/ Terminada y editada les dejo la Historia de un Nigromante Renegado Fiel a su reina /
Fuente de la Imagen y creador original.
Perfil del creador original.
Relato Del Nigromante.
La oscuridad dominaba en los fríos y muertos claros de la ya caída ciudad. La llovizna moja la poca hierba que aún perdura en aquel lugar. A lo lejos una luz, proveniente de una torre con la bandera de Lordaeron, pero la marca es diferente, es roja, y con una forma un poco torcida. La marca ondulaba en una bandera roída por el tiempo y manchada de sangre. Las luces provenientes del interior de la torre titilan. Una oscura silueta aparece en una de las ventanas de la torre.
El recinto está bastante desordenado, se escuchaba un burbujeo y algo hirviendo, libros por doquier, tantos en librerías como en el suelo, las velas apagadas y derretidas sobre algunos libros. Aparte en una mesa y aparentemente bien ordenada, se encuentra un juego de alquimia de escala monumental, docenas de frascos y jarras, muchas destilaciones en proceso y otras mezclas comenzando a hervir y cambiando lentamente de color. El escritorio principal tenia hojas sueltas encima y debajo de él, una pluma acostada sobre uno de ellos y un tintero casi seco a un lado.
La puerta la abrió de una patada, arrastrando junto al a un hombre de características comunes entre lordaenianos, claro, de ojos azulados y un cabello rubio, su altura, indeterminable por la manera en que lo llevaba y la forma en que lo compacto para meterlo en un armario junto a otros dos. Los tres llevaban las mismas ropas, rojas y blancas, con un tabardo que dibujaba una llama.
Sus dedos secos y lizos buscaban en la oscuridad, lentamente tanteando entre las cosas que descansaban sobre las mesas y libros tomo que buscaba, una jeringa de cristal ya bastante usada por su aspecto, la aguja se había tornado de su plata claro a un amarillento herrumbre que la cubría de una punta a la otra, el cristal manchado de un negro rojizo tanto por dentro como por fuera; se acercó al armario y pincho al que parecía con más tiempo de muerto, saco sangre de su cuerpo mas esta aprecia demasiado coagulada y viscosa, desistió de este y paso al segundo, aunque no el más fresco, la sangre se vertió con suficiente liquidad en el recipiente. Tomo la jeringa llena de sangre con él, sin antes verter un par de gotas en un vial, el resto fue directo al tintero, en el cual se mezcló con la ya seca sangre que había dejado ahí, convirtiendo la de nuevo en un líquido marrón y muy poco espeso, perfecto para la escritura.
Tomo su pluma.
- Veamos… - dijo su siniestra y anciana voz mientras rebuscaba entre las páginas de las hojas sueltas que flotaban alrededor del escritorio como mariposas después de que este las lanzara al aire al no ser la que buscaba.
- ¡Aja! – exclamo al por fin encontrarla.
Coloco la hoja contra la mesa y la luz de una vela ilumino el escrito, de un color vino o marrón, la letra pulcra y cursiva hacía gala en el arrugado y viejo papiro de tono amarillento por los años que pasaron antes de ser utilizado, por un momento el dueño de la pluma observo el papel pensando, pensando mucho para terminar sentándose con tranquilidad sobre la silla susurrando.
- Eres como yo mi querido amigo, habrás vivido muchos años como un majestuoso y bello árbol para que luego viniera cualquier sucio imberbe y cortara de raíz tu vida, y te convirtió en algo tan horrendo y cuadrado que no puedes distinguirte del resto de los tuyos. –
- La diferencia mi cuadrado amigo, es que yo desee ser así.-
Después de aquellas palabras en honor a la cuadrada hoja de papel comenzó a escribir, en él ponía el título:
Memorias:
Por Lonard Rondermishk de Lordaeron.
Introducción.
I. Origen de un bastardo sin alma.Como toda historia escrita en papel para terceros esta comenzara con una introducción, si así es, escrita por mí mismo, yo Lornardo Rondermishk, a falta de alguien mejor, escribiré las pocas palabras que antecederán a este resumen de mi existencia en la vida, quizá más tarde, en otro libro o en el mismo, escriba un poco sobre mi existencia en la nueva vida que se me fue otorgada a cambio de mis grandes y gratos servicios a mi antiguo rey, y perdonada a cambio de un juramento de lealtad mi actual y santísima dama oscura.
Leed si no tenéis ojos, si tenéis pronto dejaras de tener, pero tengáis o no, dad por seguro que si leéis pronto moriréis
Mi madre me contaba muchos cuentos, yo era sin duda su hijo preferido, su único hijo, al menos cuando estaba en mi niñez. Era raro aquello, que una madre no desear a más hijos o que un padre no se los diera. Muchos hablaban de mi madre mal, muy mal. De mi padre era su hombría que ponían en duda, decían que yo no era hijo de aquel hombre que se decía mi padre sino de otro que era amante de madre. Otro que no sería mi padre, imaginar aquello en mi niñez era impensable, mi padre era mi padre y nadie más lo era y mi madre era una fiel mujer que hacia todo lo que su esposo ponía como dictaban las normas sociales de la nobleza de la época. O al menos eso creía más estaba en un error, luego ya describiré los detalles de mis orígenes.
Mi nacimiento sucedió en invierno, mientras caía una suave nieve, así contaba mi madre, la impaciencia en el rostro de mi padre era graciosa según ella, aunque el parecía no sentir lo mismo sobre aquello cuando yo se lo pregunte tiempo después. Si bien diferían en esto ambos concordaban en que había sido el día más feliz de su casamiento. Interesante, ante mí perspicaz mente, y quiero recalcar aquí, que fuera el de su “casamiento” el momento más feliz, pues no se referían a su tiempo juntos como su “vida”.
El evento de mi nacimiento sucedió en Lordaeron, 20 años antes de la abertura del gran portal. Los días eran más tranquilos mucho más tranquilos, aún no había guerra, aún no había orcos ni muerte, la amenaza más grande que había eran los mismos humanos, ladrones o asesinos que siempre eran detenidos y ahorcados en las plazas. Oh recuerdos aquellos, tan dulces y graciosos momentos en que los hombre suplicaban por su vida, la agonía en sus ojos antes de caer por las trampillas y dislocar su cuello. Recuerdo sus ojos desorbitados luego de que los bajaban, siempre llamaron mi atención, porque sucedía aquello, si la soga exprimía el cuello no la cabeza. Tan ignorante era a mis cinco años y tanto disfrutaba de aquellos tan entretenidos momentos con mi tutor.
Mi estirpe esperaba tanto de mí como yo mismo. Siempre fui u niño perspicaz y bastante inteligente, a mis cinco años comencé a leer y desde entonces no hubo nadie capaz de separarme de los libros. Cuando se dispone de tantos recursos como yo, el aprender resulta una tarea sencilla pero indispensable, que dirán de un noble que no sabe leer o no es un letrado en artes de algún tipo, ningún hombre que se llame a si mismo noble aceptara ser ignorante de las letras, las artes o alguna rama del conocimiento más, no hubiese sido inaceptable para mí y el renombre de mi casa. Guiamos, yo y mis padres, y sobre todo mis profesores, mi niñez por el camino del conocimiento y el saber, me convertí en un hombre sabio y letrado arte, anatomía, alquimia y artes arcanas, mi mente hambrienta de conocimiento y mi alma deseosa de poder juntaron sé con las ambiciones de mis padres para formar el mejor de los posibles futuros para mí, sin duda alguna. Aunque quizá no el mejor de los desenlaces para la vida de mis dos progenitores.
Una vez llena la hoja la tomo y observo largo rato, la coloco junto a una pila de otras también escritas, algunas con listas, otras con objetivos o pasos a seguir de algún procedimiento alquímico o algún hechizo, incluso bocetos de creaturas retorcidas y asquerosas a los ojos de cualquiera que ni fuera su creador, para Lonard no eran más que bellas creaciones, obras de arte, eran sus súbditos y él era su dios, aunque no era el dios que había soñado ser, aquello bastaba por ahora.
Tomo otra hoja de la las que estaban sobre el escritorio, mojo la pluma en la sangre del tintero, mas no la movió, por un rato indefinidamente largo, que pudieron una hora o varias, miro la hoja en blanco como analizándola, luego escribió un par de palabras y se detuvo a mirarla nuevamente.
- Es que acaso pensáis que os dedicare unas palabras a todas, debéis pensar que soy un ser ocupado, no podéis estar por allí esperándome para que os hable, servid como lo que sois hojas comunes – tras el reclamo a la hoja que parecía no hacer nada más que ser cuadrada continuo escribiendo.
- Así me gusta – dijo apremiando a la hoja luego de unas cuantas palabras más
II. De la magia a lo prohibido
* da la vuelta a la página *Mis cinco años posteriores a mi adquisición de la habilidad tan necesaria y útil que sería para mí el de la lectura, pasaron de manera tranquila y veloz, pronto, mis padre vieron que no era un niño de juguetes ni amigos, era un niño de libros y conocimiento, un consumidor voraz de libros y saber, justo lo que querían, lo que fue excelente para mi desarrollo mental y emocional. Lo que era de mi agrado hacer era lo que a mis padres le agradaba que hiciese, con su apoyo y orgullo sobre la persona en la que me estaba convirtiendo podría afirmar que crecí en un ambiente idóneo para llegar a ser una gran persona, y con mi prodigiosamente un gran aporte a la sociedad en la que me desarrollaría. Todo esto ser vería opacado nuevamente por un descubrimiento, un descubrimiento que marcaría mi existir para siempre y desviaría mi atención del bienestar social.
Con diez años tenía claro ya en mi mente que deseaba hacer con el resto de mi vida. Deseaba estudiar los misterios de la que sería hasta hoy en día el mayor y más grande de los artes, la magia. Oh, espléndido poder aquel, que reside en todas las cosas de este mundo, un mundo mágico por antonomasia es en el que vivimos. Torpe es el guerrero que desaprovecha este mundo y sus propiedades, con armaduras de metal duro y frio y palos del mismo material dándose a golpes como brutos animales, sin duda solo los privados de intelecto seguirían tal camino, primitivas creaturas con poco de humanos aquellos que preferían la presencia animal a la civilizada, en lugar de estudiar el fino arte arcano que tan relacionado esta con toda forma de vida existente sobre este maravilloso mundo, pero aún más estúpidos aquellos que creen, que un fenómeno lumínico es capaz de preservar la vida mejor que la práctica de la medicina anatómica o incluso… la magia. La magia todos sabemos siempre ha estado por sobre la luz, ya que si bien la luz restaura la vida, es la magia la única que goza el poder de crearla.
Debo hacer aquí y ahora, poniendo como testigos a los tres cadáveres putrefactos en mi armario, una terrible y macabra confesión, no fue, como muchas veces lo insistí en mi juventud, mía propia la inspiración que me llevo al estudio de tan magnánimo arte, oh no no no no no no, fue de un viejo mago y su viejo libre, cuyos nombres hoy no quiero ni soy capaz de recordar.
Luego de leer aquel olvidado libro sobre la magia, sus maravilles, misterios y lo que más me intereso, “límites y prohibiciones” tal y como lo decía el autor. Fui incapaz de sacarme de la mente aquella obsesión, noche y día soñaba despierto con los poderes y habilidades que la magia me podía conceder. Todo aquello de lo que sería capaz, invocaciones, crear fuego o agua o hielo o incluso alimento y bebida, la capacidad para arrasar al más fuerte de los guerreros con mi poder mágico, seria respetado o mejor incluso, temido.
Recuerdo como aquellas aniñadas convicciones daban vueltas en mi mente en mis momentos de inocencia y juventud. Pensar que si pudiese sobre pasar los limite, si fuese capaz de hacerlo, y si yo lo sabía, sabía que tengo capacidad de sobra para lograrlo, y o lograría quebrar los límites y reglas, entonces quizá sería posible cumplir el sueño de mi infancia, crear, crear cosa completamente nuevas, pero no solo convocar agua y alimento, no cosas vivas, deseaba crear nuevos animales, nuevas bestias nuevos seres inimaginablemente extraños y curioso, mas diversidad, mas diversión.
Fue por aquellos días, en el que mi décimo tercer invierno se acercaba, que descubrí lo que quizá haya sido el suceso más importante en el curso de mi historia y mi futuro camino hacia la oscuridad en la que luego me vi acobijado. Fue un día de tantos, de aquello días en los que las fiestas antiguas se celebraban, fue impresionante debo decir, la facilidad con la que se derrumbó un muro construido a lo largo de once años, aquella “maravillosa vida juntos como una familia feliz” que habían creado a partir de farsas y mentiras se destruyó ante mis jóvenes e inexperimentados ojos. Fue gracias al vino, o quizá a algo más fuerte, que descubrí, a mis trece años, la razón del casamiento de ambos mis padres. Mi madre era “una zorra bastarda” según los literales términos de mi ebrio padre, la cual, de nuevo, a testimonio del mismo hombre, en el mismo estado mental, se acostaba con todo quien se dignara a portar un título de nobleza, esto con la esperanza de quedar en cinta y forzar a un casamiento, y él fue el tonto que cayó en la trampa. Así es, el hijo de los Rondermishk no es más que un procreado bastardo nacido en cuna de plata, y no ocultare, es en extremo tráumante para mi joven mente más para mi actual estado resulta tan indiferente como el acto de respirar. Ahora, en cuanto a la versión de la santísima, “zorra bastarda”, de mi madre era que mi padre no era más que un “cerdo impotente de mierda” y que por aquellas malas sorpresas que le dio en la cama, ella tuvo que verse reducida a la vergüenza de buscar otro hombre uno viril que cumpliera con sus deseos carnales o como ella amablemente los llamaba su “sueño de tener un hijo”. Lo cual si bien no resulta esclarecedor sobre la veracidad de las palabras de mi padre, si reafirma mi origen real.
Os preguntareis ahora, mis queridos lectores sobre mi coherencia literaria la pasar de un tema tan hermoso, maravilloso como lo es el de mi amor y gusto por la magia, a uno que pudo llegar a ser en su tiempo, para mi tan horrendo como lo es el de mi origen oculto. Pues aquí es donde, mis queridos seguidores, radica la diferencia entre yo, un letrado en literatura y magias y vosotros simples esqueletos putrefactos sin ningún conocimiento sobre lectura. Pero no desesperéis, no, para que no os quedéis con la duda metida entre los huesos os aclarare toda relación entre ambas cosas en mis siguientes párrafos, si leéis bien, si es que sabéis leer, quizá, solo quizá podáis deleitaros con mi pasado.
Continuemos con tan grata y gran historia. Aquel descubrimiento como ya mencione, marco mi vida de una manera que creí no fuera posible, mi primera reacción consto de la depresión, yo ya no era el hijo prodigo de una prestigiosa casa noble, ahora era un simple bastardo. Esto volteaba mi vida completamente, como saber ahora si tenía la capacidad mental para lograr lo que me había propuesto de más joven. Lentamente la tristeza fue transmutando, para llegar a convertirse en desprecio. Un desprecio que hoy llamo maravilloso, un desprecio que aún sigue siendo la razón de mi día a día. Experiencia maravillosa debo decir, sentir aquel deseo de arrancarle la piel y sacarle los ojos a aquellos dos que en una época no muy lejana adore como deidades supremas, como metas para superar, descubrí mediante mi desprecio que a pesar de ser un bastardo, yo era mejor que ellos, sus pequeñas mentes nobles se encasillaban en sus estúpidos caprichos. Llego el día en que decidí que debían morir, pero no en esos momentos, no, a su tiempo, era una joven paciente e inteligente, y sabía que a su tiempo, me pagarían la condena a la que me habían encadenado al nacer, me pagarían la amargura en la que se había convertido mi diario vivir, me lo pagarían todo. Y sí, me lo pagaron.
“El joven Lonard es un prodigio, por supuesto que es mi hijo”, aquella se convirtió en una de las frases más recurrentes después de mi aceptación como aprendiz en la gran ciudad de Dalaran, por mi potencial e inteligencia en la rama arcana de la magia. Mis padres regodeándose de mi éxito, como si ellos fueran responsables directos de mi potencial, regodeándose de mi fama como si fuera suya, de mi como si fueran ellos, los que hubieran sido aceptados como prodigios. Aquella actitud altanera que tenían solo me hacían despreciarlos aún más, pero dejaremos esto de lado, hasta que vuelva a ser relevante en mi historia.
Johana Runestrike, maestra en el arte arcano de la transmutación mágica, una mujer no solo hermosa sino también en extremo inteligente. Fue ella la encargada de mi tutoría sobre la magia en mi juventud, en ese tan maravilloso arte de la trasformación, increíble el poder y efecto que tiene la magia sobre el mundo en concreto, más una vez que se logra comprender por completo las líneas ley, resultas más sencillo comprender el cómo es posible este tipo de manipulación del tiempo y el espacio. Más que sorprendente, decepcionante fue el darme cuenta de que, aunque maravilloso, no era la escuela arcana que buscaba. Mis sueños iban aún más allá de esto, no me conformaría con manipular solo el espacio que rodea, oh no, yo quería también manipular a las creaturas que habitaban en él. Pensé en un principio que la transmutación convertía al ente en sí, manipulando la forma de este pero no fue más que un error de novato. Aun así me decante por esta rama por bastante tiempo, el carisma de la profesora podría quizá haber influido, era simplemente una mujer maravillosa mientras vivió y muy influyente en mi vida, fue ella quien por una temporada me hizo olvidar aquel desprecio por la sociedad nobiliaria que reinaba en aquella época. Una vez murta debo aceptar, tampoco fue tan mala, una pena que su tan gran mente ahora pertenezca a mi antiguo rey.
Durante mi estudio de la transmutación, descubrí la nigromancia, única y real escuela que se apegaba a mis deseos de crear. De manera teórica por su puesto, logre conocerla. Solo lo más básico, nada en absoluto esclarecedor, lo que estaba a mi disponibilidad en el rango que tenía en aquel momento dentro de Dalaran, un aprendiz, un mago sin entrenamiento no puede ni acercarse al mínimo saber sobre aquella escuela prohibida. Sin embargo mi curiosidad pudo más que las reglas, escabulléndome, mediante susurros y rumores, di con algo sobre aquella escuela, la nigromancia, el arte de reanimar a los muertos. Reanimar a los muertos, es decir, crear vida. Por entonces creía que sería tarea sencilla, “solo es cuestión de conseguir algún libro sobre ello” pensaba, no tenía idea de lo arduo y difícil que es en realidad conseguir tal poder, aunque actualmente puede resultar muy simple, debido al Rey que otorgara su poder a aquel que lo siga y sea suficientemente poderoso o valioso como para captar su interés.
Termino la página y con ella aquella etapa de su vida, dio una rápida mirada y leída a aquella hoja. Tomo con sus huesudos dedos la pluma y la llevo a su deteriorada dentadura mordisqueándola lentamente. Vio a su alrededor, como buscando algo, levanto su mano izquierda, esquelética con una capa delgada de piel aun pegada a los huesos de su brazo y ante brazo, la piel era verdosa y lisa, de aspecto frágil justo como en el resto de su cuerpo. A pesar de que con el tipo de magia que domina podría generar u n cuerpo en un estado menos deteriorado, parecía sentirse más a gusto con aquella frágil forma de verse. Tomo con la mano izquierda un frasco de un líquido como agua, de un color oscuro algo indefinido entre violeta y rojo. Puso un poco de aquello sobre el tintero, una gotas apenas, la tinta perdió espesura y su aspecto era más liquida y ligera.
Se levantó del escritorio y puso la hoja escita a un lado. Estiro sus pocos tendones restantes y sus huesos por así decirlo. La piel también se estiraba, incluso al punto que casi se rompía. Iba vestido con una túnica remendada varias veces, bastante ligera, aquella era su “ropa casual”, algunas de las cosas que conservaba de vida, su gusto por vestirse dependiendo del lugar y el momento, el tic de morder la pluma, quizá algo de nostalgia por lo que dejo atrás y mucho resentimiento y un desprecio por aquellos que creen que la vida tal cual es no puede ser mejorada y evolucionada. Su ánimo siempre era muy similar entre uno y otro, el sarcasmo dominaba cuando se mantenía quieto y aburrido, sin crear o “mejorar” nada. Algo más “animado” o quizá más entretenido cuando experimenta, revive o crea alguna hermosa monstruosidad Y por último algo más tranquilo y sobrio mientras se concentra, fuera en batallas o escritura. Lonard sabía que se convirtió en algo cuyo valor apenas sobre pasaba el de una poderosa arma, más aquellos no lo molestaba en absoluto. Si bien la Reina era muy cuidadosa con cada uno de sus pasos y del resto que como él había decidido o lo habían convencido a trabajar para ella, le otorgaba libertad, libertad que había perdido con su antiguo rey, libertad de pensamiento e imaginación para crear todo tipo de bestias inútiles y de simple entretenimiento para él. Si bien no había alcanzado su sueño a la escala que lo soñó, ahora lo mantenía satisfecho crear a sus súbditos y, aun en pequeña escala, ser una deidad para ellos.
Comenzó a revolver frascos y trastes hasta que encontró un par de gafas que había olvidado tener, no eran suyas, quizá de algún escarlata, quien sabe, sin pensarlo mucho las lanzo al tumulto de cosas acumuladas en la esquina de aquella torre que había usurpado un tiempo atrás. Luego de un rato buscando encontró lo que buscaba, una pluma, fina, de un color plateado, la sostenía en sus manos, con una especie de sonrisa sin labios en su pútrida boca.
Tomo una hoja cualquiera, esta vez no le hablo, no tenía tanta importancia la hoja, sino la pluma. Aquella era una pluma muy importante, un regalo de alguien significativo para él, un maestro.
III. Nigromancia, de la vida a la muerte.
*Cambia de lado de la hoja*Diez largos años pasaría buscando una fuente de poder nigromántico, con esperanza de que tal vez los orcos, capaces de crear muertos vivientes, hubieran traído desde su mundo aquello que les otorgo tal cualidad. Vencidos y encerrados los orcos no eran amenaza alguna, pero tampoco eran de gran ayuda en aquel letárgico estado en el que se encontraban. Nosotros lo magos del Kirin Tor, teníamos permiso para estudiarlos, yo, con mis conocimientos en anatomía y alquimia hice cientos quizá miles de estudios a los condenados seres, mas no pude hallar aquello que les daba el poder. Si se sabía, que era magia demoniaca lo que los hacia fuertes y poderosos en magia, era energía demoniaca de algún tipo, mas aquella magia era diferente a la nigromancia que yo buscaba. En realidad, guardaban más relación de la que yo creía, mas entonces no tenía idea de lo que luego ocurriría, de los planes de la legión de demonios, y la posterior creación de la plaga. De cualquier forma, habría sido imposible por mi propia cuenta llegar a descubrir algo de aquel poder que buscaba.
Gaste mi tiempo en vanó durante diez años sin resultados. El tiempo que había desperdiciado no volvería. Aun con tanto tiempo invertido en mi investigación, mi poder y control sobre la magia arcana, transmutación, alquimia e incluso anatomía aumentaron considerablemente durante los experimentos e investigaciones que lleve a cabo en nombre del Kirin Tor, aquello también me otorgo un puesto envidiable dentro de la organización. Sin embargo, seguí rotundamente prohibido para mí la investigación de la nigromancia. Debía buscar otros métodos, otras formas. Fue curioso, como esas otras formas de hecho arribaron a mi puerta con una invitación, una invitación a una escuela de magia muy particular. Pocos sabían que sucedía dentro de aquellas puertas realmente, tan ineptos y confiados que nunca vieron al enemigo bajo sus narices. Sin duda estaban al tanto de mi búsqueda, además de impresionados con mi poder y mi capacidad para manejar y aprender sobre la magia, sabían que me convertiría en un gran y poderoso aliado.
“Nosotros somos el culto de los malditos, obedecemos y servimos a aquel que reina sobre la muerte”. Me entregaron un mapa junto a la invitación señalaron el lugar, a donde debía acudir antes de mi aceptación en s “club”. Llegue a la casa en las afueras de Andorhal donde estaban todos, esperando mi llegada, todos, incluido yo, encapuchados, fue ahí donde me recibieron, con las manos abiertas como si fuera un miembro de su familia, y así lo era, era parte de ellos ahora, una vez jurado mi alma y lealtad al rey de reyes obtendría lo que tanto anhelaba, aquel poder, el poder de crear. El culto de los maldito .descubrí con el pasar del tiempo que compartían ciertos de mis ideales del mundo, búsqueda del poder, un mundo más unido, todos en un mismo fin, donde nadie temerá, donde todos seremos dignos de servir a un solo Rey, no, una deidad. Donde los ahora nobles que se regodean en su inmundicia caerían, fue quizá eso, lo que me termino de convencer, la posibilidad crear una nueva jerarquía donde adoptaría un nuevo nombre, una nueva casa nobiliaria a mi nombre a mi creación, por fin sería un digno y no un bastardo de sangre manchada con los pecados de mis padre, e ofrecían una nueva vida si sirva bien, un regalo de inmortalidad y poder, quien se negaría ante tal ofrecimiento, quien en su sano juicio rechazaría la inmortalidad y el reconocimiento que el rey le daría una vez que tomara el poder. Yo definitivamente no lo haría, aun si pudiera volver a escoger sabían las consecuencias de mi elección volvería a elegí r lo mismo, no existe otro camino posible para mí, nunca lo existió.
Se quedó mirando la pluma un largo rato, luego de usarla una vez la devolvió a la basura que se acumulaba en el rincón de la torre. Consiguió otra de color gris pero antes de seguir se dispuso a prepararse para sus invitados.Scholomance, era el nombre de aquel lugar, una escuela de nigromancia. Oculta tras el velo de ser una academia más. El gran maestro nos enseñaba todo lo que el Rey le había enseñado cuando viajo a el norte, al lugar donde él residía. Nos enseñó, solo los mejores continuábamos en pie, aquellos que eran débiles y no soportaban el régimen de entrenamiento eran severamente castigados, nunca se volvían a ver o hablar de ellos. El maestro sabía que tenía muy capaz alumno en mí, el mismo me lo dijo en su momento. Durante los dos primeros años de estudio logre dominar la magia, gracias a la enseñanza y tutoría de los maestros y al poder del gran Rey, nos hablaba en nuestras mentes, algunas veces éramos bendecidos con el don de su voz, solo los dignos éramos capaces de escuchar sus mandatos y sus conocimientos, recibíamos su poder pero también perdíamos nuestra voluntad. Ninguno de nosotros jamás notaria aquello, todos habíamos cedido a voluntad, habíamos entregado nuestra alma, y con ella nuestras aspiraciones. Lentamente olvide, olvide mis sueños mis deseos, mis odios, los olvide todo.
Tres años después de la creación del majestuoso ejercito de seguidores de nuestro rey, se llevó a cabo el plan, el Maestro Kel’thuzad fue asesinado durante el cumplimiento de nuestra misión, después de eso y de la caída de Stralthome, la mayoría permanecimos ocultos, tal y como se nos había ordenado, trabajando desde las sombras, camuflados como personas comunes, como miembros activos de la sociedad, destruyéndola desde adentro. El tiempo de inactividad fue algo largo, la mayoría no sabíamos que hacer, más el rey ordenaba paciencia y paciencia teníamos. Algunos, muy pocos, conservaban aun su humanidad intacta, yo ya había perdido la mía casi por completo, mi blanca piel se había tornado amarillenta juntos con mis dientes, las grandes ojeras que miraban mis ojos y su color, ahora de un negro profundo cuando una vez fueron casi dorados. Mi cabello largo y lacio se había reducido a retazos del mismo, maltratado, podrido. La magia oscura con la que había pactado y utilizado me carcomió lentamente, mi existencia mortal estaba por llegar a su fin, pronto seria recompensado, por mi servidumbre, si así el rey lo deseaba. Entonces llamábamos la “ascensión máxima”. El premio por una vida de servidumbre, una inmortalidad de lo mismo. Éranos esclavos, esclavos bajo el dominio de un rey, no teníamos nada mas de nosotros, éramos simples peones, marionetas sin pensamientos más que los de servirle a nuestro amo, señor y rey, era patético. Como acabe así cuando buscaba el poder de crear, de dominar, de convertirme en maestro no en esclavo, lo que obtuve no fue lo que habían prometido, nos engañaron con promesas falsas, al final, no importaba, pues nosotros ya habíamos olvidado quienes éramos.
Hubieron más batallas antes de mi conversión, cuando Arthas regreso convertido en el campeón de nuestro Rey, sabíamos que habíamos triunfado, la progresiva caída de Lordaeron fue nuestro mayor triunfo, aquella masacre, sangre inocente por doquier, hermanos asesinándose entre sí, padres matando a sus hijos e incluso, los muertos que recordaban con tanto cariño desgarrando la piel de los vivos. Ah, aquel caos fue sin duda satisfactorio, fue la muerte entonces que me llenaba de ánimo, recuerdo a la perfección, como gritaban los sirvientes de mi hogar cuando derrumbe la misión con todos ellos y mis padres dentro, fueron tan satisfactorios.
Recuerdo cuando ascendí, si, fue en la entrada de Quel’Thalas, fue entonces cuando mi señor nos otorgó a mí y a otros cuatro nigromantes el santísimo regalo de la eternidad. La hermosa visión de mi amarillenta piel descomponiéndose en vertiginosa velocidad, mis huesos llenándose de la energía nigromántica, como mi espíritu y mi cuerpo cambiaban con aquel enorme poder que se me estaba otorgando, como mi alma se ennegrecía aún más y se ataba a mi cuerpo. Mis sentidos cambiaron de una manera espectacular, mi visión era completamente distinta, ni la oscuridad de la noche ni la luz del día eran ahora factores de ella, mi vos resonaba desde el fondo de mi alma, mi audición se había transformado en percepción y el tacto había muerto en mis huesudos dedos. También había un cambio en el uso de mi poder, al contrario de en vida, la magia que usaba no degeneraba mi cuerpo, lo regenera, podía sanar mi tejido muerto a placer, podría usar desde aquel momento todo mi potencial.
La ciudad de los elfos cayó ante el jugo de la plaga, ya nadie podría detenernos, éramos invencibles. Recuerdo mis días como nigromante de la plaga, aún conservaba ciertos atisbos de voluntad y conciencia, manejados por una obediencia inquebrantable sembrada en mi mente durante años y que ahora ahogaba mi pensar. No podía odiar aquella esclavitud como ahora, no, en aquel momento mi cerebro no era capaz de crear sentimientos tan complejos, lo único que podíamos hacer era obedecer, a cambio del estímulo y engaño mental de que aquello era lo único que realmente deseábamos hacer, servir.
- Padre – golpeo una puerta con sus huesudos nudillos-
- Hora de cenar – dijo con una macabra sonrisa, enseñaba los dientes, más de lo común, de manera cínica mientras pensaba lo que su esbirro les haría a los pobres escarlatas que vendrían por su amigo.
Su padre, o al menos el esqueleto de este se levantó, con un enorme hacha en manos y una especie de casco sobre su cráneo casi sin piel. Lucia como cualquier otro esqueleto viviente, sin ningún rasgo en particular que le diferenciara. La piel roída, la cara desfigurada, algo de las encías y un poco de su musculatura aún se mantenían pegados a sus huesos.
Podía escuchar claramente las voces de los humanos, las pisadas de sus botas de placa contra e pantanoso suelo que rodeaba la torre. De un golpe derribaron la puerta, le encontraron sentado en su escritorio, con una pluma gris en las manos y un papel sobre la mesa, de espaldas a ellos tres, con suma tranquilidad se disponía a escribir.
Eran tres, uno con un hacha, otro con telas como ropas y la tercera una mujer. El del hacha cargo en dirección a Lonard con ánimo de rajarle la cabeza a la mitad. Lonard no volvió a ver, un simple chasquido de sus dedos y la puerta del “armario de suministros” como él lo llamaba salió volando golpeando al soldado escarlata. Del armario, un zombi, con ropas escarlatas y el tabardo de la flama, se lanzó directo contra sus ex compatriotas. El esqueleto de su difunto padre se lanzó contra la muchacha incauta, desde las escaleras de la torre. Mientras el tercero se debatía entre ayudar a sus compañeros o salir corriendo comenzó a escribir de nuevo.
IV Desenlaces.
Aún recuerdo nuestro despertar. El lugar en el que retome mí con ciencia de vuelta fueron las Entrañas de Lordaeron. Aunque en aquel momento no era tan… viva como lo es ahora. Muchos de los necrófagos e incluso poderosos nigromantes que habían sido reducidos a esclavos sin mente, recuperaron su conciencia en su totalidad. Los más altos rangos aún seguían con la lealtad hacia el rey, pues eran ellos los que gozaban de más libertad y conciencia, los bajos, los necrófagos y zombis ahora pensantes, parecían no estar de acuerdo con la esclavitud en la que habían sido sometidos a la fuerza. No éramos muchos los conscientes de que éramos libres, de que la vos de nuestro Rey se había callado, más los que aún seguían en ese estado letárgico parecían no percatarse.
Comenzamos a reunirnos en secreto y en pequeños grupos para no llamar demasiado la atención de los altos mandos que conservaban parte de su conciencia tan intacta como su servidumbre. Existía la posibilidad de rebelión, por primera vez desde que la plaga nació se daba algo como esto, que significaba, acaso el rey estaba muerto, miles de dudas se posaban en mi mente, y fue solo una bella dama la que las aclaro todas. La Dama Oscura nos prometió una sociedad para nuestra raza, donde seriamos libres, unidos por el odio, una sociedad la utilidad y no la herencia sanguínea seria la forma de diferenciar a los nobles de los plebeyos, una sociedad donde todos lucharíamos por vengarnos por lo que nos arrebataron, por las familias, por las vidas y en mi caso por mis sueños.
La toma fue el primer paso, el ataque de Sylvanas contra Arthas falló mas no por completo, el campeón huyo tras aquello, el resto nos quedamos aquí, luchando contra los fieles, los sin mente, la plaga de la que una vez fuimos parte ahora…
[/I]
Deja de escribir. Voltea y apunta con su esquelético y delgado dedo uno de los escarlatas, el de la ropa de tela y bastón en manos, cae al suelo haciendo un espantoso ruido, preso de un dolor agonizante en su mente, ocasionado por alguna maldición que susurra Lonard mientras intenta acallar las molestias que interrumpen su escritura. El del hacha forcejea contra el esqueleto y el zombi, se encuentra herido y con varias mordeduras de zombi en su cuerpo. La muchacha que los acompañaba tiene el hacha que cargaba el padre de Lonard incrustada en la espalda y ya hace muerta sobre el suelo de piedra de la torre. Desangrando para decorar la nueva casa del nigromante.
Los escarlatas ya no hacen ruido, el único sonido ahora es el de el zombi devorando su carne. Cambio de pagina y continuo escribiendo, ya casi amanecía.
… era y aun hoy es nuestra enemiga. Fuimos nombrados por nuestra reina, como los renegados, sin duda un nombre glorioso de tan gloriosa boca como la de mi Reina. La Dama cumplió su palabra, y aunque nos costó algo de tiempo, logramos vencer sobre los que intentaron esclavizarnos tras la partida de Arthas, los mismo señores del Terror cayeron ante el poder de la nuestra reina, ante nuestra voluntad de ser libres.
Termino de escribir, tomo la hoja y el resto, con sumo cuidado las introdujo entre las páginas de un libro enorme y bien conservado, guardando las ahí hasta su regreso. Observo al esqueleto volviendo a su “habitación” como siempre lo hacía después de la cena y al Zombi aun devorando a las escarlatas. Con una orden el zombi hizo lo mismo que su padre. Miro a los cadáveres y decidió dejarlos allí, cuidando de su nueva casa.
Volvimos a Lordaeron, a recuperar lo que quedaba de nuestro antiguo hogar. Volví a las ruinas de lo que había sido mi mansión, la casa de los Rondermishk casi completamente destruida por mi propia mano, dentro no encontré nada que me fuera útil excepto por él. Mejor que cualquier libro y cualquier vestimenta, fue lo que encontré en aquella casa, el cadáver de mi padre. Ya hacia abajo los maderos del techo que se habían caído sobre el aplastándolo en gran parte, logre sacarlo con un poco de esfuerzo y reanimarlo para ser mi sirviente. Aunque ya no era el mismo, su cerebro estaba demasiado dañado y su cuerpo demasiado podrido. Sin embargo conserva la fuerza de su juventud.
Yo estuve ahí, cuando gracias a la dama oscura se irguió una nueva raza, una nueva nación. Las remodelaciones de Entrañas tomaron su tiempo, mas nunca descansábamos, siempre en busca de más renegados para liberar de la opresión del Rey. Pocos con la capacidad de liberar a los esclavizados nos unimos a la reina y aún más pocos sobrevivimos hasta hoy. Yo vi como de una guerra civil Lady Sylvanas irguió una nación, la misma que por una guerra civil se encuentra amenazada hoy. Defendimos entonces nuestra libertad y nuestra Reina y esta vez lo volveremos a hacer.
Continuo caminando, miro la puerta rota, de verdad le agrava aquel lugar, lo arreglaría o quizá le ordenaría a alguno de sus sirvientes hacerlo. Por ahora debía volver a Entrañas, las cosas se ponían cada vez más tensas, la guerra estallaría en cualquier momento y debía estar cerca cuando sucediera, era necesario su apoyo para con su reina. De un armario saco una capucha y una túnica completamente negras, las cambió por las ropas rotas que portaba en aquel momento. Marcho después de esto, en dirección sur, a Entrañas, la capital de los renegados.


LinkBack URL
About LinkBacks


















Marcadores