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Tema: [Navidad] Concurso de Historias

  1. #1
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    Pergamino [Navidad] Concurso de Historias

    Esta navidad haremos un concurso más o menos parecido a los que estilamos en cada aniversario, por el momento soy iguales o símiles, sin embargo probablemente se cambien los premios y ciertos puntos, sin embargo lo que no se cambiara sera lo solicitado, por lo tanto podéis empezar con vuestros dibujos, historias y vídeos, con esto yo mismo os deseo una Feliz Navidad tardía y Suerte.

    Siempre recordad cumplir los siguientes requisitos:

    Para obtener un pj u clase especial es obligatorio que el cual envié la historia sea un jugador con al menos un mes de juego en nuestro servidor, ademas de ser un jugador activo, esto quiere decir, que tras dos años de concursos en los que una mayoría de los premiados no usan habitualmente sus premios este año se podrán borrar los jugadores o que no lleven correctamente el rol que se revela en sus historias, como siempre los premios son vigilados y dados por mi, por lo que cualquier duda enviádmela y tratare de responder entre mi ausencia vacacional lo mejor posible.

    Como dije antes, Un saludo y Feliz navidad.
    CONCURSO DE HISTORIAS
    • La temática del concurso trata sobre el servidor en si, pero se puede inventar una trama totalmente inventada en un entorno medieval fantastico sin alusion a ninguna otra cosa, creando un ambiente totalmente diferente el cual seria bien valorable, esta historia no podrá ser usada para las demás (Concursos) al igual que ninguna de las otras ya que no son intercambiables, (no puedes hacerte un Vrykul Dk por ejemplo).
    • No hay extension mínima y máxima, pero se valorara la calidad media de cada una de las historias, tanto puede ganar una mas corta de la mas larga como vicebersa.
    • No puede ser sobre un personaje vuestro, puesto que a de estar centrada en otros confines muy diferentes.
    • Se debe de postear aquí la historia elegida (Solo y unicamente para este concurso, no podra ser usada en el futuro) La fecha del concurso es de hoy mismo, Día 30 de Diciembre, hasta el 15 de Enero del 2012.
    • (Han de haberse echo dentro de la fecha del concurso, no anteriormente)

    Premios:

    Primer premio:
    Item épico diez niveles en adelante o menos al nivel que se tiene pudiéndole dar un rol coherente en base a previa conversación con el Gm.

    Segundo premio: Item azul diez niveles en adelante o menos al nivel que se tiene pudiéndole dar un rol coherente en base a previa conversación con el Gm.

    Tercer premio: Item verde diez niveles en adelante o menos al nivel que se tiene pudiéndole dar un rol coherente en base a previa conversación con el Gm.

    Resto de participantes: Recibirán por participar una u dos recetas de oficio pudiéndole dar el rol que quieran.

    PD: Plagio completo o parcial penalizado con expulsión.PD2: No se pueden hacer historias de personajes que se han tenido o se tienen.
    Noche and HojaNegra like this.



  2. #2
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    // Bueno, esta historia la tenia pensada para soplo de Proeza, pero realmente me interesa mas un objeto que quiero, que el pj en si. Así que por eso la posteo aquí, es un tecnomago. Espero que os guste tanto como a mí escribirla.

    En un arenoso rincón de Azeroth, donde el viento sopla con fuerza levantando torbellinos de arena, una figura humanoide se detiene ante algo metálico que sobre sale de la arena.

    Al desenterrarlo y observarlo en detalle, observa que es una caja metálica, algo oxidada y con logotipo algo deteriorado por el tiempo.
    Tras este hallazgo, guarda la cajita en su zurrón y prosigue su camino, hasta llegar a una pequeña casa de madera y tablones que ofrece una mínima protección ante el infierno de arena. Una vez dentro de la misma, se quita las telas que le cubren el rostro, y se observa el aspecto de un elfo de cabellos canosos y mirada cansada, que observa la caja con curiosidad. En un intento por abrirla y observar si en su contenido hay algo de valor, consigue romper el cierre hermético y la abre.

    Dentro observa un paquete envuelto y una pila de documentos y ¿planos? Ante esto el elfo, extrae del cofre los documentos y entre ellos observa una carta, la cual movido por la curiosidad de quien habría dejado ahí la caja con esas “cosas”. Tras abrirla observo la carta con sorpresa…, la carta empezaba con un “Gnomergan siempre estará en nuestros corazones”, al leer eso examina el cierre de nuevo, reconociendo esta vez las mordazas y el engranaje. Al ver que la caja perteneció a un gnomo empezó a leer la carta, con curiosidad de porque estaba ahí junto a esa caja. El texto escrito en común decía así:

    “Gnomeregan siempre estará en nuestros corazones,


    Hola, antes de nada felicitarte por encontrar mi legado, no sé qué eres, ni que sexo tienes. Pero solo espero que hagas buen uso de él, porque el que lo tengas tú significa…, que en fin yo ya me he ido.

    Antes de nada, me presento soy Devius Chisparcana, un gnomo de la brillante aunque caída en desgracia ciudad de Gnomeregan. Mi vida sin duda fue una vida alegre y llena de dicha, aunque ahora… En fin volvamos al caso, para entender mí legado y lo que hay en este cofre, tendrás que saber mi vida…, puesto que muchos aparatos o diseños que hay en el cofre fueron creados para momentos y utilidades de la misma.

    Por dónde empezar, es muy difícil escribir a alguien que no conoces, ni del que sabes su sexo pero bueno, me voy por las ramas y eso no nos atañe. Te explicaré mi vida, para que entiendas todo el contenido del cofre, te explicaré la vida de un Tecno-mago de Gnomeregan.
    Todo empezó entre los muros de una casita bien cuidada en la bonita ciudad de Gnomeregan, mis padres eran Uriel Machinecrafter y mi madre era Getha Gearlock. El nombre que me pusieron en aquella época fue Nathiel Machinecrafter, que puedo decir, desde mi más tierna infancia siendo hijo de ingenieros, era normal que por mi sangre y por mi corazón fluyese la ingeniería, aún recuerdo algunas cosas de cuando era pequeño, como jugaba con las herramientas de mi padre, o bien con los “polvos mágicos” de mama de los cuales años más tarde me entere que era pólvora…

    Desde pequeño fui una persona muy interesada en aprender, me pasaba horas leyendo los libros de ingeniería que había por casa. Los años fueron pasando y al cumplir 20 años mis padres viendo la capacidad de retentiva que tenía decidieron que probase a estudiar las Artes arcanas, yo no me negué, todo lo que fuese aprender me apasionaba.

    Mi aprendizaje fue viento en popa, era uno de los muchos alumnos que tenía nuestra escuela y el tutor a mi cargo estaba contento conmigo, siempre le gusto el que me encantase la ingeniería pero que no por eso dejase de estudiar los principios del arcanismo y la escuela del encantamiento. A medida que fueron pasando los años progrese mucho en mis estudios, a la par que en mis ratos libres estaba en los talleres de gnomeregan con mi padre o mi madre trabajando en la fabricación de tanques araña e infinidad de vehículos espectaculares. Al llegar el dia de mi décimo tercer cumpleaños cuando me entre en casa manchado de grasa de motor y con una sonrisa de oreja a oreja, me encontré a mi tutor junto a mis padres hablando sobre mí…, temía que llegase ese día…, el día de mi cumpleaños… El día que tenía que decidir, que hacer, que ser y lo peor escoger un nombre para ello.

    Fui a mi habitación, active los sistemas pertinentes y unos brazos mecánicos me quitaron la ropa sucia, me lavaron y me pusieron una limpia. Poco después baje al salón, donde todos me estaban esperando y mi corazón se encogió en el tamaño de un tornillo. Delante de mi estaban las tres personas más importantes para mí, mi madre, mi padre y mi tutor…

    Cada uno de ellos esperaba algo de mí, por un lado mi padre esperaba que siguiese la tradición de su taller y que me dedicase a la fabricación de vehículos…, por otro lado mi madre esperaba que me dedicase a la fabricación de maquinaria funcional para la ciudad… y por otro lado estaba mi tutor…, Mikah , que esperaba que optase por reflejar mi pasión por el arcanismo en mi nuevo nombre.

    Al sentarme en aquella mesa y ver sus caras expectantes, se me hizo un nudo en el estómago, como satisfacer a aquellas personas…, el problema era todo me gustaba!!!!…, aunque la decisión había sido meditada…, como decírselo…. Así que apenas con un susurro dije “Devius Chisparcana”, por las chispas de la fabricación de maquinaria y por mi amor a las artes arcanas. Al decir esto mi padre golpe con el puño con gesto ofuscado y se retiró a su habitación, por otro lado mi madre me miro con mirada de alivio y reproche a la vez (años después descubría que ella desde un principio se lo esperaba…) y Mikah…, bueno digamos que Mikah fue el único que se alegró esa noche.

    Meses después de aquel día y tras varias discusiones con mi padre, al final comprendió y acepto lo que había decidido. Él esperaba que me dedicase a la fabricación de vehículos como él y que me apartase de las artes arcanas, por otro lado mi madre sabía que haría lo que hice, pero ella quería que me dedicase a lo mismo que ella, pero al final parece que el único que saboreo la victoria fue Mikah.

    Los años fueron pasando, en los muros de la ciudad mecánica, proseguía con mis estudios de las artes arcanas a la par que paseaba por los tallares y me manchaba d ela grasa d elos motores y ayudaba a construir, desde los zancudos inventados por Grizzspark Flegrubb, hasta los tanques araña y los anuladores arcanos X-21 ideales contra unidades que usarán conjuros, puesto que por el sistema interno que tienen instalado, son capaces de absorber los hechizos mágicos y devolvérselos al taumaturgo, gracias a la combinación de un núcleo arcano estabilizado, por ciencia, las más avanzada tecnología y la alquimia.

    A la par de mis progresos sobre, arcanismo e ingeniería, de los cuales publique diversos trabajos (perdidos en la maravillosa tecnociudad…), fuerón pasando los años cuando me di cuenta de lo mismo fue al cumplir 70 años. En aquella época estalló lo que muchos denominaron la segunda guerra.

    La información que nos dieron nuestros aliados los enanos, fue que los reinos humanos se habían aliado en algo llamado la “La Alianza de Lordaeron” y que estaban luchando contra una amenaza que venía de fuera de Azeroth, se hacían llamar ”Horda” y erán seres demoniacos y viles. Me acuerdo que ante aquello, nuestro líder Mekkathorpe, paralizo toda la ciudad. En un momento, todos los talleres gnómicos, nos centramos en el desarrollo de vehículos de asedio, submarinos, girocopteros y armamento pesado con el fin de ayudar a nuestros aliados enanos y a los nuevos aliados nuestros por extensión, la “Alianza de Lordaerón”.

    La batalla duro varios meses, iban llegando noticias de victorias, cosa que nos regocijaba y hacía que en los talleres trabajásemos con mayor celeridad, hasta que llego el día en que la maquinaría durante unos segundos se paró. La victoria había sido apoteósica, había habido perdidas muy grandes, pero habíamos ganado, me acuerdo que todo la ciudad aquel día estuvimos celebrándolo.
    Luego poco a poco la situación volvió a normalizarse a como era antes de la guerra, cada gnomo había vuelto a sus respectivos talleres y la ciudad volvía a rebosar de su normalidad cotidiana, muchas gracias a la guerra aprendimos más sobre la fabricación de vehículos de asedio y por ello siempre que en aquel taller necesitaban ayuda íbamos sin dudarlo, a fin de cuentas gracias al esfuerzo que hicimos allí muchos de los que estuvieron en el campo de batalla pudieron ganar la guerra.

    Los siguientes años, los recuerdo más claramente, estuve trabajando en los talleres a la par que desarrollaba o mejoraba inventos ya existentes. Era muy interesante ver, como inventos ya existentes podían ser mejorados de maneras asombrosas, si combinabas artes arcanas e ingeniería, es decir, un cinturón de protección por ejemplo, si lo combinabas correctamente con partículas arcanas en un núcleo electromagnético, regulado por un cristal de mana y todo junto controlado por un inhibidor de flujo, llegabas a realizar cosas como no solo prever daño físico u mágico, sino que además podías aprovechar la energía del hechizo lanzado con otros fines…, sencillamente brillante…(lástima que ese prototipo se perdiese en gnomeregan…).

    Pero en fin, supongo que esos tecnicismos ya los verás en algunos esquemas que hay en este cofre, en fin seguiré a lo mío, que supongo que es lo que de verdad importa.

    Los años siguientes, nos llegaron noticias de Orcos que habían escapado de campos de contención de Durnholde, pero para sorpresa de muchos…, habían embarcado al otro continente…, nunca entendimos por qué…, el caso fue que seguimos con nuestras apacibles, vidas…, hasta que un dia…

    Sin previo aviso, las sirenas de alerta empezaron a sonar en la ciudad, todo era caótico, era un ataque desde… ¿dentro?
    Unos seres deformes, salían de brechas en los muros de la ciudad, arrasando con todo lo que veían, masacrando toda vida que se les cruzaba, era inaudito…, desplegamos nuestro arsenal, pero era inútil, su numeró era inmenso…, fuimos perdiendo sectores de la ciudad poco a poco y aun aislando zonas de la ciudad, no sabíamos como, cada vez estaban ganándonos más terreno.

    Mientras esta cruel batalla estaba teniendo lugar en nuestra casa, nos llegaron noticias de los enanos, indicándonos que había estallado una tercera guerra, que el príncipe humano había matado a su padre y que los no-muertos lo arrasaban todo. Viendo ese panorama, nuestros líderes les dieron la maquinaria pesada que podíamos permitirnos y les indicaron que no iríamos a esa guerra, manteniendo en secreto el problema en nuestra ciudad. Ya tenían problemas con esa “plaga”, como para darles más quebraderos de cabeza nosotros, esto sería algo que resolveríamos los gnomos.

    Las luchas eran sangrientas, muchos íbamos al frente para intentar contener a los invasores, pero no había manera, por muchos que abatíamos, no hacían ams que salir más y más…, cosa que nos obligó a retroceder cada vez más y más.
    Cada vez que mi padre o mi madre (voluntarios como pilotos), salían con el tanque araña a la batalla, yo sufría por ellos, la batalla parecía no acabar nunca y cuando volvían los grupos siempre eran menos de los que partieron y los tanques que volvían estaban llenos de arañazos y abolladuras.

    Cada día herá el mismo infierno, hasta que un día sin previo aviso sucedió lo peor… De repente sin previo aviso empezó a sonar una sirena que jamás pensamos que sonaría…, alguien había activado la liberación de los gases radiactivos del núcleo…., aquello solo implicaba una cosa…, todo el grueso de gnomos empezamos a salir en un chorro caótico de la ciudad, los tanques nos cubrían la retaguardia mientras huíamos… era horrible, jamás pensábamos haber tenido que llegar a aquello…

    Viendo ya perdida nuestra ciudad, nos tuvimos que desplazar a Forjaz, y pedir asilo a aquellos que siempre han sido como nuestros primos…, los enanos. Al relatarles lo acontecido, entendieron por qué no fuimos a la guerra, sin duda alguna teníamos la nuestra propia que librar…, aunque el resultado había sido una derrota con un coste muy caro la muerte de muchos de los nuestros, o bien combatiendo o bien por la radiactividad.

    Tras nuestra huida a frojaz, los enanos nos cedieron una parte de la misma, para poder establecernos y asentarnos…, lo que ahora se le llama ciudad manitas…., pero jamás será como nuestra gnomeregan.

    Los años fueron pasando, y viendo que los enanos tenían buen trato con los humanos y que nos había acogido sin problema. Optamos por hacerles un regalo de gratitud, nos enfrascamos en la construcción del mayor proyecto de ingeniería realizado, el tranvía que une las dos capitales, forjaz y ventormenta.

    El sistema era complicado, una serie de vehículos desplazados por magnetismo, a la par que controlados por un regulador arcano, que favorece la estabilización de sus partes eliminando así fricción con vías y consiguiendo mayores velocidades.

    Posteriormente vivimos felices un tiempo, pero con la espinita clavada de la perdida de nuestra ciudad, en Forjaz aunque bien asentados, mucha de la documentación se había perdido, en un esfuerzo colectivo conseguimos juntar trozos de aquí y allí hasta conseguir algunos diseños útiles, informaciones de artes arcanas, pero mucha de nuestra documentación se había perdido junto la ciudad.

    Hemos vivido felices con los Enanos, pero solo rezo por el día en que lleguemos a volver a nuestra amada ciudad…

    Y bien esa es mi vida, esto que tú has encontrado, que llamo mi legado, es una capsula del tiempo, que he diseñado yo mismo y enterrado. Con la esperanza de que llegue de cara a futuras generaciones, actualmente tengo 97 años.
    Aprovecha bien mis diseños, amigo!!!!, pueden serte de gran utilidad.

    Al acabar de leer la carta, el elfo la desecha y empieza a leer con curiosidad los planos de ingeniería sin entender nada de los mismos. Posteriormente empieza a desenvolver el paquete y en el encuentra una moneda de plata, y un pequeño estabilizador arcano.

  3. #3
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    Las mazmorras blancas

    En un cuento se habla sobre unas mazmorras que los propios dioses construyeron, para encerrarse eternamente y no tener que ver como la tierra era arrastrada por las sombras, como su propia creación se mataba entre ella. Esta tenía blancas paredes, y suelos con grandes ríos subterráneos y con rayos etéreos de luz, cerrada por unos altos y gruesos barrotes de plata, que solo la ultima estirpe humana podría abrirla para liberar la tierra de su final, para dar de nuevo paso a la luz, paso a la vida. Esta estirpe sería un pequeño grupo, formado por los últimos humanos de la tierra, y esta es su historia:

    Tendré el placer de mostraros Ethereos, la ultima ciudad humana antes de ser derruida, bajas son sus casas y marrones sus fachadas, plazas con largos bancos de madera y pequeños estanques naturales en sus centros donde, nobles, caballeros y campesinos permanecían juntos en armonía. Aunque una gran edificación destacaba por su fachada gris, construida de piedra, la iglesia de las siete bestias.

    Esta iglesia alberga en su interior las siete bestias más feroces y temibles por el hombre, las cuales fueron capturadas a lo largo de siglos con un gran esfuerzo para hallar la paz en el mundo, pero por el desdén de los dioses estas bestias eran y siempre serán inmortales, cuya única finalidad es luchar entre ellas durante toda la eternidad, en muchos libros se dice sobre una octava bestia, pero ningún ser humano a sabido quien era ella, se dice que la paz será su llamada para darse a conocer e iniciar La Lucha Eterna

    Sé que os morís de ganas por saber cual es cada una de estas bestias, y podría describíroslas en pocos párrafos, pero prefiero hablaros de ellas a lo largo de esta corta novela, odiadme si así lo queréis, aunque no os recomiendo odiarme, estaríais odiando...¡A la octava bestia!

    ****
    Era un día como cualquier otro en Ethereos, sus habitantes cumplían con sus quehaceres sumidos en su más profunda rutina, entre ellos nuestros queridos protagonistas. Primero os hablare sobre Detion, ultimo caballero de una orden ya olvidada, aquella que lucho y capturo a todas las bestias que amenazaron la raza humana, pero capturadas las siete bestias esta orden se fracturo dejando solo a Detion, quien creía solemnemente que aún quedaba una ultima bestia por capturar, la octava, mientras que todos los demás creían que eran viejas leyendas. Este se encerró en su soledad, ya no le quedaban más libros por leer en busca de información y pasaba los días paseando por Ethereos montado sobre su caballo, portando su brillante armadura, su pesado escudo a la espalda y su afilada espada en la cintura, esperando para cuando llegara el día, enfrentarse a la octava bestia.

    En una casa de grandes dimensiones vivían otros dos de nuestros entrañables protagonistas, Sicéo y Sylenia, descendientes de dos de las familias más ricas y poderosas de toda Ethereos, entre fiestas y lujos solían vivir, dos enamorados viviendo el paraíso, jóvenes, adinerados y respetados, nada más se podía pedir, Sicéo era un buen espadachin pues tuvo un buen maestro. Sylenia era una joven hermosa, de rasgos que podían tentar a cualquier hombre, no necesitaba nada más que su físico para triunfar, aunque esta disfrutaba ayudando a los heridos, tenía grandes conocimientos médicos.

    En la Iglesia de las siete Bestias vivía otro de nuestros protagonistas, un anciano más sabio que todas las librerías que en la tierra existieran, uno de los guardianes de las siete bestias, eran humanos como todo ciudadano de Ethereos, aunque misteriosos, poco se les podía ver fuera de los muros de piedra de la Iglesia de las siete Bestias, era un erudito de la vida, sabía todo lo escrito en libros y había experimentado lo suficiente como para tener respuestas a casi todo. Era completamente calvo y su piel estaba muy arrugada, suele llevar una toga para no mostrar su piel, muchos le temen por ella, ademas solía llevar un gran bastón de madera.

    Por ultimo os hablare del ultimo protagonista de esta historia, Kentor, líder del ultimo clan bandido de la tierra, exiliados de Ethereos por enfrentarse contra la Iglesia de las siete Bestias durante la captura de la séptima bestia, consiguió junto con muchos otros enfrentarse al desolado ambiente que se vivía fuera de la ciudad, aunque día a día tenían que enfrentarse contra múltiples bestias, creo necesario aclarar que lo que diferencia a las siete Bestias de las bestias comunes es que las siete Bestias son inmortales. Kentor era un hombre con una musculatura definida, y más cicatrices que tenía la piedra, solía llevar dos hachas a la espalda.

    ****
    Tras décadas de preparación los Exiliados de Ethereos fueron a terminar con su sed de venganza, los ciudadanos de Ethereos no saben lo dura que es la vida fuera de la ciudad y por las calamidades que uno tiene que pasar, algo muy gordo se tramaban para hacerles pagar por tantas décadas de sufrimiento, la liberación de las Siete Bestias. La tranquilidad se rompió en Ethereos con el primer ataque, una manada de lobos domesticados por los bandidos entraron llevándose por delante todo lo que se interpusiera entre ellos y la Iglesia de las siete Bestias, la escasa guardia comenzó rápido a caer y comenzó el segundo ataque. Piedras prendidas en fuego comenzaban a caer sobre Ethereos, casas ardían y la Iglesia de la luz comenzó a perder consistencia, todo ciudadano luchaba con uñas y dientes, y cuando pareció cesar la lluvia de piedras, tropas bandidas se abalanzaron terminando con toda señal de vida existente.

    Los bandidos parecían tener la victoria asegurada, las tropas ya estaban a las puertas de la Iglesia de las siete Bestias, pero entonces salieron los guardianes de estas susurrando palabras que nadie conseguía entender, iban vestidos con togas negras que tapaban su cuerpo.Muchos bandidos se pararon y reían ante tal situación, unos ancianos querían defender la Iglesia de tropas de cientos de bandidos, pero algo les hizo cambiar de opinión, un estallido retumbo y una tropa salió volando como por arte de magia, tras unos segundos de confusión cortinas de flechas se echaron contra los guardianes, muchas parecían chocar con el aire, pero al cabo del rato los guardianes comenzaron a caer, aunque las tropas bandidas también lo estaban haciendo.

    Mientras que dos de nuestros protagonistas luchaban ferozmente a las puertas de la Iglesia, los demás comenzaban a reunirse gracias al azar, ellos no tenían intenciones de huir como ratas y terminaron todos en las ruinas de la casa de Sicéo y Sylenia, Detion intentaba convencer a otros ciudadanos de no huir y luchar, aunque no le hacían caso y quedaron nuestros tres protagonistas solos, bastantes confusos sin saber que hacer. Sicéo por muy buen espadachin que fuera, siempre le habían dado la vida masticada lista para tragar, y más cobarde no podía ser, su única intención de quedarse en aquella destrozada ciudad en guerra era Sylenia, su amada. Esta quería ayudar y sanar a todos los heridos, una tarea desmesurada pues casi toda la ciudad había caído ya.

    Apenas quedaban dos pares de guardianes y una docena de bandidos, contando con nuestros protagonistas, los guardianes ya estaban cansados de la lucha y cuerpo a cuerpo eran inútiles, huían como podían para no ser masacrados por los bandidos, pero de todos ellos solo fue capaz de huir uno, Nyre, susurro unas palabras y desapareció entre el humo y la ceniza. Apareció en la casa de Sicéo y este desenfundo su estoque velozmente asustado, Sylenia se hecho para atrás aterrada y antes de que Sicéo intentara lanzar una estocada a Nyre, Detion aplaco bruscamente a Sicéo, por suerte Detion si sabía que Nyre era un guardián y les sería de mucha ayuda.

    ****

    Nuestros aventureros, al enterarse de que las siete bestias podían ser liberadas en cualquier momento corrieron hacía la Iglesia de nuevo, por la ciudad solo se veían escombros, fuego y cadáveres y al llegar a la Iglesia algo peor pudieron ver, la primera Bestia había sido liberada, por lo cual todas las demás también. La primera bestia era El Dragón de Hierro, tal y como su nombre lo indica era un gran Dragón con escamas metálicas y unas grandes garras, también se podía ver como Kentor valientemente, o estúpidamente luchaba contra el.

    En tal situación era difícil distinguir a un bandido de un ciudadano, Detion corrió hacía el y antes de que el Dragon le diera un zarpazo Detion cogió del brazo bruscamente a Kentor para sacarlo de allí, llamarlo suerte si queréis pero otra de las bestias salió del suelo, la segunda bestia. Esta era llamada La Terracal, un gusano gigante que podía moverse por las profundidades de la tierra, de un color marrón y siempre desprendiendo una baba asquerosa. Salió bruscamente de la tierra y se llevo por delante al Dragon, pudiendo nuestros protagonistas huir hasta un pequeño bosque situado lejos de la ciudad.

    Podían estar alejados a kilómetros de Ethereos, pero aún así se escuchaba la empedernida lucha que las bestias estaban teniendo entre sí, nuestro pequeño grupo de aventureros no sabían bien como actuar y rápido Detion pudo deducir que Kentor era un bandido, que todo esto había sido su culpa, no se lo pensó dos veces para atacarle, pero Nyre lo evito con un hechizo que paralizo el cuerpo de Detion, este apenas podía hablar.

    Detion-¡Pero que haces! ¡Ese malnacido ha sido quien ha liberado a las siete bestias!

    Nyre- Y nosotros quienes nos hemos dejado. Ademas, fuera de la ciudad sin el ninguno de nosotros tendremos posibilidades.

    Sicéo-¡Eso da igual! Vamos a morir aquí, muertos de hambre o destrozados por alguna bestia, nada queda ya para nosotros.

    Kentor-Llevo viviendo aquí desde antes que tu nacieras, sucia sabandija noble, pero algo tengo seguro, prefiero morir que ayudaros a sobrevivir.

    Sylenia-Yo cuando era pequeña, mi madre me contó un cuento sobre unas mazmorras, sobre las mazmorras blancas...


    ****

    Por primera vez entre tanta discusión, todos guardaron silencio para escuchar la historia que Sylenia quería contar, la voz de esta era capaz de relajarles, mas juraría que todos los hombres menos Nyre estaban enamorados de ella. Les narró la historia detalle por detalle, y al principio nadie le creía, pero el don de palabra de Nyre cambio esto, afirmo sobre su existencia y dijo que era la única esperanza de sobrevivir, buscar las Mazmorras Blancas. Nuestro pequeño grupo de aventureros comprendieron que era necesario ir juntos para sobrevivir, en el cuento se habla que esta más allá del Desierto Negro, atravesando el espeso bosque, en algún pasadizo de las cuevas grisáceas.

    El viaje sería largo y peligroso, pues tenían que atravesar el Desierto Negro, no siempre fue Negro, aunque si un desierto. Allí estuvieron los campamentos Pareys, antigua residencia de otra resistencia humana, pero esta fue destruida por el Demonio
    , la segunda bestia. El potente fuego de este incinero todo lo que allí había, dejando el desierto negro por las cenizas, no habitaban criaturas allí, pues tampoco había agua ni comida. Nuestro grupo tenía pocos víveres y aún les quedaba un largo camino para terminar aquel extenso desierto, las cenizas les hacía tener sed en demasíe y parecía interminable el camino, cuando se encontraron con otra bestia, la séptima.

    Un centauro rápido cuan bestia, capaz de mandar cientos de flechas en minutos, y de una apariencia feroz y temible, sus pasos levantaban toda las cenizas del suelo impidiendo ver con claridad, el llamado, Flecha de viento. Nuestros aventureros rápido se pusieron en posición defensiva, Detion interpuso su pesado escudo entre el y el centauro, Sicéo como un cobarde se
    escondí detrás de Detion, Kentor saco sus dos hachas y se preparo para destrozar toda flecha que se le acercase, Nyre levanto un escudo mágico delante de el, pero Sylenia no hizo otra cosa que gritar asustada, no tenía forma de defenderse.

    Kentor y Nyre estaban muy lejos de ella, los únicos que podrían hacer algo serían Detion o Sicéo, pero el único que tuvo intenciones de salvarlas fue Detion quien corrió hacia ella lo más rápido que podía, sabía que con el escudo tardaría demasiado tiempo en llegar y lo tiro, las flechas ya iban dirección a Sylenia y antes de que estas llegaran Detion alcanzo donde Sylenia se encontraba, se interpuso entre las flechas y Sylenia, clavo su espada en el suelo para que sujetara su cuerpo y usarlo como escudo, millones de flechas estallaron su armadura y su piel, pero consiguió que Sylenia no recibiera ni un rasguño. Sicéo también quedo indefenso ante otra ráfaga de flechas y fue Kentor quien le empujo apartándolo de la trayectoria de estas, aunque el pudo enfrentarse a las flechas gracias a sus hachas, aunque recibió algún que otro insignificante corte

    ****

    Nuestros aventureros no podían hacer otra cosa que protegerse de las flechas, exceptuando Nyre que aprovecho el caos para teletransportarse detrás del centauro, y le lanzo un potente hechizo para apresarlo temporalmente en una jaula mágica, el hechizo no duraría mucho más de unas horas y tenían que salir corriendo de allí, no tenían otra posibilidad que correr hasta perderle de vista, pero Sylenia no quería dejar allí el cuerpo destrozado de su héroe, Detion

    Nyre- ¡Corred insensatos! ¡Corred!- Dijo mientras corría lo más rápido que podía

    Sylenia-
    No dejare el cuerpo de Detion aquí, tirado...- Dijo triste con los ojos empañados

    Kentor-Vamos, yo llevare su maldito cadáver. ¡Pero corre!- Cogió el cuerpo de Detion y se lo hecho al hombro y comenzó a correr.

    Nuestro grupo corría despavorido y sin ningún orden por el Desierto Negro, en busca de algún indició que les indicara que estaban lejos de el, y ese indició llego, empezó a divisarse vegetación hacía adelante, habían llegado al Espeso Bosque, cuyos arboles rozaban las nubes y su vegetación era tan espesa que gigantes podrían perderse en ella. Aunque pocos rayos de luz dejaban pasar tanta vegetación y solía ser lúgubre, aunque allí había pocas posibilidades de que el centauro los encontrara de nuevo.

    Allí enterraron el cuerpo de Detion, un verdadero caballero, que dio su vida por salvar a una damisela, dejando el listón bien alto, más que por amor sus motivos fueron otros, la supervivencia de la raza humana. Ella era la ultima mujer, la ultima que podría fecundar niños para un futuro. Al mismo tiempo la relación de Sylenia y Sicéo se perdió como gota en el mar, la cobardía de este le había arrebatado de las manos lo que mas quería, y haría todo lo posible en sus manos para tenerla de nuevo. El grupo había perdido su primer miembro, pero no sería el ultimo.

    ****

    Deberían atravesar el Espeso Bosque para llegar a la entrada de las Cuevas Grisáceas, este camino sería más corto, pero capaz de hacer temer hasta el más valiente de los hombres. Se oían aullidos de lobos, el rozar de las hojas entre sí y el aire al pasar por las grietas de los arboles producía un sonido similar a un susurro. Estaba plagado de ruinas, de pequeños poblados humanos, de los primeros, construidos con piedra ya destrozada. Todas estas muertes fueron un misterio para todos, de la noche a la mañana se encontraron cientos de cadáveres, pero esa noche no se había oído ni un grito.


    Esto me lleva ha hablar sobre la tercera bestia, La Sombra. No tiene una forma fija, puede adaptar la forma que quiera y más poderosa será según más sombra haya, mientras más oscuro sea el ambiente, formas más grandes podrá tomar. Muchos creen que fue esta bestia quien destrozo los poblados del Espeso Bosque, otros dicen que fueron envenenados por otra gran resistencia, aunque no andaré por las ramas en este tema, pues es más interesante contaros que paso durante el viaje del Espeso Bosque, al encontrarse con la tercera bestia.

    Hacía ya tiempo que les seguía, pero entre tanta oscuridad no se dejo ver ni una vez, y nuestros aventuraros tenían sus cabezas en otras cosas, la muerte de Detion, el amor entre otras cosas. Fue una noche mientras todos descansaban en un claro, bajo los ronquidos de Kentor que la bestia se dejo ver, cogió forma de lince con grandes colmillos y se acerco a Sylenia para matarla silenciosamente, le ato con unas cuerdas creadas por más sombras, pero para la sorpresa de este, Sicéo estaba despierto mirando el rostro de su perdida amada, y rápido levanto con el estoque en alto, para luchar y defender su honor, demostrando que el no era ningún cobarde.

    La Sombra tomo la misma forma que Sicéo tenía, y comenzó una pelea entre ellos, no dejaban de chocar el estoque de Sicéo con el estoque hecho con sombras de la bestia, Nyre se despertó por el escándalo y rápido lanzó una bola ígnea contra la bestia, consiguió deshacerse de ella, pero solo durante unos segundos antes de que apareciera tras el, y en forma de cuerda le atara contra uno de los troncos bruscamente, su bastón cedió de sus manos a donde no podía cogerlo. La Sombra volvió a coger la forma de Sicéo para continuar con aquella batalla, Sicéo comenzó a recibir estocadas que desgarraban su piel, y una de las veces grito por el dolor.

    ****

    Fue entonces cuando Kentor despertó de su sueño, pues estaba acostumbrado a dormir entre gritos y golpes, abrió levemente los ojos sin sobresaltarse y miro la escena, vio como Nyre estaba atado sin su bastón y rápido salto, se puso de pie y corrió hacía el baston. La sombra se despisto al ver que Kentor había despertado y recibió una estocada de Sicéo, en un acto rápido y frívolo desgarro el cuello de Sicéo, tras eso comenzó a lanzar Sombras con forma de piedras contra Kentor, pero este consiguió acceder al bastón y pasárselo a Nyre, quien susurro un hechizo que hizo que su bastón iluminara todo el Espeso Bosque, consiguiendo que la bestia desapareciera, a la vez que desaparecían las cuerdas que les atrapaban.

    Pero la herida de Sicéo no desapareció y tras pocos segundos termino de desangrarse.

    Sylenia-¡Sicéo! ¡Despierta! ¡Vamos!- Decía mientras lloraba y agitaba su cuerpo desolada, el amor que sentía hacia el no había desaparecido.

    Nyre- ¡Callad y corred!¡No podré mantener el hechizo eternamente!- Gritaba mientras respiraba con fuerza, el hechizo era muy potente incluso para el.

    Kentor- ¡Al final siempre terminamos igual! Corriendo, y yo con un cuerpo encima.- Cogió este a la fuerza a Sylenia y comenzó a correr con ella encima.

    Tras rato corriendo por fin podían ver la entrada a las Cuevas Grisáceas, Nyre no podía aguantar más y dejo de iluminar con su hechizo el Espeso bosque, parecía que ya estaban a salvo de nuevo, pero se olvidaron que La Sombra les perseguía y una vez de nuevo la oscuridad, recuperaría su poder, a pocos metros de la entrada a las Cuevas Grisáceas sombra cogió forma de flecha y se lanzo contra Kentor, pero al llevar este encima a Sylenia ella fue la herida, Kentor como un superviviente que es sabía que si quería llegar vivo tenía que soltarla y así lo hizo.

    Nyre y Kentor habían llegado a la entrada de las Cuevas Grisáceas, Sylenia para entonces ya debería estar muerta, y La Sombra dentro de las cuevas no podría hacer ya nada, pues la oscuridad del ambiente era tan espesa que sus formas allí eran incontrolable. Estuvieron andando durante horas, más perdidos no podían estar, pues todo estaba lleno de pasadizos, cuando de repente, girando hacía uno de ellos se toparon con la sexta bestia, el Ogro Vereor. Esta bestia era un ogro de grandes proporciones, vestido con telas andrajosas y sucias, portando en uno de sus brazos un garrote. Tanto Nyre como Kentor sabían que no podrían enfrentarse con el en un sitio tan pequeño como lo eran los pasadizos. Kentor mostró una pícara sonrisa en la cara, miro a Nyre, miro al ogro y dijo: "Parece que aquí nos separamos viejo, a llegado mi hora" tras decirlo se desato de la espalda sus dos hachas y se lanzo contra el Ogro. Nyre corrió apoyado en su bastón en busca de las Mazmorras Blancas, todo dependía de el.

    ****

    Nyre entre fuertes respiros y el agotamiento vivamente en su rostro estaba postrado ante los barrotes de plata de las Mazmorras Blancas, los libros y las leyendas se habían quedado cortas al describir la belleza de esta, mas era difícil e incluso imposible diría yo de describirla, sus blancas paredes contorneadas con siluetas tribales en oro, y el agua de sus fuentes eran totalmente cristalinas y transparentes, pero en concreto destacaba una pared. En los extremos de esta había dos puertas y entre ellas había un texto escrito en oro, con una letra perfecta y hermosa que decía así:

    Querido viajero, nosotros los dioses te damos la enhorabuena por haber llegado hasta aquí, un duro viaje ha tenido que ser, pues os habréis tenido que enfrentar a una gran cantidad de bestias, y antes de que escojáis una decisión que os haré tomar os contare el porque de las bestias. El mundo lleno de ruinas que me temo que ahora conoceréis no siempre fue así, en antaño fue un mundo fértil donde la tranquilidad y la paz reinaba, nosotros, los dioses, decidimos añadir vida a esta para aumentar la belleza de nuestra creación, pero las cosas no salieron como queríamos y comenzaron a sembrar caos y dolor entre ellas. Tuvimos que tomar una decisión importante y fue dejando este destrozado mundo a vuestra merced, si estáis aquí todo salió tal y como nos temimos y tu raza se encuentra al borde de la extinción, al igual que se vieron las razas de las bestias que vosotros conocéis. Ellas también viajaron sobreviviendo a las otras bestias hasta llegar un solo espécimen de ella aquí, y les dimos dos opciones que ahora también te las daremos a ti. Entrad en la puerta izquierda y obtendréis la inmortalidad y una gran cantidad de fuerza, entrad en la puerta derecha y resucitaremos a vuestros compañeros de viaje, aunque no os prometo que sobreviváis, vos decidís el destino.

    Nyre se acerco lentamente a la puerta izquierda con total tranquilidad y confianza, extendió el brazo acercando su mano al pomo dorado de esta, pero segundos antes de llegar a abrirla la soltó y decididamente se dirigió a la puerta derecha, la abrió con toda la decisión del mundo y grandes rayos de luz salieron al exterior, uno de ellos pareció entrar directamente en su cuerpo, haciendo que su cuerpo levitara mientras que otros cuatro rayos de luz se fueron fuera de la mazmorra, dos de ellos llegaron hasta el Espeso Bosque resucitando a Sicéo y Detion, otro resucito a Sylenia y el restante llego hasta el cuerpo de Kentor y lo resucito.

    Una voz se escucho por toda la tierra y decía así: "Felicidades viajeros, es la primera vez que una de las razas toma una decisión tan noble, y gracias a esa decisión hemos sido liberados de nuestra celda con el motivo de que aún hay un motivo por el que luchar, ahora todos vosotros os daremos seréis los encargados de volver a poblar la raza humana y atrapar a las Bestias de nuevo para traer la paz a este mundo, aunque recordar no atraparlas a todos, porque entre vosotros tenéis a la octava bestia, la que os defenderá de las demás ahora que se le entrego un gran poder"

    Los rayos de luz como manos los reunieron a todos de nuevo en la salida de las Cuevas Grisáceas, todos tenían el mismo aspecto exceptuando a Nyre, quien había recuperado un rostro joven, y a quien se le había dado la inmortalidad por la honesta decisión que tomo, todos nuestros aventureros sonreían orgullosos, lo habían conseguido, Kentor miro al cielo con cierta gracia y grito: "
    ¡Es hora de luchar!" aquel grito sonó en todos los lugares del planeta, era hora de recuperar la paz.



    Fin.

    Escrito y redactado por: Christian Morales Mata[HojaNegra]

    // Mi historia es totalmente inventada, sin alusión a nada, que es como mejor me manejo.

    Última edición por HojaNegra; 09/01/2012 a las 17:38

  4. #4
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    Documento Re: [Navidad] Concurso de Historias

    El Khaz’Môr, la Montaña Oscura







    ntes de la Guerra de los Tres Martillos, los enanos, una raza pequeña pero fuerte y trabajadores estaban bajo un mismo Rey, el poderoso Rey Anvilmar. Todos los clanes enanos estaban bajo su liderazgo, todos obedecían al mismo Rey.

    El senado oyó a un enano que explicaba los sucesos en una aldea enana, que vivían en una montaña situada entre Elwynn y Dun Morogh. El Thane de aquella aldea estaba muy raro, extraño y diferente. El senado compuesto por los diversos clanes enanos, decidió enviar a tres grupos de los diferentes clanes.


    Alférez Barius Barbadura del Clan Barbabronce, de la segunda división de fusileros.

    Alférez Garlius Plumablanca del Clan Martillo Salvaje, de la tercera división de jinetes de la tormenta.

    Alférez Mormis Trenzasnegra del Clan Hierro Negro, de la quinta división de infantería pesada.



    Los tres se despidieron de sus familias y se dirigieron hacía su misión.

    Los tres grupos se encaminaron por los peligros caminos de Tierras Inhospitas hasta llegar a la aldea que la habían construido dentro de la montaña. No fueron bien recibidos, sus habitantes les echaban miradas fáciles de expresar lo que pensaban. Los tres enanos estuvieron descansando en la posada de la aldea. Al día siguiente habían recibido malas noticias de que algún soldado había desaparecido, no sé sabia el porqué pero era una buena razón para investigar más el asunto de los sucesos en esta aldea.

    Reunieron a los tres grupos enanos, fueron en parejas investigando el poblado, escuchando rumores y descubriendo pequeños detalles de la aldea. Garlius Plumablanca decidió ver al Thane Derois Dûr y fue hacía allí a hablar. El consejero hablo con el alférez diciéndole que no estaba dispuesto a hablar ya que está enfermo, el martillo salvaje quería verle igualmente pero el consejero se lo impidió con palabras y Garlius enfadado se marchó.

    El Hierro Negro marchó con varios de su grupo picando en las casas de los aldeanos, preguntando sobre rumores, extraños sucesos y lo necesario para poner entre rejas al Thane. Un aldeano abrió la puerta de su casa, salió y miro a los alrededores después dejó pasar al hierro negro dentro. Comenzó una conversación en el cual el Hierro negro quería saber todo lo que sabía, el aldeano comento que el Thane Derois Dûr estaba haciendo rituales a unos nuevos dioses, se había encontrado con desapariciones de enanos, sus vecinos por ejemplo estaban desaparecidos, decían, los demás aldeanos, que se habían ido de viaje y desde aquel momento no volvieron. El Alférez Mormis le comento al aldeano que necesitaba a más personas que pudieran dar más información sobre el Thane y los sucesos extraños, el aldeano le dijo, que en frente de su casa había una anciana que le podía comentar más que lo que decía él.

    El hierro negro sin agradecerlo, se marchó de la casa y fue hacía la otra casa, la anciana le abrió y le dejo pasar, era una anciana ya en el borde de marchar al mundo de Khaz’Goroth. El hierro negro le pregunto sobre el Thane y los sucesos extraños, la anciana comenzó a comentar sobre que el Thane Derois Dûr, de que hacia rituales oscuros a dioses que desconocemos nosotros, los enanos. Decía también que estos rituales necesitaban sacrificios y por supuesto desaparecían enanos, el fiel compañero del Thane, el llamado El Consejero, no tenia nombre, solamente le llamaban así porque era él el que le aconsejaba sobre asuntos del poblado, economía, juicios y todos los consejos necesarios para el Thane pudiera decidir correctamente. El hierro negro ya tenía suficiente y se marchó, no agradeció tampoco a la anciana como es de costumbre en el hierro negro.

    En cambio el Alférez Barius Barbadura pregunto a otros aldeanos, tenían niños y cerraban las puertas al pasar el alférez, sus rostros mostraban el miedo, estaban manipulados por el terror y la oscuridad, moldeados a la merced del Thane, títeres de este. El barbabronce estuvo buscando aldeanos que pudieran hablar, pero llego a una casa decente y la puerta estaba abierta, el enano entro y vio el aldeano queriendo suicidarse pero el barbabronce se lo impidió. El aldeano tenía una piel pálida, con un rostro de miedoso y poca barba cortada recientemente. El alférez pregunto al aldeano porque se quería suicidar, le dijo el aldeano que si no lo hacía él lo harían ellos, siguió hablando e interrogado. Comento que era un criado del Thane y estaba bien, pero al venir el Consejero la aldea y el Thane comenzó a cambiar. El barbabronce agradeció al aldeano dándole algo de dinero para que se escondiera hasta nuevo aviso, seguramente que lo necesitara para juzgar al Thane y al famoso consejero.

    Habían pasado días y días, Mormis encontró testigos que decían que el Thane Derois Dûr estaba haciendo rituales a unos nuevos dioses oscuros, que habían ocurrido varios sucesos increíblemente extraño y que tenían miedo, además de desapariciones. El enano Barius descubrió que cuando llego el consejero, el thane empezó a volverse extraño y la aldea incluida. Los tres grupos enanos al tener tantas sospechas fueron a visitar al consejero pidiéndole explicaciones a todo ello. Entraron a la fortaleza y empezó la discusión con el consejero, poco después el consejero gritó.

    - ¡Encerradlos! -lo dice en voz alta, gritando-

    Hubo una batalla dentro de la fortaleza, que no se lo esperaban, la guardia personal del Thane ataco a los enanos en un ataque sorpresa hacía ellos. Los enanos intentaron defenderse pero mataron a muchos en la emboscada. Entonces los tres enanos fueron encerrados. En la cárcel de la fortaleza tuvieron muchas conversaciones, estuvieron días y días en la cárcel, intentaban planear para escaparse de la cárcel pero no podían, necesitaban ayuda. El consejero visito a los tres enanos diciéndole que su Rey, el Rey Anvilmar había muerto y que el senado se habían olvidado de ellos por la preocupación del Reino enano. Al recibir aquellas malas noticias estuvieron un buen tiempo hablando dentro de la cárcel y alguna disputa entre los tres al ser de diferentes clanes, pero en su situación no podía tener discusiones y ser hostiles entre ellos, tenían que salir de allí. Un testigo, el criado, ayudo a liberar a los tres enanos, pero el consejero se dio cuenta y aviso a la guardia personal del Thane, los guardianes de la fortaleza. Los tres enanos liberados por el criado, mataron a los vigilantes que guardaban sus equipajes y se los pusieron, después se dirigíeron en busca del Thane Derois Dûr, el criado enseño un pasadizo en el cual entraba muchas veces el consejero, los tres enanos entraron con el criado dentro.

    Los tres enanos con el criado, fueron por el pasadizo hasta llegar un pequeño lago donde estaba con ramas oscuras que parecían tentáculos, rocas marrones con musgo, huesos de animales y de enanos, armaduras abandonadas y oxidadas. En frente estaba un enano de espaldas rezando a una roca en forma de pulpo, después el enano se gira y mostro su rostro y su piel pálida, la armadura oscura y los ojos negros, empezó a hablar a sus invitados.

    - Os adentráis al templo de mi amo, el creador de Azeroth, el creador de los titanes, el creador de todos nosotros –dice con una voz oscura y baja-

    Empezó a conjurar con su martillo lanzando una bola sombría hacía el criado acabando con su vida, los tres enanos se abalanzaron contra él luchando contra un mismo enemigo. El thane y su poder oscuro podían contra ellos tres, su armadura oscura de un material extraño era irrompible, era como si se tratara de luchar contra un titan. Los enanos intentando vencer al enemigo, no podían hacer nada, el Thane creció su tamaño y resistía los ataques de los enanos riéndose en forma de málvado y sonora haciendo eco en el lugar, a continuación lanzó destellos oscuros a los tres enanos. A Garlius le impacto un destello y cayó débilmente, cerró los ojos y luego los abrío, cogiendo fuertemente su martillo y concentrándose, el martillo salía chispas y después electricidad, entonces lo lanzó a su enemigo, el martillo rodó y rodó hasta impactar al Thane que este bajo la guardia y el barbabronce se abalanzo contra él lanzando un hachazo en el torso, mientras que el hierro negro impacto su arma en la espalda del enemigo. Los dos enanos ayudaron a Garlius mientras se echaban comentarios graciosos, como camaradas de armas en ese mismo instante, pero sus momentos de felicidad acabo. El Thane Derois Dûr se levanto de nuevo y río haciendo eco por el lugar que hacia atemorizar los corazones de los enanos, sorprendidos y asustados avanzaron del lugar buscando la salida y sin probabilidades de vencer a su enemigo.

    Los tres enanos avanzaron juntos, como no pudieron vencer tuvieron que escapar, pero fueron acorralados por el consejero. El consejero se empezó a reír, pero Barius gritó después de disparar contra el consejero.

    - ¡Corred! –dice Barius gritando-

    El consejero recibió este disparo y los tres enanos pudieron huir hasta la salida de la aldea, pero no había acabado aun. Los tres enanos estaban en la entrada y Garlius silbando para llamar a su grifo que no venía, imagino que la habían matado igual que a los otros enanos, detrás de una roca salió un brujo que tenía una especie de diamante oscuro, el brujo hierro negro decía que este diamante oscuro podría sellar esta puerta de la aldea para siempre, Mormis y los demás decidieron que sería lo mejor así que el brujo hizo el ritual, aunque no les gustara la brujería a los barbabronce ni a los martillo salvaje tuvieron que hacerlo para que hubiera paz, ya que era una fuerza imposible de derrotar. El consejero vino con los guardias a la entrada, hasta la entrada, pero la puerta se empezó a sellar, el consejero antes de que la cerraran lanzó una especie de maldición en el cual los tres enanos se quedaron como estatuas. El brujo pudo sellar la puerta pero el diamante absorbió el alma del brujo y se unieron al sello de la entrada de la aldea. La entrada de la aldea se mostro unos escritos enanico que en lengua común significa:

    ''Las puertas de Khaz’Môr, Montaña Oscura, habla enemigo y entra''

    Décadas después del acontecimiento de Khaz’Môr, solo supieron que era una leyenda falsa puesto que la entrada había sido enterrada de musgo y polvo. Incluso las tres estatuas estaban de la misma forma, con polvo y musgo.




    Garlius Plumablanca: Abuelo de Gaerl
    Mormis Trenzasnegra: Compañero de Garlius en la misión de Khaz'Môr
    Barius Barbadura: Compañero de Mormis y de Garlius en la misión de Khaz'Môr
    El Thane Derois Dûr: Thane de Khaz'Môr, ser oscuro y málvado siervo de dioses desconocidos.
    El Consejero: Fiel servidor del Thane Derois Dûr, también un ser málvado y desconocido.

  5. #5
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    The Dusk of the Sunrise


    (El crepúsculo del Solnaciente)


    Felicidad señora de caprichos y manías
    Señora de bellos momentos y horribles finales
    De delirios y realidades
    De horrendos y hermosos momentos
    De cruento y terrible final


    - Midnight




    El bosque se veía hermoso aquel día, los mágicos reinos de Quel'Thalas brillan con todo su esplendor, a pesar de que las batallas, los orcos y los trolls habia sembrado terror en los territorios sureños del reino, doradas eran las hojas de los arboles testigos del crepúsculo de una vida que transcurrió veloz entre juegos y susurros del destino, de alegría y tristeza, de tenencia y perdida, de todo a la nada y de la vida a la muerte. Una vida bien vivida diría yo, su único dueño y señor, señor que decidió aceptar los caprichos de un destino, una vida bien gastada, bien ofertada para el perdón de mi legado.

    Las lagrimas del verdugo limpiaban su culpa y pena, el arma homicida brillaba con el esplendor de su nombre, Sunrise, el amanecer de un día mejor, el destino habia elegido a su portador, su verdadero señor quedaba marcado con la muerte del ultimo que cargaba el tan antiguo legado de sangre y traición, un nuevo comienzo a manos de un sacrificio ofrecido a las deidades ocultas tras el misterio de nuestra creación, cuyos nombres ofendimos aquel oscuro día en que mis ante pasados forjaron un arma a base de sangre y traición. En paz descansaría sabiendo que la espada y mi legado podía ser libre ahora.
    Mi ultimo aliento, mis ultimas palabras, mi ultimo deseo, fue enseñar, a mi único alumno y hermano la ultima lección de mi vida...



    - No temas al amor - dijo el elfo mientras el aliento de su vida escapaba por cada poro de su blanco y herido cuerpo.

    ... Un ultimo abrazo, una despedida que esperaba durara lo suficiente para que aquel mi amigo y hermano pudiera aprender en su alma lo que necesitaría para afrontar lo que yo ahora afronto, mi hora mas oscura, mi hora final.


    ¿Que seria de él sin mi?, me pregunte en uno de mis últimos segundos, y enseguida, como si de magia se tratare, recordé, cada pequeño detalle, cada antiguo momento en que estuve a su lado, intencionalmente o no, enseñándole a seguir sus sueños, enseñándole a encontrarlos, enseñándole a que si quiere algo, el saber que puede conseguirlo es la mayor y la mas poderosa de las armas, recordé nuestro primer encuentro durante aquellos efímeros últimos minutos de mi vida...


    - ¿Cual es tu nombre chico? - pregunto el teniente Sunrise.


    - ¿¡Chico!? Si casi tenemos la misma edad - Refunfuño el desaliñado elfo.


    - Deberías aprender a respetar a tus superiores - gruñó -

    - Ahora calla, dime tu nombre y a correr hasta que caiga el sol soldado. -

    - Midnight, enseguida señor - dijo firme y obediente.



    Nuestro primer encuentro no fue demasiado amistoso , pero fue un buen inicio... nuestro tiempo juntos le hizo aprender sobre la vida, sobre si mismo, y a mi también, me enseño tanto creyendo que hacia poco... el era la viva imagen de mi juventud, perdido, sin esperanza ni fortaleza, renegando de su pasado... Oh padre, me pregunto si alguna vez me habrás perdonado todo el mal que te hice... me habrás perdonado el haber renegado de mi legado... un legado tan oscuro...


    "Fueron tres grandes hermanos fundaron la que famosa seria en tiempos de la alianza, familia Sunrise, nobles y poderosos elfos, darían inicio a el legado y la leyenda con la forja de un arma, un arma que, como su propio nombre indicaba, marcaría el amanecer de un nuevo día, un día mas brillante, para ellos y el pueblo. Mas serian la avaricia, la traición y la sangre los verdaderos protagonistas de aquella leyenda cuyas bien ávidas intenciones formaron el oscuro remolino de traición y engaños que cubrieron a todo el legado durante las generaciones siguientes, hasta el día en que naciera aquel que enmendara el mal por el bien, la traición por al infinita e incondicional lealtad, aquel quien fuera leal y trajera la salvación a quien seria el portador de su perdición."

    Nunca logre saber exactamente el porque, padre, pero desde que me contaste nuestra historia, desde que confiaste en mi para ser tu sucesor, supe en mi corazón que ese, el que salvaría el alma de las generaciones de nuestro legado era yo. Perdóname mi querido padre, pero sabia que algún día, ese que traería mi perdición vendría a mi, perdóname por ocultarte mi destino y huir lejos de casa, lejos de ti, perdona mis ocultos intento de protegerte del dolor y del odio insensato hacia ese ser.

    Perdóname e
    l haber dejado madre y a ti... lo lamento tanto... ahora en el final de mis tiempos me arrepiento y me disculpo, aunque no puedan escucharme... aunque no pueda despedirme... solo quería protegerlos, a ustedes y a aquel a quien yo acepte como mi hermano y enseñe el conocimiento y las formas de los que saben soñar, de los que saben luchar, de aquellos que no se rinden y luchan con honor hasta el final, de aquellos que sacrifican su vida por el honor, por el legado, por la familia y por los suyos. Aquel a quien lentamente pase todo lo que yo nunca seria, todo lo que sabia se perdería de otra forma con mi muerte. Aquel elfo al que herede mi legado con la esperanza de que algún día, se convirtiera en un gran héroe.

    Le encontré padre, le encontré como yo cuando deje la seguridad de nuestro hogar, le encontré perdido y temeroso en un mundo que no conocía. Débil y solo, pero lleno de voluntad, lleno de ese deseo de ser mejor, de querer ser algo, tenia una razón, una motivación, una persona a la que habia dejado, quería hacerse fuerte para volver con ella, y poder cuidarle como nunca pudo. Yo solo le di algo mas, solo lo que yo tenia, un
    empujón, lo necesario para que creyera en si mismo, como yo creí en que seria el salvador de nuestro nombre y honor, y una meta, un sueño, una razón mas grande que si mismo, mas grande que una sola persona, como yo busque salvar a mis hermanos y hermanas del tormento, el buscaría el salvarlos del suyo propio, tenia un pasado marcado por el dolor y la soledad, quizá suene mal, quizá suene demasiado inmoral pero no creo que les decepcione aquello que nunca escucharan, su sufrimiento, su triste historia me alegro, en aquel momento en el que por primera vez lo llame mi amigo, supe que seria el quien acabaría con mi vida, supe que seria el, a quien debía enseñar.

    Quizás algún día le conozcas padre, y te des cuenta de toda la verdad, quizás entonces, seas capaz de perdonar a esta vieja y profunda alma que nació dentro de tu hijo, quizá entonces comprendas lo mucho que me dolió no seguir tu camino ni el de mis pasados, quizás entiendas porque creí entonces que la magia no era el camino para la verdadera redención, sino la humildad y nobleza, la propia naturaleza esperada del arma forjada con sangre y traición.

    El se convirtió en mas que un amigo con el tiempo, se convirtió en parte de mi familia, como tu y yo, se convirtió en un Sunrise. A pesar de que en sus venas no corriera la misma sangre que en las mías, se convirtió en mi hermano, nos convertimos en aprendiz y maestro, intercambiando roles cada día. El mi opuesto y yo el suyo, nos enseñamos lo que necesitábamos, yo le di aquello que el buscaba y necesitaba para comenzar a vivir una verdadera existencia, con un sueño y objetivo, y el a mi, aquello que me hacia falta para aceptar por fin y verdaderamente mi destino, su voluntad, su fuerza y su pasión me dieron la fortaleza necesaria para que en el momento que llego hace unos minutos, supiera aceptar con brazos abiertos y una sonrisa en el rostro la oscuridad que ahora comienza a cobijar mi alma, arropando la mente y removiendo el dolor, aquella sombra que me traerá la paz en breves.



    "¿Porque eres amable conmigo, incluso antes de conocerme?-

    - Por que estabas perdido amigo mio, y es mi sueño guiar a los perdidos,
    corregir a los equivocados, ser un ejemplo, como esos paladines,
    de los que tanto hablan los humanos, una guía para nuestra raza.-


    - Creo que te equivocaste de profesión, debiste ser mago -

    - Nunca se me dio bien la magia, yo prefiero las espadas -"



    Gracias a el hoy, en el lecho de mi final, sonrío y lloro, mientra sangro por su propia mano y por el filo de mi espada. Yo mismo le mostré como usar el arma que supe algún día portaría con orgullo. La misma que ahora de muerte me hiere, le salvara incontables veces a el, le hará invencible cuando el momento llegue y perdurara como su alma infinita el día de su muerte en la mente de aquellos que como yo hayan aprendido a quererle. Le entre en la profundidad de los bosques, donde viejos espíritus de nuestros antepasados nos prestan y untan de su filosófica sabiduría y la naturaleza es testigo del progreso interior de un alma antes perdida en el inmenso vació en que una vida puede llegar a convertirse. En cruentas batallas le enseñe lo que tu a mi en la calidez de nuestro hogar padre, respeto, perseverancia, paciencia, sacrificio. Le enseñe como una vida no valía mas que otra y como todas eran mas importantes que la propia...

    Llegue a ser teniente de la guardia como prometí el día en que salí de casa, mi esfuerzo, mi devoción y la legalidad de mis estrategias me hicieron ganar un gran puesto y hacer honor a mi y a ti padre, hoy muero en manos del enemigo, pero muero por dar una oportunidad a aquellos que de los cuyas vidas soy responsable, muero en nombre de sus vidas, sacrificando la mía para que mi tropa pueda ver la luz de un nuevo amanecer y luchar con fiereza un día mas, defender el honor y la vida del reino un día mas.


    Bárbaros y cruentos guerreros de piel verde se enfrentan contra nosotros, la vía de la lucha era la única diplomasia que conocían los feroces e insanos monstruos que vinieron por nuestras vidas. No se que hicimos en el pasado, ni que mas haremos en el futuro, pero si es este nuestro castigo, lucharemos contra el con toda nuestras fuerzas, con nuestro corazón y empeño, como siempre lo hemos hecho.

    Una vida a cambio de otra, fue lo que el destino pidió padre. Hoy las lagrimas de un hermano siento caer sobre mi cada vez mas fría piel, su furia, su rabia y su sed de justicia crecen en su corazón. Fortalecen su espíritu, el espíritu de un héroe, crece, hazte mas fuerte, y grita tan fuerte que hasta los muertos podamos escuchar aquel gran llamado a las armas, aquel gran grito de guerra que ahora te escucho exclamar mientras alzas la espada y clamas justicia en nombre de nuestro reino...

    La oscuridad cubre mi alma, cubre mi mente y me entrego al tan esperado descanso mientras escucho una vez mas aquel grito...


    - ¡Por Quel'Thalas! -



    Aliméntate
    de lo que no sabes
    Aliméntate de tus dudas
    Vive tu vida sin saber lo que pasara el dia siguiente
    Vive sin saber como acabaras amando a quien te llevara a lo mas profundo del abismo
    Vive, vive mientras yo muero
    Ese es mi deseo, ese es mi destino.
    - Ilion Sunrise.



    "Renegados, Renegados Everywhere"

  6. #6
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    Shonnor, el León:

    Capítulo I:Strom, el comienzo.
    (De Sangre Guerrera, De Humildes Orígenes)




    Las guerras constantes por proteger el reino de Strom, o lo que quedaba ya de el eran violentas en sus fronteras.


    - ¡somos hombres de Strom, camaradas!... ¡esos malditos Trolls no pasarán sobre nosotros jamás!- los comandantes con el rojo sangre en sus tabardos organizaban la defensa de los hombres de Strom… vestigios de un imperio y raza guerrera que no estaría dispuesto a caer jamás.
    Los gritos clamando la sangre de los humanos se escuchaban en los bosques, mientras que su comandante levantó el escudo con el puño de hierro cerrado y su fondo rojo Stromgardeano.
    - ¡AHU! ¡STROM!-
    - ¡AHU, AHU, AHU!-

    El versado comandante se colocó su yelmo y se puso delante de sus hombres, justamente al levantar su escudo, los hombres hicieron igual… eran una raza guerrera, una raza en la que la guerra les corría por la sangre… los hombres de Strom, los mejores guerreros de la humanidad y de todo Azeroth.

    Los gritos cesaron por un segundo, mientras que los aguerridos soldados hacían frente en las llanuras que lindaban con los bosques, frente a frente, con honor… por un momento todo callaba, hasta que el aire comenzó a ser cortado y algunos de los valientes rojos del norte caían asesinados.
    - ¡HACHAS!- gritaron, mientras los comandantes hacían levantar los escudos a sus hombres… hachas lanzadas desde metros caían como lluvia sobre ellos… pero aquellos guerreros, no retrocedieron ni un ápice, la valentía, el patriotismo y el arrojo de todos ellos lo impedían.
    Tras aquella lluvia, aquellas bestias salieron de los árboles de los bosques que lindaban con Arathi. Los hombres se mantuvieron firmes ante su ataque, aquellas bestias asquerosas no iban a poder contra ellos.
    - ¡POR STROM!-
    El grito ensordecedor de los hombres de Strom podía helar hasta los huesos… el choque de ambas masas se hizo inminente. La espada chocaba contra la carne, el hacha contra los escudos… mientras más de esos desgraciados llegaban, más era el arrojo y el empuje. Muchos de aquellos soldados cayeron en los avances de los trolls, que sin duda eran enemigos duros de matar, pero no valían ni un mínimo de lo que valía un guerrero de Strom, los últimos hijos de Arathor.
    En dos ocasiones se vieron obligados a retroceder, pero aquello no evitaba que los trolls por cada ápice de terreno que tomaban a los fieros guerreros perdieran decenas y decenas de los suyos.
    Cada segundo que pasaba era una barbarie en cuestiones de carne y mutilaciones y lejos de apaciguarse, se atenuaba el dolor y la miseria del combate.








    - ¡malditos sean estos desgraciados!- midhorn golpeaba con su escudo el rostro de uno de sus enemigos, mientras levantaba la espada para ensartarle por el cuello el acero-
    ¡Shonnor, conmigo!-
    - ¡a tu lado, Mid!- los jóvenes soldados, corrieron con violencia separándose de la fila de los hombres de Strom, mientras su comandante les maldecía por desobedecer las órdenes.
    Ellos eran rebeldes, campiranos y malhablados, la vida del ejército era lo que se pensaba los haría cambiar, pero enviados a las fronteras con ansias de aventura, ansias de riqueza y de glorias, además de una muy notada rebeldía les hacían ser como eran y no obedecer las órdenes.

    El dúo se adelantó y corrió, casi coordinados comenzaron a acabar con los trolls que se acercaban a ellos… ambos espalda con espalda, mientras que uno esquivaba las hachas agachándose el otro colocaba el escudo en esa dirección, para luego el arrodillado atravesar al enemigo de su contrincante de espaldas… ambos corrieron tras eso, uno se arrodilló para que el otro tomase impulso con la espalda de su compañero y saltase con valentía y decapitase a uno de los trolls…. Cayó de pie, como no, y el joven se adelantó por delante de su camarada… bloqueó un hacha más, otra, otra y ¡una más!, para luego atravesar al primero, golpear con su escudo y tirar al suelo a un segundo, posando su pie en su cuello para inmovilizarlo, parando el ataque mortal de un tercero con el prominente escudo de Strom y con este mismo tirándole al suelo atravesando al inmovilizado en el pecho y posando ahora el pié en el recién derribado, para batirse en un mortal baile de hojas de acero con el cuarto… uno con hacha y el otro a tizona, batiéndose hasta la muerte. Su compañero desde atrás sonreía, mientras jadeaba un poco observando el talento descomunal de Hermano y compañero de travesuras de la niñez…
    El no era tan talentoso, puesto sus armas habían sido siempre el choque y la rudeza de los martillos, pero como soldado de Strom debía batirse en las levas de infantería como rodelero.
    Corrió para ayudar, claro que no le faltaban agallas y conocimiento de la lucha a espada y escudo, por lo que apoyó a su amigo con aquél cuarto trol, mientras que su talentoso y agradecido camarada acababa con el que aún vivía en el suelo.

    -¿Cuántos contaste?-
    - joder… unos ¿veinte?-
    - ¿tan pocos?... me cago en todo, Shonnor, tienes que mejorar- sonreía Midhorn mientras jadeaba a la par de su compañero… no querían voltear por su comandante, por lo que vieron el horror de la guerra cara a cara. Los rugidos se escucharon por los bosques. Claramente los comandantes sabían lo que hacían y dos muchachos imberbes e ilusos como ellos jamás ganarían a la experiencia y presteza de los oficiales, pero al fin y al cabo, la juventud hacía soberbios a los hombres y la soberbia testarudos a estos por consecuencia, provocando que el desastre fuese inminente.
    Los trolls atacaron con los raptores que tanto entrenaban con premura. Si los hombres andaban a caballo ¡vaya que ellos también montaban sobre las bestias!

    Ambos fueron arrollados por una de esas bestias escamosas, mancándolos a ambos a diferentes lados de la contienda. El joven Shonnor, pudo levantarse y tomar nervioso ante tal bestialidad echa escamas y colmillos su espada, pero solo para observar el horror… aquél raptor devoraba las carnes de su hermano compañero de armas y desventuras, mientras que este gemía y chillaba de dolor, clamando ayuda desesperada… tembló por un momento perdido sin saber qué hacer, los trolls con aquellas bestias estaban tomando el control de la batalla y poco podían hacer los guerreros de Strom… o al menos eso pensaba el muchacho.

    - ¡RETIRADA, SOLDADOS, RETIRADA!- la guerra no perdona a nadie… definitivamente aquellas palabras escuchadas de uno de los veteranos de guerra que conoció en los barrios bajos de Strom eran ciertas. Los hombres dejaron atrás al joven guerrero a su suerte. Los trolls cegados por la sangre y por el deseo de matar al grueso de aquél ejército, no se fijaron en el arrodillado muchacho que lloraba desesperado. Si bien era inmenso, rondando a su joven edad los dos metros y de buena musculatura, apenas llegaba a los dieciséis inviernos y poco más que algunas batallas de entrenamiento y muchísimas peleas de callejones era lo que había visto en su vida. El chico se quitó el yelmo, arrojó a un lado el tabardo y echo pies en polvorosa… corriendo hacia el norte, sin un rumbo fijo.

    ----------- años antes------------

    Una mañana fría y gris había despertado a la matrona del orfanato de los barrios bajos de la ciudad de Strom, que aunque gloriosa por haber sido la antaño capital del imperio Arathor, tenía como toda gran nación, sus carencias y diferencias sociales. La noche anterior había escuchado algo parecido a perros devorar la carroña que la taberna de al lado tiraban en los botes de basura. Pero la vieja matrona no quiso salir debido a que aquella noche, los borrachos concretaban lascivas cópulas en aquél callejón con las damas de compañía que rondaban la zona buscándose y seduciendo a la vida con sus cuerpos.
    Ciertamente, para evitarle problemas innecesarios al orfanato y a los tres o cuatro niños que ahí vivían, prefirió siquiera abrir las ventanas más que solo para darse cuenta de lo que sucedía en el callejón. Aquella mañana quizás por obra de la luz, salió a tirar los desechos de la pobre cena anterior y pudo observar aquello por lo que los perros hacían tanto alboroto… si bien la escena era grotesca, era un milagro quizás que aquello aún estuviese con vida.
    El niño, o lo que parecía ser un niño yacía respirando lentamente y muy quedo en una cesta, bañado en sangre… todo su cuerpo mordisqueado y lastimado por los perros se encontraba, la señora comenzó a llorar ante el horror, puesto habían además restos de otros dos niños en la cesta. Se repudió a sí misma por no haber salido y evitar mayor barbarie. Pensó por un momento que ese pequeñito estaría muerto, pero al levantarlo pudo notar que aún, como milagro de la luz, vivía. Cogió al pequeño entre sus brazos y corrió dentro para asistirle.
    - luz… ¿pero quién podría haber hecho esto?- reprochó entre sollozos, viendo a tal inocente criatura debilitada y al borde de la muerte por las heridas que le habían provocado los animales. Si bien el pequeño estuvo entre la vida y la muerte por muchísimos días, al final se salvó. Pero a un duro precio… su piel inocente había sido castigada de por vida y todo su cuerpo estaba marcado por las bestias que le habían hecho aquello… la señora no pudo hacer más, que agradecer a la luz que ese pequeño estuviese con vida.
    - ay… pequeñito- aquella mujer, corría con la suerte, o mejor dicho, el infante, de que la dama había dado a luz un mes antes a su último hijo, puesto que era ya mayor. Estando en lactancia, pudo amamantar a ese pequeño como suyo, puesto también y por ojo, ella sabía que como máximo un mes de diferencia ambos bebés, el suyo y el abandonado, tenían- el destino ha sido igual de cruel con ambos, a mí dándome los más duros golpes de la vida y a ti, que apenas comienzas tu vida, te ha pasado este trágico percance… ¡tenías hermanitos!- ella no pudo evitar dejar que por sus mejillas bajaran lágrimas de tristeza e impotencia, a la par que daba de mamar sus pechos a ambos infantes- yo voy a adoptarte como mío… tú y Midhorn serán mis hijos ahora- dijo hablando con el bebé, que concentrado se hallaba en recibir la leche materna- y tú… tú te llamarás Shonnor, como mi padre- el bebé, créanlo o no, miró a la mujer en ese momento y separó sus labios del seno… para mostrar sus encías sonriéndole a ella.

    Los años en el orfanato pasaban, mientras que aquella mujer ya madura trataba de cuidar a los más infantes y llevarlos por un camino de bien, en lo que cabía claramente en los bajos mundos de Strom, pero la mala vida estaba alrededor y ella era muy mayor para poder darles una crianza de bien a esos dos muchachos, que mientras más y más crecían, más difícil era controlarles contando la edad que ya caía sobre sus hombros… era imposible, mantenerlos lejos de lo malo.

    Ambos fueron granujas, aprendieron a pelear de manera sucia en las calles y en ocasiones robaban. Las cópulas con mujeres de mala muerte, las constantes noches de emborrachamiento en las tabernas y las incontables peleas en estas eran el pan de cada día de ambos muchachos… y sin su madre sería imposible salir adelante.
    Pero aún así, no eran malvados, sencillamente tenían las juntas equivocadas… y eso cambiaría el día que su madre murió:
    -¿porqué?-
    - la vida… es así- Midhorn había aprendido a ser el mayor y dirigirlo todo desde un principio, mientras que Shonnor, un tanto más inocente no sabía más que llorar desconsolado-
    - ¡no es justo, Mid!-
    - se que no… pero no podemos revertirlo-
    - lamentablemente, su enfermedad era terminal- decía el doctor, que había ido a realizar el diagnóstico del cadáver- seguramente una puta sin oficio-
    - ¡COMO OSA, ESTE HA SIDO NUESTRO HOGAR Y ELLA ERA UNA DAMA DE BIEN!-
    - como digas, chico…- el doctor, iba acompañado de dos guardias del ejército- llevadlos a los cuarteles, ahora pertenecen al estado y corona de Strom… lucharán por la patria-

    Y forzados, fueron llevados a las levas del ejército… donde aprendieron el uso de las armas a la manera de Strom. El joven Midhorn había aprendido las artes de la espada, combinando la malicia de los barrios bajos con agilidad , lo hicieron imbatible entre sus camaradas, mientras que Shonnor, notablemente más alto, luchó con el martillo desde joven por mero gusto. Aún recordaba los duelos en los que él descubrió que el martillo de guerra era el arma predilecta para él. Durante los duelos, a todas armas, estuvo cerca de caer ante uno de sus contrincantes, el joven Rapsodia… versado en muchos estilos de combate, pero justo cuando este iba a cortarle la cara con la lanza estando en el suelo, el joven cogió el primer mango de todas las armas que se hallaban en el suelo y lo blandió hacia el… partiéndole la lanza en dos y levantándose arremetiendo en aquellos duelos contra el, donde le honor se ganaba conjunto el aprendizaje. Se sintió vivo y fue con esa arma con la que se especializó, pero claramente tuvo que aprender por las exigencias al ejército que servía, a utilizar todo tipo de armas.
    Cierto era, que su juventud cambiaría de súbito cuando fueron enviados él y su hermano a la batalla por primera vez…

    ---------------ooo------------------
    El muchacho corrió y corrió hasta que no pudieron darle más las piernas… cayó agonizante del cansancio en las praderas de Arathi. Cansado y jadeante quedó dormido en aquél claro… cuando despertó, notó que sus nervios le habían jugado una mala pasada a tal modo, que había abandonado su puesto. Estaba demasiado lejos ya de las inmediaciones de los puestos fronterizos, no podía volver, puesto la justicia caería sobre él y moriría… si se quedaba ahí, probablemente los Trolls se encargarían de él. Lo único que le ataba a Strom era su hermano ahora muerto y los recuerdos de aquella a la que había llamado madre. No sabía en realidad quienes eran sus padres y la tierra que la había visto nacer le había tratado con dureza y crueldad. Pero había escuchado en la taberna en una de sus noches de locura de las vírgenes tierras del norte, tras la muralla de Thoradin. Era un nuevo comienzo y él era ahora un hombre desterrado… un sin nombre y era una oportunidad de llegar a la gloria. Marcado por la sed de aventuras que tenía siendo un jovenzuelo, tomó aire y se encomendó a la luz sagrada, marchando hacia aquellas tierras para él desconocidas.
    Última edición por sacro; 13/01/2012 a las 22:50




  7. #7
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    Capítulo II:Lordaeron, la Patria Verdadera
    El León.
    (Honor y Luz)
    El viaje fue optimista para el muchacho, el joven apenas contaba con más que una espada, debido a que el escudo y las placas del ejército las había dejado atrás… pasó cuan vil viajero harapiento por las murallas y pisó por primera vez las verdes y frondosas tierras boscosas de Lordaeron. Respiró profundo por un momento y sintió como el olor de los pinos de los bosques inundaba sus pulmones.
    - tierra bendita de olores exquisitos- dijo en baja voz, mientras sonreía admirando el nuevo mundo que le esperaba- que la luz se apiade de mí y mi nuevo destino-
    Ajustó la espada a su cinto y comenzó a andar… esperando que comienzo de su vida en Lordaeron fuese diferente a lo que su pasado había sido para él.

    Y vaya que lo sería.

    Los primeros días, como todo lugar fueron difíciles, puesto era un muchacho sin dinero, acostumbrado a las malas juntas y la mala vida y había jurado empezar desde cero, a tal modo, que dejó enterrado su pasado en Strom olvidando todo aquello o al menos tratando de hacerlo, a lo que había estado atado. Los días pasaban y el hambre aumentaba, mientras soportaba sus demonios del pasado, tratando en no caer en las tentaciones de lo que antes había sido. Pero una mano le tendió la mano, mientras mendigaba en la entrada de la taberna de Costasur.
    - muchacho… tienes pintas de estar sano y tener ganas de trabajar- aquél hombre ataviado de ropas de cuero, le había cedido dos monedas de oro, que fácilmente le darían hospedaje y qué comer durante un mes- ¿no te importaría servir en mi granja?
    - no quiero servir a nada ni a nadie, anciano-
    El anciano sonrió, mientras descolgaba una bolsa del hombro y se acomodaba la misma a un lado- mi nombre es Phillips Landon, Lord de linde hermoso, en los bosques de Argénteos- dijo, mientras dejaba entrever, que a pesar de la edad tenía vigorosidad y fuerza- acabo de ser nombrado noble por servicios al rey Therenas, por lo que me estoy buscando jóvenes con disposición de trabajar… lamentablemente la gente no quiere ni está dispuesta a servir a un lord recién nombrado, pero bueno, ya conseguiré gentes que tengan intenciones afables, poco más puedo hacer entonces si no queréis, muchacho… más que darte mi bendición en la luz- el noble inclinó la cabeza levemente y se dio la vuelta, para ser detenido.
    - espere- dijo Shonnor- ¿cuánto pagará por trabajar para usted?-
    - lo importante ahora, muchacho, es que te asegures una estadía fija y no vivir en la parte trasera de una taberna de un pueblo que probablemente no conozcas, ¿no crees?-
    - ¿cómo sabe que no soy de estas tierras?-
    - llevas una espada forjada en Strom, claros signos de viaje y un aspecto andrajoso y lleno de barro como para deducirlo, chico… en parte te pareces a mí en juventud- dijo, mientras sonreía levemente.
    Shonnor no conocía a ese noble, jamás en su vida le había visto, pero muy en el fondo, sentía seguridad y algo le decía, que era la oportunidad que tanto había esperado.
    -mi nombre es Shonnor-
    - ¿y vuestro apellido?-
    - no tengo, señor-
    - pues vaya chico… un bastardo- dijo reprochador- igualmente servirás en la hacienda, así que por no tener apellido no has de preocuparte- el anciano sonrió levemente a Shonnor mientras este asentía y marchaba junto a él, a los bosques argénteos.
    - sube a la carreta, muchacho, el viaje es largo y ya bastante has caminado por ahora-
    Así el muchacho partiría para las bastas tierras de aquél noble, a las que llamó hogar…

    Los años pasaron, mientras aquél joven se iba haciendo un hombre, que además había sido apadrinado por el noble a tal modo, que Shonnor había aprendido a considerarlo lo más parecido a padre que había tenido en su vida.
    El viejo noble era un experto equitador, cabalgaba los corceles como los dioses, había pertenecido muchos años a la caballería de Lordaeron, pero por heridas de guerra había tenido que retirarse. Lo amasado en sus campañas y luchas por el reino, además de sus habilidades para la política y el comercio le dieron las dotes que ahora tenía. Su vejez estaba asegurada y debido a las heridas de campaña, los años de trabajo no habían sido tan crueles, por lo que ahora se dedicaba a la cacería de cualquier animal, que por placer o mero deporte estuviese en temporadas en el reino. Muchas veces había regresado airoso de las jornadas de cacería con incontables trofeos. Ciertamente era un hombre de admiración, además de que era dedicado por sus tierras y quienes trabajasen para él, le había fomentado el carácter y la honorabilidad al muchacho, los modales y el refinamiento, cosas que Shonnor, siendo un hombre inteligente no podía dejar de lado y las aprendía con gusto y esas cosas, hicieron del muchacho mal hablado y barrio bajero, un hombre de modales, pero con espíritu libre y aún un tanto de rebeldía total, todo gracias a la juventud.

    Como aquellos modales, le sirvieron para encontrar al amor de su vida:


    El joven Shonnor había acompañado al Lord en una de las fiestas de alcurnia que se llevaban a cabo cada cuanto en la ciudad capital para fines políticos entre nobles, ahí conoció a la dama de sus sueños…

    Joven rubia de ojos verdes, de busto hermoso y bello contoneo de caderas, pero a la vez elegantes y decentes, hija de una familia de nobles acaudalada, hechizo al muchacho a tal modo, que no pudo dejar de acercársele para hablar y galantearle. Era curioso que la piel morena de joven y sus negros cabellos hiciesen contraste con el color de aquella doncella al estar tan cerca bailando.

    -y el nombre de tan hermosa cabellos dorados, ¿es?-
    - quisiera yo saber el de tan galante caballero de ébano piel toma el atrevimiento de bailar conmigo la primera pieza con sus manos en mi cadera-
    - Shonnor, Shonnor a secas para vos, mi bella dama-
    - Farah Wolfang, de la casa Wolfang para ti, Shonnor- sonrió la muchacha, mientras que aquella noche no se separaron ni un ápice hasta que el amo y los padres llamaron a la una y al otro, para regresar a sus respectivos hogares. Hechizado, juraría volver a verla el joven Shonnor… parecía que la vida iba a mejor, pero el destino le preparaba una cosa más, que servir a la sombra de un noble adinerado.

    El día en que fue apodado el león, comenzó el camino del muchacho.

    -muchacho, vamos arriba- dijo el noble, ataviado de sus ropas de caza el día- hoy te llevaré a cazar, quiero ver que tanta maña le tienes al rastreo- dijo sonriéndole a su pupilo, lanzándole el martillo viejo de guerra que había usado el en sus años de caballería- tendrás el honor de llevarlo, de hecho, os lo regalo…-
    -¿de verdad, milord?-
    - por supuesto, lo merecéis bien… me recuerdas a mí cuando era joven, chico, creo que ni mis hijos se asemejan a lo que vos sois, por eso os delegaré tal honor y serás ahora uno de mis hombres de confianza-
    - será pues, un honor mi lord-
    - llámame Phillips, Shonnor- sonrió y ante la respuesta de su criado recíproca, marchó a preparar a sus cazadores.

    El avance de la partida de casa fue animado por Lord Phillips, un hombre con carisma incondicional sin duda, mientras se acercaban a las faldas de las montañas de Alterac, donde los leones montañeses protegían sus nidos y además acechaban. El viejo Lord buscaba una presa suficientemente grande con la cual adornar su sala de trofeos y por supuesto, como noble al fin alardear de su logro. Ciertamente fue que a las faldas de las montañas de Alterac los hombres de Phillips fueron a parar.

    El joven Shonnor no poseía más que su martillo de guerra, puesto el uso de armas de fuego no era algo que le agradase por sus costumbres del pasado, que lo quisiera o no, seguían ahí. Ciertamente aquella tarde la niebla de Alterac se sumió sobre el grupo de cacería y nubló la vista de todos y cada uno de ellos.

    Las sombras y los ruidos del bosque se hicieron escuchar… el viejo Lord apuntaba su rifle, seguido de sus dos cazadores a distancia y los que iban sin trabucos.
    - avancemos… he visto algo, Shonnor, Doyle, Lee, conmigo, los demás quedaros atrás- cargó su trabuco de manufactura enana y echó a andar entre la espesa niebla y los arbustos que se hallaban en las faldas de la montaña… de repente comenzó el desastre.
    Si bien el Lord era un cazador versado, jamás habría descubierto la fiera que se hallaba acechando al grupo.
    - GROOAAAAAAAAARRRRGH-
    El rugido intenso del aquél león de montaña heló a los hombres, Shonnor quedó petrificado viendo a tal bestia salvaje, pero majestuosa y gloriosa a la vez… esta bestia con su inmensa garra mandó a volar al viejo Lord a un lado, esquivando los disparos de los dos cazadores y destrozándole el pecho con un violento zarpaso a uno de ellos…
    - Aaaagh…- gemía el Lord de dolor y desesperación, la zarpa le había herido el bajo vientre, mientras que trataba de parar la sangre que brotaba a borbotones de él. El otro cazador no pudo mantenerse demasiado con vida, las costillas fracturadas habían perforado más de uno de sus órganos, matándolo casi en el acto. El último cazador estaba nervioso tratando de cargar el rifle, cuando aquél león corrió hacia el, saltó y cayó encima del desgraciado… luego, usos sus fauces intensas para destruirle el cuello.
    Ciertamente, el joven Shonnor quedaba solo, presa del miedo y a la vez intriga por un animal tan grande y majestuoso, no dispuesto a morir sin antes pelear.

    El noble comenzó a arrastrarse mientras que trataba de llegar a su rifle, pero aquél inmenso león se plantó encima de el, para ultimar su cuello…
    - luz bendita…- el lord cerró los ojos, dispuesto a sentir el final de sus días, pero un rugido más atrás se escuchó. Shonnor, había salido al enfrentamiento.

    El león miró a la posible amenaza a los ojos y se puso al acecho, mientras que el joven muchacho levantaba tal martillo a dos manos con firmeza, dispuesto a luchar hasta el fin.
    El león rugió antes de cargar y el muchacho así lo hizo también… uno a uno, el hombre y la bestia se batieron a duelo. El león hundió las garras en el pecho del moreno, mientras este soltaba un quejido de dolor, soltando el martillo y por inercia se aferró al cuello del león, luchando con gran violencia y tratando de hacerlo crujir. Si bien ese león tenía la fuerza de dos hombres, Shonnor pudo derribarlo y hacerlo gemir dolorido.
    El león se separó de él, mientras que Shonnor levantaba aquella arma que tanto le apasionaba mirándole fijamente… los ojos de la bestia se cruzaron con los de él.
    Y a pesar de la lucha y el peligro de muerte de uno y otro, Shonnor sintió profundo respeto por el animal. Salvaje y libre, pero protector de lo suyo… igual que él, sin duda, noble y leal, puesto sabía que los leones jamás abandonaban a sus manadas.

    El león decidió irse por alguna razón. La bestia se había marchado y lejos de seguirle, para retribuir lo que había pasado el joven bajó su pesado martillo y le dejó partir, no sin antes recibir una mirada intensa de aquél felino desde la lejanía… todo aquello, lo pudo ver el Lord desde un sitio seguro, mientras gemía un poco de dolor. El joven corrió hacia el y en ese momento el resto de la partida de cazadores llegó al grupo.
    -¿qué ha pasado?-
    - luz… qué masacre-
    - ¡donde está el león!-
    - el muchacho lo ha matado- dijo el Lord, mientras era ayudado por Shonnor, que le ayudaba a no desangrarse como podía.
    - pero… ¿dónde está el cuerpo?-
    - señor...-
    - basta ya, Shonnor, no ha sido tu culpa que rodase ladera abajo-
    - pero señor ¡podemos buscarlo!-
    - dejadse de tonterías, en el estado que ha quedado el cadáver será inútil poder hacer algo… demos sepultura a los muchachos, maldita sea, eran buenos hombres-
    - la luz se apiade de sus almas-
    - pero chico, ¿cómo demonios lo hiciste?-
    - ¿acaso no lo vez, Gary?- dijo el Lord a su fiel lancero, que miraba aún incrédulo al chico- es como un león… es Shonnor, el León y él, me ha salvado la vida-

    El león…
    Última edición por sacro; 13/01/2012 a las 22:41




  8. #8
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    Capítulo III:Gloria, Martillo y León.
    (El Comienzo de la Verdadera Historia)
    El muchacho habría luego tras aquél encuentro mejorado su situación, puesto el noble le había liberado de sus labores como criado, cediendo tierras al muchacho , para que las trabajase, lo que automáticamente le convertía en un Siervo del señor. El viejo Noble se esmeró en terminar su educación, para que fuese un hombre recto y de bien.

    - muchacho, escucha mis palabras- decía un día, mientras caminaba junto a él en el feudo de Linde Hermoso- el ejército, el servir a la patria de Lordaeron, te hará salir adelante, déjate de estupideces y sandeces con el comercio… lo que verdaderamente hará que llegues a la gloria, será el abanderar los intereses de la patria con las armas, estudia, puesto esto te dará agilidad y astucia ante los enemigos que te encontrarás en el camino, clama a la luz, por sobre todas las cosas y no olvides jamás, tus orígenes, puesto es de grandes entre los grandes, jamás abandonar la humildad-
    - palabras de un hombre sabio, que ha sido demasiado generoso con un mendigo, Phillips, una vez más vuelves a ser mi consejero, cuan padre que nunca tuve-
    - y tú, como el hijo que siempre quise tener… ahora eres un hombre y recae en tus hombros la responsabilidad de las tierras que te he dado, aprovéchalas bien, puesto el camino de la vida que espera será largo, duro y difícil, para alcanzar la gloria que tanto ansías-
    - con el aval de la luz, con determinación y la fuerza del león, lo lograré- dijo sonriendo, mirando a su mentor y modelo a seguir- gracias, Phillips-
    - que la luz sea contigo, Shonnor, puesto hasta aquí mi camino será contigo-

    Y así, el joven marchó a sus tierras, donde comenzaría a labrarse un camino en solitario… un camino directo a la gloria.

    Muchos años pasaron tras la última vez que supo de Lord Phillips, debido a que la edad le había sumido en la desgracia de la cama, pero cuando volvió a saber de él, el anciano había muerto y sus hijos peleaban por las herencias del feudo. El joven Shonnor decidió, sabiendo lo caóticos que eran esos malagradecidos hijos con su padre, vender aquellas tierras y encaminarse a la ciudad de Lordaeron. Los años de estudio no habían pasado en vano y era ahora un hombre culto y aunque no era noble aún, podía codearse con la más alta realeza sin quedar en ridículo. Además un hombre fuerte era, debido a que en su granja había implementado una herrería y aprendido los conocimientos que los hombres de Phillips además de colegas suyos pudieron enseñarle.
    Ciertamente era un ciudadano más de Lordaeron. El joven Shonnor partió pues, tras haber conseguido una suma sustanciosa por las ricas y trabajadas tierras de lo que había sido su hogar, hacia la capital de Lordaeron, sin mirar atrás sin duda, debido a los problemas que se cernían sobre linde hermoso.

    En Ciudad Capital se sintió en la gloria… teniendo dotes para comprar una modesta y espaciosa casa en los barrios de clase alta pudo morar y siguiendo el consejo de su mentor, marchó ese mismo día, tras alojarse en su nuevo hogar, a las levas de la caballería de Lordaeron. Los cuarteles del ejército de su patria esperaban ansiosos esos días a hombres que quisieran servir a la patria en los frentes contra los Trolls, además de los mil y un enemigos que acechaban todo el reino.

    El joven presentó su martillo al servicio del rey durante años como infantería pesada, luchando en los mil y un frentes, ganándose, en el combate, los méritos de oficial destacado y afamado por lo temible, pero honorable que eran sus hombres.

    Además, nupcias contrajo con aquella muchacha que había robado su corazón en años de juventud, puesto tras años sin verse, la pasión desenfrenada y la mayoría de edad, sumada a la independencia del seno familiar, provocaron el casamiento de ambos, apasionados y jóvenes, vivieron juntos en el hogar de Shonnor, que repudiado por la casa Wolfang, desheredaron a su esposa, pensando que el joven jamás llegaría a algo en un futuro. Ciertamente, los años dirían lo contrario.

    Cuando fue llamado a los cuarteles tras años de prestar servicio a la corona como infantería, el joven esperaba si bien un ascenso, no uno tan sustancioso.

    - camarada Shonnor, me alegro de veros- se levantó el comandante Sigfrido, hombre de rubios cabellos y ojos verde como el esmeralda, quizás algo asemejados a los del león, que contrastaban en su morena piel.
    - el gusto es mío, comandante-
    - seamos directos, puesto no podemos darnos tiempo para formalismos… has sido asignado a capitán de caballería en los bosques del este, los gnolls han estado hostigando las tierras y los hombres del pueblo, por lo que para evitar mayores descontentos necesitamos a alguien capacitado para dicha tarea…¿crees ser tú quien buscamos?-
    - no hay nadie mejor, Comandante Sigfrido, cuente con ello-
    - entonces, a la luz te encomiendo y a la patria igualmente, que sean testigos de tu diligencia- dijo, colgando en su tabardo las insignias de capitán caballero, nombrándolo sin muchos formalismos y protocolos Sir de Lordaeron.

    Esa misma mañana marchó el muchacho a las tierras asediadas por los gnolls, con los hombres que le servirían, para proteger los intereses de la corona y además, a los inocentes.

    Un total de cincuenta hombres montados marchaban, lo que el joven no sabía era la cantidad a la que se enfrentarían de asaltantes Gnoll… era un suicidio prácticamente, pero los caballeros no sabían a lo que se enfrentarían hasta el momento en el que se acercaron al campamento.

    La luna iluminaba poco más que las llamas el campamento de los gnolls… mientras el capitán caballero levantaba la mano para que los hombres se preparasen, su Teniente, se acercó a él para comprobar que las ordenes eran claras.

    - ¿Cuántos son, Mi capitán?-
    - esto no puede ser posible…- maldijo observando la situación- hay más de una centena-
    - ¿qué?- el joven teniente se molestó en demasía… el comandante Sigfrido bien les había engañado y timado, puesto todos aquellos oficiales en su momento estaban siendo vistos por la nobleza y la misma realeza como posibles miembros de la corte, debido a su importancia militar, al rey mismo le sería importante tenerlos como consejeros militares y altos oficiales del ejército.

    - ese maldito Sigfrido…-
    - ¿qué hacemos?, si no hacemos esto seguro nos pone la soga al cuello, mi capitán y ciertamente no poseemos recursos para vencer-
    - que la luz sea nuestra lanza, puesto atacaremos- dijo Shonnor, con determinación. No podía ahora fallar, más si un reto era lo que le habían plantado sus enemigos. El como un hombre de honor pelearía limpio y haría, como soldado, su deber.
    - pero señor-
    - decidme… hombres- les miró desafiante, mientras hacia caminar el caballo frente a la línea de caballería- ¿cual es el mayor honor para un caballero? ¿! No es morir abanderando la causa de su rey y su patria!?-
    Los hombres pegaron un brinco ante el alarido, pero eso pareció despertarlos.
    - ¡SÍ, MI CAPITÁN!-
    - ¡ENTONCES, NO TEMÁIS, PUESTO SI EL DESTINO ES MORIR Y LLEGAR AL SENO DE LA LUZ, LO HARÉIS LUCHANDO POR VUESTRA PATRIA!-
    - ¡HURRAH, MI CAPITÁN!-
    -¡POR LORDAERON!-
    - ¡POR LORDAERON!-

    El león levantó su martillo y cargó con violencia hacia los campamentos de centenares de Gnolls… en su vida, sería nuevamente traicionado por rastreros e inescrupulosos. El martillo blandió y golpeó a más de uno de aquellos seres asquerosos… mientras que la euforia de sus hombres permitió, por cada uno de ellos, que parecieran cientos de caballeros.
    El león fue derribado del corcel, rodeado de los Gnolls, pero aquello y el dolor en la espalda por la caída no podían detenerlo, levantó su martillo y cargó contra el primero, que con una cimitarra oxidada trataba de hacerle un tajo a la altura del abdomen. Le reventó la mandíbula, mientras interponía el mango de su mazo entre el hacha de uno y su cuerpo, sin embargo recibieron sus placas el golpe a traición de uno a su espalda, el cual hizo retroceder con una patada. Placó a quien forcejeaba con el y le reventó en el suelo la cabeza, para luego destrozar a aquél que a traición había logrado dañarle.
    La batalla se hizo fuerte y dura, puesto luchaban contra un enemigo mayor en número y debían, para poder regresar a la ciudad o al hogar, vencerlos a todos y cada uno de ellos.
    La batalla acabó con demasiados de sus hombres, puesto de cincuenta hombres a caballo más de una docena no quedaban. La batalla horrible y tortuosa parecía no tener fin, pero quizás una vez más el milagro de la luz les hizo ganar la victoria.
    Un Gnoll bastante inmenso corrió hacia ellos, con un hacha dentada y oxidada… ese era el líder, que tras acabar con varios de sus compañeros, cargó con el que pensaba era el jefe, sin duda no se equivocó al enfrentarse contra el león.

    La fiereza del combate fue tal, que ambos bandos… uno abismalmente superior en cantidad y el otro reducido a la defensiva, abrieron espacio para la batalla.

    El Gnoll cargaba con el hacha hacia el caballero con el martillo de guerra que utilizaba para bloquear sus embates con el hacha dentada y hacerlo retroceder. Sin embargo, los ataques eran dañinos y mortales en virtud al tamaño. Shonnor fue derribado en el momento cumbre de la pelea. Pero un hombre que luchaba con la fiereza del león… con la valentía de un Lordaeroniano y con la sangre guerrera de Strom no podía rebajarse a morir por la escoria vándala de los Gnolls… utilizó sus piernas para hacerlo retroceder pateando su abdomen, y tras levantarse, impactó su martillo cruzándole la cara y derribándolo inerte.
    Esto provocó el pavor de las bandas de Gnolls que les asediaban… y no pudieron evitar poner pies en polvorosa.

    Los supervivientes incrédulos gritaban con fervor y animaban a su capitán, que jadeaba fuertemente ante el esfuerzo.

    - ¡gloria al león, gloria al león!-
    - ¡por la luz, por Lordaeron!-

    Fueron los eufóricos gritos que se escuchaban en el campo de batalla. Ciertamente, la gloria había bañado a esos Caballeros aquella noche. Los cuerpos de los caídos los trasladaron a Ciudad Capital liderados por el león, que tras asistir a la ceremonia del funeral, marchó a los cuarteles, donde Sigfrido se encontraba largo y tendido en sus aposentos. Tuvieron que detener la ira del león cuatro hombres, mientras que por aquella deshonrosa acción, el comandante fue puesto en prisión, por órdenes del mismo rey de Lordaeron.

    Los hombres supervivientes a aquella batalla fueron recompensados, puesto eran oficiales de peso en los ejércitos.
    Y Shonnor no fue la excepción.

    Aquél día le dieron las indumentarias de comandante, puesto Sigfrido fue declarado alto traidor por edictos reales.

    Sumado a eso, fue llamado por sus años de carrera militar al palacio… sería nombrado Noble de Lordaeron. Había seguido los consejos de quien había sido su mentor y tras años de esfuerzo y lucha serían recompensados.

    - dígame su apellido- preguntaba el marqués Von Hook, que se encargó de presentarle la noticia al león aquella mañana en su hogar, junto a su esposa, que sonrió alegre de escuchar como a su amado le nombraban noble, al tiempo que esperaba retoños del mismo en su vientre.
    - yo no…tengo apellido-
    - santa luz, Comandante… debe entonces crear uno propio, si es usted bastardo-
    - así sea, marqués-
    - sin más, la luz sea con usted-

    El león tuvo que pensarlo bien… puesto quería comenzar, para su futura familia un nuevo destino, un destino de honor, de luz y de gloria, el cual tenía bien claro sería… su familia comenzaría en la vida de la nobleza sí, pero no dejarían de lado la humildad y el buen corazón.

    El honor… había sido algo que desde que había comenzado la vida con Phillips se había vuelto lo más importante para el, el honor era lo único que un hombre atesoraría toda su vida. Sin el honor, nada más podía existir. El honor, lo daba el servir a la patria y lucha por lo justo y lo bueno, nunca manchar la imagen con vanidades y minucias.

    La luz, era el impulso y por lo que se luchaba, según sus doctrinas personales, en todo momento… la fe más allá de todas las cosas permitiría la opulencia si con buenas acciones obrabas… el servir a la luz, venerarla y respetarla sería importante desde siempre.

    La gloria se alcanzaba, luchando con honor, viviendo honradamente y venerando a la luz. Y la gloria no solamente era conseguir bienes materiales, sino estar con quien se amaba, rodeado de seres queridos y por sobretodo, la familia.
    El de joven no había tenido una familia a la qué amar, más que aquella mujer que había tenido la bondad y el buen corazón de salvarlo de la muerte y su hermano. Por ello la familia, era parte de aquella gloria que había alcanzado.
    Y más dichosa era la gloria, si la humildad no se dejaba de lado, puesto era una gran virtud, que todo hombre debía poseer.

    Honor, luz y gloria… eran sus doctrinas. Honor luz y gloria inculcaría a sus hijos y estos a su descendencia porque se aseguraría de hacerlo llegar a las futuras generaciones que tendría su familia.

    Aquella noche antes de su nombramiento, sentado hasta tarde en el lecho estaba, meditando qué legado de sangre debía colocarse, para dejar a su familia adorada…

    - amado, no has dormido, mañana será un día importante y deberías estar descansando-
    - lo se Faritah, pero sigo pensando en nuestro futuro apellido-
    - ah… entiendo ¿y ya has pensado en algo?- ella, abrazaba con amor y dulzura a su esposo, mientras hacía que tocase el vientre hinchado por su primer hijo- está pataleando-
    Al sentir a su pequeño dar signos de vida, lo decidió
    - si, lo he pensado-

    La noche tras haber pensado, fue apacible y tranquila.


    Aquella mañana en la sala del rey, se preparaban los doce caballeros que serían nombrados nobles y señores, delante del trono, donde se sabía que observaba atento el rey, se encontraba el Marqués Von Hook. Mientras que los caballeros, ataviados de sus más caras armaduras esperaban el comienzo de los nombramientos. Shonnor… era el primero en la lista.

    -adelántese comandante Shonnor, de los ejércitos de Lordaeron y la Caballería del rey-
    El león se adelantó con firmeza y determinación, mientras se postraba delante del marqués, ante la atenta mirada del rey.
    - en el nombre de la luz y la corona, hoy, hombre de armas y de Lordaeron, seréis nombrado hombre del rey, hombre con dotes y hombre de honor- dijo, desenfundando la espada- arrodíllate ante tu rey-
    El joven se arrodilló y colocó el martillo apoyado en la piedra de la sala del trono, mientras bajaba la cabeza a su rey, que se levantó y tomó la espada, poniendo el filo en su hombro derecho.

    - en nombre de la soberanía de mi corona, en nombre de Lordaeron misma, os nombro a ti, Shonnor, Lord Caballero, protector de las tierras del rey- dijo poniendo la espada en el otro hombro- decidme el apellido de vuestra casa, para hacer oficial este nombramiento-

    El león… era su ser, un animal que había provocado honor y respeto, además del comienzo de su camino… el martillo, el arma que le había acompañado toda su vida, desde un adolescente en la leva de Strom, hasta en aquella ceremonia..

    - mi apellido… será Lionhammer, su majestad, Lionhammer puros y oriundos de Lordaeron-
    - Sea pues, Lord Shonnor Lionhammer I “León”, mi voluntad-

    El joven se levantó y reverenció con honores al monarca, mientras daba la vuelta con respetos y se unía a su esposa, para ver el resto de nombramientos.

    La verdadera historia, comenzaba ahora.







    "Fuertes como un León, Somos los Lionhammer"
    Última edición por sacro; 13/01/2012 a las 22:49
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  9. #9
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    // bueno, tuve un error de edición, así que uso este post de más para primero agradecer la oportunidad de participar... espero que sea de su agrado la historia, va con todo mi cariño como siempre, trata un poco sobre el comienzo de los Lionhammer, el apellido en sí. espero que les guste, un saludo.
    Última edición por sacro; 13/01/2012 a las 22:48
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    Predeterminado Re: [Navidad] Concurso de Historias

    El Gran Mecanismo


    – ¿Dónde está Sargeras? –preguntó la voz, suave como la brisa de verano.


    Las palabras chocaron contra las columnas de metal dorado y se repitieron perfectas para que no cayeran en el olvido. La mujer, vestida con una túnica de seda bordada con nervaduras y flores, tensó sus entumecidos músculos metálicos mientras esperaba una respuesta.


    Pero nadie respondió.


    Las cinco figuras colosales, sentadas en sus tronos de nubes sólidas, mantenían la misma expresión ominosa, con la excepción de aquella que había elevado la voz y de aquel que presidía ese venerable consejo, en trance inmutable. Sólo se oía entre ellos un rumor bajo, mental, subconsciente. “¿Dónde está el Defensor? “, se preguntaba el más joven. “Nuestro campeón, ¿por qué nos ha olvidado?”, dijo el herrero cuyas barbas brillaban como el hierro al rojo vivo. ¿Y Aggramar? ¿Se sabe algo de él?”, murmuró el mago con la cabeza cubierta.


    El mago, el joven y el herrero desviaron la mirada hacia los dos tronos vacíos del salón dorado. El más grande, decorado por runas de poderío y valentía inertes y apagadas, se hallaba cubierto por una tenue capa de polvo estelar. Antaño el segundo asiento más glorioso de aquel pabellón circular, una sombra de ausencia lo cubría, haciéndose más y más oscura con cada día que pasaba.


    El otro asiento, un poco más bajo, se hallaba a la derecha del primero. Runas de lealtad y tenacidad, que apenas dos micro-ciclos antes brillaban como el amanecer, ahora se sumían lentamente en el ocaso. Para horror de los cuatro titanes despiertos, el proceso, primero tan lento y suave que apenas sí lo habían percibido, se había acelerado en el transcurso de los últimos días.


    La jardinera que había elevado la voz, coronada con flores y bayas que crecían en su trenzada cabellera de cobre oxidado, giró su cabeza a la derecha, mirando al poderoso ser que presidía el Panteón, esperando quizás la respuesta que tanto buscaba.


    El trono principal, forjado con fragmentos dorados y atmósferas translúcidas, estaba recorrido por tenues corrientes de Luz pura. Aquel poder, aquella fuerza primigenia, sólo era convocada por pocos entre los Titanes; Aman’Thul, el Alto Padre, era uno de esos privilegiados.


    Los ojos de blanco mármol de Eonar siguieron enfocados en su amado compañero. Escudriñaron su larga barba de níquel y platino, sus holgadas túnicas de hilos de niebla, su brillante y poderoso báculo de rayos y relámpagos. Pero la mirada de la Protectora se sostuvo, al fin, en el rostro turbado del más poderoso de los titanes.


    Aman’Thul parecía dormido, sumido en un letargo comatoso. Pero tanto la Protectora de la Vida como el resto de sus iguales sabían que el titán nunca dormía ni descansaba. Porque él, el más sabio entre iguales, recorría con su mente las encrucijadas eternas y cambiantes del tiempo. Transitaba las cosas que habían pasado, las cosas que pasaban y, en ocasiones, también las cosas que podían llegar a ser. El trance presente, sin embargo, llevaba ya cuatro micro-ciclos de duración, habiendo comenzado poco después de que Sargeras el Defensor hubiese partido hacia un cúmulo de mundos periféricos para contener alimañas. Desde entonces, ninguno había dicho una sola palabra, sumidos en sus propias tareas y pensamientos. Incluso Aggramar les había dejado días atrás, sin que nadie dijera una palabra. Pero Eonar había roto el incómodo silencio, recordándoles con su pregunta la cruda realidad; ella les había obligado a mirar nuevamente el trono vacío, oscuro y muerto.


    De repente, una tempestad suave agitó el aire de la sala del concilio. Las paredes doradas brillaron con Luz, el techo de tempestades mutando a un cielo límpido y oscuro. Un trío de jóvenes soles se alzó por debajo del suelo e iluminó a los titanes por detrás de las paredes nubosas, hasta posarse en la cúpula. Los cuatro que se hallaban despiertos admiraron la belleza del suceso, pero no se sorprendieron ni asustaron ante el fenómeno. Era un signo, una señal de…


    ***


    El Alto Padre abrió sus ojos radiantes, dos estrellas potentes llenas de sabiduría y clarividencia. Con decisión, estiró la mano a Orodur y, tomando con firmeza el báculo tormentoso, el titán se levantó de su trono. Desde allí, el punto más alto del consejo de iguales, el vigilante observó el panorama: a su izquierda se hallaba su compañera, Eonar, mirándolo con una expresión de esperanza, y más allá, Norgannon, el anciano mago, expectante; a su diestra, su joven hijo Golganneth, apoyado en una rodilla, en reverencia, y, al lado de este, el robusto Khaz’goroth, con una amplia sonrisa disimulada por sus barbas de metal ardiente. Frente a él, dos tronos vacíos: uno, muerto y olvidado; el otro, agonizante y a la espera de volver a ser ocupado.


    Sus iguales, regocijados con el despertar de su líder, se levantaron de los colosales tronos.


    – Al fin despertaste, mi amor –dijo Eonar–. Las estrellas languidecieron mientras nos privabas de tu presencia.


    – Te pido disculpas, flor de mis ojos,… –respondió Aman’Thul– pero somos esclavos de nuestra propia naturaleza. Mío es el don de las edades y mía es la responsabilidad de vigilar su curso.


    El vigilante y la jardinera extendieron sus brazos metálicos hacia el otro y entrelazaron dulcemente sus dedos. Una chispa pequeña saltó ante el contacto del cobre herrumbrado y la plata centellante. Pero un carraspeo interrumpió el momento.


    – Más allá de que sea tu tarea, lo que importa es que te tenemos de vuelta, Aman –dijo riendo Khaz’goroth.


    Girándose hacia su interlocutor, el Alto Padre contestó.


    – Sí –una sonrisa sombría cubrió su rostro por un segundo–. Eso… Eso es lo que importa.


    Un brillo azulado brotó de los ojos del mago encapuchado, su hirsuta barba de cristal blanco lanzando descargas de poder arcano.


    – Tu hermano no ha vuelto, Aman’Thul –dijo Norgannon–. Desde que entraste en trance, no se ha reportado ni una sola vez y…


    – Aggramar fue a buscarlo, Padre –intervino Golganneth, arrugando la frente platinada con inquietud–. Estaba... estaba muy preocupado.


    – Pero tampoco ha dado señales de vida –continuó el Tejesueños, no revelando molestia por la interrupción del joven Atronador–. Lo poco que sabemos de ellos no es nada bueno –reveló, señalando los tronos con su mano derecha.


    El vigilante volvió su rostro hacia el otro extremo del pabellón circular y contempló los asientos vacíos.


    – ¡Es culpa de los demonios! ¡Estoy seguro! –exclamó Khaz’goroth, pequeñas flamas formándose sobre su piel de bronce–. ¡Tenemos que marchar hacia el Vacío Abisal y aplastarlos como las alimañas que son!


    – Como si fuera tan sencillo –murmuró riendo Norgannon.


    Aquel al que llamaban el Creador frunció sus labios broncíneos en señal de disgusto, aunque sabía que el mago tenía razón. Sería un suicidio marchar contras las hordas de la dimensión mágica, más considerando que les faltaban sus más fuertes guerreros.


    Golganneth giró la cabeza hacia Khaz’goroth, luego a Norgannon y de nuevo al primero. La impotencia y la crueldad de la realidad se vislumbraban en la expresión de su rostro. Aman’Thul se lamentó por el sufrimiento de su único retoño.


    – ¡Padre, debemos hacer algo! –exclamó el Atronador, sus ojos plateados centellando como una tormenta–. ¿Viste algo en tus sueños? ¿Viste algo que pueda sernos de ayuda?


    – Vi algo, hijo mío –dijo el Alto Padre, Orodur formando pequeños relámpagos en la punta–. Tuve una visión.


    – ¿Una visión? –preguntó la Protectora–. ¿De qué trata?


    – ¿Es sobre mi tío, Padre? –interrogó esperanzado Golganneth–. Oh, ¿sobre Aggramar? –preguntó también el joven por su mejor amigo.


    Una pausa incómoda siguió a las palabras del hijo del Alto Padre. Los corazones metálicos aumentaron su ritmo, a la espera de una respuesta.


    – No sé más que vosotros –contestó Aman’Thul, con pesar–. Lo lamento.


    Pero Eonar sintió algo más en aquella última respuesta. Los sonidos reverberaron en su memoria y ella, la que más conocía a Aman’Thul de entre sus iguales, más incluso que el propio Sargeras, percibió las fisuras en las palabras. Lentamente, la dura corteza de mentiras fue erosionada, reducida a una capa de polvo que ocultaba la verdad. Y la verdad era dolorosa, muy dolorosa. Pero había también allí, en la raíz de cada letra, un dejo de… ¿Sería posible? ¿Resignación? Y entonces supo la Protectora que su compañero ocultaba algo, una cosa tan terrible que había decidido no revelar a sus iguales. Por otro lado, la sensación de derrota, ya detectada por Eonar en ocasiones pasadas, sólo significaba una cosa: el Alto Padre había visto el futuro, un futuro que, por más que quisiera, no debía cambiar. Fue así que la Protectora decidió callar y respetar la difícil decisión de su compañero.


    – ¿De qué se trata entonces? –preguntó Norgannon.


    El vigilante platinado desvió su mirada hacia el mago de rostro cubierto. Los orbes dorados titilaron apenas unos segundos y luego se desviaron hacia el centro de la sala que alojaba al Panteón.


    – En mis sueños… –dijo Aman’Thul– En mi sueños vi un mundo. Un mundo con un enorme potencial. Un mundo… que voy a mostrarles ahora.


    Frío y pulido era el piso del pabellón circular. Fragmentos de roca de diversos mundos componían en conjunto un mosaico armónico, alisado por magia. Tenues canales, apenas perceptibles en la composición final, se extendían aquí y allá, mudos e inertes.


    El Alto Padre bajó suavemente los escalones que lo separaban del mosaico. Apenas sus desnudos y argénteos pies hicieron contacto con la superficie helada, arcos eléctricos danzaron desde su extremidad hasta los canales, para luego extenderse grácilmente por el mosaico. Con cada paso que acercaba a Aman’Thul al centro de la sala, grabados dorados, azules y blancos comenzaron a brillar en el suelo. Finalmente, todos los canales, activados con la esencia del titán, confluyeron en un círculo luminoso.


    Pequeños puntos de luz se materializaron dentro de la figura delimitada por los hilos centellantes. Algunos flotaban más en lo alto y otros a unos metros del suelo. Los había cerca del centro, y también en la periferia. Sus colores eran varios: rojos, blancos y azules, pero la mayoría eran amarillos. Eran los soles del universo o al menos los que las sondas del Panteón habían llegado a catalogar hasta ese momento. Se proyectaron también esferas más pequeñas y opacas que orbitaban las estrellas. Eran mundos, caldos de cultivo para la vida en toda su maravillosa y terrible diversidad.


    El atlas universal, orgullo del consejo de iguales, comenzó a cargar un detalle. Una aureola dorada, inscripta con runas, circundaba los mundos ordenados por los Titanes. Eran cientos de millones, cada uno con su clima, sus habitantes y su propio poder. Esa era la sola meta de esta raza, escultores de montañas, hiladores de nubes: traer orden a un cosmos sin lógica y llevar vida a los páramos estériles de la Gran Oscuridad. Pero al mismo tiempo que aparecieron los mundos ordenados, otro color de aureola surgió en diversas regiones, sin patrón u orden claro. Este era de un tono verde enfermizo y su cantidad, si bien reducida, crecía ciclo tras ciclo. Esta era la extensión de la peste demoníaca que amenazaba con destruir todo por lo que los Titanes habían trabajado incontables edades.


    Sargeras, ungido “el Defensor” por sus compañeros del Panteón, había desaparecido hacia cuatro micro-ciclos, dejando vía libre para que los seres abisales devoraran mundos a su elección. Pero las huestes no habían avanzado ni un solo mundo, en contra de lo esperado: misterioso detalle que ningún miembro del Panteón había mencionado, a pesar de que el Alto Padre ya lo sabía.


    El titán argénteo apuntó su báculo relampagueante a una de las estrellas periféricas y tocó apenas un objeto que la orbitaba. El mapa universal cambió de repente y los demás soles y planetas se esfumaron, dejando paso a aquel mundo elegido, cuya imagen crecía y crecía, hasta ser de casi la mitad de la altura del líder de los titanes.


    Ahora podía verse con claridad aquel planeta. Era primitivo; apenas había pasado su primera etapa de desarrollo independiente. Aquí y allá se veían masas de tierra desperdigadas: algunas, en formación, como evidenciaban los volcanes rugientes que las poblaban; otras, más antiguas, albergaban densas junglas de helechos entre costas lamidas por los mares y escarpadas montañas afiladas por los vientos. Eonar descendió al mosaico y caminó con gracia hasta ponerse al lado de su esposo. Allí, hizo un gesto con la mano y la imagen se amplió, mostrando lagartos de gran tamaño corriendo bajo las copas de los árboles en flores.


    La titánide sonrió, acariciando la imagen como una madre acaricia a un hijo.


    – ¿Cómo le llamaremos, Aman’Thul? –exclamó, al tiempo que los demás titanes se acercaron a observar en detalle a ese lienzo nuevo que les era mostrado.


    Por un instante la pregunta reverberó entre las paredes de cielo nocturno y los vastos corredores de la mente del Alto Padre. Pero esa duda inocente tenía una respuesta que Aman’Thul había conocido durante su letargo.


    – Azeroth –dijo, solemne, rodeando los hombros de su esposa con su brazo izquierdo. Le llamaremos Azeroth.


    El Panteón sonrió en aprobación, los cinco pares de ojos centelleando de júbilo.


    ***


    Lo único que veía era la gran multitud esmeralda, avanzando despiadada y sin obstáculos. Su mano derecha sostenía una espada quebrada, brillando con Luz. Su brazo derecho, roto, colgaba inerte y sin fuerzas.


    – ¡Debes avisarles! –gritó Erile, su largo cabello plateado manchado en sangre férrea–.¡No podré mantenerlos alejados por mucho tiempo!


    Las palabras retumbaron en los oídos del titán a pesar de la vorágine que se cernía sobre ambos.


    Aquí y allá yacían cuerpos de metal colosal, embebidos en hierro líquido oxidado. Sus armas, quebradas. Sus armaduras, destruidas. Y, más allá, avanzando como una tempestad, hordas de demonios avanzaban hacia los últimos sobrevivientes. Erile podría hacerles frente. Era una poderosa maga y sus ojos dorados brillaban como soles henchidos de poder. Sí, ella aguantaría y le daría tiempo a él para buscar ayuda. Sí, ella no moriría aquel atardecer.


    Pero la única cosa a la que la taumaturga no podría hacer frente se alzó sobre la multitud maniática. Parecía que el sol que caía en el horizonte había aumentado su brillo. Luego, la luz amarilla se volvió roja, ardiente, ávida de vida.


    La pared llameante de furia avanzó, consumiendo todo a su paso; todo servía para sustentar el desprecio por la obra de los titanes. Y nada podría saciar ese odio.


    – ¡VE! –gritó Erile empujándolo con todas sus fuerzas hacia el portal–. ¡Diles lo que pasó!


    Entre las multitudes ardientes, la tierra calcinada y la imagen de Erile desapareciendo en las llamas del mal, la voz se alzó de repente:


    – ¡Aggra…


    – ¡…mar! –gritó desesperado Golganneth corriendo hacia su mejor amigo.


    El teniente del Defensor cayó tambaleando sobre el mosaico pulido de la Cámara del Panteón. Sus ojos verdes buscaron enfocarse en la voz de su camarada, pero la ira, la impotencia y el dolor hicieron que un par de gotas de cristal empañaran su visión.


    Todos habían muerto. Todos, menos él. ¿Y por qué él había conseguido sobrevivir? Porque debía llevar un mensaje. Qué deshonor sentía en verdad Aggramar, privado de la muerte en batalla que sus subordinados habían abrazado.


    Era un cobarde, era una vergüenza, era…


    Como el viento entre las hojas de los álamos, el sonido de la lluvia calmó su herido corazón. El agua de la primavera apaciguó los tormentos de la culpa y el ansia de venganza. Sólo entonces sus ojos esmeraldas se abrieron, tranquilos y curados del dolor.


    A su izquierda, el Atronador sostenía su torso lastimado, sonriendo de repente al verse en la mirada del recién llegado. Este giró con pesadez la cabeza a la derecha y vio a la Protectora, coronada de flores silvestres y bayas dulces y maduras. Los ojos de blanco mármol de la jardinera brillaban como una estrella, evidencia de las dotes curativas de la más poderosa titánide. Aggramar sintió sus dedos acariciarle los rizos dorados, ensangrentados con hierro.


    – Quédate tranquilo –susurró maternal la Protectora–. No ha pasado nada. Todo está bien –le acarició la mejilla.


    El joven titán sintió entonces la chispa de la vida en su interior, diversificándose y expandiéndose por todo su ser. Mil corazones latieron con el suyo y mil brazos le dieron fuerza a sus músculos metálicos. Su alma se dejó llevar por la fuerza viviente que Eonar le transmitía a cada partícula de su cuerpo.


    Con nuevas energías, el teniente se levantó, rodeado por sus colegas del Panteón, que le miraron con una expresión mezcla de preocupación y de tranquilidad.


    – ¿Te encuentras bien, Aggramar? –preguntó Golganneth, poniéndole una mano en el hombro.


    – Sí –suspiró aliviado–. Estoy bien… gracias a tu madre –miró a la Protectora sonriendo.


    La jardinera, portando su báculo florado Seschenal, sonrió y agradeció en silencio.


    Pero una voz inquisitiva les recordó a todos la situación crítica que acababan de vivir.


    – ¿Qué pasó, Aggramar? –dijo Norgannon-. ¿Dónde está Sargeras?


    Una expresión sombría recorrió el rostro del teniente.


    – Sargeras… –dijo, saboreando con amargura el nombre, para luego lanzar un bufido irónico–. Sargeras no has traicionado a todos.


    Los miembros del Panteón se quedaron estupefactos, incapaces de creer lo que el recién llegado les había dicho. ¿Cómo podía ser posible tal cosa? ¿Cómo el Defensor, el Más Noble de Todos, podía hacer algo en contra de ellos?


    Sin embargo, sólo uno no mostró sorpresa, sino una expresa amargura, arrugando la frente. Pero nadie se percató de cómo Aman’Thul había reaccionado a la noticia, cada uno afectado por esta revelación.

    Todos miraron al teniente, a la espera de una explicación.


    Sargeras ha renegado de todo lo que creemos y consideramos bueno y justo –afirmó Aggramar.


    Así empezó la crónica de cómo el guardián de los titanes había intentado convencer a sus subordinados de unírsele, para luego atacarles al no obtener una respuesta favorable. En la batalla, la legendaria Gorshalach (“Desgarradora Oscura”, en titánico), espada de Sargeras, se había roto en dos pedazos. Uno había caído en manos del que llamaban ahora “Titán Oscuro” y el otro fragmento estaba en posesión de su teniente.


    Los sobrevivientes huyeron y fueron perseguidos por un Sargeras convertido en una tempestad de destrucción sin fin. Poco a poco, había liberado a dos razas de demonios de sus prisiones: los Nathrezim y los Anihilan. Si habían sido convencidos o esclavizados, eso Aggramar no lo sabía, pero lo seguro era que el antiguo campeón comandaba ahora hordas de demonios y los estaba organizando en un ejército. Su primer objetivo había sido, por supuesto, destruir a los fugitivos.


    El último que quedaba se hallaba frente al Panteón.


    Los líderes de los titanes se miraron apenas un segundo, preguntándose qué hacer ante tal amenaza. Sargeras, después de todo, no era un simple titán. Era una entidad de gran poder, bendito antaño por sus colegas para que desempeñara más fácilmente su tarea. Y si a eso se sumaban las legiones de seres abisales que ni el mismo titán había logrado derrotar, ¿qué esperanza podían tener?


    – Compañeros –exclamó el joven teniente–. Debemos presentarle batalla. ¡No podemos quedarnos sentamos mientras lidera a las alimañas a mundos inocentes!


    Las palabras de aquel despertaron una llama combativa en las almas de los miembros de Pantéon. No podían abandonar a los inocentes que sufrirían por la locura de los suyos. Debían luchar. Y para luchar necesitarían un nuevo campeón.


    Los cinco pares de ojos se posaron sobre el sobreviviente.


    – Dame la espada quebrada, Aggramar –ordenó el Alto Padre al tiempo que extendía la mano.


    El titán asintió reverencialmente y dio unos pasos, sosteniendo el arma rota en las palmas extendidas de sus brazos.


    Cuando Aman’Thul tocó la hoja rota, el brillo de esta se intensificó tanto que nada pudieron ver por unos segundos, aunque la Luz no causaba dolor alguno, sino que les transmitía seguridad y confianza.


    Al disiparse el resplandor, Aggramar vio que el líder del Panteón sostenía una nueva espada, radiante, dorada, poderosa como su propia voluntad para derrotar al líder de la Legión. Al ver el arma prodigiosa y reforjada, Eonar, Golganneth, Norgannon y Khaz’goroth rodearon al Alto Padre y colocaron sus palmas sobre la hoja, imbuyéndola con sus dones particulares.


    – De la hoja partida ha surgido una nueva esperanza –exclamó Aman’Thul, alzando la espada gloriosa–. Esta es Taeshalach, la Desgarradora de Llamas, y su misión será oponerse a los fuegos infernales que amenacen a la creación.


    El teniente observó el arma y sintió su gran poder. Brillaba como el mar al atardecer, exudando portento y majestad. Con un arma así, cualquiera podría oponerse a Sargeras y luchar contra su maléfico ser. Cualquiera podría luchar contra la destrucción hecha carne.


    Tomando la espada del mango, la hoja apuntando al suelo alisado, el Alto Padre miró a los ojos a Aggramar. Los ojos dorados examinaron al joven: escudriñaron su túnica dorada, ajustada por broches de mithril; vieron también su constitución trabajada, digna de un guerrero; y finalmente se posaron en su yelmo alado, encuadrando un par de ojos esmeraldas y un mar de mechones dorados. Era joven, sí. Pero sería mucho más, tal como lo había visto en su trance.


    – Acércate, muchacho, y acepta el don que te es concedido –dijo lentamente el Alto Padre, al tiempo que aquel se acercaba y recibía la espada con sumo respeto.


    Una ráfaga de dolor recorrió el cuerpo del titán. Sus rodillas le fallaron y cayó de una rodilla al piso, usando de apoyo a Taeshalach. En su interior sintió el ímpetu de los mares y la flexibilidad de la vida; sus músculos se fortalecieron con la solidez de la tierra y su mente se amplió a límites que antes habría creído imposibles. La sabiduría de muchos años reforjó su ser, a medida que Aggramar se convertía en otra cosa. Su dolor comenzó a ceder y su rostro fruncido se relajó.


    El sufrimiento se poder, y el muchacho se hizo hombre. El hombre abrió entonces los ojos, dos estrellas frías como el hielo, y miró a los cinco que le rodeaban.


    – Desde hoy serás el Vengador, Aggramar –proclamó Aman’Thul–. Tú portarás nuestra venganza a todos los confines de la Gran Oscuridad.


    Todos miraron al campeón, impresionados. Una voz nueva y vigorizante como un grito de guerra retumbó en las columnas doradas del pabellón. Las ondas sonoras hicieron vibrar un antiguo trono de alabastro, sus runas brillando con la fuerzas de cien soles. El trono a su lado, en tanto, se resquebrajó ante el poderío del nuevo paladín.


    – Así sea, Alto Padre –exclamó Aggramar, sus ojos centellando como tormentas . ¡Sargeras pagará!


    Aman’Thul observó complacido al paladín del Panteón. Todo sucedía como lo había previsto. La sucesión de eventos, las terribles consecuencias y el inesperado desenlace; las piezas estaban colocadas y aceitada: el gran mecanismo había iniciado su cuenta regresiva.


    “Ha comenzado”, se dijo el líder del Panteón. “Ha comenzado”.


    Y sin embargo, a pesar de que todo era como debía ser, el titán dejó caer una lágrima.

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    //Desde ya, mucha suerte a todos

    ¿Tienes dudas del Lore? Pregunta sin miedo en el Santuario del Novicio.


    "Mierda, Blizzard lo hizo de nuevo. Pudimos haber tener a Azjol Nerub como una zona subterránea, ¡pero no! Decidieron darnoos un estúpido torneo. Y ahora tenemos un vasto y nuevo mundo para explorar, pero nos quitan [inserte aquí algún item/zona/habilidad/cosa brillante previamente ignorada] que era tan increíblemente asombrosa que hacía que mis ojos sangraran y lo reemplazaron con [inserte algo obviamente mejor, pero diferente en alguna manera a lo anterior]. ¡Jódete, Blizzard! ¡¡¡¡¡DISFRUTA QUITÁNDOME MIS COSAS FAVORITAS!!!!!" (Típico QQ en los foros oficiales)

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