Gron'Kar: ¡Por la Espada de Fuego!

[Capítulo 1: Recuerdos de una infancia vivida entre sangre y lágrimas]
El campo de batalla es para un orco del clan de la Espada Ardiente como su segunda casa e incluso para muchos es su único y verdadero hogar. Un campo de batalla es un lugar donde un verdadero guerrero se siente cómodo, agil y es libre para llevar a cabo mientras disfruta el cometido para lo que fue entrenado sin descanso desde que era un simple niño que apenas sabía mantenerse en pie: combatir sin descanso ni sin tener ningún remordimiento al acabar con la vida de todos los enemigos que le fuera posible antes de morir. Pero como es natural, para llegar a tal grado de perfección en el noble arte del combate son necesarios muchos años de duros y largos entrenamientos los cuales pueden acabar contigo si no tienes la suficiente resistencia física y mental para poder llevarlos a cabo con exito, por lo que no es de extrañar que muchos mueran en el intento o simplemente tiren la toalla. Mi padre, llamado Rek'gal, era un miembro de la guardia personal que tenía el caudillo de nuestro clan y podría decirse que gracias a eso consiguió con paso de los años convertirse en un orco bastante respetado entre los nuestros, por lo que la presión ejercida por él sobre mi para no defraudar a nuestra familia era palpable. Pero esta presión no llegó a su maximo nivel hasta que llegó mi decimoquinto cumpleaños, fecha en el que ocurrió uno de los primeros sucesos que marcarían mi vida para siempre: La primera vez que mataba a sangre fria.
Era poco mas de media tarde y el sol empezaba a esconderse lentamente por las grandes montañas de Draenor. En aquel instante yo me encontraba junto a mi padre en un pequeño bosque intentando cazar un jabali autóctono, unas criaturas bastante feroces y de tamaño medio. Por desgracia la situación no empezó favorablemente para mi ya que el jabali se deshizo de mi como quiso y una vez que me vió caer al suelo empezó a correr para alejarse del lugar y dejarme en ridículo.
-"¡Levantate de una vez del suelo y coge tu espada! No me decepciones y me hagas ver que eres un verdadero inutil Krom'gal." me gritaba mi padre sin parar en las llanuras de Draenor con un leve tono de desprecio en sus palabras.
-"No puedo padre... estoy muy cansado, no me quedan energías..." le decía mientras estaba arrodillado en el suelo con una pequeña espada al lado de mis pies.
-"¡Así nunca llegaras a ser nadie dentro del clan,seras la verguenza de la familia!.Ya se lo decía a tu madre hace años,¡ hemos criado a un inutil que no es digno de ser miembro del clan ni de llevar nuestra sangre!" seguía gritandome mi padre sin mostrar ni un ápice de piedad o comprensión por mi.
-"No le defraudare padre...¡POR LA ESPADA DE FUEGO!" Grité a mi padre ante sus duras palabras mientras apretaba los puños furioso.
En ese mismo momento un gran sentimiento de ira y rabia invadió todo mi cuerpo debido a los crueles comentarios de mi padre, lo que hizo que me levantase y cogiese mi espada con agilidad para comenzar a correr hacia el jabali que había huido de mi. Al llegar hasta él le asesté una rapida estocada no letal con el filo de mi espada, que provocó que el jabali dejase de correr y se encarase contra mi. Debido al leve corte producido, el fiero animal dió un pequeño salto hacia atras para tratar de defenderse y de paso analizar la situación. Aprovechando la distancia creada, el jabali colocó su cabeza de una manera en la que se podía intuir que pretendía cargar contra mi, por lo que no me fue muy dificil esquivar su ataque rodando levemente por el suelo. Al acabar de rodar por el suelo, me levante rapidamente y le asesté otro tajo con el filo de mi espada en sus gruesas patas traseras que habian quedado desprotegidas después de intentar golpearme con su cabeza, lo que provocó que el jabali cayese al suelo herido y un poco desorientado. Una vez que estaba inmovil y sin posibilidad de defenderse me arrodillé ante el indefenso animal y le clavé mi espada con fuerza en su vientre retorciendola rapidamente en el sentido de las agujas del reloj, lo que provocó que a parte de que el jabali emitiese un gran grito de dolor también hizo que sus organos internos fueran convertidos en poco mas que una masa viscosa al mismo tiempo que un gran chorro de sangre caliente me salpicaba por toda mi cara.
Aunque el jabalí yacia muerto a mis pies junto a mi espada la sensación de sufrir una intensa ira y rabia se mostraba recelosa de abandonar mi cuerpo y me impedia moverme mientras unas pequeñas lágrimas brotaban de mis ojos. En aquel momento apenas era capaz de articular ninguna palabra por muy simple que fuera ya que era la primera vez que había matado a un ser vivo y el impacto de su sangre caliente sobre mi cuerpo era algo que me había dejado totalmente descolocado y en shock al notar que matar a un enemigo te daba una extraña sensación de placer que te dejaba con ganas de más. Al darse cuenta del estado psicologico en el que me había sumergido tras el breve combate con el jabali, mi padre se dirigió hacia mi corriendo, colocó su mano derecha sobre mi hombro a modo de aprobación al mismo tiempo que me decía lentamente con un tono de voz serio y firme mostrando seguridad en sus palabras: "Estoy orgulloso de ti hijo,ahora levanta del suelo. Volvemos a casa antes de que anochezca con ese jabali para cenar."
Aunque en aquel momento donde no era mas que un pobre chico asustado y sintiese un poco de odio a mi padre por obligar a matar a un jabali a sangre fria ahora puedo afirmar con total claridad que mi padre hizo lo correcto al obligarme a matar al animal ya que endureció mi espiritu lo suficiente para ser capaz de poder completar con éxito las muchas otras pruebas y entrenamientos que me esperaban antes de poder ser un buen guerrero y un verdadero maestro de la espada al servicio de la Espada Ardiente.
[Capítulo 2: La guerra forja el caracter y templa el espíritu]
Varios años habían pasado desde la breve batalla con el jabali en las verdes llanuras de Draenor que había conseguido que ganase la confianza y la fuerza mental suficiente para superar las numerosas pruebas restantes que me aguardaban y que consiguieron que dejara de ser un simple aprendiz para pasar a ser un verdadero guerrero de la Espada Ardiente. Durante el transcurso de estos años, un brujo llamado Gul'Dan consiguió convencer a diversos clanes orcos para que bebieran la sangre de los demonios, lo que nos hizo adquirir una sed de sangre insaciable y que fue la causante que provocó que nos levantasemos en guerra contra una raza que vivía en un planeta llamado Azeroth: Los reinos humanos. Después de varios días planeando la invasion y una vez que los poderosos brujos lograron abrir y mantener estable un portal con sus magias de las sombras hasta Azeroth, los ejercitos orcos de los diferentes clanes que se unieron en la bautizada Horda orca comenzaron a partir lentamente.
Las grandes llanuras colindantes al Portal Oscuro vibraban con cierta violencia a nuestro paso, los tambores de guerra no cesaban de sonar al mismo tiempo que los gritos provocados por la furia y la sed de sangre llegaban a todos los rincones,cuevas y recovecos de Draenor haciendo que la fauna autóctona se alejasen asustados de la gran mancha verde que caminaba sin descanso con un aspecto amenazante e intimidador, mientras que los centenares de orcos de los distintos clanes que habian aceptado seguir al caudillo,nombrado por Gul'Dan, Blackhand apodado por muchos "El destructor" sujetaban sus armas con enormes ansias de entablar combate al atravesar el gran Portal lo antes posible, y como no podía ser de otra forma yo me encontraba entre aquella gran masa de orcos sedientos de sangre. Aunque apenas llegaba a tener veinticincos años no podia dejar de sentir como la sangre me hervía por el ansia de entablar combate y derramar sangre humana junto a mis compañeros y hermanos orcos de la Horda orca.
Una vez que habiamos logrado atravesar el Portal Oscuro, los días y las semanas iban pasando con gran rapidez en Azeroth debido a los grandes combates entre la Horda orca y los humanos del reino de Ventormenta. Las ansias de destrucción de Blackhand hizo que nuestros ejercitos lanzaran ataques bastante precipitados contra la capital del reino humano supusiendo grandes derrotas para nuestro bando al mismo tiempo que se producian numerosas bajas en nuestras filas. Por si fuera poco, en medio de esta situación nada favorable para los nuestros, un orco llamado Orgrim Doomhammer acabó con la vida del cacique Blackhand "el destructor" para ocupar su puesto como lider de la Horda orca. A mi modo de ver, el cambio de lider de la Horda supuso conseguir nuevas victorias ante los ejercitos humanos, y que consiguió que después de largos meses de sangrientas batallas pudieramos acabar con la resistencia colindante a la capital del reino humano para así poder comenzar a realizar un asedio en condiciones a Ventormenta. Los días pasaban frente a los muros de Ventormenta donde solamente se producian breves escaramuzas que servían unicamente para cortar el paso de suministros sin llegar a asaltar las murallas que protegian la ciudad y a todos sus débiles habitantes. Pero todo cambió una noche en la que los lugartenientes de Orgrim Doomhammer convocaron a todos los soldados de la Horda Orca.
-"Camaradas, estos escuáliados humanos no seran capaces de defender su patetico reino por mucho mas tiempo. Por lo tanto, nuestro gran lider ha dado la orden de que prepareis todos las armas y los artefactos de asedio.¡ESTA NOCHE ACABAREMOS CON TODOS LOS HUMANOS DE ESTE REINO!" Gritaban los diferentes lugartenientes del cacique de la Horda orca para transmitir la información a todas las tropas que estabamos desplegadas frente a los muros de la ciudad.
-"¡Por la Espada de Fuego y por la Horda orca!" Grité junto a los demas miembros del clan al tiempo que alzabamos nuestras espadas al cielo y apuntabamos con ellas a los muros de la ciudad deseosos de ser los primeros de sesgar la vida de todos los humanos que nos fuera posible.
-"¡Por la Horda orca!" Gritaron los orcos de los distintos clanes con la misma ansia por combatir.
Poco después de la media noche las escalas comenzaron a colocarse en los muros de Ventormenta al mismo tiempo que los arqueros de ambos bandos se lanzaban proyectiles para acabar con el máximo posible de enemigos antes de enzarzarse en la lucha cuerpo a cuerpo que tanto esperábamos. Tras varias descargas de flechas, me lancé junto a mis camaradas a tomar unas escalas y subir a los muros, cosa que no nos supuso mucha dificultad. El sonido del viento siendo cortado por el filo de nuestras grandes espadas era escuchado por las murallas al mismo tiempo que los gritos de dolor de los cuerpos que caían sin vida tanto de la Horda orca como de los ejercitos humanos manchando con sangre las blancas rocas que formaban los muros de la ciudad. Tras casi tres horas luchando en las murallas conseguimos hacer retroceder al ejercito humano hacia posiciones interiores, tomando asi la muralla y la zona exterior de la ciudad.
-"¡Adelante hermanos,los muros son nuestros!.¡Pronto caeran bajo nuestras espadas al mismo tiempo que suplican clemencia!" Gritaba euforico mientras corría junto a la gran masa del ejercito que iba en vanguardia matando a todos los humanos que se ponian a mi paso sin ninguna compasión.
Las flechas seguian silvando mientras volaban por el aire algún incauto al que herir o matar, los escudos humanos resonaban ante los fuertes embates de nuestras armas, los gritos de dolor se escuchaban por toda la ciudad y el olor a ceniza que ibamos dejando a nuestro paso te calaba profundamente los pulmones sin poder hacer nada por evitarlo. Era una autentica masacre lo que estabamos llevando a cabo, aunque yo no podía evitar disfrutar de ello como nunca lo había hecho hasta el punto que apenas sentía el dolor producido por todas las heridas que había ido adquiriendo durante el transcurso del asedio. Los ejercitos humanos iban retrocediendo lentamente con el paso de las horas ya que no podían hacernos frente. Cada centímetro que iban cediendo iba siendo destruido y quemado hasta los cimientos mientras nos asegurabamos de que si había alguna persona moriría sin tener oportunidad de huir con vida de allí. En medio del combate y cuando ya habiamos tomado casi toda la ciudad sembrando el caos y la destrucción por donde pasabamos los humanos iniciaron una desesperada huida por mar.
-"¡Retiraaaada!Proteged a las mujeres y los niños mientras suben a los barcos del puerto.Ventormenta esta perdida y moriremos todos si no huimos de aqui..." Gritaban algunos soldados con altos rangos del ejercito humano en representación del patético Anduin Lothar, el cual preferia huir en vez de morir luchando con honor.
Nada mas ver el último barco humano abandonar lo mas rápido que podía los restos del puerto de la destruida Ventormenta los gritos de euforia comenzaron a resonar por lo poco que quedaba en pie de la ciudad ya que habíamos logrado ganar la llamada Primera Guerra contra los reinos humanos. Una vez que acabamos de saquear y de destruir por completo toda la ciudad, los pequeños pueblos cercanos que habíamos ignorado en el asedio y nos habíamos asegurado de que no quedaba ningún superviviente humano con vida volvimos a nuestros campamentos saboreando una gran victoria que había costado bastante de conseguir y que suponía planear nuestro siguiente movimiento para continuar avanzando por las bastas tierras de Azeroth con ansias de conquista y destrucción.
Pese a su humillante derrota, los orgullosos humanos no se dieron por vencido y formaron la Alianza de Lordaeron con el único propósito de derrotar a nuestros ejércitos en que sería llamada Segunda Guerra. Durante el desarrollo de las primeras grandes batallas de esta nueva guerra resulté gravemente herido en la defensa de los grandes puentes de Thandol, Los cuales unian la región de Arathi, que se encontraba bajo el dominio de la Alianza, con la región de los Humedales, que aunque antaño estaba bajo el poder de los enanos barbronce en aquellos momentos estaba bajo nuestro dominio. El control de aquella zona era fundamental si queriamos poder organizarnos y poder así seguir conquistando las regiones del norte de Azeroth. Una mañana de invierno, los ejercitos combinados de la Alianza comenzaron a llegar hasta los puentes colgantes con la intención de tomar la zona y expulsarnos de la región, por lo que como era de esperar preparamos las defensas para resistir su duro asalto.
Me encontraba sentado en una dura piedra afilando mi espada lentamente y con mucho cuidado de no mellar el filo cuando la voz de alarma de nuestros superiores hizo que todo el mundo que se encontraba haciendo tiempo hasta la llegada de las tropas enemigas comenzara a levantarse y a correr de un lugar a otro para llegar a sus respectivos lugares establecidos para la defensa del puente. El ejercito de la Alianza caminaba decidido hacia nuestra posición con una intención clara de luchar hasta el último aliento para hacerse con el control de la zona, por lo que no fue necesario esperar muchos minutos para tener al ejercito enemigo en nuestras narices. Gracias a una pequeña unidad de goblins zapadores pudimos destruir uno de los dos puentes de Thandol para dificultar un poco mas la llegada de tropas de la Alianza al combate cuerpo a cuerpo y así poder eliminar al máximo número de tropas posibles antes de que todo el grueso de su ejercito entrase a la batalla. Yo me encontraba en primera fila, resistiendo las cargas de los humanos con escudo que intentaban salir del puente al mismo tiempo que esquivaba como podía la lluvia de flechas de los elfos de Quel'Thalas que les cubrían las espaldas y que tantas bajas estaban causandonos mientras intentaba dar alguna estocada a algo que no fuera un maldito escudo. Poco a poco la Alianza fue logrando hacernos retroceder del puente pudiendo asi llegar a los Humedales con todo su ejercito, comenzando de esta forma la verdadera batalla. Gritos de dolor y de euforia sonaban por la zona de los puentes de Thandol al mismo tiempo que el suelo se iba tiñiendo con rapidez de sangre orca y de las razas de la Aliana. Tras varias horas combatiendo nuestros superiores dieron la zona por perdida, por lo que tuvimos que retirarnos del lugar lo mas rapido que podiamos si queriamos mantenernos con vida. Desafortunadamente, mientras corría una flecha que volaba perdida por el cielo impactó sobre mi espalda haciendome caer sumandose a las varias heridas que ya tenía y haciendome retorcerme de dolor en el suelo hasta perder el conocimiento.
Al recobrar el conocimiento tenía vendado todo el torso y me encontraba tumbado en el interior de una de nuestras muchas tiendas de campaña de zonas inferiores. Debido a mi preocupante estado de salud tuve que estar en reposo durante varios meses para poder recuperarme del todo y estar en perfecto estado para volver a combatir en un campo de batalla,cosa que me dolió aceptar. Sin embargo, durante aquellos meses de ausencia por los campos de batalla, la Horda orca fue derrotada varias veces obligandonos a retroceder hasta las regiones cercanas al Portal Oscuro de Azeroth, así que no podíamos retroceder mas. Sabiamos que los ejercitos de la Alianza llegarian tarde o temprano, por lo que no pudimos hacer otra cosa que preparar algunas defensas para tratar de resisitir su ataque, el cual llegaría pocos días después de comenzar a preparar nuestras primitivas defensas. Era media tarde y los cuernos de guerra de la Alianza resonaban en la llamada Blackrock Spire, nuestras fuerzas estaban muy mermadas en comparación con sus grandes ejércitos,por lo que no pintaba nada bien la batalla, pero eso no nos iba a hacer rendirnos ante ellos sin luchar y causar la mayor cantidad de bajas posibles entre sus interminables filas.
-"¡No podemos dejar que nos venzan,la Horda orca ha logrado mucho durante estos años,debemos ganar o morir en el intento!" Gritaban los soldados de alto rango para dar animos a todos los soldados que alli estabamos mirando cara a cara a los ejercitos de la Alianza.
-"¡Al ataque!¡Por la Alianza!" Gritaban los ejercitos enemigos mientras cargaban contra nosotros con una furia y una confianza en si mismos muy parecida a la que tuvimos nosotros en el asedio a Ventormenta.
Tras el choque entre ambos bandos comenzó una sangrienta batalla donde las flechas volaban al mismo tiempo que el sonido de las armas chocar plagaba toda la zona. Desafortunadamente, por mucha resistencia y coraje que poniamos y por muchos soldados que conseguíamos matar brutalmente la Alianza seguía siendo muy superior a nuestras fuerzas y parecía que no se le acababan nunca los soldados por lo que masacraba a nuestras tropas sin apenas esforzarse demasiado. Poco a poco los miembros de la Espada de Fuego iban pereciendo en combate al verse superados en gran numero sin poder hacer nada mas que llevarse a tres o cuatro soldados por delante antes de acabar siendo ensartados por la lanza o espada de las inagotables tropas de la Alianza de Lordaeron. Al ver que habíamos sido acorralados y practicamente derrotados ya que la mayor parte de los supervivientes de la Horda orca se encontraban en el suelo con heridas de diversa gravedad sin poder hacer nada por defenderse y otros muchos se encontraban exhaustos de tanto combatir, clavé mi espada en el suelo y me arrodillé a la espera de que alguno de los soldados enemigos acabase con mi vida, pero por suerte o mas bien por desgracia no fue así.
Una vez que nuestras fuerzas habían sido derrotadas totalmente y que los magos enemigos consiguieron cerrar el Portal Oscuro que conectaba con Draenor, los victoriosos soldados de la Alianza decidieron que sería mas provechoso encerrarnos en grandes prisiones en vez de matarnos para evitar acabar con nuestros sufrimiento rapidamente, por lo que uno a uno fuimos siendo encadenados y llevados a campos de internamiento controlados por la Alianza localizados en diversos bosques donde nuestras energias menguaron y nos adentramos en un gran letargo por mucho que intentabamos escapar. Todo apuntaba que nuestra ansias de conquista llegaban a su fin.
[Capítulo 3: La Horda renace entre sus cenizas.]
Como animales, nos tenian encerrados como animales en pequeñas jaulas individuales formando los llamados campos de internamiento en los que gran parte de la Horda Orca había sido encerrada y poco a poco estabamos agonizando en su interior sin poder hacer nada para evitarlo. Pasaban las semanas y aunque sabía que por mucho que golpease las paredes de la jaula no iba lograr escapar nunca dejé de intentarlo, aunque si bien es cierto cada vez tenía menos esperanzas de poder salir de allí con vida. Sin embargo, con el paso de las semanas empezó a escucharse por el campo de internamiento el rumor de que un joven orco llamado Thrall había logrado escapar de uno de los campos de internamiento y había conseguido encontrar al antiguo clan del Lobo Gélido y que junto a sus miembros había empezado a llevar a cabo la liberación de nuestra a raza. Este rumor que comenzó como simples habladurias entre presos comenzó a escucharse poco a poco en boca de los guardias humanos, lo que nos mostraba que aquello que no era mas que un simple rumor se había convertido en una realidad, lo que hizo que mis ánimos y la de todos mis compañeros aumentara al pensar que tarde o temprano la libertad llegaría para todos nosotros. No fue hasta varias semanas mas tarde cuando los seguidores de Thrall entraron en nuestro campo de internamiento y comenzaron a liberarnos uno a uno mientras hacian frente a los defensores humanos.
Una vez que habían despojado de mis cadenas y la puerta de mi jaula había sido forzada, salí como un animal a por el primer soldado humano que encontré en mi camino y le maté con mis propias manos rompiendole el cuello para luego clavarle su propia espada en la espalda. Al ver la sangre del soldado derramandose la sed de sangre volvió a invadir toda mi cuerpo haciendo salir corriendo a por el siguiente soldado humano mas próximo. Tras acabar con la vida de unos cuantos guardias mas logré encontrarme con el grueso de las tropas del clan Lobo Gélido, por lo que pude unirme a sus filas y combatir junto a ellos contra los guardias y sus refuerzos que lentamente iban llegando. Después de poco mas de una hora tarde gran parte de la resistencia humana que defendía el campo de internamiento había sido asesinada y todos mis compañeros orcos pudieron ser liberados sin lamentar muchas bajas. Entre todo el caos que había surgido, el joven orco se colocó en mitad de la marabunta orca liberada junto a Orgrimm Doomhammer, el cual estaba bastante envejecido desde la última vez que tuve el honor de verle. La presencia de Orgrimm Doomhammer hizo enmudecernos a todos a la espera de que hiciera alguna clase de discurso para volver a unir a la Horda, pero sorprendentemente fue el joven orco que le acompañaba el que habló en lugar de él y consiguió unirnos de nuevo como un solo ejercito: La Horda comenzaba a resurgir entre sus cenizas.
Pasaban las semanas y los campos de internamiento iban cayendo a nuestro paso uno a uno, liberando asi a nuestros hermanos cautivos. Por desgracia, entre todos los orcos liberados muy pocos eran del clan de la Espada Ardiente, suponiendo la definitiva desintegración del clan y convirtiendome en uno de los pocos supervivientes que habían aceptado seguir a Thrall en la recién creada Nueva Horda.
Una vez que todos los supervivientes orcos habíamos sido liberados, Thrall decidió que debíamos viajar atraves del gran océano en busca de nuestra tierra prometida, un lugar donde los ejercitos humanos y de las demas razas de la Alianza no podrían atacarnos y por lo tanto podríamos vivir en paz. Como era normal, no disponiamos de ningún transporte marítimo, por lo que tuvimos que asaltar un pequeño bastión humano para apropiarnos de sus barcos. Era media tarde y no paraba de llover, yo me encontraba como era de costumbre en primera fila sujetando mi gran espada apuntando a los pocos guardias que vigilaban los barcos. Dada la orden, comencé a correr junto a mis compañeros acabando con la poca resistencia humana que encontrabamos a nuestro paso. Los cuerpos de los defensores humanos caian al suelo con una asombrosa rapidez entre grandes cortes producidos por todo su cuerpo, la cabezas se iban separando de sus cuerpos a la vez que iban perdiendo el resto de las extremidades sin mucha dificultad. El combate transcurría tal y como se había planeado ya que el factor sorpresa hizo que los guardias humanos no tuvieran apenas tiempo para reaccionar ante nuestro asalto pillandoles completamente de imprevisto. Poco tiempo fue necesario para hacer huir a los pocos defensores humanos que seguían con vida en el pequeño bastión marítimo, pudiendo así tomar los barcos y zarpar atraves del gran océano en busca de la tierra prometida por nuestro nuevo y enérgico lider.
[Capítulo 4: Buscando el sentido de mi vida en el norte.]
Varios años han pasado desde que pisamos por primera vez las tierras de Kalimdor y que conseguimos asentarnos en el gran bastión orco bautizado como Orgrimmar construido gracias a la ayuda de la noble raza tauren que tan bien nos acogieron al llegar al continente a cambio de ayudarles a derrotar a unas tribus de centauros. Durante un par de años me dediqué a recorrer todo el nuevo continente luchando contra todos las criaturas que amenazaban mi integridad física y la de mis camaradas orcos que seguían a la Horda, logrando conseguir que la Horda supiera la valía de los pocos supervivientes que antaño fueron miembros del clan de la Espada Ardiente. Desafortunadamente, algunos de los supervivientes del clan habían preferido continuar sirviendo a los demonios transformandose en la llamada Horda Vil y suponiendo una gran amenzada que debía ser erradicada lo antes posible y que manchaba el nombre del desaparecido clan.
Desgraciadamente, este nuevo modo de vida nómada en la que había comenzado a encaminar mi futuro me hacia sentir vacio ya que aunque la maldición de la sangre impuesta por beber la sangre de los demonios había desaparecido seguía existiendo en mi interior la brutalidad y las grandes ganas de combatir y matar que era inculcado por mi clan desde que eramos niños pequeños. Pero todo esto cambió cuando me enteré que el que antaño era llamado principe humano Arthas y que había traicionado a todos los suyos para servir a la plaga en su cruzada de eliminar a todo lo que este vivo en Azeroth había despertado de su largo letargo en las gélidas tierras de Rasganorte nombrandose el Rey Exánime y el lider de los ejercitos de la plaga. Al ser consciente de la gran amenaza que suponían los ejercitos de la plaga y su poderoso lider, volví a Orgrimmar para presentarme como voluntario en el viaje que iba a realizar Garrosh, el descendiente de Grom Hellscream, junto a las fuerzas del clan grito de guerra y otras razas de la Horda hacia Rasganorte para detener al rey Exánime e impedir que siguiese mandando tropas desde sus frías tierras hasta Kalimdor para destruirnos a todos y levantarnos como simples lacayos a sus órdenes.
Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que las primeras semanas de estancia en el continente helado de Rasganorte han sido las peores que he podido vivir desde que atravesé el Portal Oscuro hace ya tantos años para llegar a Azeroth. Por aquel entonces no disponiamos de ningún bastión en el que poder resguardarnos ante los fieros ataques de las inagotables fuerzas de la plaga, por lo que los barcos en los que habíamos viajado hasta aqui eran nuestro único refugio ante aquellas hostiles y gélidas tierras a las que nos habiamos arriesgado a ir. Los combates se sucedian cada hora sin descanso alguno contra una raza de insectoides que había sido corrompida por el Rey Lich. A mi me recordaban a las cucarachas y a las mariquitas que había podido ver durante la Primera y Segunda Guerra por tierras humanas, solo que las principales diferencias su tamaño ya que practicamente eran tan altos como kodos, tenian todas sus extremidades afiladas como guillotinas y unos caparazones que poseian una dureza parecida a la de una armadura de malla. Pasaban los días y los combates ante nuestros barcos parecía que no iban a dejar de cesar hasta que muriesemos todos y acabásemos todos en el fondo del mar, por lo que después de planearlo y de ver como los Nerubianos venian en oleadas de menor número nuestros superiores dieron la orden de pasar al ataque para poder reclamar un terreno donde construir nuestro primer bastión y centro de futuras operaciones bélicas en el continente.
Era un poco mas tarde que medio día, los barcos comezaban a colocar timidamente en tierra las rampas de maderas necesarias para ir a tierra sin tener que meterse en las frías aguas en las que nos encontrabamos mientras que los cañones no dejaban de rugir para intentar acabar con la mayor cantidad de nerubianos posibles y así poder tomar tierra lo mas rápido que se pudiera. Al contrario que en todas las demas batallas en las que he tenido el placer de participar, tuve que colocarme un grueso pelaje de oso por el torso ya que hacia demasiado frio para ir a pecho descubierto porque si los nerubianos no me mataban el frio lo acabaría haciendo, aunque llevar la piel de oso no me impidio llevar mi pequeño estandarte de la Horda para combatir. Pese a que los cañones realizaban correctamente su trabajo, grandes oleadas de nerubianos se dirigian sin piedad a por nosotros. Hacer una carga contra ellos para equilibrar la suya era una grandísima locura, por lo que no tuvimos mas remedio que defendernos con los elementos naturales que nos ofrecía la región a modo de parapeto. Tras resistir la carga inicial nerubiana abandoné mi escondrijo y me lancé contra un pequeño grupo de Nerubianos al grito de "¡Por la Espada de Fuego!" Sorprendentemente, aunque los Nerubianos tuvieran unos caparazones bastante duros y gruesos podian moverse de manera bastante agil, lo que me dificultó poder acabar con sus vidas de servidumbre al Rey Exánime. Los nerubianos caian a cientos ante nuestras manos, aunque eso no hacía que dejasen de llegar nuevas oleadas deseosas de matarnos a todos. Las horas iban pasando y poco a poco las oleadas de nerubianos iban siendo cada vez mas pequeñas, lo que nos permitió ir ganando cada vez mas terreno. De repente, el suelo comenzó a temblar con violencia al mismo tiempo que aparecian por el horizonte la figura de unas enormes criaturas que se dirigian corriendo hacia nuestra posición.
-"Joder,¿que coño son esas cosas?" Me dijo un compañero que tenía a mi lado.
-"No tengo ni idea,pero seguro que muere igual de bien que sus hermanos pequeños."Dije con un leve tomo humorístico para intentar quitar un poco de tensión a la situación.
Al acercarse un par de metros mas hacia mi pude ver que aquellas criaturas gigantes eran lo que parecía la evolución de los nerubianos que nos atacaban, solo que casi triplicaban su tamaño y su armadura era bastante mas dificil de penetrar.
-"Concentrad el fuego de los cañones en esos putos bichos gigantes,¡quiero que tengan unos agujeros tan grandes en sus cuerpos como el Crater de Un'Goro!" Gritaban los capitanes de los barcos a la tripulación encargada de manejar los cañones para ayudarnos a acabar con los nerubianos gigantes que tantos problemas estaban dando.
Los nerubianos cada vez venian en menor número pero la furia y las gnas con la que luchaban era la misma que al inicio o incluso mayor. En una de las últimas oleadas de nerubianos me vi rodeado por tres nerubianos bastante agresivos. Debido a la larga duración del combate me encontraba exhausto, por lo que mis ataques con la espada cada vez eran mas lentos y débiles, por lo que pude unicamente matar a dos de los nerubianos mientras el restante pudo herirme con sus afiladas garras haciendome caer al suelo sangrando. Aunque yo intentaba defenderme como podía tumbado en el suelo, no podía evitar sentir como el nerubiano se estaba divirtiendo conmigo ya que claramente no suponía ninguna amenaza en el lamentable estado en el que me encontraba. Tras varias estocadas al aire por mi parte, el nerubiano consiguió romperme el filo de mi espada quedando practicamente inservible y sin tener nada con lo que poder defenderme. Todo estaba perdido para mi y solo faltaba que el nerubiano se decidiese a darme el fatídico golpe que acabase con mi vida.
En aquel momento, cuando ya estaba todo perdido, no pude evitar recordar el día en el que estaba en Draenor junto a mi padre intentando cazar por primera vez un animal, creandome asi una pequeña visión o alucinacion debida a la cantidad de sangre que había perdido y a lo cansado que estaba. El tiempo parecía comenzar a transcurrir mucho mas lento, las frías tierras de Rasganorte se habían convertido en las verdes llanuras de Draenor y el sonido de la voz de mi padre empezó a sonar en mi cabeza.
-"¡Levantate de una vez del suelo y coge tu espada! No me decepciones y me hagas ver que eres un verdadero inutil Krom'gal." Decía aquella voz que parecía ser mi padre con el mismo tono que me lo dijo el día en que maté al jabali con quince años.
-"No puedo padre... estoy demasiado herido, no me quedan energías..." gritaba al aire intentando responder a la voz de mi cabeza.
-"Claro que puedes, para eso has sido entrenado desde que eras un niño...¡Demuestra que eres digno de ser uno de los últimos supervivientes de la Espada Ardiente!" Seguía diciendo la voz en mi cabeza.
-"No le defraudare padre, ni a usted ni a todos los caidos...¡POR LA ESPADA DE FUEGO!" Grité nuevamente al tiempo que agarraba el filo que aun cortaba de mi espada rota produciendome leves cortes al cogerla con fuerza.
Al gritar y coger el filo de la espada con fuerza, la visión de estar en Draenor desapareció junto a la voz que me había estado hablando. El nerubiano bajó sus dos afiladas garras hacia mi con fuerza, pero gracias a aquella breve conversación con la voz que parecía ser mi padre conseguí la energía necesaria para incorporarme agilmente y poder clavarle el trozo de espada roto en uno de los huecos que tenía la criatura en el caparazón, produciendole la muerte casi instantaneamente mientras gritaba de dolor. El cadaver del nerubiano cayó lentamente al suelo mientras goteaba un vicoso líquido verde que debía ser su sangre. Una vez que me aseguré de que el nerubiano había muerto comencé a vagar por el campo de batalla mientras observaba sorprendido como los nerubianos que conseguían mantenerse con vida comenzaba a retirarse hacia posiciones interiores para huir del combate y poder recuperarse de las graves bajas que estaban sufriendo diariamente.
-"¡Victoria!¡Sangre y gloria para la Horda!" gritaban los soldados de la Horda que aun seguían en pie mientras los médicos iban a atender a todos los heridos que había por el campo de batalla.
Una vez que el terreno estaba completamente despejado de nerubianos y que habíamos lanzado al mar los cadaveres de las criaturas que se encontraban en proceso de descomposición, los generales fueron dando la orden a los peones orcos de los barcos que fueran bajando y que empezasen a transportar los materiales necesarios para construir el bastión que iba ser bautizado como el Bastión Grito de Guerra, el cual iba a servir como base de operaciones en esta guerra y lugar de llegada de nuevas tropas al continente helado ya fuera por barco o por zepelin. Como era natural yo no colaboré en la construcción del Bastión, pero si tuve que patrullar las tierras colindantes en busca de encontrar posibles amenazas y para proteger a los peones trabajar en la edificación de la fortaleza una vez que había sido curado por los médicos de combate y los sacerdotes troll. Tras varias semanas de duro trabajo por parte de los peones y de hacer frente a constantes escaramuzas nerubianas que intentaban devolvernos al mar el Bastión Grito de Guerra fué practicamente construido en su totalidad.
Varios meses han pasado desde que acabamos de asentarnos en Rasganorte con la construcción del Bastión Grito de Guerra y debo decir que no hemos parado de seguir ganando terreno a la plaga y construyendo varios bastiones nuevos por las gélidas tierras de Rasganorte al mismo tiempo que hemos conseguido mantener a ralla a los incansables e interminables ejercitos de la plaga que intentaban acabar con nuestras vidas y con todo lo que habiamos logrado conseguir durante todo este tiempo. Pese a todo esto, soy bastante realista y se que por mucho terreno que estemos ganandole a los ejercitos de la plaga no significa que la victoria este próxima por el momento, aunque eso no quiere decir que me vaya a rendir y a tirar la toalla después de todo lo que hemos logrado por el momento.
Con cada día que pasa el final del Rey Exánime esta cada vez un poco mas cerca y puedo decir con total seguridad que estaré alli para verle caer, lo juro por todos los caidos y por los que confian en los que estamos luchando en estas tierras por su seguridad. ¡POR LA HORDA Y POR LA ESPADA DE FUEGO!
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