Página 1 de 2 12 ÚltimoÚltimo
Resultados 1 al 10 de 18
  1. #1
    Forero Hiperactivo
    Gareth está desconectado

    Mensajes
    738
    Poder de reputación
    10

    Predeterminado [2º Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Levantamiento de Proeza

    Este se trata de otra historia, pero no de una raza, si no de una clase, una de las tantas clases que ofrecemos ¡SOLO! con evolucion a lo largo de meses incluso años de un personaje, como Berseker, Shadow Hunter, Demon Hunter etc... Todo lo que podeis ver en este post Normas: Clases de Prestigio y Clases Especiales

    CABALLERO DE LA MUERTE

    Especificando de nuevo, es la clase Heroica caballero de la muerte, preferiblemente de los primeros anexionados a la plaga, siendo uno de esos heroes humanos, y ahora melancolicos u asesinos caballeros oscuros, pueden ser tanto de la plaga, renegados o caballeros de ebano, la historia precisa una amplia descripcion de la vida anterior del buen hombre, y la vida posterior a su muerte, como en un tiempo sirvio al rey lich, como siguio sirviendolo o como se libero de el, cada uno de los roles sera permitido y evidentemente la raza favorita para esta clase es Humano de Lordaeron.

    No explicare mas sobre la raza, ya que todo viene en la guia, mas que decir que las historias debeis postearlas aqui y seran puestos los ganadores en este mismo post el dia 30 de este mismo mes, Julio.

    Los caballeros de la Muerte son guerreros de la Plaga de gran poder, malévolos y equipados con armas de hojas rúnicas. El primero y más importante de todos fue el Príncipe Arthas.

    A diferencia de los caballeros de la Muerte creados años antes por el brujo orco Gul’dan, los caballeros de la Muerte modernos son agentes de diferentes orígenes, muchos son individuos que habían perdido la fe y entregaron su alma al Rey Exánime a cambio de la promesa de la inmortalidad. Los caballeros de la Muerte que caen luchando enseguida se levantan de nuevo para continuar obedeciendo a su maestro.

    En los años transcurridos desde que Arthas destrozase el Trono Helado y se fundiese con el Rey Exánime, el poder y la furia de los caballeros de la Muerte no ha cesado de crecer. Ahora estos implacables cruzados de los condenados esperan con impaciencia que el mando del Rey Exánime libere de nuevo su furia sobre Azeroth.

    PD: Reitero que estan prohibidos caballeros de la muerte de la vieja legion, solo se permiten de la plaga, como especifique antes, PLAGA, RENEGADO (No de Sylvannas, si no el significado Literal u Caballero de Ebano)

    PD: Os recomiendo este Link para que sepais más sobre los caballeros de la muerte, no son solo caballeros muertos con skins propias.
    http://www.tierraderol.com/foros/f90...html#post12414


    (Han de haberse echo dentro de la fecha del concurso, no anteriormente) Suerte a Todos.


    Condiciones

    -Esta prohibido plagiar total o parcialmente un trabajo de internet, realizar esta acción se considerara algo grave
    -Los premios podran modificarse dependiendo de la calidad media de trabajos.

    PD2: No se pueden hacer historias de personajes que se han tenido o se tienen, (Desaparecidos borrados o vigentes para clases de prestigio) y las historias de cada premio no se pueden mezclar, por ejemplo no puede ser un Vrykull Caballero de la muerte.

  2. #2
    Forero Legendario
    sacro está desconectado
    • sacro's Personajes
      • Nombre:
      • Pablo "Sanctus" Lionhammer
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Humano
      • Clase:
      • Paladin
      • 2do Personaje:
      • Susan "Susy" Lionhammer/Humana

    Mensajes
    1,106
    Poder de reputación
    52

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    bueno, se que por ser el primero no quiere decir que voy a ganar el concurso, pero aquí les va mi historia de Lightbrand Lionhammer 2011 segundo aniversario versión 2.0 xD... como siempre gracias al Staff por la oportunidad y obviamente desarles a todos un feliz aniversario. con mucho cariño para todos ustedes:





    Lightbrand Lionhammer “El Caído”


    Capítulo I: El Nacimiento... de un Elegido.

    Una vida de gloria, nacido… para servir a su rey y a la luz.

    Así lo declaró su padre, orgulloso el día que Lightbrand nació…

    Ese día, tormentoso, en una caravana, el muchacho abrió sus celestes ojos al mundo, por vez primera.

    - AAAAGH-
    El gemido de la madre retumbaba en toda la carreta, mientras que Iván se encargaba de vigilar las afueras.
    Frank, que de joven había ayudado a su madre en los partos de muchos pequeños, además conocedor de la medicina y la enfermería colaboraba en el parto.
    Tarin, como su padre antaño… solo miraba nervioso y tembloroso a su mujer parir al segundo de sus herederos. Le limpiaba la frente empapada de sudor y le miraba sonriéndole algo nervioso.
    - ¿v-ves? I-inclusive a-así te v-ves h-hermosa-
    Le dedicaba una tierna sonrisa y le daba un pequeño beso en los labios, Laura sencillamente sonrió ante la ternura de aquél hombre… cuánto lo amaba.
    - t-te…t-e ¡AAAAAAAAAH!- el grito interrumpió el momento, puesto que el pequeño estaba cerca de nacer.

    Frank concentrado y limpiándose un poco el sudor levantó la mirada…
    - ¡laura!, no desfallezcas ahora… ¡ya viene!-
    La madre estaba muy cansada, ya había dado a luz a un pequeño… pero el parto no era fácil por más veces que lo hubiese hecho. Tarin le quitaba los mechones mojados de la frente y la peinaba, mientras temblaba nervioso.
    Un último esfuerzo de Laura se hizo… puesto que cayó rendida sobre la cama improvisada… se hizo el silencio.

    Pero un pequeño llanto lo interrumpió.

    Tarin abrió los ojos como platos, no se atrevía a ver… Frank parecía en shock, puesto que era la primera vez que el mismo se encargaba solo de dirigir un parto. Cortó el cordón umbilical y limpió al pequeño. Laura temblaba cansada y jadeaba pesadamente.
    Iván, el más anciano de los cuatro servidores de la luz, que fuera vigilaba y mantenía el orden, no aguantó la curiosidad y metió la cabeza en el carromato. Sonrió de oreja a oreja.

    Frank acercó al pequeño a su padre, que no sabía como tomarlo en brazos… lo había hecho ya con Paul, pero era difícil siempre, no saber como tomar al recién nacido.

    -S-santa luz… es… es mi hijo- las lágrimas brotaron de sus esmeralda ojos observando al pequeño que abría sus ojos por vez primera al mundo. Sus destellantes ojos azules miraban a su padre, cuán desconocido. De piel morena y rasgos finos...

    -Lightbrand….- dijo mirando al pequeño aquél padre.

    Laura por fin levantó su celeste mirada, idéntica a la de ese pequeño… y no pudo evitar sonreír al ver a su esposo y a su hijo mirarse cara a cara.
    - bendito seas en la luz, Lightbrand… bendita seas tú, mí amada Laura… -
    Levantó al pequeño al aire y le hizo una bendición en la frente… el pequeño ya no lloraba, desde que miró a su padre a los ojos.
    - he sido bendecido por la luz, teniéndote a ti Laura… y teniendo a estos dos pequeñitos-
    No cabía en mayor felicidad, dándole un beso a su amada.
    - y yo… a ti mi querido Tarin-
    Enseguida, Tarin recordó que era imperioso bautizarlo, como su familia lo hacía y miró a su compadre, que enseguida asintió y buscó entre las pertenencias de todos, una pequeña caja. Iván, observando la escena entró a la carreta con solemne respeto, orando en silencio.
    Iván cogió la pequeña cajita y la abrió. Dentro se encontraba el distintivo familiar, uno de tantos, puesto que ellos destacaban ya por su color de piel. Se lo dio al padre, que dejó en brazos de su padrino al pequeño.
    Pero el colgante, era un tesoro que los acompañaba desde el nacimiento hasta la muerte.
    - ante la luz, ante la patria, ante la familia… es un Lionhammer… honor, luz y gloria- decía Iván solemne, que había visto ya tanto el nacimiento de Tarin, como el de los hijos de el y su hermano… estaba rebosante de orgullo, aunque por la edad, no era de esos que demostrasen el cariño y el amor a primeras. No cabía en la felicidad además, porque hacía unos meses también había nacido su pequeña. Estaba orgulloso.
    - fuertes como un León- dijo Tarin, que miraba a su esposa cansada y a su viejo primo con orgullo. Frank meramente observaba con el pequeño en brazos, mientras que su padre le colocaba, el colgante.
    - Somos los Lionhammer…- dijeron los hijos de aquella familia, Frank asintió en silencio, honrado de ser compadre de Tarin, alumno de Iván y amigo de Laura…


    Tarin fue insistente con Laura… pero ella no quería entender razones. Estaban en pleno albor de la segunda guerra y ella, con un recién nacido no podría seguir de enfermera en el frente.

    Debía regresar a Lordaeron...

    Pero Laura era una mujer testaruda y hacía ya tiempo, que su marido se había ido al monasterio y no le había visto por muchísimo tiempo. Dejarlo en la guerra solo sería una agonía muy grande para ella… no podía permitirlo. Pero también entendía que su pequeño estaba allí y un infante no debía estar en un lugar como ese.
    Una última vez Tarin le insistió y esta, tras tanto luchar porque accediera, dijo que sí… pero ese día quizás marcó el inicio de lo que sería la vida de Lightbrand… aquella noche la emboscada de los orcos cegó la vida de sus padres… Tarin luchó con valentía y la mismísima Laura también, pero era imposible detener a los orcos.
    Aquella noche tormentosa, Lightbrand lloraba mientras que su madre trataba de calmarlo alimentándolo y arrullándolo con canciones de cuna. Pero el niño nada lo tranquilizaba. Quizás era por la lluvia, quizás por los truenos, pero cuando Laura pensaba en ello… los orcos atacaron.
    Plantaron una gran masacre, en la que ella misma cayó asesinada, Tarin luchó… pero al ver a su mujer muerta, perdió esperanzas. Solamente le quedaba enviar a su compadre a un lugar seguro mientras que el detenía a los orcos dándole tiempo de escapar.

    -¡VETE! ¡CUIDA AL NIÑO FRANK!-

    Aquellas palabras rondaban la cabeza del padrino… que espoleaba rápidamente al corcel llevando en sus brazos al pequeño… por su sangre y honor, así lo cumpliría.
    Los años pasaron, viviendo la tortuosa época de la plaga y el azote. Vivió en desgracia Frank porque no estuvo en su patria para cumplir con su cometido. Había llevado al pequeño a Ventormenta y allí crecía como un niño normal. Necesitaba, devolverle a su patria lo que no le había dado durante la plaga.
    Supo entonces que muchos de los suyos partieron al lejano Kalimdor, con lady Valiente… si de algo le servía, ese sería el consuelo de no haber luchado en Lordaeron contra el azote.
    Ayudaría a sus compatriotas a formarse un mejor futuro en aquellas tierras, ya en Ventormenta había cumplido luchando en la segunda guerra.
    Y así, se llevó al pequeño Lightbrand, que nunca conoció a su familia… salvo por relatos de su padrino, que era lo más cercano a padre que tuvo.

    Lightbrand crecía feliz entre los pequeños de Theramore, pero algo destacaba en el… tras nunca haber conocido a sus padres ni a su familia, su padrino lo cuidaba y admiraba de más… el chico desarrolló una arrogancia y prepotencia demasiado exageradas. Era un rebelde, pero Frank siempre creyó que sería temporal y que el servicio a la luz, sería lo que lo encarrilaría.

    Para Lightbrand, la luz era respetada, pero sencillamente no pasaba para más… para el, la luz solamente estaba ahí… en el fondo, su devoción no era aquella, pero igualmente respetaba a Frank y además, respetaba lo que su madre había estudiado y por lo que su padre había tomado un juramento.

    Si la luz había sido tan importante para sus padres, que no conoció, de algo tenía que servir.

    La infancia pasaba, estudiando los tomos que Frank le daba. El niño tenía una comprensión increíble y una inteligencia envidiable. Destacaba en la escuela y sumado a eso, había desarrollado hombros anchos y brazos firmes. Frank sabía que sería del porte de su padre, además, un carisma único y una labia que en los niños poco se veía.
    Esto, lo miraba Frank con admiración… era igual que el mismo Tarin, cuando eran jóvenes.
    - acércate, Lightbrand… y dime, ¿qué ves?-
    Observaban una frase en uno de los tomos del viejo Frank…
    “aquél que muera protegiendo al inocente… tiene en el seno de la luz, el descanso”
    - entiendo e interpreto que aquél que muere sirviendo a los dictámenes de la luz, tendrá en su sabiduría la eterna promesa del paraíso… el descanso en el seno de la luz, lo tiene aquél que lucha por los inocentes-
    -eres muy inteligente Lightbrand… tu padre estaría orgulloso- Frank no cabía en el orgullo de ver a ese, su ahijado siguiendo los pasos de su padre.
    - lo se Frank… se que estaría orgulloso de mí, siempre me lo dices-
    - recuerda que la soberbia no puede estar en el camino de un paladín… eso te diferencia a ti de Arthas y su plaga… no lo olvides, muchacho-
    - no lo olvidaré… jamás lo olvido- le sonreía el chico a su padrino… antes de continuar estudiando los tomos sagrados.
    Era imperioso, según creía Frank que el muchacho siguiera la senda de su caído padre.
    Pero el muchacho añoraba otras cosas. Sabía que tenía una gran familia… pero no conocía a ninguno. Sabía que eran nobles, cosa que el nunca había disfrutado… esto lo molestaba. Puesto que los placeres que daba el dinero no los había disfrutado, Frank le había inculcado una vida humilde y no apegada a bienes materiales, pero el muchacho siempre se preguntó como era el vivir rodeado de aquellos lujos…
    Aquella era su infancia… creció viviendo bajo la tutela de Frank, que fue a quien llamó padre.





    Aquella mañana, el sol siquiera había salido, pero Frank había escuchado el golpe de la puerta de la entrada de la casa… Lightbrand había salido.

    Habían pasado ya unos cuantos años desde que su padrino le había enseñado sus libros y le había inculcado los principios de la luz:

    Respeto… tenacidad y compasión.

    Ya no era el niño que había aprendido los principios de la luz… tenía catorce años, pero parecía tener muchos más, era un muchacho muy alto, con el cabello largo atado a coleta, sumado a una cara de rasgos varoniles y atractivos… siempre con un gesto altanero y bravucón en el rostro, pero de un corazón grande y bondadoso. Como todos los Lionhammer.

    Llevaba el mandoble viejo que Frank le había dado para que comenzase su instrucción con la espada. Se acercó a los barracones, a escondidas de su mentor con la intención de alistarse. Ese día había reclutamiento…

    -ATENCIÓN, IMBERVES- decía el capitán Rogers, que era veterano de la segunda y tercera guerra- HOY ES EL DÍA, QUE SE VERÁ SI SOIS VERDADERAMENTE HOMBRES…HOY, DEMOSTRARÉIS FIDELIDAD A LADY VALIENTE Y AÚN MÁS… A VUESTRO NUEVO HOGAR… HOY, MIS QUERIDOS MUCHACHOS… SERÉIS RECLUTADOS EN LA GLORIOSA GUARDIA DE THERAMORE-

    Las palabras del capitán llenaban los corazones de los jóvenes… pero muy en el fondo, Lightbrand no se veía movido por aquél patriotismo. Había nacido sin patria y para el patriotismo no suponía gran cosa. Pero igualmente respetaba a todo aquél que lo tuviera.

    - tú, el alto… nombre y edad- decía el capitán, al momento que Lightbrand se ensimismaba en sus pensamientos.
    - Lightbrand Lionhammer, catorce años- trataba de aparentar madurez y engruesar la voz para que el capitán no dijese nada por la edad… pero Rogers era un zorro viejo, sabía desde que lo vio entrar a los cuarteles que era un simple crío.
    - muy joven… el año que viene podrás participar, chico-
    - ¿joven dice?- interrumpió el muchacho indignado- acaso para el servir a la patria, en tiempos de guerra… ¿el enemigo distingue la edad? ¡No!... la luz, hermanos, no distingue a la hora de cumplir el deber… el llamado de la luz, de la patria, llega cuando la luz misma, o el sentir patriótico, lo exige… ¡y este, capitán, es mi momento!, ¡el momento de todos nosotros!-
    El capitán quedó boquiabierto… los muchachos, que como el eran aspirantes enseguida gritaron eufóricos por aquellas palabras. Atrás, en la entrada del cuartel, el viejo Frank observaba al chico. En parte conmovido por las palabras que había dicho, en parte molesto, por la altanería a la que se había dirigido al capitán.
    El capitán no evito reírse…
    - siempre hay un altanero y un cabezota en los reclutamientos, pero tú chico… usaste palabras que antes no había escuchado, lo reconozco- decía el capitán mesándose las barbas- así que te daré una oportunidad… levanta la espada y sígueme-
    Los gritos de ánimo de los aspirantes, así mismo las miradas curiosas y expectantes adornaban el aire en ese momento.
    En sus adentros Lightbrand se sentía en parte fregado. Conocía la trayectoria militar de Rogers, pero el había sido entrenado por Frank, estaba seguro de su habilidad. Solamente le quedó rezarle a la luz para que le ayudara en ese combate.
    Ambos se acercaron a la arena de entrenamientos.

    Ya el muchacho no sonreía autosuficiente, miraba fijamente al capitán, que serio levantaba la espada contra el.

    -demuestra, de que pasta eres… chico-
    Lightbrand no desaprovechó la oportunidad de atacar… pensando que en el fondo, el capitán fue estúpido al permitirle el primer golpe…

    Atacó en barrida… pero Rogers anticipó su golpe colocando la espada en el camino de la de Lightbrand… un sonoro choque de espadas inundó el lugar.
    Lightbrand se encegueció, comenzó a atacar con furia a Rogers… este pacientemente bloqueaba y se mantenía a la defensiva.
    La batalla entre ambos seguía, pero a cada momento Lightbrand hacía gala de una pericia y talento excepcional… si algo había aprendido bien de Frank había sido el combate con la espada.
    Rogers lanzó una barrida con la espada, pero Light se agachó a tiempo, logró aprovechar el punto flaco de defensa de Rogers y le ensartó un golpe con el lado sin filo de su espada… Rogers se dobló en un quejido de dolor y Lightbrand le asestó una certera patada en el mismo lado… Rogers cayó.
    El filo de la espada lo coloco al pecho del capitán, que se quedó inerte e impresionado… no solamente eran palabras las de aquél muchacho.

    -levántese, Capitán- dijo Lightbrand, recuperando aquella sonrisa altanera que siempre llevaba en su rostro. En ese momento no creía que había vencido a uno de los más fuertes soldados de toda Theramore… se sentía magnificente.
    El capitán se levantó, entre gritos y vítores… se limpió pacientemente el tabardo y levantó una mano. Se hizo enseguida el silencio.

    - llegué a dudar, de la pericia y el talento de vos, Lionhammer- decía tomando un respiro- pero así como tenéis una labia de un completo arrogante y liderazgo, tenéis lo que se necesita, para ser un soldado… para mí, tenéis talento… bienvenido al ejército de Theramore-

    Frank de lejos observó la escena… se sentía orgulloso, de que el muchacho se uniera a la armada. Pero por otro lado reprochaba como recibía los aplausos y se vanagloriaba por la victoria.

    Era el comienzo, de lo que sería el chico en un futuro no muy lejano.
    Última edición por sacro; 22/07/2011 a las 05:44




  3. #3
    Forero Legendario
    sacro está desconectado
    • sacro's Personajes
      • Nombre:
      • Pablo "Sanctus" Lionhammer
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Humano
      • Clase:
      • Paladin
      • 2do Personaje:
      • Susan "Susy" Lionhammer/Humana

    Mensajes
    1,106
    Poder de reputación
    52

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Capítulo II: El Eterno deber y la Senda de la Luz.
    La celeste mirada recorría la silueta de los pantanos… un grupo de ogros transitaba por el lugar, gritando y farfullando cosas in entendibles.
    La mano enguantada se levantó…

    -¡POR LADY VALENTINE!-

    Los gritos de guerra se hicieron escuchar… los cascos de los caballos igual y el sonido del acero desenfundándolo de las vainas.

    La guardia de Theramore atacó a aquél contingente de orcos….

    -¡POR LA LUZ!-

    Levantó la espada y la apuntó al frente… iba a la cabeza con su fiel ébano… blandió la espada y decapitó a un ogro. Sus compañeros hicieron lo mismo… de una manera abismal y avasallante. Los cuerpos de los ogros caían inertes, chorreando sangre y sumado a eso, corrían desesperados con la intención de retirarse o al menos reagruparse. Pero Lightbrand no guardaba piedad alguna contra los enemigos de Theramore.
    Cuando levantó su mirada… observó la masacre plantada contra los ogros… no evitó sonreír complacido.

    -¡POR LA GLORIA DE THERAMORE!, ¡POR LA LUZ!-

    Sus hombres levantaron las armas eufóricos… otra victoria más sobre los ogros. Los mantenían a raya. Lightbrand… poseía un talento descomunal para la guerra, había tenido un rápido ascenso y era, a pesar de su corta edad un sargento de la guardia.

    -has vuelto a vencer a los ogros… Lionhammer, tienes talento- Rogers con orgullo palmeaba la hombrera del muchacho que sonreía autosuficiente- creo que ya estás listo para lo que conllevará nuestra próxima lucha-
    -¿próxima lucha?... ¿de qué se trata, capitán?-
    -Northrend muchacho… el mismo corazón de la plaga-
    Los ojos brillaron de emoción para Lightbrand… sabía a ciencia cierta, que su familia estaría vinculada a luchar allí… era un deber muy grande, demostraría que el era digno de luchar por la luz, por la patria y por la gloria en ese continente.
    - no está listo-
    Ambos voltearon… Frank había permitido muchas cosas a su ahijado. Si le había permitido unirse a la guardia era por un mero voto de confianza, ¿pero al norte? Jamás…
    Era muy joven y ambicioso.

    -pero Frank yo…-
    -sin peros, no estás listo, muchacho-
    - escúchame Frank… se que velas por el, pero el deber en el norte lo llama igualmente-
    - no lo llama… vos queréis llevarlo por su talento, pero eso no quiere decir, que no sea demasiado para el, Rogers… tú mismo luchaste en Lordaeron, tú mismo viste al mismísimo príncipe corromperse… era igual que este crío-
    - entiendo… pero se con certeza que se cuidará, yo mismo me encargaré de cuidarlo… Frank-
    - mi última palabra es no-
    -¡pero Frank!-
    - ¡HE DICHO QUE NO!-
    La furia de Lightbrand ante la respuesta de su padrino fue increíble… tiró la espada con violencia al piso y se marchó… Rogers se quedó boquiabierto, mirando la reacción.
    - Frank….-
    - ya se le pasará… pero yo no permitiré que marche. No aún-
    -entiendo, perdona Frank-
    Frank levantó la espada del muchacho y la llevó a su casa. Mientras que Lightbrand furioso se internaba en los pantanos. Cosa que habituaba cuando estaba estresado o sencillamente molesto por la actitud de su padrino para con el.
    Sentía que lo ataba…
    Dentro de sí, sentía que el anciano, le envidiaba, por su juventud… por su talento.
    El lo sabía, ese anciano le tenía envidia. Claro… su tiempo había pasado ya y Lightbrand era “la luz” de sus ojos. Pero otra parte de sí mismo, entendía la preocupación de su padrino. Por lo que dejó las cosas estar… bajar sus humos y regresar.
    Por ahora… le obedecería.


    El tiempo volvía a pasar… el comienzo de la campaña a Northrend, era un hecho… desde que le negaron aquél privilegio, de servir a la alianza y ganarse la gloria de la batalla, para el solo.
    Pero había tratado de redimirse ante su deseo y quedarse tranquilo… se había dedicado por fin a los estudios de la luz de lleno. Mientras que Frank, en su afán de hacerlo un hombre de bien lo instruía.

    -no olvides, Lightbrand… que tu arma más poderosa, será tu mente-
    Le explicaba, mientras caminaban por el marjal.
    - el verdadero poder de la sombra y la maldad… es doblegar a las mentes débiles a su yugo-
    - las mentes ambiciosas y deseosas de poder-
    - exacto Lightbrand… tienes que tener esto presente… tienes un talento innato, pero que ello no te haga soberbio, la sombra se aprovechará de la debilidad… la soberbia y la ambición son debilidades, no lo olvides-

    Lightbrand asentía… su padrino quería lo mejor para el y así el lo asimilaría. Sería como el dijera.

    Ya había pasado un año… ya era un hombre y había madurado bastante, aquella actitud que lo caracterizaba. Pero no abandonaba por completo su manera de ser… no abandonaba ese rencor interno, que tenía hacia su familia.

    Era alto, su entrenamiento constante en el ejército y además, su ejercitación diaria lo habían hecho de complexión fornida y atlética, rozaba los dos metros, como su padre, había desarrollado hombros anchos y brazos fuertes. Ya era un hombre.
    Había dejado la niñez atrás.





    Cada momento que pasaba, se llenaba de glorias acabando con los males que azotaban Theramore. Pero siempre, se vanagloriaba de sus victorias y a pesar de su gran corazón, aquello era algo muy carente en el. Le faltaba humildad.

    El día que Lightbrand, recibió el llamado de la luz… fue el comienzo, del fin.

    Aquella noche, una muchacha agonizaba por una enfermedad… sus quejidos y respiros agónicos se escuchaban por toda la zona.
    Frank y Lightbrand corrieron por las silenciosas calles, ambos rezando para que la muchacha resistiera hasta su llegada. La casa estaba al final del callejón.

    -ahí viene el Paladín, Hema-
    - loada sea la luz… resiste Joanne-
    La madre desesperada acariciaba el cabello de su hija, que cada vez más estaba cerca de entregarse al seno de la luz.
    Frank llegó a la casa, jadeando… seguido de Lightbrand, que clavó la mirada en la muchacha… era hermosa.
    El veterano paladín se acercó a la chica, sin darle tiempo a explicaciones de los padres. Sabía que ella moría.
    - santa luz… cubre con tu manto a esta joven, cúrale, bendícele y que en tu gracia… pueda ser curada-
    Frank cerró los ojos y posó la mano en la frente de la muchacha… pero en vano. La luz no asistió a su llamado. Frank, que era de mente fría…se desesperó, trató nuevamente de asistirla. Pero la luz nuevamente no hizo acto de presencia.
    Lightbrand se acercó… jamás había curado a alguien, pero ver a la muchacha agonizar lo desesperaba.

    - por la gracia de la luz, mis hermanos pueden ser curados-


    Posó la mano en la frente de la chica… cerró los ojos y nada sintió. Pero dentro de el, un calor placentero, una sensación de paz y tranquilidad sempiterna lo inundó. Abrió los ojos para observar su mano… que poco a poco se perdía en un brillante destello dorado. La luz era ese destello.

    La muchacha pudo al final respirar… abrió los ojos y observó su alrededor.
    -m-madre…q-qué… ¿q-qué ha p-pasado?-
    - ¡BENDITA SEA LA LUZ, HIJA!-
    Ambos padres abrazaron a su muchacha, mientras que luego, se acercaban a ambos servidores de la luz. La madre no dudó en abrazar a Lightbrand… que sonreía aliviado, mirando a Joanne. El padre apretaba la mano de Frank. Estaban agradecidos por aquella buena acción.
    Tras haber recibido las gracias de esa familia, se despidieron y regresaron a casa.

    - Lightbrand… la luz, te ha elegido-
    -¿d-de verdad?-
    - por medio de ti… se ha manifestado su gracia…- decía Frank con seriedad, a tiempo que orgulloso- estás listo.
    -¿l-listo?-
    - así es… es el momento-

    Aquella noche Frank acompañó a Lightbrand a la casa, pero tras haber llegado y dejado a su pupilo allí, salió nuevamente a la calle.
    El muchacho había quedado agotado tras aquella noche, muchas cosas habían pasado en un mero momento.

    Durmió en paz…


    Aquella mañana temprano, la bruma marina había colmado a Theramore, cosa que pasaba a menudo, pero esta, era especialmente espesa.

    Lightbrand se despertó de un sobresalto, mirando a su alrededor. En ese preciso momento Frank entró a su habitación.
    - ¿cómo te sientes?-
    - listo… dispuesto y preparado, Frank- decía el muchacho- es mi momento.
    - recuerda mis palabras, Lightbrand… no olvides, que la soberbia y la ambición solo te condenarán-
    - lo tendré presente, Frank… gracias por ser como el padre que nunca tuve-

    Lightbrand abrazó a su mentor, con cariño paternal…

    -estaría orgulloso tu padre de ti… yo también lo estoy, muchacho- decía Frank dándole una palmadita en la espalda- ahora prepárate. Tu nombramiento empezará pronto.

    La capilla de Theramore había sido adornada en la noche… dentro, se encontraban aquellos que sabían del talento del muchacho. Lightbrand entró y pudo observarlos a todos. Caminó por el pequeño corredor, rodeado de sillas y bancos… hasta los pies del altar donde se arrodilló.

    Era su momento…

    - En la luz nos reunimos, para reconocer a Lightbrand Lionhammer… en su Gracia el renacerá, en su poder… el educará a las masas, en su Fuerza, el combatirá a la Sombra. En su sabiduría, conseguirá la eterna promesa del paraíso-
    El silencio era solemne y respetuoso… dentro de su cabeza, Lightbrand no podía evitar pensar que era su momento, que lo había demostrado y a tan corta edad… era digno de la luz. Era un Paladín… pero como así pensaba, recordaba las palabras de su padrino. La soberbia lo llevaría a la destrucción…

    - Paladín Frank Lightstorm, de la Mano de Plata y protector de Lordaeron. Si considera a este hombre digno, ponga sus bendiciones sobre el-

    Frank se acercó con la estola… colgándosela al cuello mirándolo fijamente. Si ciertamente era joven, la luz le había elegido para que luchara en su nombre. Eso era lo que importaba.
    - por la gracia de la luz, que tus hermanos sean curados… por la fuerza de la luz, que tus enemigos sean desechos-
    Entregó aquél martillo, adornado con runas… cuando Lightbrand pudo verlo, era el arma del mismísimo Frank… le brillaron los ojos por la emoción de ver aquél martillo en sus manos. Pero la mirada severa de Frank pudo controlarlo lo suficiente.
    El Sacerdote Lightsong, abrió la boca, para pronunciar el juramento:

    -Lightbrand Lionhammer, ¿Juras mantener el código de honor de la Mano de Plata?-
    - lo juro-
    - ¿Juras caminar bajo la gracia de la luz y esparcir su sabiduría a tus hermanos y hermanas? –
    - lo juro-
    - ¿Juras castigar al mal donde quiera que este se encuentre y proteger al inocente con tu propia vida, si es necesario?-
    - Por mi Sangre y Honor, lo Juro-
    - levántate y se reconocido entonces, por tus hermanos y hermanas… Lightbrand Lionhammer-

    Lightbrand se levantó y se dio la vuelta… Frank y algunos viejos paladines y damas de la antaño mano de plata, lo observaban.

    - Hermanos y Hermanas, denle su bendición-

    Levantaron sus manos todos hacia el muchacho. Que lo último que vio ante de cerrar los ojos, fue el potente destello dorado, que le cubría y le colmaba de fuerza y entereza, paz y armonía, calma y cordura… en el, se hizo la luz.
    Última edición por sacro; 22/07/2011 a las 05:45




  4. #4
    Forero Legendario
    sacro está desconectado
    • sacro's Personajes
      • Nombre:
      • Pablo "Sanctus" Lionhammer
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Humano
      • Clase:
      • Paladin
      • 2do Personaje:
      • Susan "Susy" Lionhammer/Humana

    Mensajes
    1,106
    Poder de reputación
    52

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Capítulo III: El llamado a las Armas.
    Aquella mañana las trompetas de la guerra sonaron en Theramore…

    Lightbrand había vivido ese tramo de tiempo, desde que fue nombrado Paladín bajo la senda de su padrino. Frank le asignaba fuertes deberes y le llevaba a cumplir el deber por todos los asentamientos desde Theramore hasta el marjal. No había podido hacer gala de sus nuevas “habilidades”, así como el las llamaba como quería.

    Nuevamente sentía que Frank lo estaba atando…

    Cuando Lightbrand se acercó a la algarabía… pudo notarlo.

    - ¡LA BATALLA EN EL NORTE, CLAMA LA SANGRE DE NUESTROS HERMANOS!-

    El tabardo plateado, con el centro dorado… la cruzada argenta había enviado emisarios. A Lightbrand le brillaron los ojos.

    - LA LUZ, HERMANOS MÍOS… ¡CLAMA VUESTRA PRESENCIA EN LA CRUZADA CONTRA LA SOMBRA!, ¿ACASO NO ACUDIRÉIS A SU LLAMADO?-

    Lightbrand se sentía impulsado por aquellas palabras… era su deber, era su momento para demostrar quién era, quizás su nombre resonaría a tal modo, que su hermano y sus primos le escucharían y así podría demostrar que el, era tan fuerte o quizás más que ellos mismos.

    - EL LLAMADO DE LA LUZ, CLAMA VUESTRAS ALMAS… ¡HERMANOS!- soltó Lightbrand, en eufórico tono-¡NINGUNO DE VOSOTROS ESTÁ EXTENTO DE ESTE DEBER, PARA CON LA LOADA Y BENEDICTA LUZ, COMO PARA NUESTRA PATRIA! LEVANTAD SUS ARMAS… ¡LEVANTAD LOS CORAZONES, LEVANTAD EL ÁNIMO Y EL ESPÍRITU! QUE LA LUZ ESTÁ CON NOSOTROS!-
    Los ánimos de la gente estaban enardecidos ya por las palabras de los cruzados…que observaban a tan joven muchacho soltar aquellas palabras.
    - ¡ESARUS THAR´NO DARADOR!-
    La turba enardecida comenzó a gritarlo… el muchacho había logrado lo que la cruzada buscaba: Llamar a las armas…
    Frank nuevamente observaba a su pupilo, orgulloso… pero como siempre sabía que su juventud y su ímpetu lo harían cometer un error, si no lograba controlar sus miserias.
    - muchacho… sabias palabras, para un chico de tu edad-
    - muchas gracias… maese-
    - mi nombre es Simbad, alto cruzado Argenta-
    - el mío Lightbrand Lionhammer, maese-
    - Lionhammer… es un gusto hermano-
    - el gusto es todo mío, maese- dedicaba una sonrisa carismática, característica en el al cruzado.
    - ¿habías ya considerado el unirte a la cruzada?, serías un gran soldado-
    - todo sea por luchar en el norte, mi señor-
    - se unirá, solo si yo lo veo preparado-
    Nuevamente Frank había coartado su ímpetu. Solo lo hacía por su bien, pero Lightbrand no lograba entenderlo.
    - ¡FRANK!-
    - te falta aún, Lightbrand-
    - escuche hermano, conozco bien que es joven, pero este muchacho sería un poderoso ejemplo para las tropas en el norte, un digno ejemplo de un campeón de la luz-
    - puede que si, hermano…pero yo decidiré, porque es mi estudiante y bajo mi tutela y responsabilidad el está-
    - comprendo maese-
    - Frank… no puedes negarme esta oportunidad… ¡es mi momento!, ¡ el momento de la luz!-
    - yo decidiré eso…-
    - ME HAS MANTENIDO BAJO TU SOMBRA TODO ESTE TIEMPO, ES MOMENTO DE QUE ME DEJES CUMPLIR MI DEBER-
    Frank, en parte sobreprotegía demasiado al muchacho… era un hombre prudente y además, sabio. Los años lo habían hecho así. Tomó una decisión:
    - irás…-
    La cara de Lightbrand cambió por completo a alegría y disposición. El gran cruzado Simbad asintió complacido.
    - pero iré contigo-
    - entonces, será un mero honor tenerlo a vos con nosotros igualmente, hermano Frank-
    Hizo un ademán de desinterés en aquellas palabras el viejo paladín. A él solo le importaba proteger al muchacho y mantenerlo en la senda de la luz. Sabía que en el norte las mentes débiles y ambiciosas terminaban bajo el yugo de la plaga. Y con el pulgar no se puede tapar el sol: Lightbrand era soberbio.
    - prometo que no te arrepentirás de mí, Frank- decía Lightbrand mientras sonreía de medio lado- se que no te arrepentirás.
    - eso espero muchacho… eso espero-



    Aquella noche, muchos de los hombres de Theramore abandonaron las tabernas… para poder pasar los últimos momentos con sus familias. Lightbrand preparaba sus cosas, cuando escuchó en su ventana un ligero toque.
    Extrañado se acercó a la ventana y cuando la abrió… pudo observar a Joanne.

    -¿J-Joanne?-
    -hola Light…-
    - vaya… n-no pensé que podría verte… ¿qué te trae por aquí?-
    - venía a desearte buena suerte… se que partirás al norte-
    - es mi deber, Joanne-
    - lo se y lo entiendo, mi padre también irá a luchar- decía ella con las mejillas ruborizadas- solo quiero… que te cuides mucho-
    - así lo haré- Lightbrand le sonrió y por un momento miró sus ojos negros. Ella miró sus celestes ojos y se acercaron un poco. Concretaron un beso apasionado, que Lightbrand no olvidaría jamás…
    Aquella noche, compartió sus últimos momentos de paz, con aquella muchacha… se habían atraído desde aquella vez, que Lightbrand asistió con la luz su extraña enfermedad… ella quedó rendida con su cabeza apoyada en el pecho del muchacho. Este solo miraba hacia el techo acariciando su ébano cabello. Al día siguiente comenzaría su camino a la guerra… no pudo dormir.
    Esa mañana, se levantó temprano, con cuidado de no despertar a la muchacha… se calzó su armadura de placas y acomodó sus pertenencias en la puerta.
    - ¿ya te vas?-
    Lightbrand sintió el corazón en la garganta al escucharla…
    -tengo qué…-
    - no quisiera… pero se que es tu deber-
    - gracias por entenderme, Joanne- no se atrevía a verla, cuando estaba apunto de salir de su habitación.
    - Light…- ella se levantó de la cama y lo hizo voltear, para besarle los labios- escríbeme… por favor.
    - así será… no lo dudes- le tomó con la punta de los dedos la barbilla, antes de despedirse de una buena vez.
    Las lágrimas en los ojos de Joanne brotaron… y en silencio volvió a vestirse en la habitación ahora vacía de Lightbrand… tenía que despedirse también de su querido padre. Pero el partir de el, le dolía mucho… al menos tendría el consuelo de las cartas.


    Frank le esperaba en la puerta, observándolo con seriedad… Lightbrand le miraba serio mientras bajaba por las escalerillas…
    -¿llevas todo?
    - si… estoy listo-
    - no olvides, que esto no será remotamente parecido a lo que has visto, Lightbrand- le tomó por los placados hombros- recuerda… la mente es tu más poderosa arma…
    - así será Frank… no te preocupes- sonreía a su padrino conciliador, pero este seguía con semblante serio… a veces, le molestaba que Frank no confiase en el... él, sería un ejemplo en batalla.
    - vamos… muchacho-
    Así partieron ambos en dirección a los muelles… donde los rompehielos esperaban a los soldados de Theramore y los voluntarios.
    Simbad observó a ambos paladines y sonrió con amplitud.
    -loada sea la luz, me alegro de veros hermanos… pasad-
    Entraron a uno de esos barcos… mientras que Simbad tomaba a Lightbrand y lo subía a los balcones, donde observaba a los que subían… todos con rostros perdidos y asustados.
    - HERMANOS… NO HAN DE TEMER, PUESTO QUE LA LUZ… ESTÁ CON VOSOTROS-
    - NO OLVIDÉIS, QUE EN EL SENO DE LA LUZ… ENCONTRARÉIS ETERNO COBIJO… AQUÉL QUE SEA SU DESTINO NO HAN DE TEMER, PUESTO QUE EN LA ETERNA PROMESA DEL PARAÍSO… DESCANSARÉIS, HERMANOS-
    Lightbrand interrumpió a Simbad, que le permitió expresar sus palabras a los voluntarios… todos gritaron eufóricos… el chico lo había hecho de nuevo.
    Así las velas ondearon al viento… con dirección al norte.
    Frank observaba hacia el mismo…

    - la sombra nos acecha… solo nos queda, el cobijo de la luz….-

    Última edición por sacro; 22/07/2011 a las 05:47




  5. #5
    Forero Legendario
    sacro está desconectado
    • sacro's Personajes
      • Nombre:
      • Pablo "Sanctus" Lionhammer
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Humano
      • Clase:
      • Paladin
      • 2do Personaje:
      • Susan "Susy" Lionhammer/Humana

    Mensajes
    1,106
    Poder de reputación
    52

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Capítulo IV: Las Cartas a Casa y la Decadencia.
    “querida Joanne, hace dos semanas hicimos grandes avances, pero los ánimos son muy cambiantes. Por cada muerto que tenemos, se duplican las filas de ellos. el frío es horrible, la comida escasea y las pérdidas son cuantiosas. Cada victoria nos cuesta cientos de pérdidas. A veces dudo, de que la luz nos esté apoyando, no sabes cuanto te hecho de menos. Como siempre, te escribiré cuando pueda.

    Quien te ama:
    Lightbrand Lionhammer”

    El tiempo cada vez más pasaba… el gélido norte era un infierno. Lightbrand había observado cosas horribles, que poco a poco iban haciendo mella en su espíritu y en su fe. Lo único que le hacía mantener el temple era Frank y la certeza de que pronto regresaría a casa…
    Levantó un momento su martillo, tras haber escrito la carta y observó a su alrededor. Las empalizadas habían resistido las hordas de los muertos vivientes. Pero sabía la luz por cuanto más lo harían.
    Lightbrand observó ya su roído tabardo… la Cruzada era su estandarte y aunque estuviese roído, no dejaría de mostrarle el pecho al enemigo, a la miserable plaga.
    Se escucharon los gritos de la muerte…

    -¡A LAS ARMAS, HERMANOS!-

    El sonido era ensordecedor… el metal de las armaduras chocando contra el suelo para organizarse en las empalizadas era desesperante. El rostro de Lightbrand se había visto ensombrecido desde las primeras semanas.
    Frank lo tomó del brazo y lo empujó para que formara junto los demás cruzados.

    -¿en qué demonios pensabas muchacho?- decía Frank- no desfallezcas ahora… tus hombres esperan por ti-
    Decía con una sonrisa animándole.
    Lightbrand había sido ascendido y coordinaba junto Simbad y el mismo Frank el regimiento de cruzados…
    - ¡fuerza y fe hermanos!, la luz está con nosotros… ¡la luz os bendice!-
    Lightbrand levantó sus manos, iluminando a sus compañeros y soldados… la luz estaba con ellos ese día
    Las tropas de la muerte chocaron contra las empalizadas…. Y así comenzó la masacre.
    A cada segundo que pasaba, los cruzados golpeaban a los muertos, estos igualmente masacraban a los que podían. La sangre manchaba la nieve de rojo vivo.

    Lightbrand golpeaba a un muerto viviente, a tiempo que clamaba la presencia de la luz para que su martillo se envolviera en la llama sagrada. En ese preciso momento una descarga de sombras fue disparada al muchacho.

    -¡arrgh!-

    Recibió el golpe y se arrodilló… cuando levantó la mirada observó a su atacante con ira.
    - arrodíllate, Paladín… ante el poder de la sombra-

    Aquél nigromante apuntaba nuevamente su báculo maldito…

    - pagarás por tu osadía, maldito-

    Lightbrand se levantó con el martillo en mano y cargó con ira hacia el nigromante, que le dedicaba una amarilla sonrisa… cuando Lightbrand logró impactar su martillo contra el nigromante, fue bloqueado por la sombra, que lo debilitó… así mismo el martillo fue partido por la mitad.

    - p-pero q-que…-
    - ¿acaso no habías sentido… el poder de la sombra, paladín?- el nigromante se reía a carcajadas- ¿acaso no habías visto antes, el poder de la muerte? No desfallezcas… que yo mismo, me encargaré de mostrarte el poder de la muerte-

    Lightbrand cerró los ojos, debilitado ya tanto por la lucha, como por el mal que aquél nigromante estaba aplicando sobre el.
    Frank corría hacia el.
    - siente la fuerza de la luz… ¡hereje!-
    El martillo bendito de Frank impactó al nigromante, que gritó de dolor ante el poder del golpe y la fuerza de la luz.
    - ¡esto no quedará así, Paladín!- chillaba el nigromante- nos volveremos a ver… -

    Frank corrió hacia Lightbrand, que jadeaba maltrecho en el suelo.

    - ¡F-Frank! ¡C-cogedlo!-
    - ya habrá su momento Lightbrand… vamos-
    -¿¡p-pero qué haces!?- exclamaba colérico y enceguecido por la ira- ¡ESCAPA!-
    - ya habrá momento de encargarnos de el… muchacho, ahora la prioridad es curaros-
    - ese maldito nigromante… la pagará-
    - ¿estás escuchándote muchacho?- le miraba con disciplina- la venganza no puede formar parte de nosotros… eres un paladín, muchacho, no olvides tu deber-
    - sí… Frank-
    El anciano paladín pensó que quedaría sellado ese problema. Pero la semilla la había plantado el nigromante y esta estaba germinando.

    “yo mismo me encargaré de mostrarte el poder… de la muerte”

    Despertó sobresaltado el muchacho, recordando las palabras del nigromante, vívidas como si acabasen de ocurrir… se pasó la mano por la frente, sudada en frío… para observar que todo era una pesadilla. No dejaba de darle vueltas a aquellas palabras… utilizó el poder de la luz, sí. ¿pero porqué no pudo impactar al nigromante?...¿acaso la luz no era suficiente?... además, sentía la mismísima ira y el deseo de rodearle el cuello y hacerlo pagar por su osadía. Sabía que no debía sentir ira ni odio, pero no podía evitarlo. Además… se sentía completamente molesto por Frank, quién fue estúpido al haberlo dejado escapar.

    “te mantienen atado”

    Resonaba en su cabeza…. Aquella noche, durmió pensando en esas palabras… que dentro de sí carcomían su espíritu y su voluntad poco a poco.

    El día siguiente estuvo lleno de horrores.

    Aquella mañana el avance de la cruzada fue roto por los nerubianos… muchos hombres fueron arrastrados por las arañas hacia la muerte. Nuevamente… la plaga arrasaba con cada uno de los hombres que veía a su paso. Lightbrand levantó la espada que tenía en reemplazo de su martillo. Iban en replegada. Cientos de cadáveres adornaban la nieve… cuando lo vio.
    El padre de Joanne muerto…

    -l-luz…-
    Se paró en seco y la ira se apoderó de el… la tristeza y la vergüenza. Le había prometido a ella que protegería a su padre. Se detuvo en seco, en plena retirada… y levantó la espada nuevamente y dio la vuelta…

    -¡MALDITAS BESTIAS!- cargó en un grito de odio y total desprecio contra las bestias.
    Comenzó a seccionar los miembros de las arañas sin importarle las heridas que recibía de parte de ellas…la ira lo dominaba y la sed de venganza y sangre eran ahora su código.


    Frank revisaba que todos sus hombres regresasen… ese día había sido un total desastre el avanzar… la luz les había salvado.
    Miraba a todos, pero no conseguía a Lightbrand entre sus hombres. Vio regresar a Simbad con el rostro ensombrecido por la muerte que habían visto ambos.
    -¡Simbad! ¿Dónde demonios está Lightbrand?-
    - l-luz… s-se ha quedado… Frank- decía con la mirada perdida, había perdido mucha sangre por las heridas- n-no…n-no se…-
    Frank se dejó llevar ese día por el impulso… corrió nuevamente de regreso por donde habían venido. Tenía que salvar a su muchacho.
    Corrió como su ya cansado cuerpo se lo permitía… a lo lejos se escuchaban los remanentes de la batalla, o mejor dicho, la masacre realizada por los Nerubianos al remanente que quedaba de los hombres de Lightbrand. Entre ellos… el mismísimo Lightbrand masacraba a los Nerubianos…. Al final del campo de batalla una silueta, observaba complacido la masacre, mientras que cada cierto tiempo utilizaba sus manos para trazar líneas en la nieve y levantar más aberraciones.

    -LIGHTBRAND-

    Exclamó… a tiempo que levantaba su mano y lanzaba un destello de luz hacia una bestia que estaba por acabar la vida del muchacho. Los pocos que quedaban estaban a punto de morir ante el abismal número de muertos vivientes.

    -¡debemos retirarnos Lightbrand!- decía Frank tomándolo del hombro- es hora de regresar… esta batalla está perdida-
    -NO- exclamaba Lightbrand enceguecido- este es el momento de acabar con esos malditos… Frank… ahora o nunca-
    -¿estás escuchándote chico? acaso la cólera y la ira… ¿sumado al deseo de venganza son más importantes que tu código y a lo que viniste a estas tierras? ¿más importante que el proteger a tus hombres, tus hermanos?-
    - para protegerlos… ¡debemos alzarnos con la victoria Frank!, ya basta de retroceder-
    Frank tuvo que darle una bofetada y tirarlo a la nieve ensangrentada
    -¡¡¡NO ME CONTRADIGAS, ANTES QUE NADA SOY TU SUPERIOR COMO PALADÍN, QUE SEAS EL JEFE DE ESTA PARTIDA NO QUIERE DECIR QUE NO ME DEBAS RESPETO YO ORDENO QUE TE RETIRES AHORA!!!-
    Nuevamente Frank estaba ocultándolo tras su sombra… la ira que sentía fingió apaciguarla y caminar en retirada… junto su guardia personal.

    “te atan…Lightbrand”
    Escuchó en su cabeza…
    “tu temple y tu poder llegan más allá de lo que puedes imaginar… ese anciano, que dice ser tu mentor te corta las alas, quiere evitar que luches por la luz, como has jurado proteger… ese viejo te envidia”
    -no puede ser eso cierto… Frank es mi maestro-
    “tu maestro no es más que una atadura para desempeñar todo tu potencial… esa batalla, la tenías ganada, Lightbrand”
    - basta…-
    No escuchó más la voz… en un principio sentía que eso solamente eran artimañas… pero en realidad, muy en el fondo le daba razón a sus pensamientos… a aquella voz. Su verdadero potencial estaba siendo coartado.


    La guerra en el norte se hacía cada vez más dura… y la mente de Lightbrand a cada momento era atormentada por aquella voz. Deseaba en ocasiones despedazar a Frank cuando intervenía en sus reuniones con Simbad y el resto de los oficiales. Otras veces se cansaba de escucharlo y se retiraba a la soledad de la tundra. Donde aquella voz le susurraba suavemente al oído como así lo veía. Tras un tiempo, comenzó a dejarse seducir por las promesas de poder y gloria que esta le prometía… además, el horror visto en las batallas a diario le hacían debilitarse de espíritu a una manera impresionante.
    La voz del exánime lo seducía.



    “querida Joanne… siento frío… muerte y destrucción a mi alrededor… quiero hacerlo lo mejor que pueda, pero Frank me ata… siento tener que decir esto, pero que la luz me perdone… odio a Frank, a cada segundo que pasa cada vez más. A tal punto que quisiera ahorcarlo con mis propias manos. Se que la luz me entiende cuando digo esto. Para poder lograr el cumplimiento de los objetivos y vencer en esta guerra… se debe ser más agresivo de lo que ese viejo plantea. Solo deseo la victoria y hacer justicia con todos lo que han muerto a manos de esos malditos…”


    Las cartas ya eran más las dignas de un psicópata desquiciado… ya siquiera poseían sus ojos el azul celeste lleno de vida que lo caracterizaban. Ahora eran una mirada perdida, llena de solamente odio y sed de venganza. La luz estaba abandonándolo.
    El color de su piel era más blanquecino… que moreno. Aunque por el continente y las condiciones climáticas se pensaba que el frío era el que lo estaba provocando. En realidad… era algo dentro de su cabeza que poco a poco hacía mella en su débil mente…
    Última edición por sacro; 22/07/2011 a las 05:46




  6. #6
    Forero Legendario
    sacro está desconectado
    • sacro's Personajes
      • Nombre:
      • Pablo "Sanctus" Lionhammer
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Humano
      • Clase:
      • Paladin
      • 2do Personaje:
      • Susan "Susy" Lionhammer/Humana

    Mensajes
    1,106
    Poder de reputación
    52

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Capítulo V: El Caído.
    Aquella mañana, el frío era más antinatural que lo normal. Lightbrand observaba el bosque en silencio. Llevaba ya una capa negra tapándole la armadura, sumado a una capucha que cubría sus ojos y solo permitía ver poco de su rostro. Por lo que pocos podían siquiera intuir lo que le pasaba. Ya siquiera podía escuchar sus propios pensamientos. Pero extrañamente, aquella voz le daba placer escucharla, más que hacerlo desesperarse y hacerla callar.

    -Lightbrand-
    Esa voz si la detestaba con meramente escucharla.
    -Frank…-
    - esperamos tus órdenes-
    - pues avanzar… HERMANOS, AVANCEMOS-
    Frank posó su mano en el hombro del muchacho, que cuando sintió la mano allí quiso arrancarla de un sablazo, pero se controló.
    - te he notado bastante distante… sabes que cuentas conmigo si necesitas apoyo o sencillamente hablar chico- bajo la capucha pudo observar la sonrisa de su padrino.
    -no necesito hablar… estoy bien-
    - se que lo estás… muchacho, eres un hombre fuerte-

    Lightbrand caminó y dejó a Frank con las palabras en la boca. Mirando fijamente el sendero que caminaban en los bosques gélidos del cementerio de dragones.
    Seguirían avanzando fuera cual fuera el costo con tal de vencer en aquella batalla… la luz así lo quería.
    Aquella mañana Lightbrand no permitiría escapar a ese nigromante, sin importar nada… no le iba a importar que ni el mismo Frank se interpusiese en su camino. La venganza sería sellada.
    “hazlo y demostrarás tu poder… Lightbrand”
    Los muertos vivientes los acechaban en la profundidad de los bosques…. Lightbrand caminaba tranquilamente sin importarle demasiado el aire incomodo que se respiraba en el lugar… ya la muerte se había hecho más que una enemiga. Una compañera que le seguía a cada día en ese continente dejado de la mano de la luz. Un rugido provino de los bosques.

    Ligthbrand sonrió y desenfundó su espada, apuntándola hacia donde provenía el sonido…

    - ¡HA LLEGADO EL MOMENTO, HERMANOS! ¡DEMOSTRAD QUE SOIS PODEROSOS POR LA FUERZA DE LA LUZ!-

    Sus palabras sonaban vacías y sin convicción, sumado al tono tétrico que había adoptado su voz tras los últimos meses… lejos de animar, solamente inspiraban temor hasta en el más fiel de sus hombres. Las olas de muertos vivientes se abalanzaron hambrientas sobre las tropas que Lightbrand dirigía. Pero lejos de enfrentarse a ellos cara a cara y luchar con sus hermanos… Lightbrand buscaba algo más. Frank observaba su actitud en medio de la batalla, pero trataba de ayudar…
    Lightbrand dedicaba su intimidante mirada a todo muerto viviente que se enfrentaba con su espada. Hasta que escuchó una risa de gusto y placer en la lejanía. Cuando vio hacia aquella dirección… pudo observar a ese maldito nigromante.

    -al fin…-
    Salió corriendo levantando la espada con ambas manos y embistiendo a todo muerto viviente que se le acercara lo suficiente como para herirlo o lastimarlo.
    - eres mío… nigromante-
    - ah… Lightbrand…- dijo el nigromante complacido, para sorpresa del muchacho- nos encontramos hoy… así lo había previsto mi señor.
    - ¿de qué hablas, Nigromante?-
    Lightbrand se detuvo pero no bajó la guardia ante aquél contrincante.
    -vamos… eres inteligente y talentoso, hablo de esa voz que te habla cuando estás solo- el rostro de impresión del muchacho, aunque era bastante disimulado y más bien parecía una mueca de odio, hizo que al nigromante le brillaran más los ojos- esa voz… es la voz de nuestro rey… muchachito-
    - tonterías-
    - lo estás escuchando, es maravilloso y en la muerte… conseguirás ese poder que ansías-
    - calla… ¡son tonterías de la sombra!... la luz está conmigo-
    - pronto, muy pronto muchacho… verás a quién estás sirviendo verdaderamente… todos aquellos que han caído lo han notado- se reía a gusto, mirando la expresión de odio que el muchacho estaba dibujando en lo que se veía de su rostro-pronto… servirás a la muerte-
    -BASTA YA-
    La risa del nigromante mientras levantaba su mano hacia el muchacho y conjuraba una descarga de sombras se hizo escuchar… el muchacho rezó a la luz, para que le apoyara en aquella ocasión. Esta acudió justo a tiempo para protegerlo… pero corrió gritando de cólera hacia el nigromante con la intención de partirlo a la mitad con su espada. Frank observó como ambos se batían a duelo con total ira… debía ayudar a su pupilo.
    El muchacho se enfrentaba con ira y odio al nigromante, que bloqueaba sus ataques con la sombra… Lightbrand sencillamente estaba cada vez más furioso y frustrado al ver que no podía hacerle daño…
    “necesitas más poder para poder vencer a este enemigo… Lightbrand…”

    Rugió de ira cuando escuchó que el poder de la luz era insuficiente para poder vencer a su enemigo… logró cortar unos dedos de la mano del nigromante. Eso era lo que necesitaba. Se disponía a cortar nuevamente al Nigromante, cuando este lo propulsó con las sombras hacia atrás…

    - si quieres terminar esto… no será aquí, chico…-
    Salió corriendo mientras Lightbrand se levantaba jadeando e iracundo
    -muchacho… debemos ayudar aquí-
    -¿Cómo?... estás loco viejo-
    - Lightbrand… ha escapado… ya habrá…-
    - ¿su momento? ¿Seguir permitiendo que acabe con nosotros?.... al diablo Frank… esto termina aquí… y ahora-
    - Lightbrand es una orden-
    - al diablo tus malditas ordenes, Frank… mis soldados merecen ser vengados-
    Empujó al anciano y salió corriendo iracundo por el camino que el nigromante había tomado… Frank tenía que quedarse a proteger a los soldados. Pudo observar por vez primera la mirada perdida del muchacho y negó con la cabeza. Ya habría tiempo de alcanzarlo y tratar de evitar que cometiese un error irreparable. Todavía podía salvarse.

    Los gélidos bosques del cementerio eran una entramada de laberinto hecho de plantas muertas y desolación por el frío… pero Lightbrand casi podía oler al nigromante, aquella voz clamaba su sangre y el mismo la clamaba ansioso.

    -Ah…. Sabía que no me defraudarías… Paladín-

    En un pequeño claro el muchacho se encontraba… cuando el Nigromante salió de las sombras…

    - es momento de que pagues tus pecados y vengue el nombre de los caídos, maldito-
    - exacto… es lo que quieres… ¿verdad?- sonreía complacido- venganza… estás sirviéndole poco a poco-
    - deja de decir tonterías… nigromante-
    - tonterías… se que escuchas su voz cada noche, te seduce el poder… la ambición de la gloria-
    - calla-
    - si… puedo escucharlo yo también ahora, no te alejas mucho de lo que yo soy muchacho… la muerte habla a tu oído-
    -BASTA-

    El chico cargó con odio y desprecio total contra el nigromante. Le hundiría el filo de su espada en la garganta para hacerlo callar de una buena vez. El nigromante levantaba hechizos de la sombra mientras que Lightbrand invocaba el poder de la luz… pero a cada golpe sentía como la luz sencillamente no lo asistía… la luz era débil.

    -AAAAARGGGH-
    El rugido de ira de Lightbrand sonó por el bosque mientras que el nigromante se burlaba de el… necesitaba acabar con el de una buena vez y así lo hizo. El nigromante resbaló y Lightbrand no desaprovechó para cortarlo al abdomen con ira. La sangre cayó por el filo de su espada y en el mismo rostro de Lightbrand… que al sentir como su contrincante gritaba de dolor, sonrió complacido.

    - aaagh…. M-mi s-señor… ahg… así lo q-quería-
    - al fin te tengo donde quiero… maldito… has causado mucho daño y pagarás por tu pecado, por tu osadía… -
    -aaggh-
    -calla y muere- lentamente introdujo la espada en la garganta del nigromante mientras una sonrisa de gusto se dibujaba en su rostro. Había completado su venganza. Cuando Frank llegó al lugar… era demasiado tarde para que pudiese impedir aquél acto tan contrario a su código.

    -LIGHTBRAND, ¿QUÉ HAS HECHO?-
    - he hecho cumplir la voluntad de la luz y hacer justicia ante los caídos… Frank- le miraba con total desprecio, sumado a la sonrisa de placer que tenía dibujada.
    -esto no ha sido hacer justicia muchacho… esto ha sido venganza…. No te importó dejar a tus hombres en medio de una batalla que sin ti no podían ganar… esto no es justicia, has dejado a tus hermanos y hermanas en medio de la necesidad. Tu deber era guiarlos chico-
    - les he dado la victoria-
    - les abandonaste en un momento de necesidad Lightbrand-
    - la necesidad al demonio, Frank… he ayudado a mis hermanos a cumplir con su deber…-
    - desde ahora, me temo que debo excomulgarte Lightbrand… no puedo creer que tenga que recurrir a esto-
    - no puedes hacerlo… ¡ayudé a mis hermanos!-
    - no ayudaste a nadie… pocos sobrevivieron-
    - lo sabía… me envidias viejo-
    - ¿envidia? De dónde sacas tales monsergas muchacho…-
    - si… lo vi venir, me tenías siempre atado a tu sombra, a tus espaldas porque sabías que mi potencial no tiene límites-
    - te llevaba por la senda de la luz, Lightbrand-
    - me coartaste la libertad de explotar mi verdadero poder… anciano- decía mirando Lightbrand al incrédulo Frank- me aferraste a una falsedad… la luz, no es fuerza… la luz es debilidad. Querías evitar que conociera el verdadero poder… el poder de la tumba-
    Frank se lamentó ante aquellas palabras… había luchado por tanto, para ver caer a su muchacho así. No quedaba otro deber más, que el de hacer cumplir la justicia de la luz.
    En su fuerza… Lightbrand sería desecho.
    Así comenzó la lucha entre la luz y la creciente sombra que en Lightbrand hacía estragos… a cada momento de su batalla, su cuerpo se corrompía a una manera abismal. Su antaño cabello negro se iba demacrando y volviéndose blanco. Como la nieve… pero carente de vida. La sonrisa de Lightbrand, que en otra época hubiese sido altanera y arrogante, ahora era vestida de maldad y locura.

    La infancia pasaba por sus ojos… todo el tiempo que había Frank dedicado al estudio del muchacho… todo ese talento e inteligencia se había perdido. La promesa, que por su sangre y honor lo haría un hombre de bien no la había cumplido…. Frank no tenía corazón para seguir luchando y sumado a la edad, además del creciente poder que Lightbrand estaba adquiriendo… eran demasiado para el. Aquella guerra… todo… había sido demasiado. Su tiempo había pasado ya, pero el cuidar a Lightbrand y el amor de padre lo habían hecho arriesgarse. Cayó arrodillado tras un corte en su pecho por el cansancio y por el dolor. Lightbrand le tomó los cabellos con violencia y lo hizo mirarlo.

    - mi juventud… la desperdicié siguiendo tu senda… anciano-
    - esa era la senda de tu padre… Lightbrand-
    - mi padre era débil… la luz no le ayudó... toda la vida alejado de los placeres, del lujo… era ciego viviendo contigo-
    - Lightbrand… escucha tus palabras…-
    - no… escúchame tu a mí, Anciano- decía Lightbrand con una mirada que solamente transmitía odio y desprecio- era ya el momento, de que me diera yo mismo mi espacio y comenzara mi propio camino al poder… el verdadero poder, con esto haré pagar a mis enemigos-
    - esto es mi culpa- lloraba el viejo mirando al monstruo que había permitido crear… el sabía que no estaba listo, pero un voto de confianza y encomendar a la luz a su ahijado habían sido los errores que había cometido… al fin y al cabo, era un hombre como todos los demás.
    - y mi deber es… librarte de toda culpa, anciano- decía Lightbrand, obedeciendo a la ansiosa voz que martillaba su cabeza.

    “acaba tu cometido… Lightbrand y el poder… el eterno poder serán todos tuyos… sirve a tu verdadero rey… sirve a la muerte”


    Levantó la espada y miró a los ojos a su viejo padrino… este lo miraba firme, con lágrimas en los ojos… pero no dudaría en morir si aquello suponía defender a los inocentes. Lightbrand sonrió complacido y dejó caer la espada… la sangre corrió cuan río bravo por la nieve… mientras que en el bosque una carcajada frenética y maldita hacía eco…

    “ahora… tu voluntad me pertenece… Lightbrand…”

    -sí…. Maestro-

    Subió su capucha otra vez a su cabeza… tomó el tratado de la divinidad y lo observó durante un minuto… lo tiró al piso y este manchó sus hojas en la sangre de su padrino.
    Nuevamente observó lo que había cometido… pero en el fondo, nada sentía más que odio en su corazón. Dejó el cadáver allí sin importarle un bledo. Ahora lo que le importaba… era servir a su maestro y hacer cumplir su voluntad, todo fuera por el poder. Su silueta se perdió en los bosques del cementerio de dragones.





    “lucharás contra mis huestes… correrás cientos de millas, lucharás por lo justo y lo bueno. Antaño fui como vos… héroe… pero pronto te darás cuenta… de que siempre seguiste mis pasos mi voluntad y mi poder no tiene límites… y el poder de la plaga, no tiene igual el estandarte de la muerte unirá a toda Azeroth en una sola.”
    Última edición por sacro; 22/07/2011 a las 05:45




  7. #7
    Forero Veterano
    Beatriz está desconectado
    • Beatriz's Personajes
      • Nombre:
      • Seirona
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Enano
      • Clase:
      • Guerrero
      • 2do Personaje:
      • Grimm Tuercaferrea/ Goblin
      • 3er Personaje:
      • El Doctor
      • 4rto Personaje:
      • Nada/Nada

    Mensajes
    546
    Poder de reputación
    32

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Gron'Kar: ¡Por la Espada de Fuego!


    [Capítulo 1: Recuerdos de una infancia vivida entre sangre y lágrimas]


    El campo de batalla es para un orco del clan de la Espada Ardiente como su segunda casa e incluso para muchos es su único y verdadero hogar. Un campo de batalla es un lugar donde un verdadero guerrero se siente cómodo, agil y es libre para llevar a cabo mientras disfruta el cometido para lo que fue entrenado sin descanso desde que era un simple niño que apenas sabía mantenerse en pie: combatir sin descanso ni sin tener ningún remordimiento al acabar con la vida de todos los enemigos que le fuera posible antes de morir. Pero como es natural, para llegar a tal grado de perfección en el noble arte del combate son necesarios muchos años de duros y largos entrenamientos los cuales pueden acabar contigo si no tienes la suficiente resistencia física y mental para poder llevarlos a cabo con exito, por lo que no es de extrañar que muchos mueran en el intento o simplemente tiren la toalla. Mi padre, llamado Rek'gal, era un miembro de la guardia personal que tenía el caudillo de nuestro clan y podría decirse que gracias a eso consiguió con paso de los años convertirse en un orco bastante respetado entre los nuestros, por lo que la presión ejercida por él sobre mi para no defraudar a nuestra familia era palpable. Pero esta presión no llegó a su maximo nivel hasta que llegó mi decimoquinto cumpleaños, fecha en el que ocurrió uno de los primeros sucesos que marcarían mi vida para siempre: La primera vez que mataba a sangre fria.

    Era poco mas de media tarde y el sol empezaba a esconderse lentamente por las grandes montañas de Draenor. En aquel instante yo me encontraba junto a mi padre en un pequeño bosque intentando cazar un jabali autóctono, unas criaturas bastante feroces y de tamaño medio. Por desgracia la situación no empezó favorablemente para mi ya que el jabali se deshizo de mi como quiso y una vez que me vió caer al suelo empezó a correr para alejarse del lugar y dejarme en ridículo.

    -"¡Levantate de una vez del suelo y coge tu espada! No me decepciones y me hagas ver que eres un verdadero inutil Krom'gal." me gritaba mi padre sin parar en las llanuras de Draenor con un leve tono de desprecio en sus palabras.
    -"No puedo padre... estoy muy cansado, no me quedan energías..." le decía mientras estaba arrodillado en el suelo con una pequeña espada al lado de mis pies.
    -"¡Así nunca llegaras a ser nadie dentro del clan,seras la verguenza de la familia!.Ya se lo decía a tu madre hace años,¡ hemos criado a un inutil que no es digno de ser miembro del clan ni de llevar nuestra sangre!" seguía gritandome mi padre sin mostrar ni un ápice de piedad o comprensión por mi.
    -"No le defraudare padre...¡POR LA ESPADA DE FUEGO!" Grité a mi padre ante sus duras palabras mientras apretaba los puños furioso.

    En ese mismo momento un gran sentimiento de ira y rabia invadió todo mi cuerpo debido a los crueles comentarios de mi padre, lo que hizo que me levantase y cogiese mi espada con agilidad para comenzar a correr hacia el jabali que había huido de mi. Al llegar hasta él le asesté una rapida estocada no letal con el filo de mi espada, que provocó que el jabali dejase de correr y se encarase contra mi. Debido al leve corte producido, el fiero animal dió un pequeño salto hacia atras para tratar de defenderse y de paso analizar la situación. Aprovechando la distancia creada, el jabali colocó su cabeza de una manera en la que se podía intuir que pretendía cargar contra mi, por lo que no me fue muy dificil esquivar su ataque rodando levemente por el suelo. Al acabar de rodar por el suelo, me levante rapidamente y le asesté otro tajo con el filo de mi espada en sus gruesas patas traseras que habian quedado desprotegidas después de intentar golpearme con su cabeza, lo que provocó que el jabali cayese al suelo herido y un poco desorientado. Una vez que estaba inmovil y sin posibilidad de defenderse me arrodillé ante el indefenso animal y le clavé mi espada con fuerza en su vientre retorciendola rapidamente en el sentido de las agujas del reloj, lo que provocó que a parte de que el jabali emitiese un gran grito de dolor también hizo que sus organos internos fueran convertidos en poco mas que una masa viscosa al mismo tiempo que un gran chorro de sangre caliente me salpicaba por toda mi cara.

    Aunque el jabalí yacia muerto a mis pies junto a mi espada la sensación de sufrir una intensa ira y rabia se mostraba recelosa de abandonar mi cuerpo y me impedia moverme mientras unas pequeñas lágrimas brotaban de mis ojos. En aquel momento apenas era capaz de articular ninguna palabra por muy simple que fuera ya que era la primera vez que había matado a un ser vivo y el impacto de su sangre caliente sobre mi cuerpo era algo que me había dejado totalmente descolocado y en shock al notar que matar a un enemigo te daba una extraña sensación de placer que te dejaba con ganas de más. Al darse cuenta del estado psicologico en el que me había sumergido tras el breve combate con el jabali, mi padre se dirigió hacia mi corriendo, colocó su mano derecha sobre mi hombro a modo de aprobación al mismo tiempo que me decía lentamente con un tono de voz serio y firme mostrando seguridad en sus palabras: "Estoy orgulloso de ti hijo,ahora levanta del suelo. Volvemos a casa antes de que anochezca con ese jabali para cenar."

    Aunque en aquel momento donde no era mas que un pobre chico asustado y sintiese un poco de odio a mi padre por obligar a matar a un jabali a sangre fria ahora puedo afirmar con total claridad que mi padre hizo lo correcto al obligarme a matar al animal ya que endureció mi espiritu lo suficiente para ser capaz de poder completar con éxito las muchas otras pruebas y entrenamientos que me esperaban antes de poder ser un buen guerrero y un verdadero maestro de la espada al servicio de la Espada Ardiente.

    [Capítulo 2: La guerra forja el caracter y templa el espíritu]

    Varios años habían pasado desde la breve batalla con el jabali en las verdes llanuras de Draenor que había conseguido que ganase la confianza y la fuerza mental suficiente para superar las numerosas pruebas restantes que me aguardaban y que consiguieron que dejara de ser un simple aprendiz para pasar a ser un verdadero guerrero de la Espada Ardiente. Durante el transcurso de estos años, un brujo llamado Gul'Dan consiguió convencer a diversos clanes orcos para que bebieran la sangre de los demonios, lo que nos hizo adquirir una sed de sangre insaciable y que fue la causante que provocó que nos levantasemos en guerra contra una raza que vivía en un planeta llamado Azeroth: Los reinos humanos. Después de varios días planeando la invasion y una vez que los poderosos brujos lograron abrir y mantener estable un portal con sus magias de las sombras hasta Azeroth, los ejercitos orcos de los diferentes clanes que se unieron en la bautizada Horda orca comenzaron a partir lentamente.

    Las grandes llanuras colindantes al Portal Oscuro vibraban con cierta violencia a nuestro paso, los tambores de guerra no cesaban de sonar al mismo tiempo que los gritos provocados por la furia y la sed de sangre llegaban a todos los rincones,cuevas y recovecos de Draenor haciendo que la fauna autóctona se alejasen asustados de la gran mancha verde que caminaba sin descanso con un aspecto amenazante e intimidador, mientras que los centenares de orcos de los distintos clanes que habian aceptado seguir al caudillo,nombrado por Gul'Dan, Blackhand apodado por muchos "El destructor" sujetaban sus armas con enormes ansias de entablar combate al atravesar el gran Portal lo antes posible, y como no podía ser de otra forma yo me encontraba entre aquella gran masa de orcos sedientos de sangre. Aunque apenas llegaba a tener veinticincos años no podia dejar de sentir como la sangre me hervía por el ansia de entablar combate y derramar sangre humana junto a mis compañeros y hermanos orcos de la Horda orca.

    Una vez que habiamos logrado atravesar el Portal Oscuro, los días y las semanas iban pasando con gran rapidez en Azeroth debido a los grandes combates entre la Horda orca y los humanos del reino de Ventormenta. Las ansias de destrucción de Blackhand hizo que nuestros ejercitos lanzaran ataques bastante precipitados contra la capital del reino humano supusiendo grandes derrotas para nuestro bando al mismo tiempo que se producian numerosas bajas en nuestras filas. Por si fuera poco, en medio de esta situación nada favorable para los nuestros, un orco llamado Orgrim Doomhammer acabó con la vida del cacique Blackhand "el destructor" para ocupar su puesto como lider de la Horda orca. A mi modo de ver, el cambio de lider de la Horda supuso conseguir nuevas victorias ante los ejercitos humanos, y que consiguió que después de largos meses de sangrientas batallas pudieramos acabar con la resistencia colindante a la capital del reino humano para así poder comenzar a realizar un asedio en condiciones a Ventormenta. Los días pasaban frente a los muros de Ventormenta donde solamente se producian breves escaramuzas que servían unicamente para cortar el paso de suministros sin llegar a asaltar las murallas que protegian la ciudad y a todos sus débiles habitantes. Pero todo cambió una noche en la que los lugartenientes de Orgrim Doomhammer convocaron a todos los soldados de la Horda Orca.

    -"Camaradas, estos escuáliados humanos no seran capaces de defender su patetico reino por mucho mas tiempo. Por lo tanto, nuestro gran lider ha dado la orden de que prepareis todos las armas y los artefactos de asedio.¡ESTA NOCHE ACABAREMOS CON TODOS LOS HUMANOS DE ESTE REINO!" Gritaban los diferentes lugartenientes del cacique de la Horda orca para transmitir la información a todas las tropas que estabamos desplegadas frente a los muros de la ciudad.
    -"¡Por la Espada de Fuego y por la Horda orca!" Grité junto a los demas miembros del clan al tiempo que alzabamos nuestras espadas al cielo y apuntabamos con ellas a los muros de la ciudad deseosos de ser los primeros de sesgar la vida de todos los humanos que nos fuera posible.
    -"¡Por la Horda orca!" Gritaron los orcos de los distintos clanes con la misma ansia por combatir.

    Poco después de la media noche las escalas comenzaron a colocarse en los muros de Ventormenta al mismo tiempo que los arqueros de ambos bandos se lanzaban proyectiles para acabar con el máximo posible de enemigos antes de enzarzarse en la lucha cuerpo a cuerpo que tanto esperábamos. Tras varias descargas de flechas, me lancé junto a mis camaradas a tomar unas escalas y subir a los muros, cosa que no nos supuso mucha dificultad. El sonido del viento siendo cortado por el filo de nuestras grandes espadas era escuchado por las murallas al mismo tiempo que los gritos de dolor de los cuerpos que caían sin vida tanto de la Horda orca como de los ejercitos humanos manchando con sangre las blancas rocas que formaban los muros de la ciudad. Tras casi tres horas luchando en las murallas conseguimos hacer retroceder al ejercito humano hacia posiciones interiores, tomando asi la muralla y la zona exterior de la ciudad.

    -"¡Adelante hermanos,los muros son nuestros!.¡Pronto caeran bajo nuestras espadas al mismo tiempo que suplican clemencia!" Gritaba euforico mientras corría junto a la gran masa del ejercito que iba en vanguardia matando a todos los humanos que se ponian a mi paso sin ninguna compasión.

    Las flechas seguian silvando mientras volaban por el aire algún incauto al que herir o matar, los escudos humanos resonaban ante los fuertes embates de nuestras armas, los gritos de dolor se escuchaban por toda la ciudad y el olor a ceniza que ibamos dejando a nuestro paso te calaba profundamente los pulmones sin poder hacer nada por evitarlo. Era una autentica masacre lo que estabamos llevando a cabo, aunque yo no podía evitar disfrutar de ello como nunca lo había hecho hasta el punto que apenas sentía el dolor producido por todas las heridas que había ido adquiriendo durante el transcurso del asedio. Los ejercitos humanos iban retrocediendo lentamente con el paso de las horas ya que no podían hacernos frente. Cada centímetro que iban cediendo iba siendo destruido y quemado hasta los cimientos mientras nos asegurabamos de que si había alguna persona moriría sin tener oportunidad de huir con vida de allí. En medio del combate y cuando ya habiamos tomado casi toda la ciudad sembrando el caos y la destrucción por donde pasabamos los humanos iniciaron una desesperada huida por mar.

    -"¡Retiraaaada!Proteged a las mujeres y los niños mientras suben a los barcos del puerto.Ventormenta esta perdida y moriremos todos si no huimos de aqui..." Gritaban algunos soldados con altos rangos del ejercito humano en representación del patético Anduin Lothar, el cual preferia huir en vez de morir luchando con honor.

    Nada mas ver el último barco humano abandonar lo mas rápido que podía los restos del puerto de la destruida Ventormenta los gritos de euforia comenzaron a resonar por lo poco que quedaba en pie de la ciudad ya que habíamos logrado ganar la llamada Primera Guerra contra los reinos humanos. Una vez que acabamos de saquear y de destruir por completo toda la ciudad, los pequeños pueblos cercanos que habíamos ignorado en el asedio y nos habíamos asegurado de que no quedaba ningún superviviente humano con vida volvimos a nuestros campamentos saboreando una gran victoria que había costado bastante de conseguir y que suponía planear nuestro siguiente movimiento para continuar avanzando por las bastas tierras de Azeroth con ansias de conquista y destrucción.

    Pese a su humillante derrota, los orgullosos humanos no se dieron por vencido y formaron la Alianza de Lordaeron con el único propósito de derrotar a nuestros ejércitos en que sería llamada Segunda Guerra. Durante el desarrollo de las primeras grandes batallas de esta nueva guerra resulté gravemente herido en la defensa de los grandes puentes de Thandol, Los cuales unian la región de Arathi, que se encontraba bajo el dominio de la Alianza, con la región de los Humedales, que aunque antaño estaba bajo el poder de los enanos barbronce en aquellos momentos estaba bajo nuestro dominio. El control de aquella zona era fundamental si queriamos poder organizarnos y poder así seguir conquistando las regiones del norte de Azeroth. Una mañana de invierno, los ejercitos combinados de la Alianza comenzaron a llegar hasta los puentes colgantes con la intención de tomar la zona y expulsarnos de la región, por lo que como era de esperar preparamos las defensas para resistir su duro asalto.

    Me encontraba sentado en una dura piedra afilando mi espada lentamente y con mucho cuidado de no mellar el filo cuando la voz de alarma de nuestros superiores hizo que todo el mundo que se encontraba haciendo tiempo hasta la llegada de las tropas enemigas comenzara a levantarse y a correr de un lugar a otro para llegar a sus respectivos lugares establecidos para la defensa del puente. El ejercito de la Alianza caminaba decidido hacia nuestra posición con una intención clara de luchar hasta el último aliento para hacerse con el control de la zona, por lo que no fue necesario esperar muchos minutos para tener al ejercito enemigo en nuestras narices. Gracias a una pequeña unidad de goblins zapadores pudimos destruir uno de los dos puentes de Thandol para dificultar un poco mas la llegada de tropas de la Alianza al combate cuerpo a cuerpo y así poder eliminar al máximo número de tropas posibles antes de que todo el grueso de su ejercito entrase a la batalla. Yo me encontraba en primera fila, resistiendo las cargas de los humanos con escudo que intentaban salir del puente al mismo tiempo que esquivaba como podía la lluvia de flechas de los elfos de Quel'Thalas que les cubrían las espaldas y que tantas bajas estaban causandonos mientras intentaba dar alguna estocada a algo que no fuera un maldito escudo. Poco a poco la Alianza fue logrando hacernos retroceder del puente pudiendo asi llegar a los Humedales con todo su ejercito, comenzando de esta forma la verdadera batalla. Gritos de dolor y de euforia sonaban por la zona de los puentes de Thandol al mismo tiempo que el suelo se iba tiñiendo con rapidez de sangre orca y de las razas de la Aliana. Tras varias horas combatiendo nuestros superiores dieron la zona por perdida, por lo que tuvimos que retirarnos del lugar lo mas rapido que podiamos si queriamos mantenernos con vida. Desafortunadamente, mientras corría una flecha que volaba perdida por el cielo impactó sobre mi espalda haciendome caer sumandose a las varias heridas que ya tenía y haciendome retorcerme de dolor en el suelo hasta perder el conocimiento.

    Al recobrar el conocimiento tenía vendado todo el torso y me encontraba tumbado en el interior de una de nuestras muchas tiendas de campaña de zonas inferiores. Debido a mi preocupante estado de salud tuve que estar en reposo durante varios meses para poder recuperarme del todo y estar en perfecto estado para volver a combatir en un campo de batalla,cosa que me dolió aceptar. Sin embargo, durante aquellos meses de ausencia por los campos de batalla, la Horda orca fue derrotada varias veces obligandonos a retroceder hasta las regiones cercanas al Portal Oscuro de Azeroth, así que no podíamos retroceder mas. Sabiamos que los ejercitos de la Alianza llegarian tarde o temprano, por lo que no pudimos hacer otra cosa que preparar algunas defensas para tratar de resisitir su ataque, el cual llegaría pocos días después de comenzar a preparar nuestras primitivas defensas. Era media tarde y los cuernos de guerra de la Alianza resonaban en la llamada Blackrock Spire, nuestras fuerzas estaban muy mermadas en comparación con sus grandes ejércitos,por lo que no pintaba nada bien la batalla, pero eso no nos iba a hacer rendirnos ante ellos sin luchar y causar la mayor cantidad de bajas posibles entre sus interminables filas.

    -"¡No podemos dejar que nos venzan,la Horda orca ha logrado mucho durante estos años,debemos ganar o morir en el intento!" Gritaban los soldados de alto rango para dar animos a todos los soldados que alli estabamos mirando cara a cara a los ejercitos de la Alianza.
    -"¡Al ataque!¡Por la Alianza!" Gritaban los ejercitos enemigos mientras cargaban contra nosotros con una furia y una confianza en si mismos muy parecida a la que tuvimos nosotros en el asedio a Ventormenta.

    Tras el choque entre ambos bandos comenzó una sangrienta batalla donde las flechas volaban al mismo tiempo que el sonido de las armas chocar plagaba toda la zona. Desafortunadamente, por mucha resistencia y coraje que poniamos y por muchos soldados que conseguíamos matar brutalmente la Alianza seguía siendo muy superior a nuestras fuerzas y parecía que no se le acababan nunca los soldados por lo que masacraba a nuestras tropas sin apenas esforzarse demasiado. Poco a poco los miembros de la Espada de Fuego iban pereciendo en combate al verse superados en gran numero sin poder hacer nada mas que llevarse a tres o cuatro soldados por delante antes de acabar siendo ensartados por la lanza o espada de las inagotables tropas de la Alianza de Lordaeron. Al ver que habíamos sido acorralados y practicamente derrotados ya que la mayor parte de los supervivientes de la Horda orca se encontraban en el suelo con heridas de diversa gravedad sin poder hacer nada por defenderse y otros muchos se encontraban exhaustos de tanto combatir, clavé mi espada en el suelo y me arrodillé a la espera de que alguno de los soldados enemigos acabase con mi vida, pero por suerte o mas bien por desgracia no fue así.

    Una vez que nuestras fuerzas habían sido derrotadas totalmente y que los magos enemigos consiguieron cerrar el Portal Oscuro que conectaba con Draenor, los victoriosos soldados de la Alianza decidieron que sería mas provechoso encerrarnos en grandes prisiones en vez de matarnos para evitar acabar con nuestros sufrimiento rapidamente, por lo que uno a uno fuimos siendo encadenados y llevados a campos de internamiento controlados por la Alianza localizados en diversos bosques donde nuestras energias menguaron y nos adentramos en un gran letargo por mucho que intentabamos escapar. Todo apuntaba que nuestra ansias de conquista llegaban a su fin.

    [Capítulo 3: La Horda renace entre sus cenizas.]

    Como animales, nos tenian encerrados como animales en pequeñas jaulas individuales formando los llamados campos de internamiento en los que gran parte de la Horda Orca había sido encerrada y poco a poco estabamos agonizando en su interior sin poder hacer nada para evitarlo. Pasaban las semanas y aunque sabía que por mucho que golpease las paredes de la jaula no iba lograr escapar nunca dejé de intentarlo, aunque si bien es cierto cada vez tenía menos esperanzas de poder salir de allí con vida. Sin embargo, con el paso de las semanas empezó a escucharse por el campo de internamiento el rumor de que un joven orco llamado Thrall había logrado escapar de uno de los campos de internamiento y había conseguido encontrar al antiguo clan del Lobo Gélido y que junto a sus miembros había empezado a llevar a cabo la liberación de nuestra a raza. Este rumor que comenzó como simples habladurias entre presos comenzó a escucharse poco a poco en boca de los guardias humanos, lo que nos mostraba que aquello que no era mas que un simple rumor se había convertido en una realidad, lo que hizo que mis ánimos y la de todos mis compañeros aumentara al pensar que tarde o temprano la libertad llegaría para todos nosotros. No fue hasta varias semanas mas tarde cuando los seguidores de Thrall entraron en nuestro campo de internamiento y comenzaron a liberarnos uno a uno mientras hacian frente a los defensores humanos.

    Una vez que habían despojado de mis cadenas y la puerta de mi jaula había sido forzada, salí como un animal a por el primer soldado humano que encontré en mi camino y le maté con mis propias manos rompiendole el cuello para luego clavarle su propia espada en la espalda. Al ver la sangre del soldado derramandose la sed de sangre volvió a invadir toda mi cuerpo haciendo salir corriendo a por el siguiente soldado humano mas próximo. Tras acabar con la vida de unos cuantos guardias mas logré encontrarme con el grueso de las tropas del clan Lobo Gélido, por lo que pude unirme a sus filas y combatir junto a ellos contra los guardias y sus refuerzos que lentamente iban llegando. Después de poco mas de una hora tarde gran parte de la resistencia humana que defendía el campo de internamiento había sido asesinada y todos mis compañeros orcos pudieron ser liberados sin lamentar muchas bajas. Entre todo el caos que había surgido, el joven orco se colocó en mitad de la marabunta orca liberada junto a Orgrimm Doomhammer, el cual estaba bastante envejecido desde la última vez que tuve el honor de verle. La presencia de Orgrimm Doomhammer hizo enmudecernos a todos a la espera de que hiciera alguna clase de discurso para volver a unir a la Horda, pero sorprendentemente fue el joven orco que le acompañaba el que habló en lugar de él y consiguió unirnos de nuevo como un solo ejercito: La Horda comenzaba a resurgir entre sus cenizas.

    Pasaban las semanas y los campos de internamiento iban cayendo a nuestro paso uno a uno, liberando asi a nuestros hermanos cautivos. Por desgracia, entre todos los orcos liberados muy pocos eran del clan de la Espada Ardiente, suponiendo la definitiva desintegración del clan y convirtiendome en uno de los pocos supervivientes que habían aceptado seguir a Thrall en la recién creada Nueva Horda.

    Una vez que todos los supervivientes orcos habíamos sido liberados, Thrall decidió que debíamos viajar atraves del gran océano en busca de nuestra tierra prometida, un lugar donde los ejercitos humanos y de las demas razas de la Alianza no podrían atacarnos y por lo tanto podríamos vivir en paz. Como era normal, no disponiamos de ningún transporte marítimo, por lo que tuvimos que asaltar un pequeño bastión humano para apropiarnos de sus barcos. Era media tarde y no paraba de llover, yo me encontraba como era de costumbre en primera fila sujetando mi gran espada apuntando a los pocos guardias que vigilaban los barcos. Dada la orden, comencé a correr junto a mis compañeros acabando con la poca resistencia humana que encontrabamos a nuestro paso. Los cuerpos de los defensores humanos caian al suelo con una asombrosa rapidez entre grandes cortes producidos por todo su cuerpo, la cabezas se iban separando de sus cuerpos a la vez que iban perdiendo el resto de las extremidades sin mucha dificultad. El combate transcurría tal y como se había planeado ya que el factor sorpresa hizo que los guardias humanos no tuvieran apenas tiempo para reaccionar ante nuestro asalto pillandoles completamente de imprevisto. Poco tiempo fue necesario para hacer huir a los pocos defensores humanos que seguían con vida en el pequeño bastión marítimo, pudiendo así tomar los barcos y zarpar atraves del gran océano en busca de la tierra prometida por nuestro nuevo y enérgico lider.

    [Capítulo 4: Buscando el sentido de mi vida en el norte.]

    Varios años han pasado desde que pisamos por primera vez las tierras de Kalimdor y que conseguimos asentarnos en el gran bastión orco bautizado como Orgrimmar construido gracias a la ayuda de la noble raza tauren que tan bien nos acogieron al llegar al continente a cambio de ayudarles a derrotar a unas tribus de centauros. Durante un par de años me dediqué a recorrer todo el nuevo continente luchando contra todos las criaturas que amenazaban mi integridad física y la de mis camaradas orcos que seguían a la Horda, logrando conseguir que la Horda supiera la valía de los pocos supervivientes que antaño fueron miembros del clan de la Espada Ardiente. Desafortunadamente, algunos de los supervivientes del clan habían preferido continuar sirviendo a los demonios transformandose en la llamada Horda Vil y suponiendo una gran amenzada que debía ser erradicada lo antes posible y que manchaba el nombre del desaparecido clan.

    Desgraciadamente, este nuevo modo de vida nómada en la que había comenzado a encaminar mi futuro me hacia sentir vacio ya que aunque la maldición de la sangre impuesta por beber la sangre de los demonios había desaparecido seguía existiendo en mi interior la brutalidad y las grandes ganas de combatir y matar que era inculcado por mi clan desde que eramos niños pequeños. Pero todo esto cambió cuando me enteré que el que antaño era llamado principe humano Arthas y que había traicionado a todos los suyos para servir a la plaga en su cruzada de eliminar a todo lo que este vivo en Azeroth había despertado de su largo letargo en las gélidas tierras de Rasganorte nombrandose el Rey Exánime y el lider de los ejercitos de la plaga. Al ser consciente de la gran amenaza que suponían los ejercitos de la plaga y su poderoso lider, volví a Orgrimmar para presentarme como voluntario en el viaje que iba a realizar Garrosh, el descendiente de Grom Hellscream, junto a las fuerzas del clan grito de guerra y otras razas de la Horda hacia Rasganorte para detener al rey Exánime e impedir que siguiese mandando tropas desde sus frías tierras hasta Kalimdor para destruirnos a todos y levantarnos como simples lacayos a sus órdenes.

    Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que las primeras semanas de estancia en el continente helado de Rasganorte han sido las peores que he podido vivir desde que atravesé el Portal Oscuro hace ya tantos años para llegar a Azeroth. Por aquel entonces no disponiamos de ningún bastión en el que poder resguardarnos ante los fieros ataques de las inagotables fuerzas de la plaga, por lo que los barcos en los que habíamos viajado hasta aqui eran nuestro único refugio ante aquellas hostiles y gélidas tierras a las que nos habiamos arriesgado a ir. Los combates se sucedian cada hora sin descanso alguno contra una raza de insectoides que había sido corrompida por el Rey Lich. A mi me recordaban a las cucarachas y a las mariquitas que había podido ver durante la Primera y Segunda Guerra por tierras humanas, solo que las principales diferencias su tamaño ya que practicamente eran tan altos como kodos, tenian todas sus extremidades afiladas como guillotinas y unos caparazones que poseian una dureza parecida a la de una armadura de malla. Pasaban los días y los combates ante nuestros barcos parecía que no iban a dejar de cesar hasta que muriesemos todos y acabásemos todos en el fondo del mar, por lo que después de planearlo y de ver como los Nerubianos venian en oleadas de menor número nuestros superiores dieron la orden de pasar al ataque para poder reclamar un terreno donde construir nuestro primer bastión y centro de futuras operaciones bélicas en el continente.

    Era un poco mas tarde que medio día, los barcos comezaban a colocar timidamente en tierra las rampas de maderas necesarias para ir a tierra sin tener que meterse en las frías aguas en las que nos encontrabamos mientras que los cañones no dejaban de rugir para intentar acabar con la mayor cantidad de nerubianos posibles y así poder tomar tierra lo mas rápido que se pudiera. Al contrario que en todas las demas batallas en las que he tenido el placer de participar, tuve que colocarme un grueso pelaje de oso por el torso ya que hacia demasiado frio para ir a pecho descubierto porque si los nerubianos no me mataban el frio lo acabaría haciendo, aunque llevar la piel de oso no me impidio llevar mi pequeño estandarte de la Horda para combatir. Pese a que los cañones realizaban correctamente su trabajo, grandes oleadas de nerubianos se dirigian sin piedad a por nosotros. Hacer una carga contra ellos para equilibrar la suya era una grandísima locura, por lo que no tuvimos mas remedio que defendernos con los elementos naturales que nos ofrecía la región a modo de parapeto. Tras resistir la carga inicial nerubiana abandoné mi escondrijo y me lancé contra un pequeño grupo de Nerubianos al grito de "¡Por la Espada de Fuego!" Sorprendentemente, aunque los Nerubianos tuvieran unos caparazones bastante duros y gruesos podian moverse de manera bastante agil, lo que me dificultó poder acabar con sus vidas de servidumbre al Rey Exánime. Los nerubianos caian a cientos ante nuestras manos, aunque eso no hacía que dejasen de llegar nuevas oleadas deseosas de matarnos a todos. Las horas iban pasando y poco a poco las oleadas de nerubianos iban siendo cada vez mas pequeñas, lo que nos permitió ir ganando cada vez mas terreno. De repente, el suelo comenzó a temblar con violencia al mismo tiempo que aparecian por el horizonte la figura de unas enormes criaturas que se dirigian corriendo hacia nuestra posición.

    -"Joder,¿que coño son esas cosas?" Me dijo un compañero que tenía a mi lado.
    -"No tengo ni idea,pero seguro que muere igual de bien que sus hermanos pequeños."Dije con un leve tomo humorístico para intentar quitar un poco de tensión a la situación.
    Al acercarse un par de metros mas hacia mi pude ver que aquellas criaturas gigantes eran lo que parecía la evolución de los nerubianos que nos atacaban, solo que casi triplicaban su tamaño y su armadura era bastante mas dificil de penetrar.
    -"Concentrad el fuego de los cañones en esos putos bichos gigantes,¡quiero que tengan unos agujeros tan grandes en sus cuerpos como el Crater de Un'Goro!" Gritaban los capitanes de los barcos a la tripulación encargada de manejar los cañones para ayudarnos a acabar con los nerubianos gigantes que tantos problemas estaban dando.

    Los nerubianos cada vez venian en menor número pero la furia y las gnas con la que luchaban era la misma que al inicio o incluso mayor. En una de las últimas oleadas de nerubianos me vi rodeado por tres nerubianos bastante agresivos. Debido a la larga duración del combate me encontraba exhausto, por lo que mis ataques con la espada cada vez eran mas lentos y débiles, por lo que pude unicamente matar a dos de los nerubianos mientras el restante pudo herirme con sus afiladas garras haciendome caer al suelo sangrando. Aunque yo intentaba defenderme como podía tumbado en el suelo, no podía evitar sentir como el nerubiano se estaba divirtiendo conmigo ya que claramente no suponía ninguna amenaza en el lamentable estado en el que me encontraba. Tras varias estocadas al aire por mi parte, el nerubiano consiguió romperme el filo de mi espada quedando practicamente inservible y sin tener nada con lo que poder defenderme. Todo estaba perdido para mi y solo faltaba que el nerubiano se decidiese a darme el fatídico golpe que acabase con mi vida.

    En aquel momento, cuando ya estaba todo perdido, no pude evitar recordar el día en el que estaba en Draenor junto a mi padre intentando cazar por primera vez un animal, creandome asi una pequeña visión o alucinacion debida a la cantidad de sangre que había perdido y a lo cansado que estaba. El tiempo parecía comenzar a transcurrir mucho mas lento, las frías tierras de Rasganorte se habían convertido en las verdes llanuras de Draenor y el sonido de la voz de mi padre empezó a sonar en mi cabeza.

    -"¡Levantate de una vez del suelo y coge tu espada! No me decepciones y me hagas ver que eres un verdadero inutil Krom'gal." Decía aquella voz que parecía ser mi padre con el mismo tono que me lo dijo el día en que maté al jabali con quince años.
    -"No puedo padre... estoy demasiado herido, no me quedan energías..." gritaba al aire intentando responder a la voz de mi cabeza.
    -"Claro que puedes, para eso has sido entrenado desde que eras un niño...¡Demuestra que eres digno de ser uno de los últimos supervivientes de la Espada Ardiente!" Seguía diciendo la voz en mi cabeza.
    -"No le defraudare padre, ni a usted ni a todos los caidos...¡POR LA ESPADA DE FUEGO!" Grité nuevamente al tiempo que agarraba el filo que aun cortaba de mi espada rota produciendome leves cortes al cogerla con fuerza.

    Al gritar y coger el filo de la espada con fuerza, la visión de estar en Draenor desapareció junto a la voz que me había estado hablando. El nerubiano bajó sus dos afiladas garras hacia mi con fuerza, pero gracias a aquella breve conversación con la voz que parecía ser mi padre conseguí la energía necesaria para incorporarme agilmente y poder clavarle el trozo de espada roto en uno de los huecos que tenía la criatura en el caparazón, produciendole la muerte casi instantaneamente mientras gritaba de dolor. El cadaver del nerubiano cayó lentamente al suelo mientras goteaba un vicoso líquido verde que debía ser su sangre. Una vez que me aseguré de que el nerubiano había muerto comencé a vagar por el campo de batalla mientras observaba sorprendido como los nerubianos que conseguían mantenerse con vida comenzaba a retirarse hacia posiciones interiores para huir del combate y poder recuperarse de las graves bajas que estaban sufriendo diariamente.

    -"¡Victoria!¡Sangre y gloria para la Horda!" gritaban los soldados de la Horda que aun seguían en pie mientras los médicos iban a atender a todos los heridos que había por el campo de batalla.

    Una vez que el terreno estaba completamente despejado de nerubianos y que habíamos lanzado al mar los cadaveres de las criaturas que se encontraban en proceso de descomposición, los generales fueron dando la orden a los peones orcos de los barcos que fueran bajando y que empezasen a transportar los materiales necesarios para construir el bastión que iba ser bautizado como el Bastión Grito de Guerra, el cual iba a servir como base de operaciones en esta guerra y lugar de llegada de nuevas tropas al continente helado ya fuera por barco o por zepelin. Como era natural yo no colaboré en la construcción del Bastión, pero si tuve que patrullar las tierras colindantes en busca de encontrar posibles amenazas y para proteger a los peones trabajar en la edificación de la fortaleza una vez que había sido curado por los médicos de combate y los sacerdotes troll. Tras varias semanas de duro trabajo por parte de los peones y de hacer frente a constantes escaramuzas nerubianas que intentaban devolvernos al mar el Bastión Grito de Guerra fué practicamente construido en su totalidad.

    Varios meses han pasado desde que acabamos de asentarnos en Rasganorte con la construcción del Bastión Grito de Guerra y debo decir que no hemos parado de seguir ganando terreno a la plaga y construyendo varios bastiones nuevos por las gélidas tierras de Rasganorte al mismo tiempo que hemos conseguido mantener a ralla a los incansables e interminables ejercitos de la plaga que intentaban acabar con nuestras vidas y con todo lo que habiamos logrado conseguir durante todo este tiempo. Pese a todo esto, soy bastante realista y se que por mucho terreno que estemos ganandole a los ejercitos de la plaga no significa que la victoria este próxima por el momento, aunque eso no quiere decir que me vaya a rendir y a tirar la toalla después de todo lo que hemos logrado por el momento.

    Con cada día que pasa el final del Rey Exánime esta cada vez un poco mas cerca y puedo decir con total seguridad que estaré alli para verle caer, lo juro por todos los caidos y por los que confian en los que estamos luchando en estas tierras por su seguridad. ¡POR LA HORDA Y POR LA ESPADA DE FUEGO!
    Never before have so many come together from all quarters of the galaxy. But never before have we faced an enemy such as this. The Reapers will show us no mercy, we must give them no quarter. They will terrorize our populations. We must stand fast in the face of that terror. They will advance until our last city falls, but we will not fall. We will prevail. Each of us will be defined by our actions in the coming battle. Stand fast, stand strong, stand together. Hackett out.


  8. #8
    Forero Experto
    Naur está desconectado
    • Naur's Personajes
      • Nombre:
      • Naur
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Elfo Sangre
      • Clase:
      • Mago
      • 2do Personaje:
      • Drake el Chacal
      • 3er Personaje:
      • Frynk / Gnomo
      • 4rto Personaje:
      • Uruk / Chaman

    Mensajes
    626
    Poder de reputación
    36

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Yazor, El Segador de Almas



    Por donde comenzar… Es una pregunta muy frecuente cuando se intenta contar la historia de una vida. Creo que el mejor modo de hacerlo es siempre por el principio, mi primer nacimiento. El nombre al nacer quizá es una de las pocas cosas en las que el que lo emplea no tiene ningún poder de decisión, yo recibí entonces el de Roland Vosen, Hijo de Lauren y Mary Anne Vosen, una familia de burgueses afincados en Lordaeron cuyos negocios y medio de vida se encontraba ligados a la banca. Mi madre Mary Anne, fue todo un ejemplo de rectitud y regia dignidad para nosotros, ama de casa, esposa, madre… ¿Había algo que ella no pudiera hacer? Me preguntaba miles de veces durante mi infancia, en cambio mi padre Lauren, dedicaba más tiempo a hurgar en sus dichosos papeles que a nosotros, ¡Demonios! Creo que si le hubieran preguntado el numero de ceros de la deuda de cualquiera de sus clientes hubiera contestado sin dudar pero no sería capaz de recordar el nombre de sus propios hijos, Si sus hijos, Roland y Marcus Vosen. Marcus era mi hermano menor, aún recuerdo como de niños jugábamos con unos palos como si fuesen espadas, siempre soñamos con convertirnos algún día en paladines, en ocasiones, cuando los ejércitos tornaban de las guerras, el y yo nos escabullíamos sin permiso de nuestra madre entre la multitud para ver regresar a los soldados victoriosos de sus cruzadas, Marcus sentía una profunda admiración al ver el regreso de los paladines, envueltos entre pétalos de rosa que la gente arrojaba desde sus balcones con sonrisas estampadas en sus caras y arropados por los aplausos de un clamor popular que vitoreaba sus nombres, portando aquellas armaduras doradas que al reflejárseles la luz del sol te cegaban unos instantes… Sí… Quien no soñaría con algo así.

    Marcus y yo crecimos con esa ilusión en el corazón, nos prometimos llegar a ser los mejores paladines del Reino, “Servir y Proteger”, ese era nuestro lema. El destino en ocasiones no va acorde con el corazón, y los deseos mas nobles se pueden ver frustrados por algún imprevisto. Marcus y yo a la edad de 12 años quisimos aprender a montar a caballo, los paladines son grandes jinetes y nosotros no podíamos ser menos. Nuestra madre nos tenía tajantemente prohibido acercarnos a las cuadras de las afueras de la ciudad, decía que era peligroso, pero nosotros como de costumbre no la obedecíamos. Llegamos a un acuerdo con el dueño de las caballerizas, nosotros le limpiábamos los excrementos de las cuadras y el a cambio, nos enseñaría gratuitamente como montar a esos animales: Era un buen negocio.

    Marcus no cabía en si de la emoción, llevábamos años esperando ese momento, aprender a montar a caballo significaba estar a un solo paso de que la Orden de Caballeros de la Mano de Plata nos aceptara como aprendices de paladín… Pero esa emoción llevo a Marcus a mal puerto, comenzó eufórico a imprimir más velocidad al caballo, muy por encima de las recomendaciones del dueño de las caballerizas, hasta que su montura al fin, se frenó en seco y lo vapuleo por los aires. James Gerad el dueño del establo, y yo corrimos lo mas rápido que pudimos hacia el, que se encontraba en el suelo inconsciente. Con una bolsita de hierbas aromáticas le hicimos reanimarse, pero al preguntarle si le dolía algo, el respondió que no, extraño debido la magnitud del golpe, pero tenía su explicación, Marcus había perdido la movilidad en ambas piernas, no sentía nada, arranco a llorar, la frustración pudo con el… Yo me quede abatido con la noticia.

    Marcus se pasaba los días postrado en una cama, mirando por la ventana melancólico, apenas comía, había cambiado, ya no era el mismo chico jovial que soñaba con ser un paladín, aquello había dado al traste con todas sus ilusiones que albergaba desde la mas tierna infancia. Mi padre se debió de sentir culpable, debió pensar que aquello era el resultado de su falta de atención y comenzó a pasar mas tiempo con Marcus, enseñándole el negocio de las finanzas, al menos para ese trabajo no se requerían dos piernas fuertes. Yo por mi parte decidí que haría algo por mi hermano, ya que el jamás cumpliría su sueño de ser Paladín, yo si lo conseguiría en su nombre, llegaría a ser el mejor paladín de Lordaeron, “Servir y Proteger”… ese seria mi único objetivo… Por él.

    Pasaban los años, Marcus se volcó por completo en el negocio familiar, mi padre se sentía muy orgulloso de el, tanto que le cumplía todos sus caprichos, el sentimiento de culpabilidad se acrecentaba en su interior mientras mi hermano poco a poco se convertía en un ser completamente distinto, consentido, orgulloso y huraño, un completo maniático, las sabanas debían de estar en perfectas líneas rectas simétricas para que el se pudiera acostar en el lecho, mas de una docena de sirvientes fueron despedidos por sus excentricidades. Las visitas a su alcoba se hacían en un horario estricto que el mismo se encargaba de cambiar cada semana, apenas hablaba cuando tenia ocasión de verle, mientras tanto, yo conseguía superar las pruebas de selección para ser adiestrado como paladín, a pesar de todo, el era mi hermano, y en el fondo de mi corazón yo también sentía ese remordimiento que mi padre tanto exteriorizaba, le acompañe en el día en que sucedió todo, pero delante de el, siempre aparentaba fortaleza, nunca le mencionaba ese asunto, creía que así la herida dolería menos en el recuerdo.

    Por aquel entonces daba mis primeros pasos en la disciplina de la Luz, aquello me maravillaba, ser paladín era mucho mas que lograr llegar a ser alguien fuerte que defendiera a los suyos y que lo vitorearan en las calles, era toda una filosofía de vida. Un código de conducta alumbrado por las tres virtudes: Respeto; Tenacidad y Compasión, en torno a ellas durante años giró mi vida, hasta lograr comenzar a comprenderlas. Nos adiestraban en el uso de las armas y en la fortaleza física, pero no como a meros guerreros, pues entrenaban nuestra mente y fortalecían nuestra alma al mismo tiempo. Si tuviese que definir con una palabra aquella etapa de mi vida, sin dudarlo emplearía la palabra “Sacrificio”.

    Pero no todo fue amargo, allí también conocí al que fuera el amor de mi vida, Lynda Lothen, hija de un terrateniente de las afueras, su piel era suave como seda y su cabello parecía terciopelo, de mirada picara y sonrisa desenfadada, era un sueño hecho mujer. Coincidíamos en algunos lugares, ella pretendía ser ordenada sacerdotisa, en ocasiones hablábamos y hablábamos hasta que la luna nos sorprendía… Aquella quizá fuera la mejor época de mi vida. Marcus nos observaba desde su vidriera con un catalejo a menudo, nunca le mencione nada sobre ello, ya apenas hablaba con el, éramos dos completos extraños.

    Mi relación con Lynda prospero, el nuestro era un amor puro, casto y desinteresado, la Iglesia de la Luz lo vio con buenos ojos, no se puede decir lo mismo de su padre, que creyó me acercaba a su hija únicamente por su fortuna, pero por suerte cuando tuvo la oportunidad de tratar conmigo, se dio cuenta que sus prejuicios contra mi eran infundados y accedió a dar su bendición a nuestra relación. La boda no tardo en oficiarse, los invitados se arremolinaban en el templo, incluso mi hermano Marcus asistió a ella, pero era el único que no parecía feliz, no dijo nada, se limito a observar con su inexpresivo gesto. Recuerdo esos años de una grata forma, felicidad, es lo que sentí cuando Lynda me comunicó que se encontraba en cinta de nuestro primer hijo, Jake, el primero de tres, Dave y la pequeña Sully.

    Yo me encontraba en el extranjero cuando me comunicaron la funesta noticia, mi padre Lauren había fallecido de un ataque al corazón, toda la economía familiar dependía de el, pero con su muerte, Marcus tomó las riendas del negoció, en unos años, había triplicado el caudal que heredamos de nuestro padre. La Orden de Caballeros de la Mano de Plata paulatinamente me fue asignando trabajos de mayor calibre, y mi fama comenzaba a cruzar fronteras. Los condenados muertos – Vivientes eran pasto de mi espada, la compasión es algo que todo paladín debe tener presente, pero no con ellos, pues su mera existencia era una grotesca burla a la vida y a la Luz, no me importaba morir peleando contra ellos, de ahí emanaba mi brutalidad en el campo de batalla, todo sea por la causa.

    Tras años de ausencia en mi hogar causados por las numerosas campañas, los mandos decidieron darme un privilegio, regresar a casa en tiempos de guerra, con la amenaza de Muertos – Vivientes que llegaba desde el norte no podía aceptar tal orden, pero el consejo había tomado la decisión de premiar mi esfuerzo y mi entrega, en numerosas ocasiones había rechazado los permisos para regresar junto a los míos en esos 10 años en pos de nuestra cruzada, pero esta vez no podía negar que les echaba de menos, además las palabras de mi comandante me inspiraron tranquilidad “Podemos contenerlos” no dijo mas, no hizo falta.

    Me vestí con la armadura dorada de gala, un yelmo ajustado con una prominente visera y una larga capa azul aterciopelada, aquel día, junto a la comitiva que me acompañaba, cruce las puertas de la ciudad, todos estaban al tanto de mi regreso, la aglomeración de gente era impresionante, todos aplaudían y vitoreaban nuestros nombres, el sol hacia relucir mis placas, y los pétalos de rosa se colaban por los orificios de mi yelmo, con una sonrisa que no pude evitar brotara de mi boca, tras tanto tiempo y sacrificio al fin lo había conseguido, el amor de aquellos a los que jure proteger, que me recibieran en su seno como a un autentico paladín, como a un héroe. Todo era perfecto, pero al hacer el camino divise a la derecha el pequeño montículo en el que mi hermano Marcus y yo nos subíamos para ver el regreso de los paladines, lo mire detenidamente unos instantes, se veía muy diferente desde el otro lado, pero el no estaba allí, solo dos niños que me miraban impresionados boquiabiertos.

    Una vez terminados los actos protocolarios, regrese a mi hacienda en donde esperaba, casi sin creer mi regreso, mi querida esposa y mis tres hijos, cuanto habían crecido… Me perdí un pedazo muy importante de sus vidas por seguir mis sueños y velar por la causa, hoy día viéndolo desde la perspectiva del tiempo, me arrepiento de ello.

    Era una noche fría, de esas que te hielan hasta los huesos, yacía en el lecho con Lynda mientras los niños dormían, baje las escaleras para tomar unos sorbos de leche, las duras camas del cuartel no se asemejaban en nada a la comodidad de mi alcoba, no estaba acostumbrado a ello y no conciliaba el sueño. El crujir de aquellas escaleras de madera fue lo ultimo que oí pues al poner mi pie descalzo en el suelo de la planta baja, sentí como algo me golpeaba la cabeza, mientras caía, entre una neblina difuminada que cubría mis ojos atiné a ver dos sombras negras avanzando raudas ante mi, después perdí el conocimiento.

    Cuando desperté encontré al ejercito en las dependencias de mi casa, me inmovilizaron y detuvieron bajo los cargos de asesinato de toda mi familia, yo no comprendía que pasaba, ellos creyeron que me hacia el loco y arrastrándome del pelo, encadenado, me hicieron subir las escaleras y contemplar los cuerpos sin vida de mi esposa e hijos, caí al suelo con un llanto desgarrador ¿Quién había podido hacer aquello? Los cuatro tenían una herida de apuñalamiento en el corazón realizada por una espada: La mía.

    El ejercito no lo dudo, ni la Iglesia de la Luz tampoco, me encarcelaron y excomulgaron, perdí mi rango, mi estatus y fui tratado como un vulgar preso. Juzgado y condenado, la pena para los asesinos en Lordaeron es la muerte. Pase días a pan y agua en aquella celda, apenas sin luz, pensando en los míos, en que podría haber sucedido, ¿Quién habría sido capaz de semejante atrocidad? Rogué a la Luz una y otra vez para que me iluminara el camino, como tantas veces antes había hecho, que me mostrara una salida, pero fue en vano.

    No se cuanto tiempo había pasado, en aquella angosta habitación había perdido la noción del tiempo, cuando al fin, recibí una visita inesperada, mi hermano Marcus se dignó a visitarme. Vestido con caros ropajes y portado por cuatro hombres en una silla con asas, el carcelero dio permiso para posarse enfrente de mi celda. Hacia años que no le veía, su mirada era profunda y su entrecruzar de manos inquietante. Me miro de arriba abajo y con un tono de sátira comenzó a hablar.

    - Vaya, Vaya, Vaya… Roland, mi hermano, “El Gran Paladín”… Que mal te veo Chico…

    Yo me acerque a los barrotes como un rayo agarrándolos firmemente y hablando tan rápido que entrejuntaba las palabras, casi faltándome la respiración.

    - Marcus… Marcus… Hermano, tienes que sacarme de aquí, tienes que sacarme de aquí por favor, yo no lo hice, yo no lo hice…
    - Tranquilo hermano, lo se, lo se… se que tu no serías capaz de apuñalar de esa forma a la dulce Lynda y a tus tres preciosos retoños…

    Asentí con un gesto de alegría al ver que después de tantos años, mi hermano Marcus aun me apoyaba.

    - Marcus… Tienes que ayudarme… juntos cogeremos a esos mal nacidos que me han hecho esto… debemos descubrir quienes son…

    Entonces Marcus me interrumpió, y con un tono muy serio dijo:

    - Eso no será necesario…
    - ¿Co… Como?¿A caso sabes quien pudo ser?
    - Si… Fui yo.

    Me dijo de forma tajante, yo me quede impresionado con tal afirmación, mi cara de sorpresa se hizo patente, reculé un poco de las rejas ante mi asombro, aun no me creía lo que Marcus acababa de decir. Tras unos instantes de silencio en los cuales solo se vislumbraba la sonrisa de satisfacción de Marcus, conseguí entre lágrimas decir unas palabras.

    - Jake… Dave… Sully… Lynda… ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¡¡¿Por qué lo hiciste bastardo?!!!
    - ¡¿Qué porque lo hice?! ¡¿El señor “Don Paladín Perfecto” no lo sabe?!... “Servir y Proteger”… ¡¡¡Tu me robaste mi vida maldita escoria!!! Los dos teníamos el mismo sueño, pero solo tú lo cumpliste, mientras me restregabas tu estupenda vida por las narices día a día yo me pudría en una cama. Venías a mis aposentos y jamás mencionaste una sola palabra del accidente, como si no fuera contigo la cosa, ¡Tu eras el mayor! no debiste haberme permitido hacer esas locuras... no mostraste ni la mas mínima compasión conmigo solo comenzabas a narrarme tus aventuras por el mundo, que eras muy querido entre la gente, lo bien que te trataban en la Mano de Plata y tu preciosa esposa… ¿Qué mujer iba a amar a un tullido como yo? Todos los días al atardecer te veías con ella en el patio, os observaba desde las vidrieras, tú lo sabías, la llevabas allí solo para que pudiera ver lo que jamás tendría… Por eso contrate a esos esbirros que te inculparon, ¡Para que dejaras de pasearme tu perfecta vida por delante de mis ojos!
    - ¡Pero que dices bastardo maníaco! ¡Yo te quería eras mi hermano!
    - ¡A otro con esas estúpido patán! Ahora sabrás lo que es el dolor, el dolor de querer lo que no tendrás jamás, lo que has perdido, ahora pasaras por lo que yo he pasado, y después… morirás como una rata.

    La rabia y la ira me pudieron, salte hacia las rejas como un animal, apretando los dientes y amoratándome las manos de la fuerza con la que estrujaba los barrotes, gritando furioso le dije a mi hermano mientras este se marchaba riendo sobre su trono a las espaldas de aquellos cuatro hombres que lo transportaban:

    - ¡¡¡ Marcuuuus!!! ¡¡¡Bastardo despreciable no descansare en paz hasta que clave mi espada en tu pecho y te vea agonizando de dolor!!! ¡¡¡Lo pagaras te lo juro!!!

    Me quede solo en aquella celda maldiciéndole durante días hasta que la voz me abandonó. Cogido de las rodillas en una esquina de aquella lúgubre jaula decidí esperar allí mi muerte, antaño recibido con pétalos de rosa y entonces condenado a muerte. Pero contra todo pronostico, recibí una última visita totalmente inesperada.

    - ¡Perro Sarnoso tienes visita! Pase…

    Una delgada silueta envuelta en una andrajosa túnica de oscuro color coronada con una capucha que no dejaba entrever el rostro de aquel sujeto entro en mi celda. Con una rasgada y gutural voz, de forma lenta dijo:

    - Sir Roland Vosen ¿Cierto?
    - Ya no estoy seguro ni de eso… pero al menos así me llamaron en otros tiempos.
    - Vos sois un afamado paladín de la Mano de Plata si mal no me equivoco… ¿Qué os retiene entre estos muros?

    Pensé durante unos instantes… ¿Quién era ese tipo? ¿De que me conocía? Su presencia me incomodaba, pero desde la visita de Marcus había sido mi única compañía y quizás, la ultima que tendría, debía ser cortes.

    - Un crimen que yo no cometí… Una traición que no esperaba…
    - ¡Oh! Ya veo… vuestra condena si no me he informado mal, es la pena de muerte… ¿Cierto?
    - No, no se ha informado mal… Cualquier día vendrá un carcelero, me sacara de aquí y me ajusticiaran como a un perro en la plaza central, sin saber como ni cuando.

    Aquel extraño individuo empezó a dar vueltas por el corto espacio de las afueras de mi celda, y comenzó a hablar.

    - Ajusticiado por aquellos a los que juraste proteger… Me resulta irónico.
    - Yo no le encuentro la gracia “Señor”…
    - Y si yo le propusiera algo… una manera de vengarse de aquellos que le tendieron esta trampa, un modo de “burlar” a la muerte… ¿Qué diríais vos Sir Roland?
    - Lo aceptaría sin dudarlo pero dudo que haya un modo de sacarme de aquí con vida para lograr ese objetivo…
    - Nadie hablo de sacarlo “con vida”… Mi señor se ha fijado en vos, Sir Roland, ha sido testigo de primera mano de vuestra devoción y entrega, del sacrificio y la voluntad inquebrantables que imprimíais en los campos de batalla luchando contra aquellos a los que llaman “Muertos en Vida”…

    Cuando dijo aquello le mire detenidamente, desde el primer momento en que cruzo el umbral de la puerta su presencia me inquieto, ahora todo estaba mucho mas claro…

    - ¿Y que es lo que propone exactamente?
    - Mi señor esta planeando una… “Revuelta” y necesita reclutar soldados de su perfil Sir Roland, el podrá alzarle una vez muerto para que cumpla su venganza, si antes usted se entrega a el y le jura lealtad a su causa, renegando de sus anteriores creencias
    - ¡¡¡ Renegar de la Luz!!! ¡¡¡Jamás!!!
    - ¡¿Y que ha hecho la Luz por vos Sir Roland?! ¡¿Acaso la Luz a impedido la muerte de su familia?! ¡¿O la traición de sus allegados?! ¡¿Acaso la Luz a mirado por vos en algún momento Sir Roland?! La Luz no le sacara de aquí con vida, permitirá su muerte, la muerte de un fiel devoto… Algo que mi señor jamás consentiría, En cambio el en su lugar le ofrece la oportunidad de consumar su venganza y seguir de pie para verlo todo… ¿La Luz hará eso por usted, Sir Roland?

    Aquellas palabras me conmocionaron… Realmente la Luz, aquella en la que tanto creí y a la que ofrecí mi vida había permitido que alguien que le sirviera tan devotamente acabara sumido en la mayor de las oscuridades… mentiras, toda mi vida había sido entregada a adorar una mentira… Le rece sin descanso durante todos aquellos días de cautiverio pero su ayuda no llego, en cambio esta vino de la mano mas inesperada, la del enemigo que con tanto fervor había combatido, el final para esta farsa parecía irónico, Sir Roland Vosen pactando con aquello que pretendía erradicar, pero mi rabia, mi ira y mi deseo de venganza eran superiores a cualquier otra cosa que hubiera sentido nunca antes.

    - Bien Sir Roland, mí tiempo no es para desperdiciarlo, veo que no se encuentra interesado en lo que le ofrezco…

    Decía la esbelta figura mientras se encaminaba hacia la puerta. Levante la cara y lo mire fijamente tras haber barajado las opciones, con una mirada fría sobre mis ojeras, contestando con una voz firme.

    - Que yo sepa, aun no he rechazado formalmente su oferta…

    Sonrió y se marchó de la sala con el acuerdo que venia buscando. Pasaron las semanas y llegó el día de mi ejecución, Para muchos la muerte es el fin, pero realmente no es así, es el fin de una etapa y el comienzo de otra nueva, mi segundo nacimiento, además la muerte solo es dolorosa hasta que el propio dolor cesa, después, solo queda la paz. Como dije, los deseos mas nobles se pueden ver frustrados por algún imprevisto.

    Mis ojos se abrieron de nuevo, la neblina difusa que los cubría se fue disipando, tenía las manos y las articulaciones completamente entumecidas, me desperté vestido con una armadura de acero negro, envuelta en púas y entrelazada con cadenas. La sala en la que desperté era macabra y tétrica, las vísceras se encontraban esparcidas por doquier, una voz familiar resonó en mi cabeza.

    - Ya has despertado… ¿Sientes entumecimiento en las articulaciones? Es algo normal, no te preocupes.
    - ¿Donde Estoy?

    Mi voz retumbaba como el eco, era mas grave y distinta a como la recordaba, no sentía frio ni calor, pero estaba… ¿Vivo?

    - Estas en Lordaeron mi querido Sir Roland… La ciudad ha cambiado un poco desde que tú la recuerdas… Digamos que mi señor, y su primer Caballero, el Príncipe Arthas Menethil, han hecho… “Reformas”.

    Me mire las manos y el cuerpo, estaban degradados y fríos, aquel no era yo, solo una sombra de lo que fui… Realmente cuando naces, no tienes ningún poder de decisión en tu nombre, en aquella ocasión porque iba a cambiar en algo…

    - Este macabro cuerpo en el que habito no soy yo… ¡No soy Sir Roland Vosen!
    - A Muchos caballeros les ocurre después del “Despertar” no se reconocen o no asimilan su nuevo “Estatus”… Quizá el emplear otro nombre te ayude a dejar atrás lo que fuiste y a tomar el papel de lo que eres… desde hoy serás conocido como “Yazor”.

    De ese modo murió Sir Roland Vosen y nació Yazor de sus cenizas. Aquel nigromante me instruyó en todo lo que debía saber sobre mis nuevas habilidades, ahora era un Caballero de la Muerte, una maquina de destrucción orgánica diseñada con el único propósito de expandir el caos por donde pisara. Mi hojarruna me acompañaba a todos sitios, podía sentir su hambre, su deseo de alimentarse de la sangre y las almas de mis enemigos, era la única necesidad que mi atrofiado cuerpo sentía: matar. Numerosas fueron las atrocidades que me vi obligado a cometer en nombre del Rey Exánime desde mi “Despertar”: arrasar poblados de refugiados con mujeres y niños, quemar aldeas, contaminar comida… Pero con cada uno de esos encargos, mi corazón se hacia mas pequeño y solo anhelaba el momento de volver a ver a Marcus cara a cara.

    Ese día llego, Marcus se encontraba refugiado a las afueras de Tirisfal, en una enorme casa escondida tras la ladera de una montaña. Me informaron de su paradero y dieron permiso para acudir allí, en el fondo un trato es un trato. Era una noche lluviosa de tormenta, los rayos y truenos despuntaban en el cielo ennegrecido por las nubes, un fuerte estruendo se oyo junto al de un trueno mientras la puerta se desquebrajaba bajo mi pie, con paso sereno y firme, con el rozar de mis cadenas marcando el paso y el crepitar del fuego de una chimenea de sonido de fondo, me acerque a la silla en la que de espaldas se encontraba el causante de todo mi dolor: Marcus.

    Con fuerza recline el asiento y vi la cara de mi hermano acongojado, mientras el ruido del desenfundar mi espada era lo único que rompía el silencio, no se quien de los dos estaba mas ansioso por arrancarle la vida a Marcus, si ella o yo.

    - ¿Qui… Quien eres? ¿Qué… Quieres? So… Soy Marcus Vosen, tengo mucho, mucho oro para darte si me perdonas la vida…

    Con espada en mano y la capucha cubriéndome el rostro dije con la voz rasgada:

    - Ya se quien eres… No busco tu oro… Si no tu alma…

    En ese momento le clave la hojarruna en el corazón, tal y como hicieran antaño sus secuaces con mi familia, mientras escupía sangre por la boca en mi pecho y sus ojos agonizantes se quedaban abiertos como platos, con mi mano izquierda lentamente fui retirando la capucha que me cubría el desmejorado rostro y enseñándoselo mientras mi gélida mirada se clavaba en el, Marcus murió bajo mis ojos intentando de pronunciar mi nombre con su ultimo aliento, ciertamente había consumado mi venganza, el Rey Exánime no me había prometido ello en vano, pero ahora yo debía cumplir mi parte del trato, una eternidad de servicio en la No – Vida para servirle de oscuro instrumento de la muerte en sus deseos… Definitivamente ya poco quedaba de Sir Roland Vosen, paladín de la Mano de Plata… Solo existía Yazor, “El Segador de Almas”.



    -----------------------------------
    Diario Personal de Yazor.

  9. #9
    Forero Adicto
    Griever está desconectado

    Mensajes
    418
    Poder de reputación
    24

    Predeterminado Respuesta: [Aniversario] Levantamiento de Proeza

    Abel Daybreak

    Acto I: La traición de las hermanas.


    Descripción física: Abel tenía 22 años, pelo castaño que le llegaba a los hombros, de complexión fuerte, 1,72 cm de estatura y 62 kilos. Su pecho no era muy pronunciado, sus ojos eran color miel, su voz es desde que era joven fue aguda.


    Abel Daybreak proviene de una familia de clase media de Ventormenta, su infancia fue como la de una niña cualquiera, su padre, Thoin Daybreak, estuvo junto a ella y su hermana mayor, Aria, cuidándolas lo mejor que pudo. Su madre había fallecido al nacer Abel.


    Thoin regentaba una pequeña tienda de armaduras en el casco antiguo de Ventormenta, pese a cuidarlas lo mejor posible, la ausencia de una figura materna y las continuas ayudas en su tienda volvió a ambas hermanas poco refinadas en comparación a otras niñas de su edad que pasaban los días jugando con muñecas más que limpiando y puliendo armaduras.

    A los 9 años, comenzó su pasión por lo que llegaría a ser el metal preferido de su vida: La plata. Un lingote que trajo su padre para refinar una armadura llamó su atención, desde entonces, aprendió todo lo que había que saber sobre ese metal preciado. Su brillo blanquecino y de alabastro teñía de felicidad sus ojos. Su padre le dejaba limpiar las armaduras bañadas y aleadas con ese metal y la dejaba ayudarle en todo lo que pudiera una adolescente de su edad.


    Ambas, decidieron formar parte del ejército de Ventormenta desde pequeñas, Aria, 9 años mayor que ella, consiguió ser soldado con 18 años, pronto se hizo con triunfos y honores que le valieron un buen rango dentro del mismo. Abel trabajó duro para aprender a luchar, su padre, a su 16º cumpleaños, fue a donde ella se encontraba, últimamente andaba tan concentrada entrenando que había olvidado su propio cumpleaños. Su padre, con una leve sonrisa, le dio una pequeña bolsita de cuero y lo que parecía ser una espada envuelta en una tela con cuerdas. Abel vió un precioso colgante de plata con las letras “AA” entrelazadas entre sí, representando a las dos hermanas siempre unidas, puesto que a Aria le había regalado un colgante similar a esa misma edad, mientras que dentro de la tela, efectivamente, había una espada de aleación plateada. Abel abrazó a su padre casi con lágrimas en los ojos, sabía lo mucho que había sacrificado por ellas, a Aria le hizo el mismo regalo cuando tuvo su edad y estuvieron en los inicios de convertirse en soldados.


    Así, día a día, mientras seguía desempeñando labores en la tienda de su padre, entrenándose y escuchando las hazañas que su hermana lograba años tras años, fue haciéndose una joven curtida y fuerte. Hasta que llegó por fin el día en que entró en el ejército con 18 años, tras unas pruebas de aptitud que no le costaron mucho y la atenta mirada de su hermana, por fin representaba el honor de su tierra y de su raza y podía combatir contra sus enemigos.


    Durante los 4 años restantes, Abel no hizo sino empeorar las cosas dentro del ejército, a pesar de combatir muy bien, su cabezonería y falta de paciencia la metieron siempre en muchos líos, por no hablar de su mala actitud y peleas con sus compañeros. Aria intercedió por ella cuanto pudo para aflojar los castigos. Cuando tenía 24 años, Abel sufrió el duro golpe de la pérdida de su padre por una enfermedad. Su hermana, más madura y acostumbrada a estos pesares, no pasó tan mal trago. Abel a partir de ese día fue siempre silenciosa y triste, dejó sin embargo, de meterse en problemas y se convirtió en una soldado que hacía lo que tenía que hacer en el momento apropiado, cumpliendo con su deber. Poco a poco, el sentimiento de la pena se convirtió en odio, y el odio terminó por ser reflejado en combatir a la plaga como un enemigo invisible que la hacía sentirse mejor, después de todo, era la excusa perfecta para dar muerte y sentirse mejor con ello a esas asquerosas formas de vida.


    Su hermana, para sobrellevar mejor su pesar y tenerla vigilada, se encargó de mover hilos para tenerla bajo su mando directo, pronto la enviarían a Rasganorte como refuerzos a la ofensiva y defensa en la Fortaleza Denuedo, y no quería dejarla ahí, a la deriva con sus pensamientos. Sabía por experiencia propia que en la guerra uno madura y Abel ya no tenía nada que perder, pensó que de esa forma conseguiría el propósito de hacerla superar sus miedos y hacer de ella una mujer mejor para el mundo. Pronto se daría cuenta de su triste equivocación.


    Tras el viaje a Fortaleza Denuedo, a Aria se le encomendó un Escuadrón con 15 soldados, entre ellos, Abel. Su primera misión era llevar al Cementerio de Dragones, más concretamente a la Fortaleza de Hibergarde, unos suministros y documentos de extrema importancia. Tras ir en barco unos días, desembarcaron al sur del Templo del Reposo del Dragón con los materiales de su misión, mientras iban de camino a la Fortaleza Hibergarde, Abel se fascinaba y perdía nuevamente el control cuando se trataba de masacrar a los no muertos, hasta el punto de provocarlos desde lejos indirectamente dejándose ver. Aria empezaba a ver cómo perdía el juicio.


    Abel, cada vez más dominada por la ira y la venganza, seguía provocando que hordas de no muertos avistaran y se enfrentaran a su escuadrón para exterminar a todos los que pudiera. Aria, apoyada por sus hombres y arrepentida de haber traído a su hermana a la expedición a Rasganorte, le dio un severo puñetazo a su hermana en la cara cuando terminaron de rematar al último no muerto. Era la 3º vez que les metía en problemas y 2 hombres habían muerto en ese último enfrentamiento. Era hora de que aprendiese la dura lección, pero la realidad sería otra.


    -“ Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte…”

    Ese momento fue el despertar, el quebrar, la locura, el ansia, la ira y la tormenta, el Alfa y el Omega, la Piedra Angular. Una serie de pensamientos trastornados empezaron a abrumar a Abel hasta llevarla al borde de la locura. Aria, se encontraba en ese momento, con los ojos abiertos como platos chocando las espadas forjadas por su padre con la trastornada Abel que la había atacado.


    -“¡¿Te has vuelto loca?! ¿Cómo te atreves a mancillar la memoria de nuestro padre amenazándome con la misma arma que él te regalo?”

    -“¡PADREEEEEEEEEEE!”

    Ellas acabaron dándose cortes la una a la otra, alejándose peligrosamente de su escuadrón. Cuando intentaron detenerlas, oyeron unos rugidos y risas apagadas. Los pocos soldados restantes, 12, se encontraron entonces desbordados por más miembros de la plaga, que aparecieron de la nada, en vano gritaron por órdenes a Aria pero ella se encontraba desbordada lejos batiéndose con Abel y no pudo hacer nada. Tras unos minutos, todo el escuadrón estaba muerto. La horda de no-muertos sin embargo, fue contenida de acabar con ambas hermanas por el movimiento de un hombre con armadura que detuvo a sus necrófagos. Con otro movimiento igual de severo, el grupo de no muertos desapareció de allí dejando a las hermanas con heridas y cortes rezumando sangre, batiéndose en duelo a muerte, bajo su atenta mirada.


    -”Razor… has encontrado un diamante en bruto… veo a través de tus ojos el poder… tráemela cuando termine de matar…”-susurró el Rey Exánime.


    -“Se cumplirá tu voluntad, Maestro.”

    No se habían percatado, pero con su duelo acabaron acercándose a un saliente de nieve, que desembocaba en una gruta enorme, y ellas estaban peligrosamente cada vez más cerca a él.
    Aria empezaba a perder fuerzas, las luchas de aquellos días la habían dejado en el límite de sus fuerzas, no dejó de mirar a Abel, pero por los gritos proferidos y los aullidos sabía que sus hombres habían muerto, la misión había fallado. Sólo se preguntaba una y otra vez con cada rugido que proferían las espadas al chocar, el por qué tardaba tanto la Plaga en matarlas.


    Abel, por su parte, consumida totalmente por la locura, seguía profiriendo golpes y estocadas a su hermana sin ser consciente del dolor, del cansancio o del remordimiento. Sus ojos perdieron todo brillo que pudieran tener, vivía únicamente para acabar con Aria.


    Todo por fin terminó, ella no recuerda vagamente si fue la falta de fuerzas o su rendición incondicional ante esa lucha sin sentido cuando recuperó vagamente el juicio, recordaba estar dándose golpes con su hermana con ciertas lagunas, tenía una sensación rara en su pecho, que notaba también en sus brazos. Por fin abrazó a su padre por última vez mientras cerraba tenuemente sus ojos. Su cuerpo por fin descansaba en el fondo de una gruta, empalada por una docena de estalactitas de hielo que se habían formado en su suelo. Todo terminó para ella en sangre que se arrastraba lentamente hacia el borde de una estalactita de hielo, dejando gotear levemente sangre que teñía el suelo de rojo.


    Sin embargo, su hermana aún viva seguía mirando el fondo de la gruta, donde había catapultado a su hermana de un diestro golpe, la perdió de vista en la oscuridad, pero sintió que su dolor interno había desaparecido. Allí quedó mirando el fondo de la oscuridad mientras recogió la espada de plata bañada en sangre, sin duda alguna al matarla había perdido el juico y toda la razón restante. El Caballero de la Muerte se le acercó, le arrancó su espada de las manos y la empuñó. En silencio quedó mirando a esa pobre alma trastornada a la cara. Por fin entendía lo que pretendió el Rey Exánime, por fin entendía como pretendía forjar su gélida mano que aplastaría toda la vida del mundo, ella estaba totalmente destrozada y se vió obligada a matar a su hermana con sus propias manos. Por fin entendía cómo su Maestro aprovechaba la debilidad humana quebradiza para convertirla en su poder. Por fin entendió, cómo de ese encuentro casual iba a convertirla en el azote de los vivos.


    Razor, el Caballero de la Muerte, le pregunto con voz fría y poco sentimental:


    -“Dime, alma en pena… cuál es tu nombre antes de que ponga fin a tu existencia.”

    Trastornada, y deseando recibir la muerte esperada, ella contestó:



    -“Aria… Daybreak.”

    Apenas notó cómo la espada de plata de su hermana devastaba su armadura atravesándole el vientre, depositando las manos en los hombros de su asesino, Aria pasó unos breves segundos contemplando cómo su vida pasaba ante sus ojos…


    Aria Daybreak

    Acto II: Vida, muerte y no muerte.


    Descripción física pre Caballero de la Muerte: Aria tenía 31 años, pelo negro largo, de complexión fuerte y brazos prominentes, 1,81 cm de estatura y 68 kilos. Su pecho en comparación a su hermana era más voluptuoso, sus ojos eran color marrón oscuro, su piel era pálida y su voz suave.



    Ante sus ojos, vió pasar fugazmente sus primeros recuerdos, sí, podía recordar a su madre, Alba Daybreak, contándole historias de cómo su padre fue uno de los mejores forjadores de armaduras de le época, ayudando a su raza en la lucha contra los no muertos. No recordaba muy bien a su madre poco después, su padre le dijo que Alba le había entregado a la Luz todo su ser para dar vida a su hermana, desde entonces no volvió a verla.


    Años más tarde, con la edad adolescente, comprendió que su madre había fallecido para dar a luz a su hermana, triste pero agradecida de que al menos ella consiguiera vivir, Aria y Thoin con su hermana recién nacida llevaron su vida normal en Ventormenta, Thoin dejó de servir al ejército como forjador de armaduras y abrió un negocio familiar propio. Aria pasó su juventud trabajando duro, pero nunca se le quitó de la cabeza la idea de ser miembro del ejército como su padre, ella quería ser una soldado y daría todo de sí misma para serlo.


    A sus tempranos 18 años, sí… como pasaba el tiempo… recordaba ver a su pequeña hermana fascinada con la plata, parecía que la pequeña Abel tenía una fascinación mayor por ello que por la que le contagió ella por servir a su patria.



    Un breve tintineo la devolvió a la realidad un segundo más tarde, no sabía que hacía en el suelo, tenía sueño, mucho sueño, ante ella se mostraba una figura oscura con ojos brillantes… ¿pero qué era ese tintineo…? Ah… su colgante con las letras “AA”.


    Sí, era a sus 18 años, su padre forjó enteramente en plata dos colgantes iguales, simbolizaban su unión como hermanas, Thoin lo depositó sobre su mano antes de que partiera a las pruebas como soldado.



    “-Hija, nunca nos olvides a mí o a tu hermana, estoy seguro de que ambas serviréis a nuestra patria con honor, cuando ella sea digna de recibir el suyo, se lo daré, ahora ve, el Sargento Jonhson te espera… ¡ese viejo desgraciado no ha cambiado nada!”- Rió Thoin mientras su hija le miraba con simpatía.


    Nunca… nos olvides…


    Lucha, fragor de la batalla, choques de espadas…


    Sí, nuevamente se encontraba en un campo de batalla, con 22 años, confrontaciones con la Horda, orcos, muerte, defensa de lugares estratégicos… parecía que casi toda su vida eran batallitas del ejército.


    Qué más daba eso ahora…


    Recuerda al Sargento Jonhson retirarse, delegando en ella el máximo respeto y galantería.


    “Aria, has demostrado ser totalmente una soldado digna, ojalá tu hermana siga los mismos pasos que has dado tú, esa actitud… aun así, te mereces sin duda tomar mi testigo, por favor, conduce con sabiduría a nuestros hombres y deja de proteger a Abel de sus actos… ella tiene que tomar responsabilidad de…”


    Abel.



    Abel.


    ¡ABEL!


    ¿Por qué ese nombre la trastornaba tanto? ¿Acaso ella tenía una hermana? No… eso era imposible, ella había siempre sido hija única y… y su madre… ¿por qué no recordaba nada de su madre?


    Sus pensamientos y recuerdos volaban en una vorágine confusa como si alguien intercediera y los machacara.


    No.


    No en absoluto.


    Nunca.


    Ella era una humana sin pasado. Sin más, su misión era…


    ¿Cuál era su misión? ¿En qué diablos estaba pensando?


    Su misión era sin duda servir a la Plaga.


    ¿A la Plaga…? Claro… siempre he pertenecido a ella.


    “Vamos Aria, tienes que empezar a abrir los ojos, ¿quién eres? Empieza por recordar las cosas básicas”.-se decía a sí misma.


    Abrió los ojos y creyó ver un techo oscuro con resplandores luminiscentes violetas. Los cerró nuevamente y trató de concentrarse en algo, pronto quedó el silencio y el vacío.


    -“Tu voluntad ahora es mía.

    -¿Quién eres?

    -Soy el Maestro. Tú ahora debes obedecerme con total sumisión.

    -El… Maestro… ¿Maestro?

    -Debes exterminar toda la vida. Debe acabar el reinado de los vivos.

    -Exterminar…”

    Por supuesto, ella siempre había servido al maestro. Lo único que sabía era que la había bautizado como Aria, “Lullaby”.



    -“No importa tu vida Aria, importa el presente, y tu presente querida Lullaby, es combatir al lado de la Plaga.”

    -“Sí… Maestro.”

    -“Yo entonces… te otorgo el poder, tú y tus nuevos hermanos anunciaréis una nueva y oscura Era.”

    ¿Cómo no recordar todo lo evidente? Ella siempre ha sido asi, sin más razones aparentes deseosa de servir al Maestro. ¿Qué más da si tenía una hermana un padre o alguna vez fue algo? Su voluntad nunca existió, sólo la voluntad del Maestro.


    Sí, aun así, creía recordar que tenía una hermana, la muy estúpida se interpuso en su camino y ella acabó con su miserable vida, por alguna razón, ella había osado a combatir con ella. Estúpida y arrogante hermana… ahora debe estar pudriéndose en algún glaciar.


    -“Todo ha terminado… ¡levántate!”



    Acto III: Despertar

    Descripción física Caballero de la Muerte: Aria tenía 31 años, aunque eso ahora no tiene sentido gozando de la inmortalidad, su cuerpo apenas muerto recientemente, tiene casi todas las formas que tenía cuando estaba viva, salvo el tremendo corte de su vientre, su pelo negro se volvió azul con la transformación, su complexión física se tornó potente por el poder, su altura apenas ha variado, 1,81 cm de estatura y su peso de 68 kilos tampoco. Su pecho ha quedado intacto, sus ojos, antes marrones, ahora despiden un brillo azul llameante característico, su piel pálida se ha tornado blanca y fría como la nieve y su voz ahora retorna con un eco artificial que induce pavor.






    Abrió los ojos de repente.


    Todo comenzó de nuevo.


    Instintivamente sabía lo que había pasado y lo que tenía que hacer. Se encontraba en Naxxramas.
    Su cuerpo desnudo fue a una parte cercana del zigurat a ponerse una armadura. Era una armadura diestra y fuerte, de buen brillo. Añadió además a su atuendo una capucha roja y una capa que colgaba en su espalda.


    Él se plantó delante ella.


    Sí, era Razor, él la había puesto en comunión con el Maestro, la estaba contemplando vestirse y desvertirse. Tenía una espada en la mano. No parecía la suya.


    -“Esto era tuyo en vida… Aria… no, ahora eres Lullaby. Soy el hermano Razor, ahora que has despertado, mi deber al darte esto ha terminado.”

    Le tendió la espada de plata, ella la cogió y la examinó, recordaba perfectamente cómo blandirla. En la empuñadura brillaba tenuemente con algunos arañazos el nombre “Abel”.


    -“ Sin embargo… creo que deberías deshacerte de eso.” Razor señaló a su tintineante colgante que brillaba fuera de la armadura. Tras decir eso se marchó sin mediar palabra haciendo un gesto.


    Aria, en una última muestra de total lealtad y sumisión, arrancó el colgante de plata que le regalo su padre con su mano, lo miró, y apretó la mano con inusitada fuerza hasta que dejó de sentir la consistencia del bello metal, dejó de mirarlo y abrió la mano mientras los pedacitos fragmentados de las letras “AA” cayeron al suelo, rebotando generando un vago tintineo que le pareció una eternidad. Ése era el último vestigio de humanidad que tenía. Y había acabado con él.


    Pronto comenzó su aprendizaje, Los instructores y liches de allí lo primero que le enseñaron fue el arte de imbuir en runas su arma, ella eligió la espada de plata de su hermana, le enseñaron lo que debía saber sobre imbuir en runas su arma, ella lo aprendió y lo hizo a la perfección, reforjó su arma nuevamente en la forja de runas de Naxxramas, reconvirtiéndola totalmente en una perfecta arma de runas. Por algún motivo, no le costaba nada aprender y realizar las cosas que los instructores le decían, era como si hubiese nacido para ello.


    Con el arma en mano, los instructores sabían que no debían enseñarle demasiado sobre el combate con armas, aun así le hablaron de las especializaciones de la magia, ella eligió sin dudar la magia de escarcha, sin razón aparente, era lo que quería. Acudió a una sala aparentemente congelada con otros aprendices delante de un liche.


    “-Yo puedo enseñarte el poder de la escarcha, si deseas seguir otra senda deberás acudir a otro, Lullaby.”-Dijo el liche.


    -“Ésta será mi senda entonces.” –respondió ella.


    No sabía cómo, pero aprendió la magia que le enseñaba el liche con una facilidad como si estuviera predestinada a ello. Materializar hielo de diversas formas y congelar a formas de vida u objetos a metros de distancia era pan comido para ella. Durante algunas semanas, perfeccionó sus artes completamente hasta el punto de cuestionarse si cuando viese a un enemigo debía partirlo en dos con su espada o atravesarlo con púas de hielo. Probablemente recurriría a ambas cosas. Explosiones de hielo, congelar a sus enemigos, convocar formas gélidas…



    Aún quedaba lo mejor, su nueva espada rúnica le hacía sentir el hambre… el hambre de almas que debía ser saciada, el hambre que sólo se podía conseguir atravesando el corazón de los vivos y extrayendo sus almas como si fueran perros para después devorarlas… Durante el tiempo que estuvo allí se alimentó pero… seguía teniendo hambre. Hambre de sangre.


    Pronto después de dos semanas se encontraba en el teletransportador que la dirigía a las afueras de Naxxramas, el único pensamiento que le cruzaba por la cabeza era matar. La voz del Maestro no cesaba de susurrarle cosas maravillosas...

    Por fin, Lullaby era libre y pudo respirar el frío aire del Cementerio de Dragones... claro que ahora no le hacía falta respirar.


    -“Congelaré y exterminaré toda vida. Somos la mano gélida del Maestro y acabaremos con los vivos que pueblan Azeroth.”

  10. #10
    Forero Legendario
    Kodash está desconectado
    • Kodash's Personajes
      • Nombre:
      • Kodash
      • Nivel:
      • 60
      • Raza:
      • Orco
      • Clase:
      • Cazador
      • 2do Personaje:
      • Raigan Bloodshield / Sin'dorei Caballero de Sangre
      • 3er Personaje:
      • Gunter Testatrueno / Enano Guerrero
      • 4rto Personaje:
      • Nada/Nada

    Mensajes
    1,322
    Poder de reputación
    49

    Predeterminado Respuesta: [2º Aniversario] Levantamiento de Proeza



    Imparable como la mismísima muerte eran los pasos que conducían a aquel oscuro jinete sobre las inexistentes riendas de su decrépito destrero. Se abría camino avanzando a paso firme entre las tinieblas. El sonido de los cascos hacía estremecer el suelo que pisaba, dejando una estela de brillo fatuo por el sendero que recorría. Paso a paso atravesaban las profanas tierras que de antaño fueron reinos humanos. Caballo y jinete; una mente retorcida, trastornada y sumida en la continua traición y sufrimiento iba perdiendo cada vez más todo vestigio de lo que en alguna vez creyó. Dudando de cada palabra que le fue enseñada, de cada lección aprendida, de cada frase grabada sádicamente en su cabeza, pues tarde se había dado cuenta que durante toda su vida no fue más que un inútil peón.

    Las memorias de un doloroso pasado ya no despertaban en él emoción alguna. Su mente y espíritu habían sido quebrantados más veces de las que podía recordar. Entrecerraba los ojos para recordar por última vez cada una de esas escenas, para finalmente borrarlas una por una y para siempre. El olor a descomposición y putrefacción de su entorno no tenía ningún efecto en él, pues hacia mucho que había dejado su vida en el pasado y con ello parte de sus sentidos, e incluso su no-muerte era cosa del ayer, pues ahora… era algo más.

    En un primer parpadeo, el caballero recordaba estelas de su pasado, retazos de una vida plena, junto a su amada y sus dos hijos: Ana, una linda niña de pómulos rozagantes de ternura y ojos claros como el reflejo de la luna sobre el lago de Lordaeron, de cabellos rubios y rizados adornados con un bonito lazo rosa sobre su cabecita. Por otro lado, su hijo Paul, terco y valiente como su padre siempre había sido un gran orgullo para este. Ninguno de estos recuerdos despertaba el más mínimo sentimiento dentro de su ser, ni remordimiento, ni amor, todo era un vacío absoluto. Y como una imagen que se perdía dentro de un empañado espejo, esta se rompió en mil pedazos, así desaparecieron para siempre tales recuerdos de su mente.


    Apresuró el paso de su corcel y con sobrenatural velocidad siguió sumiéndose en la profunda oscuridad de las plagadas tierras del este. Su objetivo no estaba muy claro aún, pero los recuerdos continuaban llegando a su cabeza como fuertes relámpagos que se iban tan rápido como llegaban. De antaño portó orgulloso sobre su pecho el escudo de Lordaeron; su armadura irradiaba en colores de pureza y paz. Su arma de justicia era su imponente martillo con el cual castigó en nombre de la Luz a tantos pecadores y comandó muchos batallones. Su fe en la Luz era tan sólida como podía esperarse de un paladín de alto rango militar como él. Podría decirse que ahora él mismo se había convertido en el ejemplo exacto que representa a todo aquello por lo que luchó en un pasado.


    Ahora, su armadura negra como el hierro de las montañas de roca negra, relucía pálidamente bajo la tenue luz que la luna le proporcionaba esa noche. Las decoraciones apocalípticas talladas por toda su armadura dejaban escurrir algunas gotas de sangre, que se desprendían producto del fuerte viento que el corcel generaba al correr. Las runas resplandecían de un color verde inmundo y titilaban como si tuvieran vida propia, consumiendo por completo el alma moribunda y sin sentido de su corrupto señor. Los globos oculares del caballero podían divisarse a través de las dos aberturas del casco, estos orbes resplandecientes eran lo único que destacaba de ente la sombría figura de este profano caballero, cabalgando a los lomos de su bestia, inspirando temor y angustia con tan solo contemplar su presencia.

    Cerró por unos segundos, sus ojos nuevamente, y más recuerdos hicieron eco en su cabeza. Deshonrado, arrodillado frente a sus enemigos; sus miembros siendo mutilados lenta y dolorosamente; los necrófagos devorando su carne mientras aún respiraba; sus huesos traspasando su misma carne y su corazón al rojo vivo saliéndose de su pecho. Dichas imágenes ya no producían ningún pesar en él y con un parpadeo de aquellos ojos sin vida, y de un fulgor sobrenatural, el caballero de la muerte los hizo desaparecer.

    Las crueles y sádicas torturas a las que fue expuesto por los siervos de su ex-rey era lo más fresco que su putrefacto cerebro le permitía recordar. Aquellas imágenes, aquellas alteradas visiones de la realidad le habían mostrado cómo todo aquello por lo que alguna vez luchó y defendió con virtud y valor le había dado la espalda. La sagrada Luz a la cuál alguna vez profesó devotamente su fe, jamás volvió a responder a sus llamados, ni protegió a las personas por las cuales pasó horas rezando. Sus compañeros en vida brindaban y celebraban por una victoria vacía, mientras que nadie pisó la fría nieve que caía sobre la lápida sin nombre de aquel caballero de Lordaeron. Y en la no-muerte nadie notaría si quiera su partida, pues simplemente era un mismo esclavo pero con diferente dueño. Su llamada “reina” no era nada más que una falsa deidad a la que muchos otros ingenuos juraron su lealtad a cambio de venganza o una utópica cura. Todos aquellos recuerdos, todas y cada una de las imágenes que suspicazmente el rey exánime había introducido a la fuerza en su mente fueron desapareciendo.

    Una última tomó quizás unos pocos segundos de más, pero terminó al igual que los demás, en el olvido. Un hombre deslizando su mano por el desnudo muslo de una mujer, tocándola y desvistiéndola gustosamente, haciendo el amor frente a sus ojos. Quien otra que su “querida mujer” fuese la protagonista de tal escena, quien aprovechando la ausencia que una heroica muerte en la guerra había ocasionado, dio lugar a una usurpación al introducir a un nuevo hombre en su vida, cuando el cuerpo de su difunto marido siquiera se había enfriado por completo luego de la muerte. Su pequeño orgullo, su razón de vivir, su pequeño hijo ahora abrazaba con cariño paternal a este nuevo amante, quien astutamente la madre había sabido manipular bien para inculcarle amor por este sustituto.

    Si bien la pérdida de la fe en la Luz no le había quitado todo vestigio de su humanidad, esta alta traición había terminado de enfriar todo aprecio o respeto por cualquier forma viviente.

    El caballero recordaba bien cuanto disfrutó la muerte de aquella inocente mujer la cual ante sus ojos resultó como si de su propia esposa se tratara. Acercándose a ella despacio, arrastrando el filo de su hoja rúnica, se detuvo, levanto la espada contra ella pero la dejó a su lado. Si, en su mente retorcida, el caballero dictó la sentencia y aquella mujer no era digna de tal muerte; así pues, dejando a un lado su espada, tomó a su víctima y arrastrándola de sus ya ensangrentadas heridas la llevó consigo a sus habitaciones de tortura, donde ordenó a sus necrófagos sirvientes que cometieran con ella los actos más viles y deshonrosos que alguna persona pudiese soportar. Su piel bañada en sangre, sus senos mordidos y con pedazos faltantes, sus partes íntimas desgarradas e infectadas emanaban un olor a putrefacción y los gusanos ya comenzaban a realizar su trabajo. Los gemidos de profundo dolor y de insufrible agonía eran como alimento para el alma del caballero, que se deleitaba en la venganza mediante la tortura.


    Aunque finalmente los gritos cesaron al cabo de unos días, ya la moribunda mujer aun retorciéndose y pudriéndose en vida había dejado de sentir. Sus ojos se apagaron, su respiración tardaba mucho más de lo normal, y a pesar de ser reconstruida casi a diario, ya comenzaba a degenerarse demasiado como para poder reconstruirla de nuevo. Así, finalmente el caballero decidió cesar la tortura y colgar los restos de ella sobre su salón propio a modo de trofeo, recordando a todos aquellos que alguna vez le traicionaron que sufrirían el mismo destino que aquella inocente víctima. En un último parpadeo, todos aquellos recuerdos finalmente cesaron de llegar a su perturbada cabeza.

    Causar la muerte no era su objetivo. Si ya en su no-muerte fue un ejecutor estricto e implacable, con más razón aún su crueldad se había multiplicado al pasar a ser un campeón de la muerte. Procurar el dolor, sufrimiento y tortura de sus víctimas fue lo único que pudo llenar aquel vacío en su inexistente corazón, y solo el rey exánime pudo proporcionarle tal placer. Cómo adoraba escuchar el crujir de los dientes de sus víctimas al ser desgarrados vivos por las demoledoras, al ser desmembrados poco a poco frente a sus familiares. Los gritos de agonía eran como alimento a su alma. Y sentir la sangre fresca de los niños y mujeres correr por el filo de su hoja rúnica era una sensación indescriptible. Puede decirse que únicamente existía para torturar y traerla aflicción. Los títulos “cruel, despiadado, sádico” entre otros, se quedaban cortos ante tal despliegue de rencor y odio contra la humanidad. Su recinto personal no era otro que una fosa común, donde amontonaba los cuerpos deformados y mutilados de sus víctimas, principalmente miembros del Embate Escarlata, dejando estos al aire libre para que se descompusieran y emanaran las sustancias más asquerosas que algún mortal pueda imaginar, cuyo olor resultaba para él como el de rosas fragantes para una joven enamorada.

    El hecho de haberse dado cuenta de la infame manera en cómo fue utilizado no hizo ningún cambio en su manera de pensar ni en su gusto por el dolor y la agonía, sino todo lo contrario. Dichas experiencias endurecieron cada vez más el carácter de esta implacable máquina de matar, quien entre las filas de la plaga fue conocido como Auron, Espada del Terror.


    El caballero seguía cabalgando sobre las riendas de su destrero de la muerte, meditando en los últimos acontecimientos que habían tenido lugar días atrás. La batalla de la Capilla de la Esperanza fue tan solo una misión suicida por parte del rey exánime. Auron pudo darse cuenta, junto al otro gran número de caballeros de la muerte, que simplemente había sido el cebo para atraer al campeón de la Luz Tirion Fordring. Un simple peón mas entre el infinito ejercito del rey. Poco le importaban a Auron los objetivos de la recién fundada Orden de la Espada del Ébano; su afiliación a dicha orden fue por mera conveniencia, pues su verdadero objetivo radicaba en la exterminación de aquel rey traidor y nada más, vengarse y hacerle suplicar por la muerte a aquel que lo había servido en bandeja de plata a los seguidores de la Luz. Él no servirá ya a nadie más, ni a los renegados, ni a absurdas facciones políticas. No, el serviría para cumplir sus propósitos, llevándolos a cabo de la manera más retorcida y sádica que su mente pueda maquinar.



    Se detuvo de imprevisto, giró un poco su cabeza por encima del hombro, para contemplar el Bastión del Ébano, sabiendo que pronto regresaría. Pero esta vez había decidido un rumbo, se dirigía a los condenados bosques de Tirisfal, aquella ciudad la conocía bien, pues en vida Lordaeron fue su hogar, y en la no-muerte Entrañas había sido el lugar de su renacimiento. Si bien ya no servía al rey exánime, tampoco le serviría a Sylvannas, pues ahora era un caballero de la muerte perteneciente a la orden de la bandera que juró venganza sobre la cabeza del rey exánime. Darle muerte a aquel que le traicionó era lo único que le apasionaba, y al cumplir con dicho objetivo no estaba muy seguro que sería de él una vez que su venganza se hubiese cumplido. Igualmente poco le importaba su destino, una misión tenía clara y daría hasta lo último de sí por llevarla a cabo. Susurró algunas palabras más al oído de su montura y al instante el destrero aceleró aún más el paso y siguió corriendo hasta perderse en la espesura del oscuro bosque.




    Kodash en la corte del sol mirando los problemas amorosos marielficos.

Página 1 de 2 12 ÚltimoÚltimo

Temas similares

  1. Servidor: [Navidad] El soplo de Proeza
    Por Gareth en el foro Información Servidor
    Respuestas: 10
    Último mensaje: 28/01/2012, 18:56
  2. Aniversario del Servidor
    Por Gareth en el foro Noticias y Novedades
    Respuestas: 89
    Último mensaje: 23/08/2011, 13:53
  3. Servidor: [1º Aniversario] Levantamiento de Proeza
    Por Gareth en el foro Información Servidor
    Respuestas: 8
    Último mensaje: 31/07/2010, 23:37
  4. Noticias: Aniversario del servidor
    Por Gareth en el foro Noticias y Novedades
    Respuestas: 27
    Último mensaje: 11/07/2010, 21:58

Etiquetas para este tema

Marcadores

Permisos de publicación

  • No puedes crear nuevos temas
  • No puedes responder temas
  • No puedes subir archivos adjuntos
  • No puedes editar tus mensajes
  •  

Search Engine Friendly URLs by vBSEO 3.6.0