejarlo de su hogar.

    Rápidamente varios tuskarrs se agruparon junto a Kauk padre, lanzando todos sus arpones hacia el enorme Vrykul. Algunos de ellos dieron blanco, aunque el gigante ser parecía no tener freno. Levantó su maza contra los atacantes. Kauk hijo se asomó desde su cabaña. No podía creer lo que veían sus ojos.

    Un grupo de tuskarrs fueron golpeados ante el embate de la enorme maza. Entre ellos su padre.

    - ¡Padre! – gritó casi sin pensar, superado por la situación.

    Otro pequeño grupo de tuskarrs cargaron por un flanco contra el Vrykul. Usaron sus redes para atorar las piernas del ser, y comenzaron a picar hasta hacerlo caer. Una vez en el suelo lo remataron, como si de una ballena se tratase.

    Kauk buscó a su padre a su alrededor, mientras los últimos vrykuls eran derrotados. Los tuskarrs habían conseguido defender su poblado. Pero a un alto precio.

    Kauk se arrodilló ante el cuerpo, ya sin vida de su padre. Su héroe, su ejemplo a seguir, había caído defendiéndolos a él y a su madre. Una enorme tristeza inundó el cuerpo del joven tuskarr. Como él, muchos de sus vecinos lamentaban la muerte de seres queridos, mientras otros atendían a los que habían resultado heridos.

    Un silencio sepulcral se hizo en la zona. Un silencio que trataba de disimular el agonizante grito de dolor que profería el poblado. Gran parte del mismo había sido completamente arrasada por estas viles critaturas y les costaría mucho tiempo reponerse de tan duro golpe.

    Al día siguiente tendría lugar un ritual por los caídos en combate. El gran chamán del poblado habló sobre la valentía, y sobre el deber cumplido por los fallecidos, que habían caído defendiendo a su pueblo y a sus familias. De la mejor forma posible. Se hablaba del más allá, tal y como los tuskarrs lo entendían. Una gran masa de agua de sin dueño, donde los fallecidos se llevarían la eternidad pescando sin restricción alguna.

    Era allí donde su padre había ido. Eso quería creer Kauk. Estaba seguro de que a su padre le encantaría. A su lado su madre, herida por el ataque, no podía contener las lágrimas. Kauk debía mantenerse serio. Ahora que su padre había fallecido, él sería el encargado de llevar el pescado a casa, y de defenderla en caso de amenaza.

    Defender... había sido testigo de cómo su padre había arriesgado y perdido su vida intentando salvarlos. Mientras tanto él, no había podido sino quedarse paralizado, sin apenas poder realizar algún movimiento. ¿Era eso lo que pensaba hacer siempre que se le necesitase? No iba a servir de pescador… y por lo que parecía, tampoco podría defender a los suyos.

    La mirada de preocupación debió ser muy clara, pues Aki, su madre le acarició el mentón, alzándoselo y transmitiéndole su orgullo con su mirada, aún llena de lágrimas. Mientras, tras la ceremonia, los cuerpos de los caídos eran trasladados en pequeñas barcas al mar, donde se depositarían para que se hundieran en él, como era costumbre en su aldea. Kauk casi rompe su entereza al ver al cuerpo de su padre por última vez, hundiéndose en las frías aguas de Fiordo Aquilonal.

    Ahora debían ponerse manos a la obra. Muchos habían sido los destrozos causados durante la invasión de los vrykuls, y debían repararlos. Los siguientes días, era frecuente ver a machos tuskarrs cargando con pesados huesos de ballena, colocándolos para volver a realzar sus chozas, mientras que las hembras trataban las pieles, con las que las cubrirían a posteriori.

    Kauk tuvo que encargarse de reparar el techo de su hogar, para lo que usó algunos huesos y madera que recogió de los árboles cercanos. A continuación cubrió el hueco con piel de ballena, para sellarlo del frío y otras incidencias cimáticas.

    Como era costumbre en la cultura, Kauk talló una pequeña figura en madera, a semejanza de su padre, que colocó en un lugar privilegiado en la choza, y que les recordaría para siempre el gran valor demostrado; les recordaría la enorme habilidad de pesca que siempre exhibía. Les recordaría a él.

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  8. #8
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    Contemplando la figura, recuerdo de su padre se encontraba Kauk. El joven tuskarr estaba completamente desarrollado. Sus bigotes eran ya frondosos, y sus colmillos habían alcanzado un tamaño considerable. Ese era el día en el que tendría lugar la ceremonia por la cual, él y otros muchos tuskarrs, alcanzarían la mayoría de edad. En momentos como ese era cuando más echaba de menos a su padre. Desearía que hubiese estado allí.

    Su madre, también despierta, le dedicó una sonrisa. Pese a todo, ese era un importante día para él. Se vistió con sus mejores pieles, y se dirigió a la ceremonia, acompañado de su madre.

    En el centro del poblado se reunieron casi la totalidad de los habitantes del mismo. La ceremonia de mayoría de edad era un gran acontecimiento, y pocos eran los que no tenían algún familiar implicado. Kauk se sentía nervioso, rodeado por varios jóvenes tuskarrs que como él, alcanzarían la mayoría de edad pronto. Miró a un lado y pudo ver a Nuit entre la muchedumbre.

    En ese tiempo había conseguido hablar con ella, e incluso habían pasado a ser amigos. Sin embargo, la idea de volver a intentar cortejarla, le recordaba la enorme deshonra que había sufrido en su anterior intento, por lo que había desaparecido de su cabeza. No había reconocido ante nadie, que no fuese de su familia, su fobia al mar, ni el episodio sufrido. En su cultura, tener miedo al mar era considerado una de las mayores humillaciones que alguien podía sufrir. Había intentado acercarse a las grandes masas de agua en más de una ocasión. Sin embargo sólo conseguía palidecer, sentir de nuevo como las aguas lo envolvían y lo ahogaban. Sentirse paralizado.Decidió no pensar en ello. No ese día.

    El anciano chamán comenzó la ceremonia, hablando del gran paso que iban a dar, convirtiéndose a partir de ahora en adultos, que casi con toda seguridad, llegarían a ser grandes pescadores y balleneros, para el orgullo de su familia. De nuevo el estómago le dio un vuelco a Kauk. No iba a poder ser ballenero, como a su padre le hubiera gustado.

    Inmerso en sus pensamientos, casi no se dio cuenta que la ceremonia había llegado a su punto culmen. Los colmillos de los nuevos tuskarrs adultos serían tallados con los motivos de su tribu, los Kaluaks. Era un acto muy importante para un tuskarr, ya que a partir de entonces eran reconocidos como miembro de su tribu, y cualquier acto que cometiesen serviría para honrar, o deshonrar a la misma. Ahora eran adultos.

    Kauk volvió a mirar a Nuit, aunque desvió la mirada cuando se cruzó con la suya. La ceremonia había concluido, y su madre se acercó a él para dedicarle una sonrisa. Sin embargo, no era un día feliz para Kauk. Nunca podría conseguir cortejar a Nuit. Nunca podría honrar a su padre. Nunca podría cumplir su sueño.
    ………………………………………………………………..

    Contemplaba el horizonte marino con nostalgia. Kauk se hallaba de nuevo inmerso en esos pensamientos que le atormentaran desde su adolescencia. Intentó acercarse. Intento cruzar la orilla. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Sus músculos de repente se tornaron rígidos, y su cara empezó a adoptar un color blanquecino. Empezaba a sentirse mareado y sus piernas le temblaban. No podía hacerlo.

    No había hablado de su fobia más que con sus padres. No lo creía necesario, y una enorme vergüenza le llegaba sólo de pensarlo. Sin embargo había alguien que quizá pudiera ayudarlo.

    El anciano chamán de su poblado, se encontraba sentado en una roca, en actitud meditativa. Kauk se acercó aún dudoso, por la decisión que acababa de tomar. Decidió armarse de valor, y hablar de sus problemas con el sabio chamán. Si había alguien capaz de ayudarle, de seguro era él.

    El chamán, asombrado por la revelación del joven Kauk, frunció el ceño y movió ligeramente sus bigotes. Su respuesta sin embargo sorprendió al joven Kauk, tanto por su rapidez como la seguridad que el anciano mostraba. Tenía la solución a sus problemas. El anciano chamán cito a Kauk pasada una semana, cerca del puerto cercano al poblado. Allí le diría qué debería hacer para superar sus miedos.

    Ni siquiera en los días previos a la ceremonia de adultez, había estado Kauk tan nervioso. A qué pruebas le sometería el anciano chamán. Qué le haría hacer para superar sus miedos. Múltiples preguntas y posibilidades le rondaban en la cabeza a lo largo de la semana. Hasta que el día llegó.

    Kauk se dirigió nervioso hacia el lugar indicado. Cual fue se sorpresa cuando encontró a varios tuskarrs en el camino, dirigiéndose al mismo lugar. Su asombro fue mayor cuando al llegar vio toda una reunión, de muchos de los miembros del poblado. El chamán se encontraba en el centro, dispuesto a comenzar lo que parecía una ceremonia. De repente, Kauk cayó en la cuenta. Sabía qué era aquello. Era la ceremonia previa a la partida de los balleneros a alta mar. ¿Cómo podía haberlo olvidado?

    Muchos balleneros escuchaban las palabras del chamán, mientras daban los últimos retoques a sus arpones. Kauk esperó pacientemente a que la ceremonia terminara. De seguro el chamán le dedicaría su atención cuando ésta terminase.

    Al dar por concluida la ceremonia sin embargo, otra sorpresa le llegaría a Kauk. El chamán se dirigió a él para comunicarle que había inscrito su nombre para participar en la caza de ballenas.

    La cara de Kauk fue una mezcla de asombro y desesperación. ¿Cómo pretendía el chamán que participase? Tenía fobia al agua. No iba a poder hacerlo. Le pidió que se retractase, que anulase la inscripción. Sin embargo, la postura del chamán era firme. Puso en juego el honor que le quedase a Kauk. Debía participar en la caza para poder conservarlo. No tenía opción.

    ………………………………………………………………………………….

    La travesía, a bordo de la enorme tortuga, fue difícil para Kauk. Sus compañeros solían pescar peces menores durante la travesía para distraerse, y para abastecerse durante el viaje. Kauk, apenas podía salir a cubierta. La simple visión del mar le producía la misma desagradable sensación de parálisis y de terror.

    Temía cada día de travesía que llegasen a alta mar y llegase el momento de la verdadera prueba. Ahí no podría pasar desapercibido, como durante el viaje. Tendría que arrimar el hombro y enfrentarse a sus miedos. No sabía si sería capaz.

    Al cabo de unos días, llegó el tan deseado, y temido por Kauk, anuncio… ¡Ballenas a la vista! Los dos enormes barcos-tortuga se dirigieron a la posición en la que la gran ballena había sido divisada. Los tuskarrs, cogieron raudos sus arpones y se prepararon para la gran batalla. Kauk, con más miedo que entusiasmo, cogió su arpón y se dirigió tembloroso a la superficie. El furor de sus compañeros, hizo que su situación pasase desapercibida ante los demás.

    Todos se agolparon en la borda de ambos barcos. Las tortugas llegaron a la posición del enorme mamífero y los tuskarr comenzaron a lanzar sus arpones. Kauk se colocó en un segundo plano, intentando pasar desapercibido. Se mantuvo paralizado, sin participar en exceso en la cacería, y con su palidez característica al estar frente a una gran masa de agua. Sin embargo algo iba a cambiar. Un duro golpe de la ballena a la tortuga en la que se encontraba hizo temblar la superficie e hizo perder el equilibrio a varios de sus compañeros, que se precipitaron al agua.

    Esto hizo despertar a Kauk. No podía quedarse quieto. De un salto se lanzó a agarrar a su compañero para evitar su caída. Lo había conseguido. Había conseguido moverse y actuar con efectividad aún en presencia del mar. Este hecho lo llenó de confianza. Tras rescatar a su compañero, cogió su arpón y lo lanzó con fuerza hacia la gran ballena. El enorme mamífero volvió a golpear a la tortuga. Sin embargo Kauk pudo mantenerse en equilibrio con bastante facilidad. La sangre ballenera de su padre había salido a flote, y con asombrosa destreza lanzó un nuevo arpón hacia el mamífero. El gran número de arponazos recibido, hizo que las fuerzas de la ballena se agotasen, y acabó muriendo en un mar teñido de rojo. La ballena había sido cazada.

    El enorme júbilo por la victoria les duró hasta la vuelta a casa. Kauk estaba especialmente orgulloso. No sólo había logrado colaborar con la victoria, sino que había superado su fobia. Durante la llegada cruzó su mirada con el sabio chamán, que asintió satisfecho por el resultado. Su madre también lo miraba orgullosa. Pero él aún tenía algo que hacer.

    Cogió parte de su botín de carne de ballena, y lo introdujo en un recipiente. Se dirigió al encuentro de Nuit. Comenzó el cortejo, ofreciéndole la fresca carne del mamífero. Nuit la aceptó sonriente. La ofrenda de una buena pieza de pesca, demostraba las grandes cualidades de pescador, y en la sociedad tuskarr eso significaba éxito social y moral. Algunos meses después tuvo lugar la ceremonia de unión entre Kauk y Nuit.

    ………………………………………………………………………………



    Era una mañana como otra cualquiera. Tras despedirse de Nuit, se dirigió hacia la orilla dispuesto a realizar su pesca matutina. Cada día se sentía más agradecido de haber podido superar su fobia al mar. Su padre estaría orgulloso. Y él también lo estaba.

    Montado en una pequeña embarcación y usando las redes se disponía a capturar los peces que les servirían de alimento a él y a Nuit. Todo parecía en calma, como un día normal. Pero de repente, y sin previo aviso, pudo sentir un alboroto cerca de él. Las aguas cercanas comenzaron a removerse, en una clara señal de lucha. Por experiencia sabía, que cuando algo así ocurría, lo mejor era alejarse, para evitar daños en la embarcación y problemas mayores.

    Sin embargo, al poco pude ver de qué se trataba. Una tortuga marina luchaba por desquitarse de un tiburón de mediano tamaño, que tenía su pata mordida, impidiéndole huir. La tortuga miró a los ojos a Kauk, con una expresión que éste interpretó de suplicante. Algo le removió por dentro al joven tuskarr. Aunque sabía que era ley de vida, no podía soportar ver a ese pobre animal agonizando.

    Se acercó a la zona con su embarcación, y levantó su arpón contra el animal carnívoro. No pretendía matarlo. Sólo hacerle el daño suficiente para que soltara a su presa. El tiburón se aferraba con fuerza a la extremidad de su presa, y no parecía dispuesto a soltarla.

    Kauk descargó un primer arponazo contra el animal, al que parecía pillar desprevenido. Emitió un ahogado rugido de dolor, pero aún así siguió aferrado y se movió bruscamente, haciendo que la canoa de Kauk casi volcase. Éste tuvo que aferrarse a ella, y sujetar con fuerza el arpón para que él ni su arma cayeran al agua.

    Kauk se reincorporó y volvió a levantar su arpón. Esta vez apuntó a las afiladas fauces del animal. Si conseguía dañar sus encías, le causaría un daño suficiente para que dejase escapar a su presa. Dirigió su arpón, y realizó un certero ataque. El tiburón abrió por fin su ahora sangrante mandíbula, y tras un fuerte rugido de dolor, se sumergió bajo el agua, desapareciendo bajo un rojizo tinte.

    Kauk se aproximó a la tortuga y la subió en su embarcación. Su pata había sufrido severos daños, aunque podría recuperarse con el tratamiento adecuado. Por el momento le vendó la pata, para contener la hemorragia, y puso rumbo de nuevo hacia el poblado.

    Una vez allí, con ayuda de Nuit, atendieron la herida del animal correctamente, y le habilitaron un lugar cerca de su cabaña para que pudiera quedarse. Varios meses tardaría la joven tortuga en recuperarse de sus heridas. Tiempo suficiente para tomarle aprecio a su familia adoptiva, que la bautizó como Tama.
    Tama llegó a ser un miembro más, y cuando se hubo recuperado, Kauk se decidió a entrenarla para que lo ayudase en la pesca. No fue difícil, ya que las tortugas marinas que frecuentaban la zona eran pescadoras natas, sólo debía procurar que Tama llevase los peces a la canoa, y no se los comiera por el camino.

    También Kauk la adiestró, como era costumbre entre los de su raza, para que le fuera posible montar sobre ella. Las tortugas, debido a su facilidad para moverse tanto en tierra como en agua, eran una de las monturas preferidas por los tuskarr, que solían entrenarlas como medio de transporte.

    Kauk y Tama llegaron a compenetrarse en la pesca con una efectividad asombrosa, y que el animal se encargaba de desviar la atención de los peces hacia su compañero humanoide, al que le resultaba muy fácil usar sus redes para atraparlos en grandes cantidades. Formaban un gran equipo.

    ……………………………………………………………………………………………

    La vida en el poblado continuó con normalidad durante los siguientes años. Kauk y Nuit continuaron emparejados, y su relación mejoraba con los años. Él seguía dedicándose a la pesca, como había sido su sueño, mientras que ella trabajaba en la cría de pingüinos.
    Su madre había fallecido. Una letal enfermedad había acabado con su vida a los pocos años de formalizar la relación con Nuit. A Kauk le entristeció la pérdida de su madre, pero a diferencia de lo ocurrido con su padre, en el fondo se alegraba de que ella lo hubiera visto triunfante.

    En los últimos años, su poblado había recibido la visita de numerosas razas exóticas, que suscitaban el interés de los habitantes. Por lo general, estas extrañas razas venían en busca de alimientos y bebidas, aunque también comerciaban con armas, vestimentas y pagaban por hospedaje.

    Kauk tuvo ocasión de conversar, escasamente eso sí, con algunos de estos seres. Todos traían historias y descripciones increíbles de mundos más allá de los mares que bañaban el poblado. Kauk quedó totalmente fascinado, ya que no hubiese creído nunca que el mundo en el que vivían fuese tan grande, ni que albergara tales increíbles y distintos lugares.

    Con estos visitantes, como también por parte de otros numerosos tuskarrs viajeros, nos llegaban también historias de una amenaza en nuestra propia tierra. El llamado Rey Exánime, el cual tenía la capacidad de controlar ejércitos enteros de cadáveres. La idea estremecía sólo de pensarlo.

    Sin embargo, no toda la relación con los extranjeros era cordial.Otra terrible desgracia iba a azotar nuestro poblado en breve. Como aconteciera hace años, el poblado sufrió un nuevo, y mucho más devastador ataque. Un enorme barco atracó en las costas cercanas. No venían a negociar. Ni siquiera pudimos parlamentar con ellos. Los marineros cogieron sus armas y lanzaron un sorpresivo y devastador ataque contra nuestro poblado. Los machos adultos, entre los que me encontraba, cogimos las armas para defendernos. Sin embargo, lo sorpresivo del ataque sumado a su dureza y rapidez, hizo difícil la defensa. A eso había que sumarles unas extrañas y ruidosas armas, que nos hacían caer con enorme rapidez.

    Nuestras fuerzas mermaban cada vez más y nuestros inseparables arpones no eran rival en eficacia para aquellas extrañas armas. Un disparo logró alcanzarme cerca del pecho. Empecé a sangrar. El dolor era algo insoportable. No sabía qué tipo de hechicería tenían aquellas extrañas armas. Pero los invasores se estaban acercando hacia mi casa. No podía rendirme.
    Impotente comencé a correr como podía hacia su posición. Con unas antorchas comenzaron a prender el techo. Nuit aún estaba dentro. No podía permitirlo. Cogí con fuerza mi arpón y cargué contra los invasores. Me repelieron con suma facilidad de un nuevo disparo, y con unas pesadas mazas comenzaron a golpearme. Antes de caer inconsciente pude oir los gritos de dolor y terror que profería Nuit. Estaba siendo quemada viva…

    ………………………………………………………………………………………….

    No… no podía creerlo… Nuestro poblado había sido quemado por completo… Y Nuit…

    … Lo siento… lo siento tanto…

    Kauk despertó en una hamaca de emergencia. Sólo a posteriori pudo saber donde estaba. Había sido trasladado a la ciudad principal Kaluak de Fiordo Aquilonal, Kamagua. Como él, múltiples tuskarrs habían sido exiliados de nuestro poblado, que había sido reducido a cenizas. Pude mirar a mi lado, donde se encontraba Tama. Ella también había sobrevivido… pero su mirada decía que alguien que ambos apreciabamos no lo había conseguido. Lo sabía. No había podido proteger a mi pareja, que había sido asesinada por aquellos monstruos. Era yo el que debería haber muerto protegiéndola, como había hecho mi padre antes que yo. Era ella la que debería seguir con vida.

    Nuestra vida no volvería a ser la misma. Yo no podía sentirme orgulloso. Por segunda vez en mi vida había fallado. Y esta vez mi error me había costado la vida Nuit. Y para más inri, nuestra casa… nuestro pasado… todo había sido destruido. Tras algunos meses conseguí recuperarme de mis heridas. Sólo de las externas. Internamente seguía dolido, decepcionado de mi mismo, y triste por la enorme pérdida que había sufrido.

    Tama se acercó a mi mientras contemplaba el horizonte. ¿Qué haría ahora? Esta ciudad no era la mía… me encontraba incómodo… y todo me recordaba a ella. Quizá… debería abandonar este lugar.
    Recordé las historias que los visitantes nos contaban. Las hermosas tierras que describían. Aunque mi confianza a algunas de sus razas se había mermado, a causa del reciente ataque sufrido, quizá fuese una buena oportunidad para olvidar.
    Me tomó varias semanas tomar una decisión. Sólo cuando vi que definitivamente no encajaba en Kamagua decidí tomar la decisión. Viajaría por el mundo. Eso me serviría para olvidar, para volver a encontrarme a mi mismo… y para volverme más fuerte. Me prometí a mi mismo que ningún ser querido volvería a morir si yo me encontraba cerca. Miré a Tama y asentí para mi mismo. Cumpliría mi promesa.

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